Había tenido un lunes, de aquellos malos, a los que se junta el ser lunes, con más problemas de los esperados en el trabajo. Así que al salir tenía unas ganas locas de llegar a casa, relajarme y estar tranquilo.
Cuando llegué ella ya estaba allí, llevaba un pantalón corto cómodo de color naranja y una camiseta de tirantes blanca.
- ¿Que tal el día?
- Pffff para olvidar y encima me ha pillado un chaparrón volviendo....aún tengo el pelo medio mojado ¿Y el tuyo?
- Pues no mucho mejor y también me he mojado
- Pues vaya día, los dos
- Bueno ya ha pasado, ahora aquí de relax , venga va voy a cambiarme.
Me fui a la habitación a ponerme ropa cómoda y al salir me apetecía un café.
- Voy a hacer café¿Quieres uno?
- Pffff no me apetece mucho, gracias.
- Ok...
Fui para la cocina y al entrar, sorpresa, aquello parecía un campo de batalla, la encimera llena de platos, vamos que no había espacio, ni para poner la cafetera. Y es que el domingo habíamos tenido comida en casa y claro se acumulan los cacharros, yo quise despejar el domingo noche, pero no le dejó, es más me dijo que ya lo haría ella al llegar de trabajar.
Me fui para el salón...
- ¿No te has hecho el café?
- No sé dónde
- Jajajajajaja es verdad, pero bueno ya que estabas te podías haber liado, que estoy cansada..
- ¿Te hace gracia?
- Venga va gruñón, más tarde me pongo, vamos a descansar un poco.
- Más tarde es tu segundo nombre, levanta y recoge la cocina ahora.
- Joder!!!! Que mosca te ha picado, tengo toda la tarde!!!!
- ¿Que has dicho? Vuelve a hablarme así y te prometo que recoges la cocina, con la pastilla de jabón en la boca.
- Baaaaahhhh cómo estamos.
- Nena, te estoy hablando muy en serio, levanta el culo del sofá y recoge la cocina.
- Y por qué no la recoges tú!!!!
- Por qué te dije de hacerlo ayer y no quisiste es más me dijiste que lo harías después de trabajar.
- Bueno y no te he mentido, después de trabajar es muy impreciso, puede ser ahora o antes de irme a la cama...
Ahí ya acabó con mi paciencia, me fui para ella la cogí del brazo, la levanté del sofá y le di dos azotes bien fuertes en el culo, sin soltarla.
- Pues ya le pongo yo la precisión, así que tira a recoger.
Resopló, dio una patada en el suelo, pero cuando me vio levantar la mano, se fue para la cocina, eso sí renengando.
Me senté, por fin tranquilo, pero me duró poco, hacía más ruido del habitual y la escuchaba renegar. Sin moverme le dije desde el salón.
- Cómo me tenga que levantar...
Ni caso hasta que de repente escuché un sonido de cristales romperse, me levanté de inmediato y me fui para allí, sólo asomarme a la puerta, ya pise algún cristalito y toda la.cocina estaba llena de pequeños cristales y entonces la vi allí quita de puntillas y descalza.
- ¿Que ha pasado?
- Pues que se ha caído la puñetera besuguera de cristal.
- No te muevas
Cogí la escoba he hice un pasillo apartando cristalitos, me aseguré que no hubiera ninguno y alargué la mano, me la cogió.
- Pisa por la orillita...
Caminó despacio pegada a la encimera y con mucho cuidado, hasta que estuvo a salvo o eso debió pensar, porque nada más llegar a mi altura, le solté la mano, la cogí el brazo, la encaré para el salón y empezamos a andar todo el pasillo, en un curioso baile, yo le iba dando azotes en el culo, mientras la conducía, mientras ella intentaba evitarlos sin mucho éxito.
- Te acabas de ganar una buena para empezar la semana - le iba diciendo - te he dicho mil veces que no quiero que andes descalza que es peligroso, y además escuchando cómo estabas, lo normal es que rompas algo ¿tú crees que esa es manera de comportarse en una adulta? Enfurruñada por hacer algo que te comprometiste a hacer.
Y así a base de azotes y regaños la planté cara a la pared.
- Aquí quietecita y vamos no quiero escucharte ni respirar ¿Estamos?
No dijo nada, la solté y la dejé allí. Fui a la habitación y cogí sus zapatillas de estar por casa y de vuelta al salón, se las hice poner sin salir del rincón.
- Pon las manos encima de la cabeza
- Vaaa Santi...que ya termino de recoger.
Mi respuesta fueron dos azotes bien fuertes
- Te he dicho que no quería escucharte. Ya terminó yo y tú me vas a esperar aquí quieta, en silencio y vete preparando cuando vuelva...
Me di media vuelta , pero cuando había andado un par de pasos , volví y sin decir nada de un tirón le bajé el pantalón y el tanga.
- Así mucho mejor.
Me fui a la cocina y terminé de poner el lavavajillas y recoger, cuando estuve me hice el café y con el me fui al salón y me senté. Ella seguía allí, castigada cara a la pared, con el culito al fresco, así que me tomé el café tranquilo y al terminar la llamé.
Al parecer el tiempo de rincón y los azotes habían hecho algo de efecto, porque ya se acercó más mansa, despacio y mirando al suelo.
- Mírame.
Levantó la mirada al llegar a mi altura.
- Escúchame atentamente porque no te lo voy a decir más, se acabaron estos ataques de genio, te parece normal enfadarte en plan "pues ahora no respiro" ¿Que edad tienes señorita ? ¿13 años? Desde aquí te estaba escuchando, lo que decías y cómo estabas recogiendo a golpes y así es normal y lógico que se acabara por romper algo, además la próxima vez que te pille descalza por casa, no te voy ni a avisar, directamente te voy a poner el culo ardiendo ¿Está claro? ¿Y que haces tapándote? Las manos en la cabeza, con tu actitud has perdido el derecho a la modestia, y vas a estar un rato aquí plantada, hasta que me baje el enfado porque si no te voy a poner el culo morado.
Y así fue, allí la tuve de pie frente al sofá un buen rato, incluso me preparé y me tomé otro café. Cuando lo terminé fui a dejar la taza en la cocina y de vuelta, ya me fui a por ella, me senté en el sofá, la puse en mis rodillas, mi brazo izquierdo la sujetó con fuerza de la cintura y empecé a azotarla con la mano directamente sobre el culo desnudo, empecé bastante suave, mucho más suave que los azotes que se había llevado de camino de la cocina al salón. Cuando la piel empezó a coger un tono rosadito, paré un instante y mientras le acariciaba el culo, volvía a insistir en reprocharle la actitud infantil de aquella tarde, al terminar, volví a ocuparme de su culo, con mi mano, ahora con más energía y velocidad y sin pausa, hasta dejarle ese tono rojo uniforme.
Ahí me detuve de nuevo, la dejé recomponerse un par de minutos en mis rodillas y entonces le dije.
- Ahora te vas a ir a la habitación, te vas a subir a cuatro patas en la cama, con la cara en la almohada, quiero ver ese culo bien presentado y alto ¿Está claro?
Le di un par de azotes y se levantó, sin decir nada se fue para la habitación, esperé cinco minutos y fui para allá. Al entrar allí estaba a cuatro encima de la cama con la cara enterrada en la almohada y las piernas algo separadas. Nada más entrar, me fui para ella, le acaricié un poco el culo, podía ver también los labios hinchaditos y la rajita brillante de la humedad.
Abrí la puerta del armario y elegí uno de mis cinturones que colgaban tras la puerta, lo doblé a la medida y le dije.
- Creo que con esto acabaremos de bajarte los humos.
Nada más acabar de decirlo el cuero cruzó su piel y se le escapó un pequeño gemido, de inmediato una franja roja se grabó en su piel, dejé pasar un instante y cayó un segundo, y un tercero y así hasta una docena momento en el que decidí, que era suficiente, dejé el cinturón en su sitio y me senté en la cama a la altura del culo tan bien presentado, se lo acaricié suavemente un ratito y entonces le dije.
- Voy a sacar lo del lavavajillas, tu aquí quietecita sin moverte.
Fui a sacar y colocar la vajilla al terminar pasé por el cuarto de baño y cogí el aceite de almendras, con el me fui a la habitación, seguía en la misma posición, bien expuesta, me volví a sentar en la cama y me eché un buen chorro de aceite en las manos, que empecé a extenderle por el culo, pero al poco rato también estaba jugando con el aceite en su coñito, donde el aceite se mezclaba con sus jugos y le dije.
- No sé si te mereces esto...pero hoy me pueden las ganas.
Entonces metí dos dedos dentro de su coño y empecé a jugar con ellos dentro, palpando, buscando esa zona especial y sensible con mis dedos y empecé a frotarla, ella empezó a respirar más rápido y mover un poco las caderas, como queriendo acompañar los suaves movimientos de fricción de mis dedos
- Un poco de paciencia señorita
Le dije dejando de mover los dedos y sacándolos un momento para coger el bote de aceite y echarme un chorrito en la otra mano, volví a meterle los dedos y con un dedo de la otra mano, empecé a hacerle un masaje muy suave alrededor de la otra entrada más estrecha, haciendo círculos alrededor de ella, hasta que muy despacito le metí el dedo también ahí y entonces volví a los movimientos rítmicos y ella a moverse más y más entonces le dije.
- Acuérdate de pedir permiso antes, como una niña buena.


