sábado, 25 de febrero de 2023

Cómo vaya y lo encuentre...

 



- Nena ¿Has visto un pent drive que había en mi mesa? 

Le dije mientras abría y cerraba cajones nervioso del escritorio del despacho.

- No...ya sabes que no suelo entrar en el despacho.

- Pues juraría que ayer lo dejé aquí, en el bote de los lápices.

- ¿Has mirado que no lo tengas en algún bolsillo? 

- No....voy a mirar.

Fui al canasto de la ropa sucia y miré en el bolsillo del pantalón del día anterior y nada, luego en la chaqueta y tampoco. Ya frustrado me fui para la cocina dónde ella desayunaba.

- ¿No lo has encontrado?

- Que va...

- ¿Era importante lo que había?

- Unos planos, para una visita que tengo hoy...

- Vaya ¿y no tiene solución?

- Si claro, es imposible que haya salido de aquí, salvo que hayan duendes en la casa.

- Seguro que aparece cuando no lo busques, es lo que tienen los duendes.

- En fin, ahora ya no me da tiempo, ya haré alguna copia. Me voy.

Le di un beso y sali rápido para que me diera tiempo de hacer una copia, antes de la visita e imprimirlos. Total que entre una y otra cosa llegué tarde a la visita y si algo no soporto es llegar tarde a los sitios. Pero cómo dice la canción de Sabina "a veces va el diablo y se pone de tu parte" y nada más empezar la visita, comenzó a llover a cántaros y no hubo más remedio que suspenderla y además cómo se suponía que era mi única función aquel día, me fui directo para casa.

Al llegar ella no estaba. Me puse cómodo, vamos me quité los zapatos y a esperar que llegara, pero me tenía intrigado el tema del pent drive, soy muy despistado para algunas cosas, en especial con todo lo que tiene relación conmigo, en cambio soy enfermizamente metódico en lo que respecta a las responsabilidades y algo hacía que me pícara la nariz. Así que me puse a rebuscar a ver si encontraba el maldito pent drive. En el despacho nada, llegue a mirar incluso en el cubo de la basura, por un momento hasta pensé en mirar en la bolsa de la aspiradora pero no lo hice, me pareció ya rozar lo paranoico y lo di por perdido en un extraño misterio. Fui a buscar ropa para darme una ducha y al abrir el armario, me extrañó ver su portátil allí metido, lo cogí y para mí sorpresa tenía insertado el pent...lo cogí y decidí jugar a su juego. 

Fui al despacho y puse el pent en mi portátil, evidentemente habían otros archivos, así que lo había formateado y eso sí hizo que me pícara mucho la nariz, ya que si me lo hubiera dicho de bien principio, pues cosas que pasan o pueden tener explicación pero había sostenido el engaño a sabiendas, es más había escondido el portátil. Para empezar formateé de nuevo el pent, así que ella también se quedó sin archivos: primera lección. 

Al poco llegó, nos saludamos cómo si nada tenía la punta de la nariz fría...

- ¿Ya estás aquí?

- Si, con la que está cayendo, hemos suspendido visita, pero bueno voy a trabajar un ratito en el despacho ¿Y tu día que tal? 

- Bien...pero cansada y con este frío...ganas de ponerme cómoda.

- Muy bien...tu misma, yo tengo una horita o así y ya estoy. 

- Genial, voy a ponerme el pijama.

- Ahhh por cierto, ya he encontrado el pent, lo tenías en el portátil, imagino que lo cogiste sin darte cuenta.

Al decir eso su cara cambió...

- Ahhh pues puede ser...no me había acordado.

- No te preocupes, no pasa nada, descargo los planos en el portátil y si lo necesitas, todo tuyo...

- Santi...es que verás, no sabía que era importante y lo borré.

- ¿Cómo que lo borraste?

- Pues eso, lo siento, pensaba que...

La miré ahora sí muy serio...

- Vamos que está mañana me has tenido cómo un tonto buscando a sabiendas.

Se puso roja y bajó la mirada. 

- Es que si te lo contabas te ibas a enfadar seguro...

- Si es una posibilidad, pero ahora es mucho peor. 

No dije nada, la cogí de la oreja y la llevé así hasta el salón. Allí la solté y le dije. 

- Inclínate sobre la mesa, ya sabes cómo, manitas planas y codos apoyados...

Mientras me iba desabrochando el cinturón. 

- Lo siento....de verdad.

Me saqué el cinturón de un tirón.

- Apóyate en la mesa y saca bien el culo, ahora!!!

Resopló....se dio la vuelta y se inclinó despacio apoyando los codos en la mesa. Mientras yo doblaba el cinturón. 

- Pffffff hace frío....

- Por poco tiempo, te lo aseguro.

Al instante el cinturón impactó contra los vaqueros. Dejé un momento el cinturón sobre la mesa, agarré con las dos manos la cintura de los vaqueros y tiré de ellos hacia arriba haciendo que se ajustaran aún más, entonces volví a coger el cinturón y empezaron a caer los azotes, bastante rápidos y seguidos y cómo una treintena sin pausas. Volvi a dejar el cinturón encima de la mesa.

- Incorpórate sin darte la vuelta y las manos sobre la cabeza.

Lo hizo y entonces rodeé con mis brazos su cintura buscando el botón de los vaqueros, se lo desabroché y la cremallera, tiré de ellos para abajo hasta justo por encima de las rodillas, siguió el tanga y al terminar la cogí de la oreja otra vez y la puse a mirar la pared. 

- Las manos encima de la cabeza y aquí quieta, con la nariz tocando la pared y no quiero escucharte ni respirar. Y aquí vas a estar hasta que consiga volver a descargar los planos y meterlos en el pent drive.

Allí la dejé, fui a buscar mi portátil, lo puse en la mesita del sofá, lo abrí y empecé a trabajar, de vez en cuando levantaba la vista y podía ver las franjas rojas que le había dejado el cinturón en la piel, a pesar que había llevado puestos los vaqueros en todo momento. Cuándo terminé, una media hora después, cerré el portátil y la llamé.

Se acercó caminando con los vaqueros a media pierna, aún llevaba las botas. Plantada frente a mí con las manos detrás de la espalda y roja, la miré.

- ¿Sigues teniendo frío?

Suspiró sin responder.

- Te voy a hacer un resumen y me dices si estoy equivocado. Ayer necesitabas un pent, y en algún momento pensaste que para que bajar a por uno, si había uno en el despacho, para qué. Pero resulta que había algo en el pent y en vez de preguntar lo borraste ¿Voy bien? 

Bajó la mirada, sin decir nada.

- Y claro al verme esta mañana desesperado buscando, caíste en la cuenta que si era importante y en vez de decirme lo que había pasado, decides con muy mal criterio escondérmelo ¿Es eso no?

Otro suspiro...

- Contesta.

- Pffff es que cuando te vi nervioso buscando, pensé que me iba a caer una buena...

- Pensaste bien o no...lo que es seguro, es que yo no hago diferencias entre omitir información y mentir y menos cuándo hay premeditación ¿Y sabes que les pasa a las niñas mentirosas, verdad?

- Santi....

- Responde...

Tragó saliva y dijo casi susurrando.

- Si...

- ¿Que les pasa?

Sonó un cachete fuerte.

- No más soplidos y responde.

- Que me castigas.

- No era tan difícil y si te castigo y te voy a poner el culo cómo un tomate. Así que ve a buscar tu cepillo.

- Pfffffff....sin la mano??!!!!

- No, no creo que te merezcas la mano. El cepillo y ahora.

Cogió aire profundamente y se fue para el cuarto de baño, de vuelta llevaba el cepillo de ébano de 1950, me lo dio, la miré.

- No sé a qué esperas. Quiero ver ese culo en mis rodillas bien presentado ya.

Se tumbó sobre mis rodillas, despacio, la única concesión fue la comodidad del sofá, que hacía que estuviera tumbada boca abajo. La sujeté por la cintura y sin juegos, empecé a aplicarle tratamiento de cepillo en el culo, apuntando bien a la zona dulce o de asiento, sin prisa alternando nalga y nalga, pero sin pausa. Estaba castigada, y así fue, hasta que creí que era suficiente para que al menos lo que quedaba de tarde y noche sintiera el culo ardiendo. 

Al terminar, le dije que se levantará, que fuera a guardar el cepillo y a la ducha, sin tocarla, aunque podía ver su sexo hinchado y húmedo. 

Cuándo salió de la ducha, ya con el pijama puesto, en la mesa había un cuaderno,un bolígrafo y el taburete redondo de madera, la hice venir otra vez frente a mí, las manos en la espalda y el pantalón del pijama acabó en sus tobillos. 

- Siéntate en el taburete y escríbeme una redacción sobre las consecuencias de mentir mientras yo hago la cena. 

Esperé a verla sentada y que empezara a escribir y me levanté para ir a la cocina. Cuando estuvo la cena lista, nos sentamos a cenar, cómo siempre que estaba castigada el pantalón en los tobillos, hasta que no lo diera permiso.

Al terminar de cenar, la puse otra vez a mirar la pared, mientras recogía. Y ya una vez con nada más que hacer, la llamé, le hice traer el cuaderno y leerme en voz alta, la redacción. Cuándo terminó, le pedí el cuaderno, lo dejé en el brazo del sofá y mis dedos se fueron directos a explorar que ocurría entre sus piernas, la miré y sonreí, estaba muy mojada y sensible...

- ¿Crees que te mereces un premio o debería mandarte a la cama cómo a las niñas traviesas? 

No contestó, pero a veces hay que usar la mano izquierda también...y seguí jugando con mis dedos, hasta que me suplicó parar, de pie, no es fácil soportar un orgasmo...




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