sábado, 10 de octubre de 2026

El cinturón blanco

 



- ¿Piensas estar así todo el día?

Llevábamos un rato sentados tomando comiendo algo en la cafetería de un centro comercial, ella estaba en silencio y sin hacerme el más mínimo caso.

- Es que no lo entiendo!!!

- ¿Que no entiendes?

- Ya lo sabes...

- ¿No entiendes que no te haya dejado comprar el cinturón? Pues es muy fácil de entender. En primer lugar, porque me parece un capricho super caro y absurdo y en segundo lugar, porque precisamente esta semana no has hecho muchos números para ganártelo.

- No vas a pagar tú, es con mi dinero.

- Eso es irrelevante

- Pues a mí , no me lo parece.

- ¿Quien pone normas aquí?

No contestó, jugaba con una servilleta a hacer un avión de papel, al terminar me miró y lo lanzó cayendo en el suelo.

- Recoge eso inmediatamente!!

Se cruzó de brazos desafiante. 

- Voy a contar a 3, no hay más avisos.

Se levantó y lo recogió.

- Voy un momento al baño. 

Entró en el local y yo pedí la cuenta y pagué. Cuando regresó la esperaba de pie, ella cogió el bolso, la cogí de la mano y salimos. 

- Vamos en dirección contraria, lo sabes ¿No? 

- Si, me acabo de acordar que me he olvidado algo...

- ¿Que te has olvidado?

- Ahora lo verás 

Caminamos hasta la tienda de complementos causante de su malhumor. Al entrar me miró extrañada.

- Coge el cinturón 

- ¿En serio?

- Si....

- Gracias!!!!!

Se había encaprichado de un cinturón blanco, además de una marca cara. Lo cogió y se lo puso en la cintura del vestido.

- Es genial!!! 

- Venga va vamos a pagar.

Nos fuimos para el mostrador y antes de que ella sacara el monedero, yo le había dado a la dependienta ya la tarjeta. 

Al salir de la tienda su humor había dado un giro de 180 grados. Hasta que nos metimos en el parking y allí la cogí del brazo y le di dos sonoros y fuerte azotes en el culo que la pillaron de imprevisto.

- Dame el cinturón.

Me miró extrañada.

- ¿Que pensabas que lo había comprado para ti? ¿Crees que tu comportamiento merece un refuerzo? Porque yo creo que merece todo lo contrario. 

Se quedó tan sorprendida que me dio el cinturón sin rechistar. La cogí de la mano y fuimos a buscar el coche. Antes de abrir le dije.

- Tú detrás, si te comportas cómo una niña , así te voy a tratar.

No dijo nada y subió detrás. Salimos del parking, en ese momento llovía la miré por el espejo y le dije.

- Ahora cuando lleguemos a casa, te vas directa a cambiar de ropa, toda, te pones el pijama y unas braguitas acorde con tu edad mental. Te desmaquillas y te pones con el cambio de armarios, cómo me dijiste ¿Está claro? 

No dijo nada, de hecho ya no hablo más en todo el camino. Ya en casa, se fue a la habitación, yo me preparé un café y me senté en el sofá. Un rato más tarde fui a ver qué hacía y la encontré sentada en la cama, con un montón de ropa en la cama.

- ¿Aún estás así? 

- Es que no me apetece...

- Nadie te ha dado a elegir...

La cogí del brazo y la levanté de la cama. 

- Ya veo que tienes el día tonto, cómo el tiempo.

La puse frente a la mesita de noche.

- Pon los brazos rectos, pegados a los lados.

En cuanto los puso, puse mi mano izquierda en su hombro y empecé a azotarla con la mano con la ropa puesta.

- Cuando te digo algo, no se contesta ni se ponen excusas lo haces y punto. Y si no aprende a comportarte cómo una adulta y no cómo adolescente malcriada. 

Seguí un rato zurrándole el culo en esa posición, hasta que le dije. 

- En un rato volveré y cómo no vea avance, te prometo que no vas a poder sentarte ni para hacer pis ¿Entendido?

Antes de irme le di una docena más de azotes y salí de la habitación. Me puse la tele y daban un documental interesante que además duraba una hora. Cuando terminé de verlo tranquilamente, me fui para la habitación y esta vez sí había hecho bastante.

- ¿Te queda mucho? 

- Bueno...un ratito, aún me queda. 

- Pues dejalo y ya seguirás más tarde. 

- Vale

- Voy a ir a buscar cena, mientras voy, te he dejado apuntadas unas cosas que quiero que hagas en la libreta que está en la mesa de la cocina. Cuando vuelva las quiero hecha ¿Está claro?

- Si...

- En media hora vuelvo.

Salí de la habitación cogí las llaves del coche y me fui.

Imagino que nada más salir ella debió ir a buscar la libreta y leer las instrucciones, que eran las siguientes.

" Esto es lo quiero encontrar cuando vuelva. Quiero que pongas el cinturón nuevo doblado en la mesita, junto a el también pondrás el lubricante y un plug. Una vez hagas esto dejarás encendida sólo la lámparita de leer, te bajaras el pantalón del pijama y las braguitas hasta los tobillos y a continuación te colocas en posición en el brazo del sofá y esperas quieta a que vuelva"

Estaba convencido que me haría caso, sabía que estaría con sentimientos antagónicos, pero que obedecería. 

Media hora después entraba en casa, sólo la cálida y suave luz de la lámpara de lectura, caminé hasta la luz, dejé la bolsa un momento en la mesa y allí estaba, tal y como le había dado las instrucciones, tumbada sobre el brazo del sofá, con el pantalón del pijama y las braguitas en los tobillos, el culo bien expuesto, y todo lo necesario preparado en la mesilla. 

- Hoy voy a ser duro contigo, no vas a tener placer, ya te lo digo de antemano y te vas a sentir muy castigada y avergonzada. Ábrete bien el culo y no voy a repetirlo.

De pie tras de ella, esperé lentamente llevo sus manos a las nalgas, las agarró y las separó. 

- Veo que empiezas a tener claras las cosas. Voy a dejar esto a la cocina y ponerme cómodo, mantente así hasta que vuelva.

Sabía que hacerla estar así, le daría mucha vergüenza, el máximo de exposición y vulnerabilidad. Dejé la cena en la cocina y me puse el pijama. Entonces fui de vuelta al comedor y allí seguía bien expuesta. Sin decir nada, cogí el plug, le puse lubricante y me puse detrás, empecé a pasárselo por la zona, al sentir el frío del metal  se contrajo un poco.

- Si te relajas será menos molesto.

Empecé a presionar despacio en la entrada de su culito, no me costó demasiado hacerlo entrar...con el plug ya metido, observé la escena un instante...

- Ya puedes soltar, brazos estirados hacia delante. 

Lo hizo y cogí el cinturón blanco. 

- La verdad es que creo que he hecho una buena compra, es cuero del bueno, no es muy pesado, ni muy ancho y a partir de hoy, este va a ser el cinturón de los castigos. Van a ser 48... cuentalos

Pasé el cinturón suavemente por su piel...

- Ya sabes el comportamiento que quiero, nada de moverse, el culo siempre levantado y bien presentado.

Al terminar de decirlo, el cinturón atronó contra su piel...se le escapó un pequeño gemido antes de decir "uno". Al terminar la primera docena, dejé el cinturón en su espalda, me fui detrás de ella, con mis pies separé sus piernas al máximo, desde atrás podía verle los labios hinchados y la rajita brillante. Tras la comprobación le di otra docena de azotes con el cinturón y al terminar dejé el cinturón en la mesita.

- Levanta y vete cara a la pared, ya sabes cómo. 

Se levantó y se fue hacia su rincón, caminando con la ropa en los tobillos, al llegar puso las manos sobre la cabeza y la nariz pegada a la pared.

Yo fui a la cocina, puse la mesa, con la cena un plato para mí y al suya en una bandeja. Cogí una silla y la llevé hasta el rincón.

- Siéntate.

Se sentó y nada más hacerlo fui a por la bandeja con la cena, la puse sobre sus piernas y me dije.

- Hoy vas a cenar, aquí castigada, en silencio y te lo vas a comer todo, ahora te traigo agua.

Y así cenó aquel día. Al terminar, recogí primero lo mío, después fui a buscarle la bandeja y entonces le dije. 

- Ahora te vas a levantar, te quitas del todo el pantalón y las braguitas, lo dejas bien doblado en la mesita y continua un rato con los armarios, hasta que te avise. 

Cuando volví de la cocina, estaba el pantalón del pijama y las braguitas dobladas en la mesita. Me senté a ver un rato la tele y una hora después la llamé.

- Nena, déjalo ya y ven aquí. 

Un par de minutos después, la tenía frente a mí con las manos sobre la cabeza, mientras le recordaba una de mis máximas , que no es otra, que castigo anunciado, castigo que se cumple y le faltaban dos docenas de azotes con el cinturón blanco.

Al terminar el discurso, con una mano cogí el cinturón y con la otra a ella, la puse en el centro del salón, le hice poner las manos sobre la cabeza, abrir la piernas y sacar el culo. Y así de pie, ligeramente inclinada acabé de castigarla. 

Al terminar, la llevé del brazo hasta la habitación, allí la puse de rodillas mirando a la pared, hasta que fuera a buscarla.

No la tuve mucho rato, un cuarto de hora, no mas. Cuando entré a la habitación, me senté en la cama, la llamé y la hice colocarse en mis rodillas, le quité el plug y le puse crema en el culo. Cuando terminé, la mandé que fuera al baño y se preparara para ir a dormir.






sábado, 3 de octubre de 2026

El médico

 



Había pasado mala noche, con algo de fiebre y malestar. Pero por la mañana, ya estaba preparada para ir trabajar y realmente no hacía buena cara, así que no sin insistir la acabé por convencer que fuera al médico y que se cogiera al menos un par de días de baja. 

Me fui a trabajar y le envié un mensaje a media mañana para saber qué le había dicho el médico, no me contestó e imaginé que estaría durmiendo. Ya de vuelta por la tarde me la encontré en el sofá estirada tapada con una manta, nada más verla le dije.

- Ufff cómo estamos, que te ha dicho el médico?

- Un catarro común, Paracetamol y mimos

Me senté a su lado, le toque la frente.

- Si parece que tengas fiebre. Te ha dado la baja?

- No...

- En serio? Has ido a trabajar?

- Si claro que quieres que haga 

- Pues no estás para trabajar 

- Bueno imagino que mañana estaré mejor.

Así pasaron un par de días, puesto que no quiso cogerse ni un día libre, así que por las tardes me tocaba hacer de enfermero, al tercer día mejoró mucho y episodio pasado.

El sábado, ya hacía un par de días que estaba bien, sábado casero. Ella salió a hacer la compra y yo me quedé recogiendo la casa y en eso que me encuentro con un informe del centro de salud, me dió por leerlo y vi en el algo que me llamó la atención. 

"La paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas..."

Me quedé muy extrañado, aquella noche había tenido bastante fiebre, así que aquello debía tener alguna explicación.

Cuando llegó de la compra, no dije nada, seguimos con la rutina de mantenimiento de casa, preparé la comida, comimos y ya con todo hecho después de comer nos apalancarmos, yo fui a poner una cafetera.

- Quieres un café?

- No gracias

Hice la cafetera, me servi un café y me senté en el sofá, ella puso sus pies en mi regazo y le cogí los tobillos. Entonces busqué algo en el bolsillo y lo saqué, era el informe del médico. Se lo di.

- Vas dejando las cosas por ahí...

- Bueno ya lo podías haber tirado, total.

- Me lo lees por favor 

- Y eso? Para qué?

- Leemelo 

Ahí cambié el tono de voz, si alzarla pero más firme. 

Resopló y empezó a leer. 

- De pie por favor.

- De pié por qué?

- Ahora lo sabrás

Volvió a resoplar, pero se levantó y siguió leyendo, hasta que llegó al punto ese en el que se leía "la paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas…" La interrumpí en ese momento.

- Me explicas eso? Porque vamos pasaste una noche de fiebre que no veas.

- No sé supongo que me entendió mal.

- Lo que se te da mal es mentir. Estás roja como un tomate, no me aguantas la mirada, te pillo a la primera, así que dime la verdad, le mentiste al médico no es eso?

- Pfffff es que tampoco estaba tan mal y si le digo que tengo fiebre, me da la baja.

- Deberías saber que dar la baja por enfermedad es en primer lugar para recuperarte, pero también para proteger al resto de gente de tu alrededor. Así que doble irresponsabilidad y a eso suma que mentiste al médico y también a mi.

- No te pongas trascendente, no hubo mala intención, en casa me aburro y no estaba tan mal.

- Pues lo dices claramente y no pasa nada, podré estar más o menos de acuerdo, pero lo que no voy a permitir son trucos, que además te pillo siempre. 

- Valeeee ya no pasará más, pero luego no me calientes la cabeza y respeta mi decisión.

- Eso es lo que hubiera hecho si te hubieras comportado cómo una adulta, pero cómo no ha sido así ve a buscar el termómetro.

- Que?!!! Para qué?

La miré muy serio.

- Quieres ir con el culo rojo?

- Pfffffffff 

- Y para de soplar. No te lo digo más.

Ahora no resopló, pero si suspiró antes de ir al baño, de vuelta venía con el estuche metálico del viejo termómetro de cristal. Me lo dio. Lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá.

- Manos detrás de la espalda.

Gesto de desaprobación y mirada hasta que lo hizo, entonces de un tirón seco le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, debajo no llevaba nada. La cogí del antebrazo y con firmeza la puse en mi regazo, tumbada boca abajo. Empecé a acariciarle suavemente las nalgas desnudas y mientras le daba unas palmaditas muy suaves, le dije.

- Te voy a enseñar a no mentir al médico y a mi.

Abrí el estuche cogí el termómetro de cristal, lo agité varias veces. Y con mi mano izquierda separé un poco sus nalgas, exponiendo la zona más pudorosa y oculta de su cuerpo, llevé la punta del termómetro allí, al contactar el frío cristal con ese lugar tan se sensible, se contrajo en acto reflejo, esperé que se volviera a relajar y cuando lo hizo el termómetro empezó a entrar por el agujero más íntimo de su cuerpo, hasta la mitad más o menos. Entonces le solté las nalgas y a esperar. 


- Esto es humillante sabes?

- Más humillante en mentir.

Cogí el termómetro y empecé a jugar a meterlo y sacarlo despacio. Hasta que lo saqué del todo.

- Hoy sí que no tienes fiebre de momento.

Suspiró otra vez, y más cuando notó mis dedos "inspeccionando" el coño, mojado.

- Que reacciones más raras tienes con la vergüenza.

No dijo nada, su cabeza debía estar cortocircuitando. 

Pero enseguida, le mostré la realidad, que no era otra, que empezarle a poner el culo al rojo vivo, y mi mano comenzó a impactar rítmicamente en su piel desnuda, con ese sonido inconfundible. Que fue aumentando poco a poco en ritmo y velocidad. Mientras la iba semonenando sobre las responsabilidad y mentir. De vez en cuando hacía una pequeña pausa, insistía en el sermón y cuando volvía a empezar lo hacía más fuerte e intenso, viendo como su piel iba cambiando de color, de un rosado pálido, pasó a un rosa más intenso e uniforme y de ahí al rojo en distintos tonos para terminar en un rojo tomate, justo cuando me detuve.

Puse el dorso de mi mano en cada una de sus nalgas.

- Ahora si parece que tienes fiebre local, la fiebre de la disciplina.

Volví a coger el termómetro.

- Habrá que comprobar. Colabora.

Esa última palabra sabía que tenía una carga muy pesada, ese colabora significaba que debía ser ella quien se separase las nalgas, y yo sabía que eso la mortificaba mentalmente y a la vez hacía que su coño gotease.

Pero no pudo evitar resoplar lo que le costó una docena de buenos azotes, rápidos y fuertes.

- Ya te avisé que no quería un soplido más.

Finalmente sus manos se estiraron hacia atrás agarraron las nalgas que debió notar muy calientes y tímidamente separó las nalgas, yo cogí de nuevo el termómetro y se lo volví a meter, esta vez sin soltarlo, moviéndolo despacio sin sacarlo. Jugando un rato con él. Cuando lo volví a sacar, lo miré y dije.

- Vaya pues no tienes fiebre. Habrá que probar otro método. Levanta y tráeme la cuchara de madera para cocinar culos de jovencitas traviesas.

Un par de palmadas secas, le hicieron saber que no era buena idea, hacerse la sorda y mucho menos rechistar. Con el pijama en los tobillos y el culo rojo al aire caminó torpemente por el pasillo, hasta la cocina. De vuelta me entregó la cuchara de madera de olivo e hizo el gesto de ponerse en mis rodillas, pero se lo impedí. 

- Manos sobre la cabeza y date la vuelta.

Hizo amago de resoplar, pero acabó por obedecer. Así de pie de espaldas a mi empecé a pasar la cuchara por su piel, nalgas, muslos e incluso por el coño, hasta que me levanté pasé mi brazo alrededor se su cintura para sujetarla y empecé a golpear sus nalgas ya rojas con la cuchara.

Lo bueno de la cuchara es que permite repartir muy bien los azotes y asegurarte que no queda un centímetro cuadrado de su piel sin el "saludo" de la cuchara. Aunque la última ronda fue muy insistente con la parte baja de las nalgas y la alta de los muslos, aguantar el castigo de pie, le daba un toque de seriedad. 

Al parar tiré la cuchara en el sofá y empecé a pasar mis dedos por el cuadro de circulitos rojos que había dibujado en su piel con la cuchara, hasta que me cansé, cogí la cuchara uno de sus brazos y la llevé hasta el rincón. Allí puse la cuchara entre sus nalgas y la dejé.

No pude evitar hacerle unas fotos allí en el rincón, fotos que me servirían en el futuro de advertencia. 

Un cuarto de hora después, fui a buscarla, le quité la cuchara, cogí sus manos y las puse apoyadas en la pared, estiré su cintura hacia atrás, haciendo que expusiera bien el culo y fui a por el termómetro otra vez. 

Allí contra la pared y con el culo rojo y expuesto, le volví a poner el termómetro. Esta vez lo dejé quieto, esperé un par de minutos y se lo saqué. 

- Vaya sigues sin tener fiebre.

Lo guardé y me fui otra vez hacía ella, con mis pies hice que separase las piernas, pasé toda la mano por su coño de delante a atrás varias veces frotando con ganas, me mojó completamente la mano.

- Aquí sí parece que hay fiebre y habrá que calmarla.

En ese momento me desabrochaba el pantalón y cogía mi polla, la guiaba hasta su raja, la pasé varias veces entre sus labios para que me la mojara bien, hasta que de un golpe de riñones la hundí en su coño, hasta quedarme pegado a su culo caliente y allí contra la pared y con el culo rojo, me la folle hasta corrernos los dos.










sábado, 26 de septiembre de 2026

Caprichos fuera de temporada

 



Poco a poco los días iban acortándose, señal inequívoca que el verano cedía el testigo al otoño a pesar que seguía haciendo aún bastante calor, sobre todo a mediodía. 

Además aquella vuelta a la escuela , llevaba consigo una novedad importante. Pasaba a hacer horario intensivo de 8 a 16h, con media hora para comer algo a las 12. Y eso me motivaba bastante, podía aprovechar la tarde mucho más que en el anterior horario partido en el que salía a las 18h. Y me daba para poder poner en marcha algún proyecto en esas horas ganadas.

El fin de semana no habíamos hecho nada, ella había seguido trabajando en su proyecto desde casa a ratos y de vez en cuando un fin de semana de no hacer nada va de maravilla

Aquel Lunes al salir a las 4 la llamé. 

- ¿Estás en casa ya?

- Abriendo la puerta me pillas

- Ok, voy a pasar por el super que he visto está mañana que faltaba alguna cosa, bebidas, café...¿Necesitas algo tú?

- Mmmmm espera....

La escuché cerrar la puerta y caminar.

- Si tráeme suavizante para el pelo, ya sabes el mío

- Vale ¿Algo más?

- Helado jajajaja.

- Ya no estamos en época de helados

- Siempre es época de helado!!!!

- Luego te quejarás

- Ya sabes que siempre me quejo 

- Venga va en una hora estoy allí. Besos 

Me fui a hacer la compra, un carro pequeños de cosas básicas y estando en la caja para pagar, me vino a la cabeza el helado, en otro momento hubiera vuelto aún perdiendo turno, pero pensé que mejor no,  que estaba con la dieta y con estrés y que al final acabaría teniendo yo la culpa por haberlo comprado. Pagué me fui para el coche cargué y para casa.

Subí con las bolsas , las dejé encima de la encimera y fui al despacho, allí estaba frente al portátil, con las gafas, y con el pijama de verano aún 

- ¿Ya has hecho la compra? 

- Si, ahora voy a colocarla 

- Que eficiente...

- ¿Vas a estar mucho rato?

- Un par de horitas debería 

- Vale, pues te dejo tranquila 

Me fui a poner cómodo y me puse a colocar la compra , al terminar cogí una cervecita fresca y me senté en el sofá. Ratito de paz pensé, pero duró poco.

10 minutos más tarde se abría la puerta del despacho 

- ¿Ya estás?

- No, pero necesito una pausa.

Sin decir nada más se fue para la cocina. La escuchaba abrir y cerrar cajones del congelador.

- ¿Donde has puesto el helado?

- En el cajón 

- ¿En cual? En el de abajo

- Aquí no está 

- Hay de chocolate y de fresa

- No hay nada....

- ¿Seguro?

- Segurísimo 

- Pues entonces me lo habré dejado en el super 

Escuché como cerraba la puerta y caminaba hacia mi

- ¿ Me estás tomando el pelo?

- Nena...no he cogido helado, estaba pagando ya cuando me he acordado además...

- Seguro de que la cerveza no te has olvidado 

Ya no dijo nada más se fue para el despacho cerrando de un portazo. En aquel momento decidí no actuar y ver si se le pasaba la pataleta.

Me fui a dar una ducha tranquilamente, al salir una segunda cervecita y ya pasadas las 8 como no salía del despacho, fui a verla.

- ¿Que te apetece cenar? 

Sin levantar la vista de la pantalla, me contestó con un seco

- Nada...

- Vale ya, ya está bien de niñerías. 

- Que no quiero nada!!! No tengo hambre!!!

- No tienes hambre y hace un rato querías helado...

- Exacto quería HELADO, no otra cosa lo vas entendiendo.

- Piensas dejar de portarte como una niña caprichosa? 

- Y tú me quieres dejar trabajar en paz.

- Cierra lo que estás haciendo tienes un minuto. 

- No lo voy a hacer 

- Pues tú misma, porque te bajo los plomos y lo pierdes todo 

-Noooo!!! Vale, vale ya cierro. 

Esperé a que guardara lo que estaba haciendo y cerrase sesión.

-¿Estás?

- Síii.

Sin decir nada más la cogí del brazo y la saqué del despacho antes de salir cogí la silla de madera de respaldo recto, que había en el rincón del despacho y con ella agarrada de un brazo y en la mano del otro lado silla recorrimos todo el pasillo, hasta el salón.  Allí solté la silla, en medio entre la tele y el sofá. Me senté, la miré.

- Las manos sobre la cabeza.

En cuento lo hizo, el pantalón del pijama y la ropa interior acabo en sus pies. 

- Tal vez, esto en momentos así, debería ser a modo preventivo un par de veces por semana, como si fuera un ansiolítico 

Ya no dije nada más tirón y a mis rodillas, mi pierna izquierda sujetando las suyas por encima, la mano izquierda en la cadera y la derecha empezando a trabajar en modo ametralladora sobre su culo descubierto y desprotegido, en plan ráfagas.

- Ya sabes que no soporto los portazos

Ráfaga.

- Ni tampoco las niñerías 

Ráfaga 

- Y mucho menos las pataletas en plan no respiro 

Ráfaga. 

- Y por supuesto vas a cenar en condiciones y como Dios manda.

Ahí ya silencio y a colorear hasta conseguir el rojo incandescente. Entonces me detengo, agitó la mano, me pica, retiro mi pierna de encima de las suyas, las separo un poco y sigo un rato más de zurra .

- Si me lo propongo sólo necesito la mano para que tengas que dormir boca abajo .

Y sigo hasta que la mano me palpita. Estoy un instante mirando mi obra, ese culo rojo como dos cerezas maduras.

- Levanta.

Se levanta, cojo la silla y la pongo en la mesa pero mirando a la pared.

- Siéntate , y ahí con las manos sobre la cabeza, quieta y en silencio hasta que sirva la cena.

La observo sentarse, el asiento es de mimbre, hace esfuerzos para encontrar una posición cómoda, pero es imposible, pone las manos sobre la cabeza, resoplando y moviéndose de lado a lado.

La dejo allí, y me voy a la cocina. Me lleva unos 25 minutos hacer la cena, y otros cinco servirla, salmón a la plancha con guarnición de verduras y de postre uvas. Cuando está servida la cena. Le pido que se levante y le doy un cojín para sentarse.

Cenamos tranquilamente y en absoluta paz, además se lo come todo. Al terminar le digo que recoja la mesa y le pido el pantalón y la ropa interior. Mientras recoge voy a la habitación cojo una toalla, aceite para masajes , lubricante y el plug de acero mediano. 

Nada más presentarse frente a mí, le doy el plug, ya está lubricado y hago que sea ella misma quien se lo ponga frente a mí. La vergüenza es parte del castigo. Les lleva un par de intentos y al tercero lo consigue. Entonces pongo la toalla sobre mis piernas y le digo que se ponga en posición. 

Se coloca sobre mis rodillas, aunque el sofá es mucho más cómodo que en la silla. Antes de nada inspección ocular, aún está bien rojo y caliente como compruebo poco después con el tacto, la piedra roja del plug apenas destaca. Es el momento del aceite , de extenderlo y de darle un suave masaje por el culo, aunque poco a poco voy alargando también por los muslos y de paso separándole las piernas, empiezo a escucharle la respiración y como muy suavemente empieza a mover las caderas...

En ese momento mis dedos visitan el lago entre sus piernas.

- Vaya, vaya, que tenemos aquí....

Mis dedos juegan en ese charquito caliente y jugoso, aceleran el estímulo y antes que se descontrole frena y vuelta a empezar y así varias veces, en la última casi se descontrola, incluso escucho como una queja entre dientes.

- ¿Crees que te has portado como una adulta está tarde? 

Un soplido es la respuesta.

- Aún así te voy a dar un oportunidad. Ponte de rodillas. 

Lo hace, me desnudo y me siento otra vez.

- Ya sabes, que quiero, quiero que me des las gracias por el castigo y si mientras me las das tú misma llegas, podrás tener placer adulto 

Fin.







miércoles, 23 de septiembre de 2026

En alemán (vídeo)

 



Pues vamos a compartir otro video, este con el diálogo en alemán, aunque son subtitulos en ingles que pueden ayudar a muchos a entender. A disfrutarlo



domingo, 20 de septiembre de 2026

Fin de semana de disciplina

 



Antes de irme a trabajar el Viernes, le dejé una nota, en la puerta de la nevera. En ella había una lista de compra y unas instrucciones. También dejé una ropa preparada en la cama.

En el reparto de tareas que nos dimos en su momento, la compra o bien la hacíamos los dos juntos o bien la hacía yo y casi siempre íbamos el sábado, pero aquel fin de semana, era diferente.

Todo había empezado días antes. Ella y su caos absoluto con la rutina de sueño. Cosa que al final se transforma en malhumor, malas contestaciones y se vuelve cómo una adolescente insoportable y es ahí cuándo tengo que poner límites. Los jueves al salir de trabajar siempre queda con las compañeras para tomar algo y un jueves al mes además se van a cenar fuera, es cómo una tradición. Aquel jueves tocaba cena, pero cómo consecuencia a su actitud y problemas de sueño, le dije que aquel jueves la hora límite era medianoche. Hubo protestas, quejas y súplicas, hasta que la amenace, con dejarla castigada en casa (no sería la primera vez) y aceptó a regañadientes el toque de queda. 

Pero una cosa es aceptar y la otra cumplir y así fue, llegó a las 2, dos horas mas tarde el toque de queda y más que una desobediencia, lo interpreté cómo un desafío y los desafíos necesitan de respuesta contundente, la disciplina no se puede poner en duda.

Al llegar a casa aquella tarde le encontré en la cocina, colocando la compra en silencio, llevaba puesta la ropa que le había preparado: una minifalda vaquera, una camiseta de manga larga y las primeras medias de la temporada. La cogí de la cintura por detrás, le di unos besos en el cuello y le dije:

- Así, me gusta obediente no cómo ayer.

En ese momento, la hubiera seguido besando y  le hubiera dicho que todo estaba perdonado. No ! Supérate a ti mismo. No cedas a tus deseos. Resiste, demuestra que existes. Un desafío no puede quedar impune. Vete al sofá y mira hacia otro lado.  Establecimos unas reglas juntos y es mi responsabilidad es  hacer que se cumplan, si cedes, pierdes autoridad y los desafíos serán la norma.

- Voy a ponerme cómodo.

 Me fui a la habitación, me cambié de ropa y me senté en el sofá a esperar. Minutos más tarde apareció, se intentó explicar, pero no la dejé.

- Ya sabes que tienes que hacer.

Suspiró, me sostuvo la mirada un instante, pero se dio por vencida, la instrucción era clara: "Una vez termines de colocar la compra te quiero en el salón de rodillas, las manos sobre la cabeza y esperas"


Sentado en la silla, la miro fijamente durante un largo rato. Se hace un nudo en la estómago para tratar de ocultar su vergüenza, pero ahora la conozco demasiado bien como para no saber lo que eso significa. Me gusta verla hacerse pequeña . La imagen del mujer segura y fuerte , un poco desafiante, ha desaparecido. Ahora es vulnerable, sujeta a mi disciplina, quiero se sienta como una niña castigada que se ha portado mal. Entonces me levanto, voy a dar una vuelta de tuerca más, cojo una silla y la pongo justo delante de ella, en breve yo estaré sentado en esa silla y ella sobre mi regazo y aún hago algo más, le levanto la falda, la enrollo cuidadosamente sobre su propia cintura y vuelvo al sofá, unos minutos más de tensa espera. Finalmente me levanto,  me siento en la silla frente a ella y el digo que se levante. De pie le pido que se baje las medias... suspira. Pero la vergüenza es parte de la disciplina. Las medias descienden cuando están por encima de las rodillas, le digo que es suficiente, compruebo que me ha hecho caso, no dejé ropa interior en la cama. De pie frente a mí, sin derecho a cubrir su intimidad, a la vista, a mí vista. Su rostro se ruboriza, casi como un anticipo a otros rubores que están por venir. Entonces empiezan las preguntas.

¿Por qué estás castigada? ¿ Te parece una actitud adulta? ¿ Sabes que pasa cuando se incumplen las normas? 

 Ella responde en voz baja y aniñada y evita mi mirada. Intenta poner alguna excusa, no la dejo, luego pasa a las promesas de no repetir, le recuerdo la infinidad de promesas incumplidas. Hasta que le digo que tengo suficiente, que no quiero escuchar más, que vaya a buscar el cepillo, más bien SU cepillo de disciplina, que su actitud, es merecedora de empezar directamente con el culo al aire y el cepillo. Se da media vuelta, camina torpemente con las medias a medio muslo, sus nalgas están blancas, pero no tardarán mucho en cambiar de color. La miro fijamente mientras vuelve lleva en la mano el cepillo ovalado de ébano, cuando llega a mi altura me lo entrega, lo cojo y le indico con un gesto que se coloque en posición. Lo hace despacio. Le recuerdo las instrucciones.

- No moverse

- No poner las manos

- Mantener siempre el culo expuesto.

Dejo el cepillo sobre su espalda y hago descender un poco más las medias, es una forma de recordarle que no tiene el control, que yo decido a qué altura está su ropa. Mi mano izquierda se posa en su cadera. Y entonces le recuerdo que va a recibir un castigo severo pero merecido.

Empieza el castigo, tumbada sobre mis rodillas en un silla, aún tiene algo más infantil. No empiezo excesivamente duro, una pequeña concesión Deja escapar algunos gemidos. Si los primeros son un poco exagerados (eso es una estrategia), los siguientes serán totalmente comprensibles. Aumento la velocidad de los azotes desde la parte superior de los muslos hasta la curva de las nalgas, ni caricias, ni pausas.

 Que genial instrumento de disciplina el cepillo. El  diseñador de tal objeto debe haber tenido cuentas que ajustar para crear este doble y vicioso instrumento. El frente para el cabello, la parte de atrás para lo que quieras. Una nueva serie vigorosa hace que se agarre con fuerza a mi tobillo.

Empiezo a notar, cierta incomodidad, la disciplina no es agradable Pero prefiero prefiero parar. En sus nalgas aparecieron zonas blancas, señal de que la azotaina está siendo severa. La dejo una rato sobre mis rodillas, que recupere el aliento, que note el aire acariciar la piel encendida y palpitante. 

Cinco minutos después, le pido que se levante y que se quede de pie frente a mí con las manos sobre la cabeza. Entonces vuelvo a insistir, en su actitud y comportamiento y termino con una advertencia.

"De ti va a depender cómo se desarrolle el fin de semana". 

Entonces la envío cara a la pared. Una mujer adulta, castigada cara a la pared, mostrando su culo rojo fruto de su comportamiento.


El bonito color rojo se aprecia mejor desde el sofá. Ella inmóvil en silencio, respira profundamente. De repente me sorprende una dulce paradoja, una más. Por un lado le exijo que respete las normas que hemos fijado juntos. Por otro lado, me gusta un poco que pueda transgredirlos de vez en cuando para poder imponerle este tipo de castigo. 

Me levanto y voy a buscar una cerveza a la nevera, a fin de cuentas es viernes. Me la tomo tranquilamente, mientras la observo allí es su pared más odiada, quieta, vulnerable, pero seguro que excitada.

Me vuelve a la cabeza esa idea de que es viernes, le digo que se vaya a dar una ducha, que vamos a salir y que mientras le prepararé la ropa. Otro derecho perdido con su actitud, el de elegir que ponerse. Mientras está en la ducha, miro la cartelera, el cine me parece una buena idea y un aliado para lo que tengo en mente.

Cuando aparece en la habitación, la espero sentado en la cama. Solo lleva la toalla, le pido que se la quite, lo hace, la miro y sonrío, entonces le pido que se de la vuelta, cojo la crema hidratante y empiezo a ponerle con abundancia en las nalgas, siguen rojas, calientes y sensibles. Mientras le explico, que sobre la silla he preparado un vestido, es cuatro dedos por encima de las rodillas y otras medias, pero estas, son autoadhesivas a medio muslo, le digo que hoy saldrá sin ropa interior y llevando un complemento muy especial. Entonces le pido que separé las piernas, que es incline hacia delante y lleve sus manos a las nalgas y las separé. Un poco más de vergüenza no viene mal. Obedece, imagino que aún está muy vivo el efecto del cepillo y la desobediencia no es buena idea. 

Mientras lubrico el pequeño plug de acero, una joya oculta. Y allí de pie se lo introduzco jugando un poco, suelta un gemido al notar el frío acero en esa zona y otro cuando termina de entrar del todo. Cuando termino, le pido que se la vuelta, le digo que se vista y se termine de arreglar mientras me ducho yo.

Media hora después, estamos camino del centro, poco a poco vamos volviendo a la normalidad, decidimos ir a cenar primero. A la vista del resto del mundo somos una pareja más, sólo un pequeño porcentaje de gente podría notar su cierta incómodas sentada.

Después de cenar fuimos a la última sesión del cine, no creo que hubiera más de 30 personas, así que fue sencillo encontrar un par de butacas apartadas. La película era lo de menos. Cuando se apagaron las luces le dije que se levantase el vestido y se sentara directamente con la piel sobre la butaca y con las piernas ligeramente separadas. Entonces llevé mis dedos entre sus piernas, empecé a jugar por fuera con mis dedos, muy suavemente, la humedad le mojaba hasta la cara interna de los muslos, durante toda la película estuve jugando con ella, pero sin la intención de acabar...solo mantenerla en ese punto de excitación, estimulada y con el culo rojo. 

Salimos discretamente con los créditos y nos fuimos para casa, nada más llegar le dije que se preparase para ir a la cama y que se fuera desnuda pero sin quitarse las medias. Yo esperé y entonces me preparé yo, mi sorpresa fue al llegar y encontrarla dormida. Le di un beso en cada nalga, la arropé y me metí en la cama, abrazándola. 

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