miércoles, 15 de mayo de 2024

Un olvido imperdonable.

 



Había tenido un pequeño problemilla de salud, nada grave, ni mucho menos, pero que me sirvió para meterme con ella un poco, en plan ya tienes una edad. Todo quedó en eso, en la broma fácil y un tratamiento durante un tiempo con un suplemento vitáminico, lo dicho nada grave.

Pero ella que es muy insistente, cuando se trata de la salud ajena y que suele estar encima, cuando se trata de la suya, tiende a ser menos constante, en especial cuando se encuentra bien. Yo no es que estuviera encima ni mucho menos, pero un día al ir a tirar la basura, vi la caja vacia del suplemento y eso me puso en alerta. Fui al botiquín del baño y no había nueva, pensé que igual la había terminado aquel día y me olvidé, hasta que días más tarde, tenía un dolor de cabeza tensional y fui a buscar un paracetamol y ví que no estaba la caja del suplemento, me extrañó, en eso es muy ordenada y los medicamente están allí o no están, pero le dí el beneficio de la duda y pensé que igual lo había tomado y lo habia dejado en la cocina o en la mesilla de la habitación, pero me dio por preguntar, en plan haciéndome el loco.

- ¿Eran dos meses que tenías que tomar el suplemento verdad?

- Si ¿por?

-Es que, como no  he visto la caja en el botiquín pensaba que ya habías terminado

-Ahhh....debe estar en el bolso

Lo malo de conocerse, es que en ese momento ya sabía que me mentía, pero decidí darle  una oportunidad, que era comprarlo al otro día y no hubiera pasado nada, pero mientras ideaba un plan B,  por si acaso.


Así que al día siguiente no me andé con muchos rodeos y cuando llevábamos un rato charlando en el sofá le dije.

-¿Dónde están las vitaminas?

Me miró extrañada y salió al ataque.

-Joder, que manía te ha dado con las vitaminas, en el bolso deben estar.

-Pues enséñamelas.

-Que pesadito eres, ahora me vas a hacer levantar.

-Nena las vitaminas...

-Pufffffffff

Se levantó y rebuscó o más bien hizo ver que rebuscaba en el bolso, que colgaba de la silla.

-Ahhh pues deben estar, en la mesita de noche o en la cómoda. Luego las busco, pesado.

-¿Tú debes pensar que soy tonto verdad?

-No, pero pesado un rato y tozudo.

-¿Sabes? he pasado por la farmacia esta mañana

Entonces le cambió la cara....

-¿Vas a seguir o me vas a contar la verdad de una vez?

-Es que ya me encuentro bien y sabes que no me gusta, andar tomando medicación.

-Erán dos meses, has tomado uno, si te dijeron dos meses por algo será.

-Ya, pero quien conoce mejor su cuerpo que uno mismo y cuando me encontraba mal, fui.

-Repito el médico dijo dos meses y el tratamiento lo vas a completar de eso me aseguro yo, de quitarte las ganas de jugar con esto tambien y a parte intentar engañarme también, así que ve preparando el culo, que hoy duermes boca abajo.

- Pero si estoy bien, ya no hace falta.

-Ve al baño y en el botiquín verás una caja nueva de vitaminas, me la traes y el cepillo del pelo cuadrado también.

-Pero ¿por qué?

Me levanté, la cogí bruscamente del brazo, la puse mirando al pasillo y le di una serie rápidas de palmadas de pie.

-¿Tengo que ir yo? Si voy yo, no sólo voy a coger el cepillo ¿está claro?

Se fue rechistando y frontándose el culo, medio enfadada. Yo la esperaba sentado en el sofá. De vuelta me dio a mala gana la caja y el cepillo, los dejé en el brazo del sofá, la cogí de la mano y la hice colocarse en mis rodillas, la sujeté con fuerza de la cintura con el brazo izquierdo y empecé a zurrarla con la mano por encima de aquellos leggins grises que usaba para estar por casa, no suele hacerlo pero aquel día cuando llevaba un par de minutos, puso una mano para intentar protegerse. Lo que hizo que le cogiera ambas manos y le las sujetase con firmeza en la espalda y adelantara acontecimientos.

-Ya sabes que opino de las manitas para protegerse, así que levanta el culo, que con el culo al aire seguro es más efectivo.

Agarré los leegins por la cintura y empecé a tirar de ellos hacia abajo, hubo un conato de resistencia, pero poco, además a diferencia de otras veces que me hubiera limitado a dejarlos a medio muslo, lo justo para dejarle el culo al aire, se los bajé hasta los tobillos, pasé mi pierna derecha por encima de las suyas y seguí con la azotaina ya sin protección, piel contra piel, una buena azotaina rítmica y sonora, que a medida que avanzaba cada vez el tono de su piel subía un grado de rojo y de calor. Tras unos cinco minutos de azotaina continuada y sin pausa, ya con el culo bien rojo paré, para descansar mi mano, las cortinas se movían del viento, así que imagino que al parar debió sentir la caricia fresca de la brisa en su piel desnuda. También le solté las manos, cogí la caja del suplemento, la abrí, saqué uno de los blisters y sonó el sonido de sacar algo de él. Entonces le dije.

-Ya que no me puedo fiar de ti, he decidido tomar cartas en el asunto y vas a terminar el tratamiento a la manera de una niña pequeña, que no quiere tomarse su medicina. 

En mi mano izquierda sujetaba un supositorio, exactamente con la misma composición que el suplemento que había dejado de tomar.

-Y más te vale colaborar.

Esa última frase, debió retumbar en su cabeza, sabía perfectamente que significaba aquel "colaborar". Esperé...y no obtuve resultado, pero una ráfaga rápida y fuerte de azotes haciendo vibrar toda su carne, le hicieron entender que no tenía otra opción que colaborar y pasar por el trago de llevar sus manos a las nalgas y separarlas, para facilitarme la operación. Cuando lo hizo, el nivel de exposición es máximo y hice que lo sintiera bien, dejándola un tiempo así, bien expuesta, mientras con un dedo de la mano derecha comprobaba lo húmeda que estaba, lo pasé entre sus labios y alrededor del túnel de entrada a su coño, pero sin meterlo, sólo mojarlo bien, cuando el dedo estuvo bien húmedo cambié de agujero y empecé a jugar alrededor del culo humedeciéndolo un poco con su propia humedad, hasta que despacio empecé a meter el dedo en su culo, cuando tenía medio dedo dentro paré, lo moví un poco y terminé de meterlo hasta el fondo provocando un gemido. Lo saqué cogí el supositorio, lo apunté y empecé a presionar para dentro, entró facilmente y mi dedo detrás acompañándolo lo más profundo, nada más terminar, le quité las manos y con las mias cogí sus nalgas roja y las junté apretando, un rato, para evitar que lo expulsara. Cuando pasaron un par de minutos, solté de nuevo sus nalgas, las abrí yo para asegurarme y una vez seguro, cogí el cepillo y le dije.

-Y ahora vamos a arreglar cuentas por mentir.

Empecé a pasar la parte lisa del cepillo cuadrado de madera por su piel, este era de púas de plástico y más ligero que el ovalado, pero más ancho. Sólo pasé por su piel la parte lisa, jugando, el aviso que iba a empezar fue cogerla de nuevo por la cintura, lo que hizo que tensara los glúteos, pero tras media docena de azotes los relajó, y yo continué con el cepillo castigando sus nalgas traviesas. Al principio repartí los azotes por toda la superficie distrubuyendo la mordida de la madera, pero enseguida empecé a centrarlos en un punto, en la mitad inferior de las nalgas, desde la línea de piel que separa muslos y nalgas hacia arriba. Tras unos minutos de azotaina constante, empezó a moverse y suspirar, tenia todo el culo rojo, pero dos grandes ronchas de un rojo oscuro marcaban la zona dónde estaba insistiendo el castigo con el cepillo. Paré y nada más parar, empecé a pasarle las púas de plástico del cepillo por la piel sensibilizada apenas rozándola. La reacción de su cuerpo fue erizar la piel y gemir ante el estímulo, dejé el cepillo y seguí acaricíandola un rato con mi mano, haciendo alguna pausa, para que sintiera el escozor del castigo y el roce del aire, así estuve un rato hasta que la hice levantarse.

Nada más levantarse frente a mi empezó a frotarse el culo con las manos.

-Esas manos!!!!!!!

Las llevó de inmediato a la cabeza, ahí le había enseñado que debía ponerlas, hasta que se le diera permiso y que sentir el escozor de los azotes, es parte fundamental del castigo. Entonces le dije.

-Ya que me has demostrado que no puedo confiar en ti, a partir de mañana, cuando llegué a casa lo primero que haré será "darte" yo el suplemento hasta completar el tratamiento y te aviso, no quiero quejas, ni niñerías, es que no hace falta decir nada más, en cuanto me veas entrar por la puerta, vas a buscar la caja, me la das, desnudas el culo y lo expones colaborando ¿está claro?

Su cara en ese momento estaba casi tan roja como su culo, me respondió con un si casi inaudible, en el momento que mis dedos volvían a su coño para comprobar, que la humedad resbalaba por sus muslos, le dí  una palmadita entre las piernas y le dije.

-Ahora te vas a la habitación, te tumbas en la cama boca abajo sin subirte la ropa y ya iré a buscarte.

Una nueva palmadita y desapareció, un rato de soledad es lo que necesitaba, aunque yo sabía que lo más seguro, es que acabara por masturbarse boca abajo en la cama, excitada como estaba, entre el calor de sus nalgas y la vergüenza.

Tardé un rato en ir a buscarla, cuando fui lo hice con la crema hidratante, me senté en la cama y empecé a masajear con ella las nalgas menos rojas ya, aunque el centro de los círculos dónde había insistido el cepillo, hacían pinta de moratón un par de días. Pero mientras le sobaba el culo, con la crema su cara no era de dolor, ni de vergüenza ya, era de paz, tranquilidad y placer

Fin.



miércoles, 8 de mayo de 2024

Es por tu buen

 






Que tal


-Hola guapa, ¿como ha ido en el dentista?

-Nada....

-¿Como que nada?

-Pues que no me querido tocar, dice que aun tengo inflamación....así que nada.

-Vaya, pero me dijiste que no te dolía

-Y no me duele, vamos de normal, cuando me tocado si me ha hecho daño

-Pues vaya lo siento  ¿y entonces que?

-A esperar una semana más y me ha cambiado el antibiótico

-Que pasa ese no te hacía nada

-No, es el mismo pero más fuerte

-En fin paciencia..

-Que remedio

-¿Has ido a la farmacia ya?

-No iré mañana, hoy no tenía ganas y era tarde ya

-Pues yo de ti, me pillaría un probiótico, porque es fuerte.

-Bueno ya veré

-Hazme caso, es por tu bien

-Si te hago siempre, no se de que te quejas.

-No me hagas hablar

-Que siiii que te haré pesado


Seguimos charlando un rato, ya por otros temas, llevaba  unos días fastidiada con  una muela y por lo que me contaba, aun la cosa iba para unos cuantos días más. Al día siguiente por la noche la llamé otra vez.


-¿Hola que tal?

-Hola!!! bien aquí ya de relax.

-Y la muela?

-Bien ahí está sin molestar

-Genial compraste el antibiótico

-Si claro

-Y lo otro

-También pesado, por cierto está malísimo

-Que manía con "probar" los medicamentos, se tragan y punto

-Ya joder, pero algo de sabor te queda

-Como una niña pequeña jajajajajja

-Idiota

-Es verdad...

-Aunque reconozco que me ha ido bien, si ya el otro me revolvía el estómago, este que es más fuerte....no te acostumbres pero tenías razón

-Como siempre otra cosa es que tu orgullo, te impida dármela

-Mejor cambiamos de tema, porque empieza a picarme la nariz

-Jajajajajajaja..si será mejor, que estas cosas suelen tener un final repetitivo

-Pues eso


En unos días iba a verla así que no insistí más de hecho pensé que por una vez se había fiado de mis recomendaciones. El día en cuestión me fui para allí a pasar el fin de semana. Llegué de noche ya, como solía ser habitual en esta época del año. Aparqué cogí mis cosas y subí, ya tenía llaves por lo que no me hacía falta ni llamar, entré, solo luz en el comedor, me fui hacía allí en su encuentro, estaba en el sofá con ropa de estar por casa, descalza con los pies encima del sofá, un beso de bienvenida y me fui a dejar mis cosas en la habitación, de vuelta después del viaje me apetecía una cervecita así que fui a la cocina, abrí la nevera y cogí un par de ellas, de vuelta al comedor con las dos las dejé sobre la mesilla y abrí la mia. Ella no le hizo caso a la suya, la miré y me dijo


-Gracias, pero no me apetece, tengo la tripa  un poco revuelta con el puñetero antibiótico

-¿Y eso?

-Joder pues ya sabes el antibiótico y este es muy fuerte

-¿Ya tomas el probiótico?

-Pufff no tengo ganas de hablar de eso la verdad...


Tiene un pequeño problema conmigo, que no puede escapar, porque se ruboriza al instante y aquel día aunque no había mucha luz no fue una excepción.


-Te he hecho una pregunta

-Bueno a medias

-¿A medias que significa?

-Que lo tomé un par de días,  pero está malísimo además tampoco me hacía nada.

-Pero me dijiste que te había ido genial el primer día

-Ya, pero después ya no, para que tomarlo si no me hace nada

-Mírame a los ojos que me esquivas la mirada


Ahí ya optó por la técnica "no he roto un plato"


-Joooo, no te pongas tan serio ademas estoy malita.

-Malita para lo que te interesa

-Puffff ya veo que se te ha metido en la cabeza el tema

-Es que, es tan fácil como decirme "Santi paso de tomarlo" en su momento, vamos lo que sería  una actitud adulta, no andar aquí en plan excusitas de niña caprichosa ¿no crees?


En ese momento estaba encendida como un semáforo.


-¿Sabes? lo que me molesta no es que tomes o que no tomes, a fin de cuentas es problema tuyo, es la actitud y sobre todo que me mientas.

-No te he mentido

-Pero si me has omitido información y para el caso es lo mismo.

-Joder no montes un drama no hay para tanto. Ya soy mayorcita, ya se cuidar de mi

-Pues tu actitud no es precisamente adulta, ademas ni estoy negociando, ni estoy debatiendo nada, hace ya un rato que tengo la decisión tomada.

-¿La decisión?

-Si


Me la quedé mirando fijamente, suspiró y se giró para evitar mi mirada.


-Vete al rincón

-No, paso es  injusto

-¿Te lo tengo que decir de otra manera?

-Dilo como quieras, no pienso ir, no estoy jugando

-Ni yo


Todo fue muy rápido, me levanté, la levanté pequeño forcejeo, ahí tuvo un error porque se le escapo la risa mientras forcejeábamos y eso es una señal  muy clara, en un determinado momento, la consigo rodear con el brazo de la cintura, pongo mi pierna izquierda a modo obstáculo apoyada en la mesilla y hago que se incline ligeramente hacía delante sobre mi pierna se mi doblada. Acto seguido le caen  una docena de azotes rápidos, sonoros y fuertes en el culo, cuando paro ella jadea, la aprieto con más fuerza de la cintura y le dijo.


-Te voy a soltar y en cuanto lo haga te vas a ir directa y sin rechistar al rincón ¿esta claro?


No responde pero aflojo despacio ese abrazo tan especial, cuando por fin la suelto se da la vuelta y enfila el camino de rincón con cara de enfado y frotándose el culo.


-Las manos detrás de la espalda, quiero verlas quietas!!!!!


Lo hace, pero con cierta actitud altiva y desafiante. Yo pensé en ese momento a ver cuanto tardaba en bajarle los humos. Mientras me terminaba la cerveza tranquilamente, hasta que empecé a notarla algo inquieta, es cierto que hacía un rato que estaba allí.


-Ven aquí.


Se dio la vuelta y se acercó no noté mucho cambio de actitud, incluso la postura frente a mi era brazos cruzados, mirada perdida y una pierna delante de la otra, en plan paso de todo. La miré.


-Veo que sigues en plan pataleta, muy bien, manos encima de la cabeza, piernas juntas y bien rectita.

-Pufffff

-¿Me levanto?


Me hizo caso, pero sin mucho afán, la miré la idea era soltarle un discurso sobre su actitud y demás, pero todo su lenguaje corporal me parecía desafiante y pensé que lo mejor era otra clase de diálogo el de mi mano con su piel. Le agarré por la parte de delante de la cintura del pantalón la acerqué y directa a mis rodillas, conmigo sentado en el sofá quedaba cómodamente tumbada boca abajo en el, la cogí de nuevo de la cintura para dejarle bien presentada, osea con el culo en el sitio exacto para recibir. En ese momento le di un palmada y le dije


-Levanta el culo


Rechistó pero lo hizo, metí los dedos en la cintura del pantalón, y empecé a bajarlo despacio enrollándolo a la vez, en varias veces  hasta dejarlo por la mitad de los muslos. Debajo llevaba un tanga morado con una especie de margaritas. Con la mano izquierda le sujeté las manos y con la derecha empecé a acarciarle las nalgas, sedosas, carnosas, blancas de momento y reactivas al roce de la yema de mis dedos que erizaba su piel, aquellas caricias hicieron que se relajara o que empezara la rendición hasta que le dije.


-Si en el fondo es por tu bien.


Y empecé las primeras palmadas fueron más bien caricias intensas que otra cosa y poco a poco fui subiendo despacio la intensidad cada vez un poco más fuertes, hasta llegar a ese punto donde pican sin necesidad de aplicar mucha fuerza, esto no es tocar un tambor cada vez más fuerte, es encontrar el punto donde fuerza, intensidad, velocidad y ese último golpe de muñeca sean efectivos sin dar a lo loco. Lo notas enseguida, la respiración, el cuerpo medio tenso, la piel que coge un tono rosado uniforme si continuas como hice a los pocos minutos el rosa se transforma en un rojo vivo y uniforme. Ahí me detuve, otra vez me puse a acariciarle el culo, ahora ya desprendía calor, lo que significaba que la azotaina empezaba a surgir efecto. entonces inicié un momento especial muy despacio también el tanga descendió hasta medio muslo y le dije.


-Si te portas bien, solo voy a usar la mano hoy...


Tampoco eso significaba mucha compasión, una larga y bien aplicada azotaina a mano puede ser tan efectiva como usando algún instrumento, pero si tiene el plus del contacto directo y que el efecto mental es más contudente con un instrumento aunque luego en términos generales, puede ser más dolorosa una larga y constante zurra a mano.


Dicho esto continué una nueva tanda de azotes incesantes sobre su culo ya desnudo del todo, estando ya rojo como estaba a cada nueva palmada, durante un instante mi mano quedaba grabada en blanco en su piel, para enseguida enrojecerse más, seguí sin parar, quería escuchar alguna queja salir de su boca, algo que me demostrase que el orgullo se había retirado, lo conseguí, eso si cuando pasó la mano me picaba y su culo tenía un color rojo carmín ya....Paré en cuanto escuché la primera queja, y no pude evitar pasar los dedos por todas las nalgas encendidas, ella estaba apoyada sobre los codos, pero tras unos instantes de caricias se dejó caer de nuevo como relajada, yo seguí un rato, la visión de su culo rojo en mis rodillas entregada a mi, me resulta tan excitante que me recree un rato en ella, hasta que un momento dado, le dije:


-Tienes dos opciones. Una es dejar de portarte como una niña y aceptar tu castigo, la segunda es seguir con ese comportamiento desafiante y tener que conseguirlo a la fuerza tu eliges. De momento vete al rincón un rato, mientras yo preparo las diferentes opciones que dependen de ti.


La primera sensación fue buena, se levantó sin quejarse y enfiló camino de su rincón ni tan siquiera tuve que decirle que pusiera las manos sobre la cabeza, lo hizo sola. Yo me levanté, y fui a buscar lo necesario para las distintas opciones: el cepillo, la agenda ,un boli y la crema. De vuelta me senté, me la quedé mirando unos minutos, allí tan quieta, la llamé, se acercó, ya con una actitud muy distinta.


-De momento vamos bien a mis rodillas otra vez.


Lo hizo sin quejarse, sin rechistar, ni cuando le dije que pusiera bien el culo. La volví a acariciar un instante y le dije.


-Ahora te voy a dar la que espero sea la última tanda, de ti depende, que no haya que seguir con el cepillo.


Automáticamente empecé a azotarla con la mano otra vez, esta vez fijando los azotes en la articulación entre nalgas y muslos, no fue muy larga un par de minutos eso si, continuo y rápido, como ya llevaba bastante acumulado, enseguida empezó a moverse un poco, no le di importancia, era normal, cuando paré suspiró, esta vez no hubo caricias, aproveché ese momento para quitarle pantalón y tanga del todo y separarle un poco las piernas. Me quedé un momento mirando su culo incandescente, entonces cogí el bote de crema. Un chorrito en cada nalga, al sentir la crema fria se estremeció, pero enseguida empecé a extenderla despacio y con mucha suavidad, mientras lo hacía notaba mi polla aprisionada en el pantalón dura como una piedra. Estuve un buen rato extendiendo bien la crema cuando tuve la mano seca, cogí la agenda y el boli, le di ambas cosas y le dije.


-Mientras sigo con la crema, empieza a copiar: "Mi actitud de hoy ha sido la de una niña caprichosa y eso me ha costado acabar con el culo rojo".


Ahí se se quejó algo, pero le recordé que tenía el cepillo a mano, con lo que empezó a copiar mientras yo volví a ponerle crema y a extenderla ahora ya de forma menos cuidadosa y más pasional, masajeando, apretando, en un momento dado bajé mis dedos a comprobar como estaba su coño, mientras copiaba, no me hacía falta, notaba el pantalón húmedo, pero pasé mis dedos entre sus labios que goteaban, le metí un dedo y dejó de copiar a la vez que me ofrecía más su intimidad levantando un poco el culo rojísimo aun.


-Señorita sigue copiando.


Lo hizo saqué el dedo de su coño y empecé a pasarlo por el perineo, hasta llegar al estrecho y rugoso agujero de su culo, donde empecé a reseguir el contorno con el dedo, de vez en cuando paraba de copiar entre suspiros, hasta que un azote con la mano izquierda le recordaba que siguiera, muy despacio el dedo fue entrando en su culo hasta el tope, entonces empecé a jugar con el entrando y saliendo, ella empezó a mover la cadera como siguiendo el ritmo, entonces alargué la otra mano cerré la agenda y sin dejar de jugar con mi dedo en su culo, llevé la otra mano a su coño, le metí el pulgar tiene la medida exacta para llegar a ese punto especial dentro de su coño, mientras con los otros dedos jugaba a estimular por fuera, ella movía sus caderas cada vez más rápido y eso me hacía a mi también aumentar el juego de mis dedos.


-Los orgasmos con el culo rojo son más orgasmos ¿verdad traviesa? Si al final lo hago por tu bien


Su respuesta fue un gemido y ya no paré hasta que se corrió en mis rodillas con el culo rojo como  un tomate...














sábado, 4 de mayo de 2024

Mentirijillas

 




Allí estaba, frente a mí, de pie, yo sentado en el sofá, acababa de desabrocharle el cinturón de los vaqueros, cuando fui a desabrocharle el primer botón y sus manos hicieron el intento de evitarlo.

- Vuelve a poner las manos de inmediato sobre la cabeza.

Le dije después de darle un sonoro cachete en el culo. Lo hizo de inmediato y terminé de desabrocharle el resto de botones, pero sin bajarle los vaqueros, de momento.

La escena, se había empezado a gestar unas horas antes, de buena mañana. Todo había nacido con un mensaje.

- Ya estoy en la oficina ¿Y tú cómo vas?

- En el tren ya...justa pero llego.

Un rato después, le puse otro mensaje.

- ¿Llegaste a tiempo?

- Si....pero antes te dije una pequeña mentira, cuando te dije que estaba en el tren, estaba saliendo de la ducha, no te enfades...

A partir de ahí empezamos a juguetear, regaños, excusas, más regaños, más excusas y el efectivo y mágico: " Ya hablaremos en casa". 

Y eso estábamos haciendo, en el momento que empecé a bajarle los vaqueros, hasta las rodillas, debajo un tanga negro. La miré. Seguía con las manos sobre la cabeza, eso sí su rostro algo ruborizado.

- A veces, no te entiendo, no entiendo el motivo de mentirme esta mañana, al final tampoco has llegado tarde, total por ahorrarte una regañina, mira cómo te ves. Y no bajes la mirada, mírame!!!

- Ya....ha sido una tontería, lo siento.

- De eso puedes estar segura, que lo vas a sentir, bájate el tanga.

- Santi....por favor

Otro sonoro cachete.

- Quiere ver cómo te lo bajas, ahora.

Soltó un soplido, pero ella misma se bajó el tanga. En ese momento palpé el fondillo del tanga y acto seguido llevé un dedo a su sexo y lo pasé por la rajita.

- Vaya ¿y encima has estado mojada en el trabajo? ¿Te parece correcto eso?

Su rostro aún se congestionó más...

- Así que la señorita, no sólo me miente, sino que además la regaño y se pone cachonda, debería darte vergüenza!!!!

Sin decir nada más, la cogí de una muñeca y la tumbé en mis rodillas, protestó algo, pero no demasiado y menos cuando una lluvia de palmadas empezó a caerle sobre el culo desnudo.

- ¿ Las chicas responsables se ponen cachondas en el trabajo? 

No obtuve respuesta, a pesar de aumentar la fuerza y rapidez de las palmadas, durante un largo rato le estuve poniendo el culo bien rojo sobre mis rodillas. Hasta que empezó a picarme la mano y la hice levantarse.

De pie de nuevo frente a mí, le volví a pasar un dedo entre los labios del sexo...

- No debe picar lo suficiente, diría que aún estás más mojada que antes y a mí ya me duele la mano. Quítate el cinturón y dámelo.

Otro soplido y otro para de azotes.

- Tú cinturón, ya.

Se agachó y se quitó el cinturón, era de cuero marrón más ancho que los míos. 

- Date la vuelta, las manos sobre la cabeza.

Lo hizo, doblé el cinturón. 

- Ahora quiero ver ese culo bien presentado, así que te vas a inclinar un poco hacia delante y separar las piernas y vas a mantener la posición. 

Lo hizo...

- Perfecto, así me gusta, que seas obediente, ahora te voy a dar dos docenas de azotes, que vas a contar en voz alta. En la primera docena después de cada número, vas a repetir " las chicas buenas no dicen mentiras" ¿Estás preparada?

Otra vez la única respuesta fue el silencio y el sonido del cinturón impactando en su piel, entonces si escuché con voz tenue.

- Uno, las chicas buenas no dicen mentiras.

Y así hasta llegar al número doce y su frase. 

Al terminar, la llevé del brazo cara a la pared, haciéndole sostener el cinturón con las manos tras la espalda. 

- Ahora te voy a dejar descansar 10 minutos, voy a poner la alarma y cuando suene, tu misma saldrás del rincón, me traerás el cinturón y volverás a ponerte en posición.

Y eso hice, cogí mi teléfono y puse la alarma para dentro de 10 minutos. Cuando sonó, se dio la vuelta, se acercó, me dió el cinturón, se dio la vuelta, puso las manos sobre la cabeza, separando las piernas y se inclinó ligeramente hacia delante.

- Veo, que vamos mejorando la actitud, ahora te daré una docena más, que también contarás y repetirás la frase: " Las chicas buenas no mojan su ropa interior en el trabajo" 

Suspiró profundamente y resonó el primer azote. Dijo el número y la frase, pero apenas audible.

- Señorita, quiero oírte alto y claro, así que vamos a empezar de cero.

El cinturón cruzó su piel de nuevo y ahora sí, escuché alto y claro.

- Uno, las chicas buenas no mojan su ropa interior en el trabajo.

Lentamente, le di los doce más uno, contados y con la frase perfectamente audible. Al terminar, la cogí de la mano, le dije que se subiera al sofá de rodillas cara a la pared y me senté a su lado.

- Voy a ver un rato el partido, y te quiero en silencio y quietecita.

Cogí el mando y puse la tele, busqué el canal y me puse a ver tranquilamente el partido de baloncesto. La tenía a mi lado de rodillas sobre el sofá, mirando a la pared, castigada, de vez en cuando le acarciaba un poco el culo, rojo y caliente y poco a poco, tambien empecé a explorar entre sus piernas, seguía igual o más mojada que antes. 

Las tímidas caricias y juegos pasaron a cosas más intensas, mis dedos entrando en su sexo, estimulando labios y clítoris, pero cuando presentía que empezaba a " dejarse ir" paraba un rato y vuelta a empezar.

Y así estuve casi una hora larga. El partido estaba ya decidido. La cogí del brazo, hice que se levantara y la llevé con firmeza hasta la habitación, frente a la cama, le dije, que se descalzara, se quitase el pantalón y el tanga, cuando lo hizo, le dije que se sentara en lateral de la cama. Lo hizo, entonces le hice apoyar la espalda en la cama, mientras yo abría el cajón de la mesita y sacaba de el un estuche, que abrí y saqué un termómetro de cristal, de aquello antiguos de mercurio, que empecé a agitar. 

Al verme protestó y empezó a preguntar.

- No sé, tanta humedad igual tienes fiebre, así que vamos a comprobar.

- No!!!! Y no es justo!!!!

- Levanta las piernas ahora mismo

- No pienso hacerlo!!!

- ¿Seguro?

Encima de la mesita de noche estaba siempre el cepillo, lo cogí, le agarré los tobillos le levanté las piernas y le di una ráfaga de cepillazos en el culo. 

- ¿Lo tengo que repetir? 

No hizo falta, dejé el cepillo sobre la mesita, sin soltarle los tobillos cogí el termómetro, lo volví a agitar y se puse cómo a una cría...lo curioso, es que a pesar de lo vergonzosa de la situación, en esa posición podia ver perfectamente su sexo, los labios hinchados y el brillo de la humedad en su raja...me recreé un rato con el termómetro.

- Pues no, no tienes fiebre, ya puedes bajar las piernas.

Lo hizo y se las separé, empecé a jugar de nuevo con mis dedos en su sexo.

- Lo único que te pasa, es que eres una niña grande traviesa.

Entonces le di unos azotitos entre las piernas, y esa vez sí terminé de masturbarla, hasta hacerla gritar varias veces.

Y cuando recuperó el aliento, le dije.

- Ahora, te vas a poner la parte de arriba del pijama y las zapatillas, mientras yo me doy una ducha, vas a recoger tu ropa y a hacer la cena, después nos sentaremos a cenar, cuando terminemos, recogerás la mesa y luego me tocará desahogarme a mí.


miércoles, 1 de mayo de 2024

Con las manos en la masa.

 



Castigar sin placer, tiene muchas connotaciones. Por una parte, es de aquellas prohibiciones que estimulan la transgresión, cuánto más te digan que no puedes hacerlo más ganas tienes. La excitación del riesgo. Por otra parte es algo difícil, casi imposible de hacer cumplir, siempre hay momentos que se escapan y que alimentan el placer de la transgresión, así que la mayoría de veces es más el simbolismo, que la voluntad de hacerlo real. Pero a veces los astros se alinean y se dan las casualidades que permiten, lo que parece imposible.

Un día sales antes de lo previsto de trabajar y se desencadenan los acontecimientos.

Hubo una serie de casualidades en el trabajo y salí cómo dos horas antes de lo previsto. Cuando pasa eso suelo avisar, pero aquel día sin mala fe no lo hice. La casualidad quiso también que al llegar hubiera mucho ruido a causa de unas obras en un edificio vecino, martillos hidráulicos y maquinaria. Tal vez por eso no me escuchó abrir la puerta. También aquel día llevaba unas deportivas, con lo que mis pasos eran más silenciosos. Entré directo al salón, todo estaba muy en calma, por un momento pensé que no estaba, pero vi sus cosas en la silla, pensé que estaría en el baño tal vez, me fui para la habitación a ponerme cómodo y la puerta estaba casi cerrada, estuve a punto abrir, pero un sonido captó mi atención. Era cómo un zumbido que me resultaba familiar, miré a través de la pequeña rendija entre la puerta y el marco. No me podía creer lo que estaba viendo. 

Ella con la cabeza y la espalda apoyadas en las almohadas, las piernas semiflexionadas y abiertas, llevaba un culotte azul de hacer deporte estaba ligeramente bajado y la mano derecha moviéndose entre sus piernas, los ojos cerrados y de vez en cuando se le escapaba un gemido. Por un momento pensé en dejarla terminar o irme al salón y que me encontrara allí, pero me pudo la sensación de cazarla, abrí la puerta de golpe, dio un pequeño grito e intentó disimular torpemente.

- ¿Que estás haciendo?

- Yo...nada...descansando 

- Llevo un rato aquí, levanta.

Me fui hacia ella, lo cogí del brazo y la hice levantarse. Sin soltarla le di cuatro o cinco azotes bien fuertes. 

- Recoge el vibrador.

Sobre la cama había un vibrador negro, en forma de bala, que aún zumbaba activado. Lo cogió y lo paró.

- Te lo puedo explicar...

- Tira, que te voy a explicar otra cosa. 

La llevé hasta el salón, sin decir nada, cogí una silla la puse entre la mesa y el sofá, me senté. 

- Pon las manos detrás de la espalda.

Cuando lo hizo de un tirón le bajé el culotte hasta los tobillos.

- Levanta el pie, el otro...

Le quité el culotte y lo tiré en el sofá. 

- Separa las piernas 

La "orden" fue seguida de un cachete en la cara interna del muslo.

- Más -segundo cachete- 

Cuándo tuvo las piernas lo suficientemente separadas, llevé mis dedos a su coño, dos entraron, tenía los labios hinchados y chorreaba. 

- ¿ Te has corrido por lo menos?

Empecé a meter y sacar mis dedos...

- Santi...por favor...

- ¿ Se está más cómoda en la cama verdad?

- Para, por favor...

- ¿Que pasa te vas a correr?

Empezó a jadear sin contestarme y de repente paré, me levanté y le di la vuelta a la silla. 

- Siéntate. 

Se tenía que sentar en sentido contrario a lo normal, con las piernas abiertas y apoyada en el respaldo. 

- Ahora vengo. 

Fui a la cocina, cogí la cuchara de madera, después al despacho, al armario de los juguetes. Cogí algo que no solía usar, una fusta corta, con un lenguaje cuero de unos 5 centímetros de largo por 4 de ancho y la caña incluido el mango de un par de palmos. Y me fui para el salón. Dejé la fusta, en la mesa y cogí la cuchara, me fui a su espalda. 

- Saca el culo de la silla.

Tímidamente se movió de la silla.

- Más.

Esperé a que sólo apoyase los muslos en la silla y las nalgas quedaran fuera de la silla, puse mi mano sobre su espalda y empecé a azotarla con la cuchara.  En esa posición los azotes son de abajo a arriba, pero al tener las piernas separas te permite llegar a las zonas más sensibles, con precisión. Y sin calentamiento previo la cuchara muerde. Tampoco le daba especialmente fuerte, pero casi todos los azotes caían en la misma zona, un par de minutos después ya tenía la piel de la parte baja del culo llena de círculos rojos y instiivamente escondió un poco las nalgas, paré.

- No escondas el culo. 

-Resopló y volvió a la posición inicial, continué durante otro par de minutos a base de cuchara. Lo suficiente cómo para que tuviera el culo caliente hasta la noche. Dejé la cuchara y cogí la fusta. 

- Levanta.

En cuanto se levantó, me senté. 

- Date la vuelta y pon las manos en la cabeza. 

Lo hizo, con la fusta le di unos toquecitos en la cara interna de los muslos, lado y lado. Era la forma de decirle que separase las piernas. Entonces empecé a pasarle la lengua de cuero de la fusta por el coño desde atrás.

- Los castigos, se cumplen y si no por lo menos intenta que no te cacen. 

Seguí jugando un rato con la fusta entre sus piernas, hasta que le dije.

- Da un paso hacia delante. 

Lo hizo. 

- Inclínate.

Suspiró y se inclinó. Entonces empecé a pasarle la lengua de la fusta por las nalgas. 

Le di un toquecito de abajo a arriba con la fusta entre las piernas. 

- Sepáratelas.

Me pareció escuchar una tímida queja, pero un golpe seco de fusta en el muslo y sus manos de inmediato agarraron las nalgas y las separaron. Puse la lengua de la fusta justo ahí entre sus nalgas. 

- Perfecto. Cuenta. 

Un golpecito preciso y seco, estrelló la lengua de la fusta entre sus nalgas. Esa es la utilidad de la fusta, el poder dar en esos rincones, no se trata de provocar dolor, se trata de estimular y dar calorcito, además de jugar con la vergüenza. Me recree en la escena, antes de cada toque de fusta, jugaba con ella paseandola por todas sus zonas íntimas. Fueron diez toques, ahí entre las nalgas, contados. 

- No te muevas. 

Me levanté y fui a buscar uno de los plugs de acero y el lubricante. De vuelta seguía frente a la silla inclinada y sujetando las nalgas separadas. Me senté y lubriqué bien el plug. 

- Date la vuelta. 

De nuevo frente a mí. 

- Póntelo - le dije dándole el plug-

Su cara se puso tan roja cómo su culo. 

Lo cogió sin saber bien que hacer. 

- Es para hoy, quiero ver tu cara. 

Lentamente llevó el plug hacia atrás, cerró los ojos, se mordió el labio y apretó la mano, al entrar suspiró...

Me levanté de la silla.

- Siéntate normal.

Se sentó. 

- Abre las piernas y echa el cuerpo hacia delante. 

Cogí la fusta otra vez. Me puse frente a ella , empecé a jugar de nuevo con la fusta por todo su sexo, hasta que le dije. 

- 10 más cuenta.

Un toquecito seco cayó en su sexo, y así despacio jugando con la incertidumbre del próximo, le cayeron los diez, que le dejaron los labios aún más rojos. 

Dejé la fusta y llevé mi mano a su sexo, pocas veces la había visto tan mojado. 

- Ahora termina, quiero verte.





domingo, 28 de abril de 2024

Abstinencia ( Por S)

 



Nota: escribir este relato, es parte de mi castigo y hacerlo público también.

Me habías castigado dos días antes, mi boca tuvo la culpa y su tendencia a ir más rápido que mi cabeza. Una larga sesión a mano, culminada con 30 azotes con el cinturón y tal vez lo peor, fue nada más terminar enviarme a la cama y con un mensaje claro, los dos próximos días en los que te ausentabas por trabajo, tenía prohibido darme placer. Eran sólo 48 horas, pero ya sabes basta que te prohíban algo, para que salte el resorte de la tentación.

El primer día fue fácil, una sensación familiar me recordaba al sentarme, que saltarse las normas tiene sus riesgos, si bien es una sensación ambivalente, advierte y excita. 

Aquella primera noche me llamaste y estuvimos hablando hasta quedarme dormida, antes de colgar, me dijiste aquello de:

- Espero que te estés portando bien...

Ya sólo quedaba un día y sinceramente ni pensé, hasta llegar a casa. Me habías dicho que llegarías sobre las 7 de la tarde más o menos, incluso me quedé un rato dormida en el sofá, pero al despertar, me empezaron a venir recuerdos de dos días atrás. La firmeza con la que me pusiste sobre tus rodillas, ese quemorcito de los primeros azotes aún con la ropa puesta, cómo de repente siento tu fuerza que me despoja de cualquier protección y el aire acariciándome el culo. A partir de ahí, calor, cada vez más calor, alguna frase suelta.

"Es la última vez que me contestas así" " La próxima vez te voy a lavar la boca con jabón" 

Flashes y más flashes, cómo cuando esperaba cara a la pared, y notaba los muslos pegados de humedad. El escozor del cinturón después que por un momento me hizo olvidar otros picores...

Mientras recordaba mi mano inconsciente se había colado por dentro de mi ropa interior y la tentación iba ganando, abrí el portátil, lo tenía en la mesita y puse en la barra de direcciones: spankintube. Empecé a ver al menos una docena de vídeos, pero ninguno me convencía, hasta que uno me dejó con la vista clavada a la pantalla, era muy corto poco más de 2 minutos, pero me recordaba a nuestro juego de hacía dos días. Lo vi varias veces, como queriendo memorizarlo y empecé a jugar con mis dedos, cerrando los ojos y visualizando en mi cabeza, si seguía me iba a correr, por un momento pensé en castigarme y dejarme a mi misma con las ganas y en ese punto de excitación dolorosa, pero seguí y terminé. Medio bloque debió escuchar mis gritos, aún estaba medio jadeante cuando escuché la llave en la cerradura.... Dios!!!! Se me disparó la adrenalina, me dio tiempo a cerrar la página, cuando se abrió la puerta y escuché tu voz.

- Nena, ya estoy aquí....

Me levanté de golpe y fui a abrazarte, me salió así.

- ¿Tanto me has echado de menos?

- Un poco 

Te contesté con voz infantil.

- ¿Todo bien? Debes estar cansado.

- Un poco, voy a quitarme esto y deshacer la maleta.

Suspiré aliviada, eso me daba tiempo a recomponer la compostura. Cerré el portátil.

- ¿Te apetece una cervecita?

- Pues no te voy a decir que no.

Fui a la cocina y puse una cerveza en la mesita. No tardaste en aparecer. Te dejaste caer en el sofá y suspiraste.

- ¿Mucho trabajo?

- Bueno ya sabes cómo son los viajes de trabajo, esclavitud en toda regla.

- Imagino.

Te incorporaste y abriste la cerveza, le diste un trago.

- ¿Y tú qué tal? ¿Te has portado bien?

Odio esa pregunta, se que me pongo roja, cuando he hecho algo que no debía.

- Síii!!! He sido una niña buena.

- Así me gusta...

Sin esperarlo te abalanzaste sobre mí y me besaste, empezaste a intentar meter las mano bajo mi ropa y sabía que si llegabas a cierto sitio me delataría. Por un instante pensé en confesar, pero me pudo la vergüenza más que el temor al seguro castigo si confesaba. Te retuve, con la excusa de que necesitaba una ducha...y paraste. Cuando me levanté para ir a la ducha, al pasar por delante de ti, me diste un cachete y sonreíste ¿Lo sabías? Me fui con esa sensación, pero se me pasó. Salí de la ducha y desde el pasillo te dije.

- Voy a un por cerveza ¿te apetece otra?

- Vale.

Cuándo entré en el salón y te vi con el portátil abierto, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. 

Puse las cervezas en la mesita.

- ¿Que miras?

- Ahhh nada, los resultados, mientras te esperaba...

Respiré aliviada...

Me senté y abrí la cerveza, le fui a dar un trago y de repente tu voz hace que casi me atragante.

- ¿No tienes nada que contarme?

Otra vez sentí los colores subiendo...

- Nada, dos días muy rutinarios.

- Me refería más bien a si tienes algo que confesar.

En ese momento supe, que lo sabías, pero el orgullo que malo es.

- Qué tendría que confesar.

- Tu crees que soy tonto ¿Verdad? 

Ahí ya no tenía salida y me salió la confesión tonta, la que empeora las cosas.

- Es que...me acordaba mucho de ti.

Tu reacción fue inesperada, no dijiste nada, me levantaste del brazo y me llevaste hasta la maldita pared de la habitación a base de azotes por el camino. 

- No te muevas de aquí, yo también necesito una ducha y cuando termine, vamos a hablar de incumplir castigos y de mentir. 

Allí quieta mirando la pared, ya sentía arder el culo. Que mal llevo las esperas. Cuando te oí entrar, se me aceleró el pulso, y cuando escuché tus pasos venir hacía mi más, tampoco dijiste nada, me cogiste del brazo y me sacaste de allí con esa firmeza...lo siguiente fue muy sencillo, te sentaste en la cama, sin decir nada me bajaste el pantalón del pijama, me pusiste en tus rodillas y estuviste azotándome con la mano hasta que te cansaste. 

Cuando paraste el culo me quemaba, sentía en mi piel el pulso. Me tuviste sobre tu regazo en silencio un rato, hasta que me dijiste un seco y simple

- Levanta.

Me levanté. Me cogiste del brazo y me vovliste a encaminar hacia la pared. Antes paraste junto a tus cosas y buscaste en un cartera una moneda de dos euros. Junto a la pared me soltaste. Pusiste la moneda en la pared.

- Las manos detrás de la espalda, la nariz en la moneda y el culo bien sacado...ah y pobre de ti que se caiga la moneda.

El culo me ardía, me sentía avergonzada, pequeña, castigada, pero húmeda y cachonda, mi cabeza por momentos parecía estar cortocircuitada.

Saliste de la habitación y tardaste un rato en volver, la posición era muy incómoda. Cuando volviste a entrar, te pusiste detrás de mi.

- Así que la señorita, se dedica a ver videos y masturbarse porque no puede aguantar un par de días, pues habrá que recurrir a métodos más expeditivos.

Sentí algo familiar que tocaba mis muslos obligándome a abrir las piernas, lo reconozco enseguida, era ese maldito cepillo de ducha, lo odiaba, es terrible, doloroso, pesado...

- Si durante el proceso de cae la moneda, cuando termine tendrás una ración extra de cinturón. 

Lo siguiente en hablar fue el dolor punzante del cepillo, metódico, un lado y el otro, ahí sólo sentía su efecto, nada más. Por suerte no fueron muchos, los suficientes eso sí, cuando cesaron, sabía que tendría moratones para días...pero también tu actitud cambió. 

Me quitaste la moneda, me ayudaste a erguirme, me miraste, me pusiste la mano en la mejilla, me diste un beso y me dijiste que me tumbara boca arriba en la cama.

Dos minutos después tu mano con la ayuda de la crema aliviaba mi culo en llamas y así estuviste un rato. Entonces me cogiste de la cintura e hiciste que levantara el culo, las rodillas apoyadas en el colchón y la cabeza en la almohada, empezaste a jugar con tus dedos en mi coño y volví a tener conciencia de la excitación, pero una serie de palmadas en el coño me recordaron que me había portado mal y más aún cuando me dijiste.

- Ahora no van a ser dos días, va a ser mientras duren las marcas, y mientras hayan marcas, que revisaré todos los días, sólo te voy a follar el culo. 

Y eso hiciste, prepararme y follarme el culo, usarme, correrte y dejarme húmeda, cachonda, con las ganas y el culo dolorido.



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