sábado, 18 de abril de 2026

Auto lavado.

 




Estaba en la cocina tomando el segundo café, de un sábado primaveral, cuando apareció 

- Buenos días 

- Buenos días -me contestó bostezando a la vez que estiraba los brazos- ¿Llevas mucho rato despierto?

- Segundo café 

- Pues ni me he enterado 

- Ya, ya...

- No sé cómo puedes levantarte tan pronto un sábado 

- Será que me hago mayor 

- Eso seguro, mayor y gruñón...

Se preparó un café con leche y se sentó conmigo. Tras un rato en silencio mientras la cafeína hacía efecto, me dijo

- ¿Tienes pensado algo hoy? 

- Nada especial ¿Y tú?

- Pues había pensado que podríamos ir al centro comercial, quiero mirar alguna cosa de primavera....

- Vale, por mi genial, hacemos lo que tenemos que hacer y vamos

- ¿Que tenemos que hacer?

- Recoger un poco y después tienes que lavarme el coche 

- ¿En serio? 

- Me ves cara de estar bromeando 

- Pero me ayudarás imagino

- Imaginas mal. Creo que quedó bastante claro además, así otro día te lo piensas antes de tirar nada en el coche en plena rabieta de niña.

- Pero si ya tuvo consecuencias eso!!!!

- Pues igual no fueron las adecuadas si aún tienes dudas. 

Ahí se quedó callada.

La historia venía de días atrás, una tarde volvíamos a casa y ella iba comiendo una bolsa de snacks, en un determinado momento por una pequeña disputa por el recorrido le dio una pataleta y tiró lo que quedaba de la bolsa en el asiento de atrás. Al llegar a casa, tocó suavizar carácter, visita a mí regazo, culo rojo cómo un tomate, cara a la pared un rato a gestionar emociones y un mes castigada a limpiar el coche cada sábado durante un mes.

- ¿Estás? 

- Si

- Pues voy a recoger y a lavar los cacharros y tú mientras haz las cama y vístete, que en cuanto esté nos vamos al lava coches. 

Se levantó y no dijo nada, recogí, fregué los cuatro cacharros del desayuno y preparé en una bolsa, limpiacristales, papel y trapos.  

Cuando fui a vestirme seguía en pijama.

- Venga ponte algo cómodo que nos vamos

Se puso unos leggings y una sudadera, yo me puse unos vaqueros y una sudadera también, cogí la bolsa que había preparado y nos fuimos. Estaba de morros cómo imaginaba pero tampoco me preocupaba, ya se le pasaría , nos acercamos a una gasolinera cercana, que tenía todo el equipamiento, aparqué junto a los aspiradores industriales.

- En la bolsa tienes todo lo necesario, en la guantera hay monedas para la maquina y cuando esté por dentro, le das por fuera también, cristales sobre todo ¿De acuerdo? 

- Bueno, para darle por fuera al túnel ¿No? 

- No, manguera y cepillo, primero jabón, luego aclaras y luego brillo 

- ¿Y tú que vas a hacer?

- Yo me voy a tomar un café al bar de la gasolinera, si te pones las pilas en media hora estás.

Me di media vuelta y la dejé, podía escucharla murmurando por detrás, pero un castigo es un castigo.

Me fui a tomar ese café para hacer tiempo y aproximadamente 35/40 minutos más tarde apareció.

- ¿Ya estás?

- Si

- ¿Quieres un café o algo?

- No, quiero ir a casa a darme una ducha.

- Ok, vamos 

Al llegar donde estaba el coche, lo revisé...

- Perfecto, la semana que viene aún te llevará menos tiempo. 

Nos montamos y nos fuimos para casa. Al llegar ella se metió en la ducha y decidimos ir al centro comercial. De camino, quise poner la radio del coche pero sólo sonaban interferencias y tuvimos que poner una lista de reproducción del teléfono. 

Pasamos en el centro comercial hasta la tarde. Alguna cosita se compró y yo también y ya a media tarde decidimos irnos para casa.

Antes de llegar volví a parar en la gasolinera de la mañana.

- Un momento ahora vengo. 

Entre y al poco salí, llevaba algo en mi mano, abrí el maletero y cogí unos alicates, manipulé algo en el techo y abriendo la puerta encendí la radio y empezó a sonar música. 

- Pues ya estaría.

Me monté,  cerré la puerta y paré la radio.

- ¿Que te dije está mañana del túnel de lavado? 

- ¿Que túnel? 

La miré muy serio

- El túnel donde has metido el coche para lavarlo

- No lo he metido en ningún túnel!!!!

- Está bien, pues mañana me acompañarás y le preguntaremos al chico de la mañana ¿Te parece?

- Joder!!! Y que más te da, está limpio igual!!!

- Vaya ahora te has acordado 

- Pero es que es una tontería!!!

- Tontería la que te espera en casa, vas a aprender a hacerme caso punto por coma y la próxima vez quita la antena, que los rodillos la rompen. 

Se hizo el silencio, arranqué y nos fuimos para casa.

Al entrar con las bolsas, le cogí las suyas.

- Vete a desmaquillar y a ponerte el pijama. Ahora!!!

- Pffff no es para tanto, te pago la antena, que vale?

En ese momento dejé las bolsas en el suelo, la cogí del brazo y la paseé por todo el pasillo hasta a la habitación a base de azotes en el culo mientras tiraba de ella, al entrar en la habitación la solté y me quedé en la puerta.

- En cinco minutos de reloj te quiero ver en el salón, con el pijama puesto y desmaquillada, si te tengo que venir a buscar te vas a arrepentir.

No dije nada más cerré la puerta y me fui. Un minuto después la escuché entrar en el baño y abrir el grifo y antes de los cinco minutos ya la tenía de pie frente a mí sentado el sofá.

- Vamos a ir por partes. Lo primero es que esos intentos de tomarme el pelo, se van a terminar. La semana que viene, en vez de ir al lava coches, nos iremos a la nave de mi empresa, allí hay aspiradora industrial y cubos, jabón y esponja y así va a ser en vez de un mes, tres. Pero antes voy a asegurarme que no hay quejas previas. 

Sin decir nada más le di un tirón con energía al pantalón del pijama, haciendo que quedara enrollado en sus tobillos. Y acto seguido y ya más despacio, el tanga siguió el mismo camino hasta los tobillos. Sin más conversación, la cogí del brazo y la guié a mí regazo. Puse mi mano izquierda en su cadera. 

- Al final mira cómo terminan siempre tus ideas.

Mi mano derecha empezó a caer rítmicamente sobre su piel desnuda, sin calentamiento previo, iba alternando mejilla y mejilla y en el silencio de la tarde se escuchaba a lo lejos el sonido de la gente en el parque cercano y el continuó y rítmico "plas, plas, plas ,plas" de los azotes sin pausa. La piel blanca se fue volviendo rosada y poco a poco empezó a subir de tono, hasta el rojo intenso. Hice una corta pausa de unos 30 segundos y volví a retomar la zurra, con más intensidad. Durante un minuto rápido e intenso y volvi a parar. La mano me ardía así que es fácil imaginar que su culo aún más. Un minuto de pausa y la hice levantarse, nada más hacerlo, me levanté yo también, la cogí del brazo y la llevé hasta su particular muro de las lamentaciones del salón, un espacio de pared desnuda a la izquierda de la televisión. 

- Las manos sobre la cabeza, la nariz pegada a la pared y no quiero ni oírte respirar. Voy a ponerme cómodo. 

Ahí la dejé, castigada cara a la pared con el culo rojo como una niña traviesa. Me cambié de ropa, me puse ropa de estar por casa y al acabar fui a la cocina a beberme un refresco. Cuando acabe, cogí del bote de los cubiertos de madera una cuchara de olivo que estaba impecable y con la que nunca se había cocinado. Con ella me fui de vuelta al salón. La dejé sobre la mesilla de café a los pies del sofá , ella seguía allí, cara a la pared inmóvil. Fui a buscarla, la cogí del brazo y la puse perpendicular a la mesilla. Entonces cogí la cuchara y le di un par de azotes con ella sin soltarle el brazo.

- Ahora quiero que saques bien el culo, para el castigo y que lo aguantes bien quietecito hasta que termine. 

Se inclinó un poco hacia delante, para presentarme bien el culo. 

- Un poco más 

Resopló pero lo hizo

- Así perfecto, así lo quiero ver.

Y empecé a azotarla con la cuchara de densa madera de olivo. Aunque era bastante ligera. El primer envite de azotes lo aguantó bastante bien, pero tras una pequeña pausa y volver a ello, empezó a resoplar y moverse algo, cada vez que se movía, paraba y le repetía la mortificante orden, de que presentara bien el culo y además con la advertencia de yo no tenía ninguna prisa en acabar. Cuando empezó a estar más tiempo moviéndose que quieta, era señal que el castigo estaba haciendo efecto y momento de parar. La dejé tomar aire y fuerzas un instante sin soltarla, hasta que la llevé de nuevo a la pared. Está vez la hice quedarse un paso alejada, le hice poner las manos en la espalda  y tocar con la nariz la pared, lo que hacía que tuviera que inclinar la espalda y exponer el culo castigado y para rematar puse la cuchara entre sus nalgas, advirtiéndole que no quería que se cayese. 

Entonces me fui al sofá, cogí mi teléfono y llamé para pedir cena. Cuando colgué me senté y puse la TV, mientras ella seguía allí castigada, expuesta y avergonzada.  Media hora más tarde sonó el timbre. Me levanté.

- No te muevas.

Cerré la puerta del salón, y fui a abrir, era el repartidor de comida, le pagué y cerré la puerta, dejé la comida en la cocina y me fui para el salón, pero antes pasé por el baño y cogí el aceite de almendras, lo dejé en la mesilla y fui a buscarla, le quité la cuchara , la ayudé a incorporarse y nos fuimos al sofá, allí me senté y la hice tumbarse sobre mí regazo, nada más hacerlo cogí el aceite y dejé caer un chorrito en cada nalga que empecé a extender muy suavemente con los dedos, tenía la piel muy caliente y se podían ver las mordeduras de la cuchara perfectamente, tras un rato de masaje en el perjudicado culo travieso, le dije

- ¿Tienes hambre? 

- No mucha además se puede calentar...

- Si, podríamos usar tu culo además 

- Que gracioso

- E igual algo más que tu culo

En ese momento mis dedos se sumergían en el charco caliente que había entre sus piernas...

- Aunque no sé si te mereces un premio....



sábado, 11 de abril de 2026

Algo diferente.

 



Tenía que pasar toda la semana fuera por motivo de trabajo, un absurdo viaje de trabajo, de esos que  no sirven para nada, pero que no tienes más remedio. Reuniones tontas, visitas aún más tontas y tardes/noches aburridas de hotel de cadena. Uno de los pocos ratos agradables, era llegar al hotel después de todo el día de actividades estériles, darme una ducha, ponerme cómodo, coger el teléfono y charlar con ella un rato. 

A media semana, cuando ya sólo me quedaban dos días para volver, surgió una conversación "picante" y empezamos a animarnos y la cosa iba subiendo de tono y se iba poniendo cada vez más caliente, hasta que de repente por una tontería se corto el rollo totalmente, una mala contestación que no venía al caso, una reacción totalmente caprichosa e infantil, vamos una salida de tono en toda regla y lo que empezó, en juegos y risas acabó en castigo, en la distancia pero castigo:

Prohibición de placer hasta que yo llegara y los dos días siguientes hacer la siesta, con el plug pequeño puesto. Excusas, peticiones de perdón, intentos de negociación, pero la decisión estaba tomada, fin de la conversación a la cama , instrucciones claras y conversación pendiente a la vuelta. No era la primera vez que la castigaba en  la distancia, generalmente siempre por lo mismo, reacciones del tipo infantil, pataletas, malas contestaciones, salidas de tono....Los castigos así solían ser, copiar líneas, escribir un relato, hacer determinadas tareas domésticas, prohibición de salir, restricción del placer (este difícil de comprobar) o del tipo incomodidad: no llevar ropa interior durante el día o los muy prácticos plugs, por ejemplo. Hasta aquel día los había cumplido, sabía perfectamente que no hacerlo significaba, que en el momento que nos viéramos su culo pagaría con creces el desacato.

Al día siguiente de vuelta al hotel la llamé, su actitud fue todo el rato amable, comedida, bromista, hasta que le pregunte por el castigo. Entonces se puso a la defensiva, me dijo que le parecía injusto y demás, le volví a pregunta, con un pregunta clara.

-¿Lo has cumplido o no?

-No

-¿No?

-No, es que no me parece justo, fue una tontería.

-Ok, mañana ya hablaremos de esto.

Dicho esto, cambié de tema, aunque la potencia del mensaje seguro se había grabado en su cabeza, ella sabía perfectamente, que aquello tendría consecuencias.

El viernes después de comer a mediodía, cogí carretera y para casa, tenía unas ganas locas de volver, tras la semana fuera, pero también conducía pensando en que si me había dado la autoridad era para que la ejerciera, incluso me planteaba si aquella desobediencia no era una forma de ponerme a prueba, de retarme. Tenía tres horas largas de carretera por delante, para pensar. 

Cuando por fin  llegué, aparqué el coche, cargué la maleta y subí a casa, abrí la puerta, vino a recibirme muy risueña y cariñosa. Dejé la maleta y me dejé caer en el sofá. Me dio un beso, me dijo que me había echado mucho de menos.

-¿Te apetece algo? ¿Una cervecita?

-Venga

Me trajo una cerveza y se sentó a mi lado, aún iba en ropa de calle, estuvimos charlando un rato, en un ambiente distendido, pero con una tensión residual en el ambiente, no es tonta y sabía que algo iba a pasar, pero también tiene su parte morbosa, la incertidumbre y la espera. Me levanté con la excusa de ir a por otra cerveza, pero antes pasé por la habitación, al volver no pudo más y me preguntó

-¿Que has estado haciendo?

-Ir a por una cerveza

-¿Y en la habitación?

-Ahhhh, prepararte la ropa.

-¿La ropa?

-Si, vas a ir a darte un ducha, encima de la cama tienes la ropa preparada. Te la pones y vienes que tenemos que hablar.

¿Y tú? no te vas a poner cómodo?

-Ya lo haré, venga a la ducha.

No dijo más, se levantó y algo perturbada y expectante, fue a la habitación y ya la escuché meterse en el baño.

Lo que había encontrado encima de la cama, era un camisón corto negro semitransparente, muy sensual, unas medias autoadhesivas musleras y un tanga negro también a juego con el camisón. Esperé pacientemente que saliera, aquella ducha se alargó un poco más de la cuenta. Cuando apareció en el salón estaba radiante, realmente sensual. La miré y le dije.

-Vista así pareces una mujer y no una niña maleducada.

-Pufffffff, tampoco hay para tanto

-¿Ah no? ¿Crees que tu comportamiento y tu actitud se pueden adjetivar de otra manera?

-Fue una tontería, me conoces de sobra y sabes como soy.

-Precisamente por eso a veces tengo que tomar medidas y hubiera quedado ahí, si me hubieras hecho caso, muy valiente cuando no estoy, de esta te vas a acorda, te lo prometo. Acércate.

Me miró y dudó.

-Ahora!!!!!! señorita. Aquí frente a mi!!!!!!!

En ningún momento elevé el tono de voz, pero si le di una entonación de firmeza como nunca. Supongo que eso hizo que se acercara y se quedara plantada frente a mi.

-Las manos encima de la cabeza

Lo hizo y empecé a pasar mi dedo justo por el límite entre las medias y la piel de su muslo, en una pierna primero, luego en la otra en silencio, escuchando su respiración, primero fue un dedo, después con toda la mano acariciando esa pequeña franja de piel al descubierto, hasta que le dije.

-Quítate el camisón.

Bajó las manos, se quitó el camisón y se quedó sólo con las medias y el tanga, sin levantarme me incorporé un poco, con ambas manos le cogí los pechos, los empecé a sobar a toda mano, hasta que un determinado momento, empecé a hacer círculos con un dedo en cada pezón, estos ya estaban duros, pero ante la estimulación directa a un se endurecieron más, entonces los pincé varias veces con los dedos estirando un poco, quedándome en ese punto entre dolor y placer, le mandé a poner de nuevo las manos encima de la cabeza, cuando lo hizo dejé sus pechos y metí un dedo por la cintura del tanga, lo estuve pasando por toda la cintura un instante hasta que de repente, con la ayuda de otro dedo hice descender el tanga, hasta justo donde terminaban las medias y mirándola pasé un dedo entre sus labios.

-¿Sabes que te voy a castigar severamente y estás así de mojada?

No dijo nada, se ruborizó pero permaneció inmóvil, mientras yo con mis dedos inspeccionaba todo su coño cada vez más mojado, labios externos, internos...los separé para ver el rojo brillante del interior, sólo un pequeño respingo cuando le pincé con el pulgar y el índice el clítoris y gemido cuando el mismo indice se hundió en el coño sin problema.

-Date la vuelta.

Suspiró pero lo hizo y así de pie empecé a sobarle las nalgas desnudas...

-Están frías pero por poco rato.

Entonces llevé un dedo entre sus piernas y seguí el recorrido del clítoris, hasta el ano, ahí me quedé un momento, palpando el tacto rugoso de su más oscuro agujero. Pero fue un momento sólo, le hice bajar las manos, la cogí de una y de un movimiento seco y brusco, la puse en mis rodillas, la sujeté con fuerza de la cintura envolviéndola con mi brazo izquierdo, volví a sobarle las nalgas, mientras le decía.

-Me pienso asegurar, que la próxima vez que te castigue en la distancia, ni se te pase por la cabeza desobedecer.

Ya no dije nada más, empezó a hablar mi mano golpeando rítmicamente su trasero, a las primeras palmadas se movió algo y quejó, un minuto después estaba relajada bajo la lluvia incesante azotes en su culo desnudo, el sonido de los azotes piel contra piel, me parece embriagador, no soy de los que habla, ni regaña mientras azoto, prefiero ver la carne vibrar a cada  uno, como la piel va cogiendo el tono adecuado y si siento la necesidad de recordar porqué esta ahí como una niña pequeña traviesa, hago una pausa, digo lo que tengo que decir y continuo. Además las pausa generan más incertidumbre, suelen ir acompañadas de cambios de ritmo y sirven también para sentir los efectos. Durante unos diez minutos mi mano dio buena cuenta de su culo, implacable y firme, con alguna de esas pequeñas pausas entre medias. 

Diez minutos después su culo presentaba un bonito aspecto, rojo intenso y uniforme todo el, señal de calor y escozor. Me quedé un instante observándolo, imaginando que su piel palpitaba y sentía el aire acariciarla. Hasta que le dije.

-Ve a la habitación y traéme el estuche de los plugs y el lubricante- orden seguida de un par de azotes-

Se levantó, su cara estaba tan roja como su culo, la seguí con la mirada en todo momento, era una visión muy contradictoria, las medias negras de mujer, tan femeninas y adultas, contrastaba con el tanga a medio bajar y el culo rojo castigado, de vuelta más ruborizada si cabe me dio el estuche que contenía los tres plugs de acero, de distinto grosos y el tubo de lubricante. Abrí el estuche y allí estaban perfectamente presentados los tres  plugs, lo dejé en el brazo del sofá abierto, entonces le dije que se quitara del todo el tanga y se quedara sólo con las medias, lo hizo, le pedí el tanga, lo dejé también en el brazo del sofá y le dije.

-Súbete de rodillas encima del sofá apóyate en el respaldo, piernas ligeramente separadas y el culo bien expuesto y ofrecido.

Lo hizo, pero no me gusto la postura, puse una mano bajo su vientre y la obligué a exponerse más. El culo aún más salido. 

Cogí el más pequeño de los plugs, lo lubriqué, con dos dedos de mi mano izquierda separé sus nalgas rojas y haciendo una ligera pero constante presión, el más pequeño de los plugs entró en su culo. Entonces me levanté, me desabroché el cinturón, era un cinturón de cuero negro nuevo, algo más estrecho de lo normal y como era nuevo más rígido. Lo doblé, y lo puse sobre sus nalgas, para ver si debía acortarlo o no, no hizo falta, entonces le dije.

-Saca más el culo

Resopló, pero arqueó la espalda aun más.

-Asi, perfecto -le dije para recrearme en la vergüenza- Serán 25 contados y después de cada número dirás la frase "nunca más me saltaré un castigo". Si no escucho la frase, no contará el azote ¿esta claro?

Contestó con un "si" apenas audible.

-Repito ¿esta claro?

A la segunda dijo un "si" muy claro. Armé el brazo y el rígido cinturón cruzo su piel, primero una franja blanca, sobre fondo rojo, que al instante se enrojecía, esperé, hasta que que tras un suspiro dijo.

-Uno, nunca más me saltaré un castigo.

Al terminar la frase un nuevo latigazo con el cinturón, el sonido del cuero es también inconfundible.

-Dos, nunca más me saltaré un castigo.

Los azotes fueron cayendo y ella contando y repitiendo la frase, la rigidez del cinturón hacía que los bordes fueran especialmente duros, por eso debía apuntar bien para asegurarme que impactaba plano del todo, además llevaba puesto el plug. Al terminar la cuenta y llegar a los 25 tenía el culo, bien marcado para unos días, pero quería que sintiera bien que era un castigo y el quemazón de los correazos en su piel. Así que dejé el cinturón y simplemente me fumé un cigarrillo de pie mirándola inmóvil.

Al terminar me acerqué, le saqué el plug y le dije.

-Aún no hemos terminado, quiero ver ese culo bien abierto.

Yo sabía que esa parte mental, era la más difícil, tener que llevar ella misma sus manos a las nalgas y separarlas...pero la amenaza de 25 más con el cinturón fue suficiente aliciente para vencer la vergüenza, incluso cuando lo hizo y le pedí que aun las separase más. Entonces cogí el segundo plug, el mediano, lo lubriqué, con un dedo hice lo mismo con su estrecho agujero, algo más relajado y dilatado por el rato que había llevado el plug más pequeño. Y empecé a jugar con el plug más grueso, hasta que acabo alojado en su culo, entonces le dije.

-Ahora, te lo voy a meter y sacar 25 veces, así que más te vale relajarte y sostener las nalgas bien separadas.

Y empecé, lentamente se lo saqué y lo volví a meter.

-Uno- dije-

Repetí despacio, pero a partir de la quinta o sexta vez, ya su cuerpo no oponía resistencia, relajada y entregada, fue entrando y saliendo cada vez más rápido y firme hasta completar las 25 veces. Al terminar lo tenía bastante dilatado y rojo....entonces me desnudé, bueno más bien me bajé los pantalones, los bóxer y liberé mi polla, la apunté a su culo y entró si mucha dificultad, hasta el fondo, entonces cogí sus manos, las puse contra el respaldo y empecé a follarle el culo, cada embestida golpeaba con mi pubis su piel caliente y marcada, pero a pesar de todo eso chorreaba, incluso la cara interna de los muslos la tenía empapada. En en determinado momento noté su mano estimularse el sexo, pero se la aparté  y la puse otra vez en el respaldo.

-Cuando te portes bien, tendrás derecho a premio y no es el caso.

Seguí cada vez más duro y más fuerte, hasta que inevitablemente sentí el aviso del orgasmo inminente, en ese  momento la cogí con fuerza de la cintura, se la clavé lo más profundo que pude y me corrí dentro de su culo. Allí me quedé un rato, entre jadeos míos y suyos.

Cuando salí de dentro de ella, cambié el calor de mi polla, por el frío metal del más grande de los plugs, que entró sin mucho esfuerzo, me senté en mesilla y le dije.

-Otro día, estoy seguro que te lo pensarás dos veces, antes de saltarte un castigo aunque esté en Nueva Zelanda, ahora quiero ver como te lo haces para correrte tu sola y sin cambiar de posición.

Ahí ya había perdido toda vergüenza, fue terminar de decirlo y llevar la mano entre sus piernas, hundir su cara en el respaldo y masturbarse frenéticamente hasta correrse en nada, en un orgasmo además ruidoso e intenso.

Después aún estuvo un rato con el plug puesto y sentada con el culo castigado, el tiempo que tardó en escribir su castigo y publicarlo en el blog.

Sólo entonces, le quité el plug ya en la cama y tuvo su ración de masaje y alivios varios.


Continuará.







sábado, 28 de marzo de 2026

Lejos del mundo

 



Unos días libres, la posibilidad de huir lejos de todo, tiempo, paz y descanso. No pintaba nada mal la idea. Una casita en medio de la nada, en plena naturaleza, lejos de ruidos, prisas, agobios, era el plan perfecto. Ropa cómoda, paseos, sin estar pendientes del reloj o del teléfono, unos pocos días en el paraíso, antes de volver al purgatorio otra vez. 

Llegamos y nos instalamos con esa intención, el primer día perdido, entre el viaje y una cosa y la otra. Pero aún quedaban días para aprovechar. Una tarde tuvimos que bajar a una pequeña ciudad cercana, porque nos faltaba alguna cosa y no tuvimos más remedio, que ir en busca de un centro comercial. Eran días festivos así que el parking estaba a tope y tras dar varias vueltas en busca de un sitio, vi a un coche cargando y paré a esperar. Con tan mala suerte que el coche que salía maniobró en mi dirección y uno que venía en el otro sentido se nos coló. Y ahí ella  empezó una discusión absurda y fuera de lugar, por razón que tuviera, las formas son las formas.

Cuando la calmé y volvimos al coche a seguir buscando parking, al entrar me dijo de malos modos:

- ¿Y tú no vas a decir nada?!!!!

- ¿Y que quieres que haga? ¿Que me pegue por un parking?

- Joder que por lo menos no me dejes sola!!!

- Baja el tono y relájate, mira ahí hay un sitio, tanto drama. 

Aparqué y ya no dije nada más , compramos los que necesitábamos y nos fuimos a nuestro pequeño paraíso. 

Al llegar aún nos dio tiempo de descargar y dar un paseo antes que empezara a anochecer. 

Ya de vuelta a pesar de ser plena primavera hacía frío, así que lo primero que hice fue preparar para encender la chimenea. Cuando tuve suficiente fuego, eché un par de troncos gordos. Mientras ella se daba una ducha. Preparamos algo de cena, nos abrimos una botella de vino y cenamos tranquilamente al calor de la chimenea.

Al terminar, recogí la mesa y ella se apalancó en el sofá, con la media botella de vino y las dos copas, que llenó mientras yo terminaba de recoger. Cuando terminé, me fui a su lado, me senté y ella puso sus pies sobre mis piernas. 

- ¿Que cómoda estás no?

- Pffff cómo necesitaba una escapada así.

- Ya lo he notado, ya... tensa estabas, hace un rato.

Sonrió, con esa sonrisa nerviosa, sabía perfectamente a que me refería, al incidente del parking. 

- Es que la gente...Pfffff.

- Ya te dije que tenías razón, pero las formas no fueron las adecuadas.

- Es superior a mi, me dio mucha rabia.

- Ya, pero no son maneras, ya sabes que pienso de eso y más estando conmigo, sabes perfectamente que no tolero ese tipo de actitud, ni la pérdida del control. 

A medida que iba hablando se iba ruborizado, cogió la copa de vino y le dio un trago, yo seguía con el sermón. 

- Por un momento parecías una poligonera, discutiendo por un parking y sé que eres mucho más inteligente que eso. 

- Joder Santi, me estás haciendo sentir mal 

- ¿Yo? No soy yo, igual es tú conciencia ¿No?

- Jajajaja, en el fondo me ha servido para desahogar, que a gusto me he quedado.

- A mí no me hace ninguna gracia, he sentido vergüenza ajena. Levántate.

Me miró con cara de extrañeza y fue a coger la copa de vino, no la dejé. 

- ¿Lo tengo que repetir? 

Resopló y se levantó. Nada más hacerlo la cogí de la cintura del pantalón de pijama y con firmeza la acerqué a mi, de pie entre mis piernas y de un tirón seco, le bajé el pantalón del pijama y después las braguitas. Entonces la miré.

- Ahora te vas a poner de rodillas frente a la chimenea, a una distancia prudencial, las manos sobre la cabeza y ve pensando en una buena defensa. 

Al terminar, el discurso, la cogí de una mano, le di la vuelta y le solté un par de cachetes en el culo desnudo.

- Espabila.

La observé en todo el ritual, cómo andaba hasta la chimenea, cómo se arrodillaba a un metro de distancia más o menos y ponía las manos sobre la cabeza, entonces me serví una copa de vino, que saboreé despacio. A media copa me levanté y fui a la habitación, de vuelta puse el cepillo de pelo "especial" y mi cinturón de cuero marrón doblado encima de la mesita, y con calma me terminé la copa de vino. 

- Ven aquí

Se levantó y se acercó, yo permanecía sentado en el sofá, esperé que se acercara.

- Las manos detrás de la espalda.

- Pfffff 

Sonaron un par de cachetes.

- Vale ya de soplidos. Y ahora cuéntame ¿ A ti te parece normal la actitud y el vocabulario de antes? ¿Vale la pena, por un parking?

- Ya te he dicho que me ha dado mucha rabia, me dan mucho por...

No terminó de decir la frase, un par de cachetes más lo impidieron.

- ¿Te tengo que lavar la boca con jabón? 

- No...

- Pués habla bien, en español hay muchas palabras y expresiones que pueden expresar indignación o malestar, sin necesidad de recurrir a ser malhablada. Y ahora responde mi pregunta ¿Vale la pena perder los estribos de esa manera por un puñetero parking?

La miré y estaba roja, pero sin responder. Así que mi reacción fue instantánea. Con el brazo izquierdo rodeé su espalda y la hice caer sobre mi pierna izquierda, nada más caer mi pierna derecha sujetó las suyas. Y empecé a acariciarle el culo desnudo.

- Mira cómo te tienes que ver, por no saber controlar ese carácter, cómo una niña impulsiva y malhablada que van a castigar.

Las palmadas empezaron a caer con ritmo, alternando nalga y nalga, mi brazo izquierdo rodeaba su cintura y la mano se posaba en su cadera. Mientras la derecha subía y bajaba chocando contra la piel desnuda, que se iba sonrojando, primero un rosado pálido, que se fue volviendo rojo a medida que avanzaba. Entonces hice un pausa, cuando ya tenía un bonito color y comencé un juego de caricias sobre la piel caliente , rozando muy suavemente con la yema de mis dedos, la reacción a las caricias fue la piel erizada, momento en el que quité mi pierna que hacía de sujeción de las suyas, separé sus muslos e investigué si esa reacción se había transmitido a su sexo, empezando a pasar dos dedos de atrás a delante y de delante a atrás, cómo imaginaba entre sus piernas había un charco caliente y seguí jugando a la vez que le dije.

- Acércame el cepillo, está en la mesa...

Resopló cuando me escuchó y de inmediato quite mis dedos de su sexo y le di una docena de palmadas fuertes.

- El cepillo...ahora.

Alargó el brazo, lo cogió y estirando lo hacia atrás, me lo ofreció. Lo cogí.

- De momento esto es un castigo.

Pasé la madera fría y lisa un instante sobre su piel y empezó a caer al ritmo de un suave y uno más fuerte en la misma nalga, para cambiar a la otra, apuntando bien en la parte inferior de las nalgas y así durante un par de minutos sin respiro, que dibujaron dos círculos muy rojos justo por encima del nacimiento de las nalgas. Cuándo paré, suspiró de alivio y mientras volvía a usar el cepillo de instrumento de caricia...

- Esto ya no te gusta tanto parece....

La sujete con fuerza y le di un par de docenas más de azotes con el cepillo, rápidos, seguidos y alternos. Entonces volví a parar. 

- Déjalo sobre la mesa...

Se lo di y lo dejó.

Nada más dejarlo, volví a "comprobar" cual era el estado entre sus piernas y aún estaba más mojada si cabe. Empecé a jugar otra vez con mis dedos, suave al principio, palpando y resiguiendo cada pliegue, cuándo empecé a jugar alredor del clítoris hinchado se le volvió a erizar la piel a la vez que empezó a mover las caderas...

- No estarás pensando en correrte ¿Verdad?

No contestó, sólo un pequeño jadeo y la respiración cada vez más agitada, mi dedo índice y corazón entraron en su sexo a la vez que con el pulgar estimulaba su clítoris con pequeños golpecitos....ya no paré y se dejó ir, aún podía sentir las contracciones del orgasmo en mis dedos, cuando los saqué.

- Te dije que aún no...

Le di unas palmaditas en el sexo desde atrás. 

- Levanta.

Se levantó y nada más hacerlo yo también, la cogí de la muñeca y la llevé contra el brazo del sofá, la "obligué" a tumbarse sobre el , con el culo castigado bien levantado, cogí el cinturón de la mesita y sin decir nada, le di una docena de azotes con el, rápidos y seguidos. 

- Esto es por correrte mientras te castigo.

Pero mi capacidad de autocontrol también tiene un límite y me puse detrás de ella entre sus piernas me quité la ropa necesaria y mi polla buscó su sexo, mojado como estaba entró entera y allí me quedé inmóvil un rato, con mi polla dentro y mi piel tocando su piel caliente, hasta que empecé a entrar y salir chocando en cada embestida contra su culo castigado...

Un rato después, estábamos los dos acurrucados, desnudos y exhaustos, mirando en silencio , las brasas de los dos troncos.

 






sábado, 14 de marzo de 2026

Bien educada




 







Habíamos bajado al centro a tomar algo, una tarde lluviosa de Sábado, cuando ya parece que va a llegar la primavera y hasta hacía frío.


Como siempre al llegar un ratito de vueltas buscando donde aparcar, por fin vi un sitio y aparqué, salimos del coche y llovía, me fui para buscar la máquina de sacar ticket y me dijo.


-¿Donde vas?

-A sacar ticket.

-Con la que está cayendo no va a venir nadie a comprobar anda tira.


Total que me convenció llovía bastante y lo dejé estar. Nos fuimos a tomar unas cañas tranquilamente, ella llevada un vestido con aires asiáticos, que le quedaba genial, tenía un especial atractivo aquella tarde. Unas cañitas y unas risas, entre juegos y muchas insinuaciones, hasta que decidimos volver a casa, como habíamos picado algo con las cañas, ni cenaríamos aquella noche.


Al salir ya no llovía y fuimos tranquilamente a por el coche, justo cuando llegábamos había un agente de estos de movilidad poniéndome una multa por no haber sacado el ticket de la zona de pago. Enseguida me dirigí a el con educación y con la excusa que habían sido solo 5 minutos etc, etc...pero de repente y ante mi sorpresa empezó a despotricar ella.


-Joder es que al final nos vais a cobrar hasta por respirar, cuando  hemos salido llovía a mares y de aquí a la máquina nos ponemos chorreando, seguro que tu estabas bien a resguardo en algún bar y ahora nos vas a multar.


El agente respondió


-Señorita, no me falte al respeto yo solo cumplo con mi trabajo

-Ya, ya pues cuando llovía no te vi


La miré en plan "cállate", pero ella siguió discutiendo con el agente, hasta que me cansé cogí el ticket para hacer la anulación, la cogí de la mano y tiré de ella camino de la máquina para pagar la anulación de denuncia, apenas habíamos caminado unos pasos y le dije subiendo el tono, de tal manera que el agente seguro escuchó la conversación.


-Se puede saber a que ha venido este numerito impertinente!!!! ya puedes ir preparando el culo que cuando lleguemos a casa te enteras.


Ya no dijé nada más, ni ella tampoco juntos de la mano fuimos a anular la denuncia a la máquina no la solté ni para poner las monedas. Con la denuncia anulada, volvimos al coche, nos cruzamos con el agente, al que dije.


-Buenas tardes.


Ella no dijo nada, pero si se ruborizó. Cuando nos metimos en el coche tampoco le dije nada solo la miré con mirada de enfado, arranqué y nos fuimos para casa, es más puse la radio para evitar conversaciones, un cuarto de hora de silencio y que pensara, porque había sido muy claro. Llegamos al parking de casa, metí el coche en la plaza y antes de salir al apagar la radio me dijo.


-Lo siento, pero  me ha dado mucha rabia.


La miré y solo le dije.


-Baja.


Nos bajamos y en cuanto la tuve a tiro, la volví a coger de la mano, con fuerza, dimos unos pasos hasta la puerta que da acceso al pasillo del ascensor y antes de abrirla me dijo.


-¿Estás enfadado?


Mi reacción fue refleja, allí mismo sin soltarla, le di un par de azotes bien fuertes.


-¿Responde esto tu pregunta?. De todas maneras si te quedan dudas ahora te las voy a resolver todas.


En el ascensor la solté y ella no pudo reprimir frotarse el culo mientras subía en cuanto se detuvo y se abrió la puerta la volvi a coger de la mano y para casa, nada más entrar y cerrar la puerta le dije.


-Ve a ponerte el camisón, mira que vas guapa, pero eso es ropa de mujer no de niña.


Se metió en la habitación y yo me fui al comedor, no entendía aquel comportamiento impertinente e irrespetuoso hacía un desconocido y si quería "jugar" lo había conseguido, pero igual el juego no le iba a gustar tanto como pensaba. Cuando apareció con el camisoncito, ya venía más suave sin tan siquiera atreverse a mirarme.


-¿Se puede saber a que se debe tu comportamiento de antes?

-Es que me ha dado mucha rabia y se me ha ido de las manos. ¿Me perdonas?

-Me has provocado vergüenza ajena, has sido irrespetuosa con alguien que te guste o no está trabajando, parecías una niña con una pataleta.

-Ya te he dicho que lo siento, que se me fue de las manos.

-No voy a tolerar que esto pase nunca más delante de mi y me voy a encargar de ello. Lo primero que vas a hacer es escribir una carta de disculpa a esa persona, así que ya puedes coger un papel y un boli y sentarte a escribir una disculpa como dios manda.


Se quedó quieta.


-¿Lo dices en serio?

-Me vas cara de bromear de ti depende si escribirla de pie o sentada, porque como tenga que repetírtelo te voy a poner el culo que no vas a poder sentarte.


La amenaza surgió efecto y eso si despacito, pero fue al armario cogió papel y boli, lo dejó en la mesa, entonces le dije.


-Antes de sentarte, bájate las braguitas, que no creo que te las vuelvas a poner lo que queda de noche.


Resopló.


-¿Te las tengo que bajar yo?


No hizo falta, se las bajó y se sentó el fria y dura silla, empezó a escribir algo, pero al poco me dijo.


-No se que poner.


Me levanté, cogí el papel, lo aparté y le puse uno nuevo.


-No te preocupes que ya dicto  yo.


Suspiró y empecé a dictar.


" Señor agente de movilidad:


Quiero pedirle disculpas por mi comportamiento del pasado sábado sobre las 21:30 en la calle de San Lázaro. Mi comportamiento fue totalmente impertinente e irrespetuoso impropio de una mujer de  mi edad y más propio de una adolescente malcriada y caprichosa. Mi pareja se va encargar de corregir ese comportamiento del todo inadecuado y recibiré un merecido castigo, en forma de azotaina en el culo en cuanto termine de escribir estas disculpas ya que mi comportamiento infantil merece un trato infantil.


Espero acepte mis disculpas.


Fdo: YCR"


Cuando terminó le di un sobre y le hice doblar el papel y ponerlo dentro. En cuanto lo hizo la cogí de la mano, la levanté y me la llevé para el sofá, me senté y sin decir nada, de un tirón a mis rodillas, nada mas ponerse, le levanté el camisón no había mucho que levantar porque era muy cortito, pero si me entruve a doblarlo, ahí me puse a acariciarle el culo desnudo y frio con toda la mano.


-Sinceramente ¿como crees que mereces el castigo?


Dijo algo tan flojito que no entendí.


-¿Como?

-Severo...

-Bueno veo que al menos algo has recapacitado.


Entonces empecé a azotarla con la mano, como la idea era de algo largo, vamos de que se acordara unos días empecé progresivo, lento y suave, calentando bien, mientras le iba recordando su comportamiento intolerable, cuando empezó a coger colorcito la piel, aumenté la intensidad y la velocidad de los azotes sin pausa de forma constante una incesante lluvia de palmadas sobre su piel desprotegida, en un determinado momento se le escapó una especie de queja y le dije:


-No pienso parar hasta que me duela la mano y pobre de ti que muevas.


Pero mi mano tiene también un límite de resistencia y llegó un momento que empezó a picarme, así que me detuve, tenía el culo como un tomate maduro, al rojo vivo.


-Ahora señorita maleducada, te vas a levantar y te vas a ir un rato a pensar en tu comportamiento al rincón, y quiero ver ese camisón bien arriba que se vea bien ese culo bien rojo. ¿Está claro?.


Se levantó y se fue hasta el rincón rechistando algo por el camino pero obediente, camisón levantado, manos detrás de la espalda sujetando y culo rojo bien expuesto. Aquel día me lo tomé con calma, por dos motivos el primero, que se sintiera castigada de verdad y el segundo que bajase algo el escozor del culo, porque ahí no acababa la cosa.   Lo cierto es que aguantó allí mirando a la pared un buen rato sin moverse, hasta que la llamé. La hice quedarse de pie frente a mi, la miré y le dije.


-El camisón levantado.


Sabía perfectamente que mostrarme la parte de delante le daba mucha vergüenza. Lo hizo.


-Te voy a hacer una pregunta muy clara y muy sencilla ¿Crees que es suficiente castigo, en relación a tu comportamiento de esta tarde?.


Silencio tenso, conté mentalmente hasta diez.


-Nena responde.

-Puffffffff no se...

-Bien, entonces ya decido yo.


Me había fijado en las zapatillas que llevaba, eran monas de estar por casa y tenían pinta de ser muy eficaces además usar su propia zapatilla para castigarla le daba un toque más infantil al castigo.


-Dame una de tus zapatillas.

-Pufff

-Nena.....


Sacó el pie izquierdo de la zapatilla, se agachó y me la dio, yo me levanté, puse mi pie encima de la mesilla, mi muslo quedaba como apoyo, la cogí de la mano , la estiré contra mi muslo y le dije.


-Ahora te inclinas un poco, sacas bien el culo aguantando el camisón levantado, para que te lo caliente bien con la zapatilla.


Esperé a que lo hiciera, cogí la zapatilla entonces y empecé a azotarle el culo con ella, sonaba de maravilla, aunque creo que era más ruido que nueces, pero como ya llevaba una buena a mano encima eso sumado a la posición bastante humillante, en la que tenía que estar de pie, con poco apoyo, aguantando el camisón levantado y ofreciendo el culo, la sensación de castigo en su cabeza debía ser importante y además aunque no parecía excesivamente dolorosa la zapatilla, a base de insistir seguro que el quemor iba en aumento.


Cuando decidí parar, tras un rato seguido a base de zapatilla lo tenía aun más rojo, dejé la zapatilla, quité la pierna, la cogi de los hombros y se abrazó a mi, no pude evitar al hacerlo, buscar con mis  manos sus muslos y subir por debajo del camisón que al soltarlo había caido acariciarle el culo que estaba ardiendo, ella puso su cabeza en mi hombro y de repente noté algo húmedo en mi hombro, estaba llorando como una niña, yo no dije nada, me limité a acariciarle el culo y dejar que todo saliera, no se el tiempo que estuvo, unos minutos, cuando ya se calmó, le cogí la cara, le sequé las lágrimas me miró y me dijo.


-¿Me perdonas?

-Si claro que si


Volvió a abrazarse a mi, ya sin lágrimas, hasta que la cogí de la mano, nos fuimos a buscar la crema y a la cama, la hice tumbarse boca abajo, le levanté el camisón y le quité las braguitas del todo, el puse crema por todo el culo y llevaba un rato acariciándoselo, cuando empecé a darle besitos suaves en sus nalgas sensibles, suspiró al notar mi barba áspera en su piel sensibilizada, los besos al principio eran por el centro de las nalgas, pero fueron bajando hasta la frontera entre nalgas y muslos, entonces le dije.


-Date la vuelta.


Lo hizo, me puse entre sus piernas y empecé a darle besos por la cara interna de los muslos de la rodillas y subiendo, hasta llegar a la ingle, ahí ya no pude resistir más y los besos fueron a su sexo húmedo y caliente, primero solo besitos muy suaves, después empecé a succionarle con los labios de mi boca sus otros labios, estirándolos con una suave succión, hice lo mismo con el clítoris, ahí ya empecé a ayudarme también de los dedos y todo se precipitó hasta terminar en un orgasmo largo e intenso.


La noche siguió con juegos, hasta caer rendidos.


Al día siguiente por la tarde volvimos a bajar a la ciudad, a la misma calle, con el mismo vestido, pero sin ropa interior aun tenía el culo marcado dimos  un par de vueltas a la calle, pero no estaba el agente del día anterior, así que le hice dejar la carta junto al buzón de la máquina.






















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