Acabábamos de desayunar, yo me fui a hacer el segundo café a la terraza, me encanta sentir el calorcito del sol cuando sale, antes que se convierta en un infierno. Me puse a mirar la prensa con el teléfono y me encendí un cigarrillo. Ella se quedó dentro, no sé que me dijo que iba a hacer, pensé que saldría conmigo, pero pasado un buen rato seguía sin salir, así que entré. Sentí un olor raro a requemado y fui para la cocina, ya en el pasillo el olor era más fuerte y salía un sospechoso humo blanquecino, que hasta hacía picar los ojos, el resto fue instintivo, directo a la encimera y apague el fuego, en el había una sartén humeante con algo carbonizado y pegado, abrí la ventana de la cocina y puse a tope la campaña extractora, aunque me dio que había para días de olor.
¿Y ella dónde estaba? pues en la ducha. Me empezó a subir un calor por el cuerpo, la escuchaba canturrear con la música supongo que del teléfono en la ducha, ajena a la catástrofe que había estado a punto de provocar. Mientras yo intentaba ventilar la casa de aquel olor pegajoso. Hasta que se abrió la puerta del baño y salió la princesa, con su toalla en el pelo y la otra en el cuerpo. Obviamente nada más salir, dijo alguna barbaridad y fue corriendo hasta la cocina, yo estaba abriendo persianas y ventanas de la habitación. Al llegar a la cocina ya vio que por suerte, me había percatado y que el incidente no había pasado a mayores, más ayer de aquel penetrante olor, cuando se giró, yo estaba apoyado en el marco de la puerta de la habitación, mirándola con los brazos cruzados y su reacción, fue soltarme así en seco.
-Joder tio, podías haber estado más atento.
-¿Cómo? ¿Me has dicho algo? porque no lo recuerdo....
-Puffffff muchas cosas en la cabeza, pensaba que estarías al caso.
-Ya sabes que suelo salir fuera. Y si me preocupa que pasa por tu cabeza ¿Y si no llego a entrar? ¿ Y si prende la sarten? ¿Y si estás sóla?
-Bueno pero no ha pasado ¿no?
-Vamos a ver, si vas a cocinar y piensas dejar la sartén en el fuego: avisa! ¿Sabes la que podías haber líado?
-Pero bueno, tu estás aquí también
-No sigas por ahí, que no tienes excusa. Céntrate de una puñetera vez.
-Joder!!!! sólo quería dejar la comida preparada y así salir un rato.
-Ve a secarte.
Necesitaba respirar un poco, en aquel momento estaba enfadado de verdad y no era plan. Además esto era algo periódico, cuando no era la placha de la ropa, era la del pelo, es lo que tienen las cabezas activas, que a veces juegan malas pasadas, pero esta superaba el mero despiste, para pasar al campo de la negligencia. Cuando volvió a aparecer, yo estaba sentado en el sofá pensativo, entró con una camiseta solo y debajo el tanga nada más, se apoyó en la mesa y me dijo.
-¿Estás enfadado?
-Enfadado no es la palabra, tal vez la palabra más adecuada es que no entiendo
-Lo siento, ha sido una metida de pata, no pasará más. Quería hacer un bien y mira
-Nena, no es eso, no se trata de adoptar una postura victimista, se trata de asumir consecuencias ¿Cuanto hace que te dejaste toda la tarde enchufada la plancha del pelo?
-Ya hace, antes que nos volvieran a encerrar
-¿Seis meses? Lo podría entender un día, pero cada equis tiempo no. Porque algún día pasará algo ¿Que pasó aquella vez?
Al decirle eso se ruborizó, y no dijo nada, pero quería escucharlo de su voz.
-Repito ¿que pasó la vez de la plancha?
-Que me llevé una buena....-dijo con voz entrecortada-
-Una buena ¿qué?
-Azotaina....
-Pues ya sabes que va a pasar esta vez. Pero antes....
Me levanté y la cogí del brazo, de debajo de la axila y la llevé hasta la cocina. Yo cogí la sartén requemada y le dije. Voy a tirarla a la basura (ya de paso cogí la bolsa también) y a darme un paseo, necesito aire, cuando vuelva, la quiero impecable y ya saldaremos cuentas.
Cogí la bolsa de basura y la sartén y me fui. Puede parecer algo cruel, pero aquel día, aun siendo un juego, iba a ser un juego de castigo y un tiempo sóla para pensar y anticipar le vendría muy bien para aprender la lección. Estuve como una hora fuera, cuando entré de nuevo a casa, me asomé un momento a la cocina y allí seguía casi terminando. No dije nada me fui al comedor y a los diez minutos más o menos apareció.
-Ya está...supongo que no vamos a ir a ningún sitio.
-Si, tu si, tu te vas a ir al rincón ahora mismo y de ahí no te vas a mover hasta que te diga.
-Joder!!!! ya vale, no hay para tanto.
Me levanté, la cogí del brazo y le dí un ráfaga rapida de azotes, buscando acertar en el culo, pero como los intentaba evitar, la mayoría le cayeron en los muslos.
-¿Me has entendido mejor?
Resopló y medio enfadada se fue solita al rincón, las manos sobre la cabeza, ese gesto le levantaba lo justo la camiseta para ver el nacimiento de las nalgas, y mis cuatro dedos en rojo por ahi repartidos. La tuve como un cuarto de hora allí plantada en el rincón, sin moverme ni yo. ni ella. Unos minutos después, me levanté, fui a la cocina, aún impregnada de aquel olor, cogí la cuchara de madera de olivo, maciza y redonda, con ella de vuelta al salón, la dejé en el brazo del sofá y en vez de llamarla la fui a buscar, la cogí de la oreja y la llevé hasta el sofá, como a una niña irresponsable, la solté, me senté y la puse en mi regazo, la sujeté bien por la cintura con mi brazo izquierdo, tirando hacía arriba para sostener el culo bien levantado, la camiseta, le tapaba así sólo la mitad de las nalgas, pero se la levanté del todo, hasta media espalda, debajo solo un tanga que no tapaba nada. Y sin más discursos, ni regañoso empecé a azotarla con la mano, de forma progresiva "in crescendo". Repartiendo bien las palmadas por todas las nalgas, desde cuatro dedos por debajo de ellas en los muslos, hasta cuatro dedos antes de llegar a la espalda, sin prisa, sin acelerar mucho, pero continuado y silencioso, sólo el sonido constante y rítmico de las palmadas contra la piel desnuda.
No hubo pausas, ni caricias, una larga muy larga azotaina a mano. Cuando paré, sólo fue para soltar el brazo que la sujetaba ligeramente levantada, ya cansado, pasar mi pierna derecha por encima de la suyas y acto seguido deslizar el tanga por sus piernas, hasta encima de las rodillas, entonces cogí la cuchara de madera de olivo, redonda y con un mango de dos palmos de largo. La pasé por la piel ya incandescente de su culo, la parte redonda y lisa de la cuchara. Hasta que le di un aviso subliminal, la sujeté otra vez de la cintura y empezaron a llover los azotes con la picante cuchara, hice una pasada inicial más suave por todo el culo, pero al terminar me dediqué con ganas sólo a castigar la piel de la mitad inferior del culo, un par de días de sentarse incómoda le vendría bien para la memoria. Reconozco que aquella vez fui especialmente estricto y duro, pero creo que la situación lo merecía y terminé por dejarle esa zona, algo más que roja, ya casi a topos azulados. Incluso llegué a usar la técnica de estirar la piel, para llegar a zonas, dónde generalmente no llegas a parte de que con la piel estirada es mucho más doloroso, incluso le dí una pequeña tanda en la cara interna de las nalgas, separando una y otra. Cuando decidí parar, debía estar bordeando el umbral del dolor y del orgullo, pero de momento tampoco hubieron caricias, ni consuelos.
La hice ponerse de rodillas encima del sofá mirando el respaldo y la pared, a mi lado, le puse el mango de la cuchara entre las nalgas y ahí debía aguantarlo, bajo amenaza de un castigo extra si se caía.
A los diez minutos me levanté, fui a por la crema hidratante, le quité la cuchara de aquel lugar tan vergonzoso, la ayudé a levantarse y la tumbé de nuevo en mis rodillas, eché un par de buenos chorros de crema en cada nalga y muy suavemente empecé a extenderlos a la vez que le hacía un delicado masaje con la yema de los dedos. Mientras le extendía la crema, le repetí, que esperaba que aquella fuera la última vez que la tenía que castigar por algo así y que mi amenaza iba muy en serio. A medida que la crema refrescaba su piel y calmaba el escozor, se fue relajando y dejándose hacer, desde mi posición privilegiada podía ver el brillo de la humedad en su coño, pero aquel día no hubo placer.
Tras una hora larga de masaje, crema y caricias, le dije una lista de tareas para hacer los dos en casa y espero que aprendiera la lección.




