sábado, 26 de septiembre de 2026

Caprichos fuera de temporada

 



Poco a poco los días iban acortándose, señal inequívoca que el verano cedía el testigo al otoño a pesar que seguía haciendo aún bastante calor, sobre todo a mediodía. 

Además aquella vuelta a la escuela , llevaba consigo una novedad importante. Pasaba a hacer horario intensivo de 8 a 16h, con media hora para comer algo a las 12. Y eso me motivaba bastante, podía aprovechar la tarde mucho más que en el anterior horario partido en el que salía a las 18h. Y me daba para poder poner en marcha algún proyecto en esas horas ganadas.

El fin de semana no habíamos hecho nada, ella había seguido trabajando en su proyecto desde casa a ratos y de vez en cuando un fin de semana de no hacer nada va de maravilla

Aquel Lunes al salir a las 4 la llamé. 

- ¿Estás en casa ya?

- Abriendo la puerta me pillas

- Ok, voy a pasar por el super que he visto está mañana que faltaba alguna cosa, bebidas, café...¿Necesitas algo tú?

- Mmmmm espera....

La escuché cerrar la puerta y caminar.

- Si tráeme suavizante para el pelo, ya sabes el mío

- Vale ¿Algo más?

- Helado jajajaja.

- Ya no estamos en época de helados

- Siempre es época de helado!!!!

- Luego te quejarás

- Ya sabes que siempre me quejo 

- Venga va en una hora estoy allí. Besos 

Me fui a hacer la compra, un carro pequeños de cosas básicas y estando en la caja para pagar, me vino a la cabeza el helado, en otro momento hubiera vuelto aún perdiendo turno, pero pensé que mejor no,  que estaba con la dieta y con estrés y que al final acabaría teniendo yo la culpa por haberlo comprado. Pagué me fui para el coche cargué y para casa.

Subí con las bolsas , las dejé encima de la encimera y fui al despacho, allí estaba frente al portátil, con las gafas, y con el pijama de verano aún 

- ¿Ya has hecho la compra? 

- Si, ahora voy a colocarla 

- Que eficiente...

- ¿Vas a estar mucho rato?

- Un par de horitas debería 

- Vale, pues te dejo tranquila 

Me fui a poner cómodo y me puse a colocar la compra , al terminar cogí una cervecita fresca y me senté en el sofá. Ratito de paz pensé, pero duró poco.

10 minutos más tarde se abría la puerta del despacho 

- ¿Ya estás?

- No, pero necesito una pausa.

Sin decir nada más se fue para la cocina. La escuchaba abrir y cerrar cajones del congelador.

- ¿Donde has puesto el helado?

- En el cajón 

- ¿En cual? En el de abajo

- Aquí no está 

- Hay de chocolate y de fresa

- No hay nada....

- ¿Seguro?

- Segurísimo 

- Pues entonces me lo habré dejado en el super 

Escuché como cerraba la puerta y caminaba hacia mi

- ¿ Me estás tomando el pelo?

- Nena...no he cogido helado, estaba pagando ya cuando me he acordado además...

- Seguro de que la cerveza no te has olvidado 

Ya no dijo nada más se fue para el despacho cerrando de un portazo. En aquel momento decidí no actuar y ver si se le pasaba la pataleta.

Me fui a dar una ducha tranquilamente, al salir una segunda cervecita y ya pasadas las 8 como no salía del despacho, fui a verla.

- ¿Que te apetece cenar? 

Sin levantar la vista de la pantalla, me contestó con un seco

- Nada...

- Vale ya, ya está bien de niñerías. 

- Que no quiero nada!!! No tengo hambre!!!

- No tienes hambre y hace un rato querías helado...

- Exacto quería HELADO, no otra cosa lo vas entendiendo.

- Piensas dejar de portarte como una niña caprichosa? 

- Y tú me quieres dejar trabajar en paz.

- Cierra lo que estás haciendo tienes un minuto. 

- No lo voy a hacer 

- Pues tú misma, porque te bajo los plomos y lo pierdes todo 

-Noooo!!! Vale, vale ya cierro. 

Esperé a que guardara lo que estaba haciendo y cerrase sesión.

-¿Estás?

- Síii.

Sin decir nada más la cogí del brazo y la saqué del despacho antes de salir cogí la silla de madera de respaldo recto, que había en el rincón del despacho y con ella agarrada de un brazo y en la mano del otro lado silla recorrimos todo el pasillo, hasta el salón.  Allí solté la silla, en medio entre la tele y el sofá. Me senté, la miré.

- Las manos sobre la cabeza.

En cuento lo hizo, el pantalón del pijama y la ropa interior acabo en sus pies. 

- Tal vez, esto en momentos así, debería ser a modo preventivo un par de veces por semana, como si fuera un ansiolítico 

Ya no dije nada más tirón y a mis rodillas, mi pierna izquierda sujetando las suyas por encima, la mano izquierda en la cadera y la derecha empezando a trabajar en modo ametralladora sobre su culo descubierto y desprotegido, en plan ráfagas.

- Ya sabes que no soporto los portazos

Ráfaga.

- Ni tampoco las niñerías 

Ráfaga 

- Y mucho menos las pataletas en plan no respiro 

Ráfaga. 

- Y por supuesto vas a cenar en condiciones y como Dios manda.

Ahí ya silencio y a colorear hasta conseguir el rojo incandescente. Entonces me detengo, agitó la mano, me pica, retiro mi pierna de encima de las suyas, las separo un poco y sigo un rato más de zurra .

- Si me lo propongo sólo necesito la mano para que tengas que dormir boca abajo .

Y sigo hasta que la mano me palpita. Estoy un instante mirando mi obra, ese culo rojo como dos cerezas maduras.

- Levanta.

Se levanta, cojo la silla y la pongo en la mesa pero mirando a la pared.

- Siéntate , y ahí con las manos sobre la cabeza, quieta y en silencio hasta que sirva la cena.

La observo sentarse, el asiento es de mimbre, hace esfuerzos para encontrar una posición cómoda, pero es imposible, pone las manos sobre la cabeza, resoplando y moviéndose de lado a lado.

La dejo allí, y me voy a la cocina. Me lleva unos 25 minutos hacer la cena, y otros cinco servirla, salmón a la plancha con guarnición de verduras y de postre uvas. Cuando está servida la cena. Le pido que se levante y le doy un cojín para sentarse.

Cenamos tranquilamente y en absoluta paz, además se lo come todo. Al terminar le digo que recoja la mesa y le pido el pantalón y la ropa interior. Mientras recoge voy a la habitación cojo una toalla, aceite para masajes , lubricante y el plug de acero mediano. 

Nada más presentarse frente a mí, le doy el plug, ya está lubricado y hago que sea ella misma quien se lo ponga frente a mí. La vergüenza es parte del castigo. Les lleva un par de intentos y al tercero lo consigue. Entonces pongo la toalla sobre mis piernas y le digo que se ponga en posición. 

Se coloca sobre mis rodillas, aunque el sofá es mucho más cómodo que en la silla. Antes de nada inspección ocular, aún está bien rojo y caliente como compruebo poco después con el tacto, la piedra roja del plug apenas destaca. Es el momento del aceite , de extenderlo y de darle un suave masaje por el culo, aunque poco a poco voy alargando también por los muslos y de paso separándole las piernas, empiezo a escucharle la respiración y como muy suavemente empieza a mover las caderas...

En ese momento mis dedos visitan el lago entre sus piernas.

- Vaya, vaya, que tenemos aquí....

Mis dedos juegan en ese charquito caliente y jugoso, aceleran el estímulo y antes que se descontrole frena y vuelta a empezar y así varias veces, en la última casi se descontrola, incluso escucho como una queja entre dientes.

- ¿Crees que te has portado como una adulta está tarde? 

Un soplido es la respuesta.

- Aún así te voy a dar un oportunidad. Ponte de rodillas. 

Lo hace, me desnudo y me siento otra vez.

- Ya sabes, que quiero, quiero que me des las gracias por el castigo y si mientras me las das tú misma llegas, podrás tener placer adulto 

Fin.







miércoles, 23 de septiembre de 2026

En alemán (vídeo)

 



Pues vamos a compartir otro video, este con el diálogo en alemán, aunque son subtitulos en ingles que pueden ayudar a muchos a entender. A disfrutarlo



domingo, 20 de septiembre de 2026

Fin de semana de disciplina

 



Antes de irme a trabajar el Viernes, le dejé una nota, en la puerta de la nevera. En ella había una lista de compra y unas instrucciones. También dejé una ropa preparada en la cama.

En el reparto de tareas que nos dimos en su momento, la compra o bien la hacíamos los dos juntos o bien la hacía yo y casi siempre íbamos el sábado, pero aquel fin de semana, era diferente.

Todo había empezado días antes. Ella y su caos absoluto con la rutina de sueño. Cosa que al final se transforma en malhumor, malas contestaciones y se vuelve cómo una adolescente insoportable y es ahí cuándo tengo que poner límites. Los jueves al salir de trabajar siempre queda con las compañeras para tomar algo y un jueves al mes además se van a cenar fuera, es cómo una tradición. Aquel jueves tocaba cena, pero cómo consecuencia a su actitud y problemas de sueño, le dije que aquel jueves la hora límite era medianoche. Hubo protestas, quejas y súplicas, hasta que la amenace, con dejarla castigada en casa (no sería la primera vez) y aceptó a regañadientes el toque de queda. 

Pero una cosa es aceptar y la otra cumplir y así fue, llegó a las 2, dos horas mas tarde el toque de queda y más que una desobediencia, lo interpreté cómo un desafío y los desafíos necesitan de respuesta contundente, la disciplina no se puede poner en duda.

Al llegar a casa aquella tarde le encontré en la cocina, colocando la compra en silencio, llevaba puesta la ropa que le había preparado: una minifalda vaquera, una camiseta de manga larga y las primeras medias de la temporada. La cogí de la cintura por detrás, le di unos besos en el cuello y le dije:

- Así, me gusta obediente no cómo ayer.

En ese momento, la hubiera seguido besando y  le hubiera dicho que todo estaba perdonado. No ! Supérate a ti mismo. No cedas a tus deseos. Resiste, demuestra que existes. Un desafío no puede quedar impune. Vete al sofá y mira hacia otro lado.  Establecimos unas reglas juntos y es mi responsabilidad es  hacer que se cumplan, si cedes, pierdes autoridad y los desafíos serán la norma.

- Voy a ponerme cómodo.

 Me fui a la habitación, me cambié de ropa y me senté en el sofá a esperar. Minutos más tarde apareció, se intentó explicar, pero no la dejé.

- Ya sabes que tienes que hacer.

Suspiró, me sostuvo la mirada un instante, pero se dio por vencida, la instrucción era clara: "Una vez termines de colocar la compra te quiero en el salón de rodillas, las manos sobre la cabeza y esperas"


Sentado en la silla, la miro fijamente durante un largo rato. Se hace un nudo en la estómago para tratar de ocultar su vergüenza, pero ahora la conozco demasiado bien como para no saber lo que eso significa. Me gusta verla hacerse pequeña . La imagen del mujer segura y fuerte , un poco desafiante, ha desaparecido. Ahora es vulnerable, sujeta a mi disciplina, quiero se sienta como una niña castigada que se ha portado mal. Entonces me levanto, voy a dar una vuelta de tuerca más, cojo una silla y la pongo justo delante de ella, en breve yo estaré sentado en esa silla y ella sobre mi regazo y aún hago algo más, le levanto la falda, la enrollo cuidadosamente sobre su propia cintura y vuelvo al sofá, unos minutos más de tensa espera. Finalmente me levanto,  me siento en la silla frente a ella y el digo que se levante. De pie le pido que se baje las medias... suspira. Pero la vergüenza es parte de la disciplina. Las medias descienden cuando están por encima de las rodillas, le digo que es suficiente, compruebo que me ha hecho caso, no dejé ropa interior en la cama. De pie frente a mí, sin derecho a cubrir su intimidad, a la vista, a mí vista. Su rostro se ruboriza, casi como un anticipo a otros rubores que están por venir. Entonces empiezan las preguntas.

¿Por qué estás castigada? ¿ Te parece una actitud adulta? ¿ Sabes que pasa cuando se incumplen las normas? 

 Ella responde en voz baja y aniñada y evita mi mirada. Intenta poner alguna excusa, no la dejo, luego pasa a las promesas de no repetir, le recuerdo la infinidad de promesas incumplidas. Hasta que le digo que tengo suficiente, que no quiero escuchar más, que vaya a buscar el cepillo, más bien SU cepillo de disciplina, que su actitud, es merecedora de empezar directamente con el culo al aire y el cepillo. Se da media vuelta, camina torpemente con las medias a medio muslo, sus nalgas están blancas, pero no tardarán mucho en cambiar de color. La miro fijamente mientras vuelve lleva en la mano el cepillo ovalado de ébano, cuando llega a mi altura me lo entrega, lo cojo y le indico con un gesto que se coloque en posición. Lo hace despacio. Le recuerdo las instrucciones.

- No moverse

- No poner las manos

- Mantener siempre el culo expuesto.

Dejo el cepillo sobre su espalda y hago descender un poco más las medias, es una forma de recordarle que no tiene el control, que yo decido a qué altura está su ropa. Mi mano izquierda se posa en su cadera. Y entonces le recuerdo que va a recibir un castigo severo pero merecido.

Empieza el castigo, tumbada sobre mis rodillas en un silla, aún tiene algo más infantil. No empiezo excesivamente duro, una pequeña concesión Deja escapar algunos gemidos. Si los primeros son un poco exagerados (eso es una estrategia), los siguientes serán totalmente comprensibles. Aumento la velocidad de los azotes desde la parte superior de los muslos hasta la curva de las nalgas, ni caricias, ni pausas.

 Que genial instrumento de disciplina el cepillo. El  diseñador de tal objeto debe haber tenido cuentas que ajustar para crear este doble y vicioso instrumento. El frente para el cabello, la parte de atrás para lo que quieras. Una nueva serie vigorosa hace que se agarre con fuerza a mi tobillo.

Empiezo a notar, cierta incomodidad, la disciplina no es agradable Pero prefiero prefiero parar. En sus nalgas aparecieron zonas blancas, señal de que la azotaina está siendo severa. La dejo una rato sobre mis rodillas, que recupere el aliento, que note el aire acariciar la piel encendida y palpitante. 

Cinco minutos después, le pido que se levante y que se quede de pie frente a mí con las manos sobre la cabeza. Entonces vuelvo a insistir, en su actitud y comportamiento y termino con una advertencia.

"De ti va a depender cómo se desarrolle el fin de semana". 

Entonces la envío cara a la pared. Una mujer adulta, castigada cara a la pared, mostrando su culo rojo fruto de su comportamiento.


El bonito color rojo se aprecia mejor desde el sofá. Ella inmóvil en silencio, respira profundamente. De repente me sorprende una dulce paradoja, una más. Por un lado le exijo que respete las normas que hemos fijado juntos. Por otro lado, me gusta un poco que pueda transgredirlos de vez en cuando para poder imponerle este tipo de castigo. 

Me levanto y voy a buscar una cerveza a la nevera, a fin de cuentas es viernes. Me la tomo tranquilamente, mientras la observo allí es su pared más odiada, quieta, vulnerable, pero seguro que excitada.

Me vuelve a la cabeza esa idea de que es viernes, le digo que se vaya a dar una ducha, que vamos a salir y que mientras le prepararé la ropa. Otro derecho perdido con su actitud, el de elegir que ponerse. Mientras está en la ducha, miro la cartelera, el cine me parece una buena idea y un aliado para lo que tengo en mente.

Cuando aparece en la habitación, la espero sentado en la cama. Solo lleva la toalla, le pido que se la quite, lo hace, la miro y sonrío, entonces le pido que se de la vuelta, cojo la crema hidratante y empiezo a ponerle con abundancia en las nalgas, siguen rojas, calientes y sensibles. Mientras le explico, que sobre la silla he preparado un vestido, es cuatro dedos por encima de las rodillas y otras medias, pero estas, son autoadhesivas a medio muslo, le digo que hoy saldrá sin ropa interior y llevando un complemento muy especial. Entonces le pido que separé las piernas, que es incline hacia delante y lleve sus manos a las nalgas y las separé. Un poco más de vergüenza no viene mal. Obedece, imagino que aún está muy vivo el efecto del cepillo y la desobediencia no es buena idea. 

Mientras lubrico el pequeño plug de acero, una joya oculta. Y allí de pie se lo introduzco jugando un poco, suelta un gemido al notar el frío acero en esa zona y otro cuando termina de entrar del todo. Cuando termino, le pido que se la vuelta, le digo que se vista y se termine de arreglar mientras me ducho yo.

Media hora después, estamos camino del centro, poco a poco vamos volviendo a la normalidad, decidimos ir a cenar primero. A la vista del resto del mundo somos una pareja más, sólo un pequeño porcentaje de gente podría notar su cierta incómodas sentada.

Después de cenar fuimos a la última sesión del cine, no creo que hubiera más de 30 personas, así que fue sencillo encontrar un par de butacas apartadas. La película era lo de menos. Cuando se apagaron las luces le dije que se levantase el vestido y se sentara directamente con la piel sobre la butaca y con las piernas ligeramente separadas. Entonces llevé mis dedos entre sus piernas, empecé a jugar por fuera con mis dedos, muy suavemente, la humedad le mojaba hasta la cara interna de los muslos, durante toda la película estuve jugando con ella, pero sin la intención de acabar...solo mantenerla en ese punto de excitación, estimulada y con el culo rojo. 

Salimos discretamente con los créditos y nos fuimos para casa, nada más llegar le dije que se preparase para ir a la cama y que se fuera desnuda pero sin quitarse las medias. Yo esperé y entonces me preparé yo, mi sorpresa fue al llegar y encontrarla dormida. Le di un beso en cada nalga, la arropé y me metí en la cama, abrazándola. 

sábado, 12 de septiembre de 2026

Después de la tormenta

 



La vuelta de la escapada de vacaciones, no fue tan buena cómo esperábamos. A la vuelta seguía el calor sofocante que había sido la tónica de todo el verano y se resistía a abandonarnos. Tampoco a nivel laboral había mejorado en exceso. Y para añadir algo más ella se había metido en uno de sus embolados cíclicos, en forma de conferencia que tenía que preparar para primeros de Octubre y casi desde el primer día de vuelta, se había puesto a trabajar en ello cada en casa después de la jornada. Y eso significaba agobio, estrés, malhumor, contestaciones y salidas de tono. 

10 días después de haber vuelto, una tarde miércoles, una tormenta pareció querer cambiar la dinámica. Conducía de vuelta a casa con las ventanillas abiertas, el suelo mojado y a lo lejos los destellos de los rayos de la tormenta alejándose, un aire fresco y limpio y el olor a petricor me daba en la cara ¿Estaría llegando el otoño? 


Entré en casa, fui directo al comedor, allí estaba vestida de calle y estirada en el sofá, con cara de cansada. Me dijo un hola sin mucho entusiasmo, entonces cogí el bolso y una carpeta que había dejado sobre la mesa y le dije 

- ¿Que te costará dejarlo en su sitio?

Soltó un suspiro y dijo.

- Hoy no estoy para tonterías 

Mientras me iba para la habitación respondí.

- Las normas, no son ninguna tontería, sirven para convivir.

Volvió a suspirar pero no contestó. Dejé las cosas en la habitación, me puse ropa más cómoda y de vuelta le dije.

- ¿Te apetece salir a dar un paseo? Se ha quedado una tarde preciosa y huele a tierra mojada.

- Tengo que ponerme con eso, ya lo sabes.

- Llevas ya diez días seguidos echando muchas horas, no creo que te venga de descansar un día, además no tienes termino medio, o lo dejas todo para última hora y luego te agobias porque no llegas o te obsesionas y te agobias porque te quedas clavada.

Me miró con cierto desdén y ahí decidí tomar el control del todo.

- No hay nada que negociar, ponte cómoda y vamos a dar un paseo. Tienes un minuto.

Sorprendentemente de hizo caso, se levantó se puso unos leggins, las zapatillas de deporte y una camiseta y salimos a dar un paseo por el parque de al lado de casa. Se estaba genial después de dos meses largos de calor asfixiante, por fin se notaba un aire diferente, fresco y limpio.

Estuvimos cómo una hora dando un paseo y charlando.

Ya volviendo, antes de llegar a casa, paré y le dije.

- ¿Estás enfadada?

- Mucho 

- ¿Con quien?

- Vas a pensar que estoy loca

- ¿Con quién? 

- Conmigo misma

- ¿Por qué? 

- Paso palabra

No contesté entramos en silencio en casa, me senté en el sofá. Ella fue a la habitación la vi salir con una carpeta en la mano

- ¿Donde vas? 

- Voy a ponerme un rato 

- Ven aquí 

Volvió a suspirar y se acercó. Le cogí la carpeta y la dejé sobre la mesita.

- ¿Quieres que me ocupe de ti está tarde?

Me miró 

- Quizá 

- Eso es una respuesta muy ambigua. Y las respuesta es más sencilla. Si no quieres coge la carpeta y ve hacer lo que ibas a hacer.

Por un momento dudó e hizo el amago de coger la carpeta, pero 

- Sí. Quiero que tomes el control. Necesito dejar de pensar.

- Eso si es una respuesta clara y eso vamos a hacer, pero necesito que tú pongas de tu parte y te dejes llevar.

La cogí de las dos manos y la acerqué a mí rodillas.

- Las únicas reglas de hoy son: que olvides el trabajo y que te dejes llevar.

La miré y asintió con la cabeza. Entonces le solté las manos un momento, busqué la cintura de los leggins, en aquel momento casi en un acto reflejo intentó evitar lo inevitable, la miré y le dije.

- Me has prometido dejarte llevar, además esto no es un castigo , hoy es otra cosa 

De inmediato quitó las manos dejándome bajarle los leggins, lo mismo con la ropa interior, tomándola de la mano, la guíe suavemente a mis rodillas, en posición de castigo y empecé a acariciarle suavemente los muslos y el culo. 

- Hoy no tienes que resolver nada, ni decidir nada. 

- Ya pero mañana estará todo ahí igual.

- Respuesta errónea.

De inmediato una larga tanda de azotes con mi mano empezó a caer si pausa sobre su culo, como un minuto de zurra seguida. Y volví a las caricias.

- Eso será mañana, está noche descansas 

- Pero....

Otra larga tanda de palmadas seguidas y rápidas .

- No hay peros que valgan, ahora te vas a centrar en lo que sientes en tu piel, sientes el culo caliente? Empieza a estar rojito, pero creo que para resetear bien tú cabeza, hay que darle más color.

A partir de ahí silencio, sólo el sonido de los azotes alternado con el silencio de las caricias y así un largo rato, hasta ponérselo bien rojo. En esa última no hubo caricias.

- Ahora igual lo sientes bien, la piel te arde, puedes notar el pulso en el culo y estás concentrada en esa sensación 

En ese momento me agaché, le acabé de quitar la ropa que tenía a media pierna y entonces le empecé a pasar un sólo dedo por la piel...al sentirlo suspiró 

- Es sólo un roce y se siente ¿Verdad? 

Ahí decidí pasar a la siguiente fase, mi mano derecha se fue entre sus piernas, el calor deñ culo se había irradiado a su sexo, caliente y húmedo. 

- Es curioso este efecto en ti, pero recuerda que me has prometido dejarte llevar.

Empecé a masturbarla despacio, sobre mis rodillas con el culo rojo y rendida, empecé muy despacio, muy delicado para ir subiendo intensidad a medida que ella iba colaborando, la respiración se aceleraba y ya no podía estarse quieta y en el momento exacto que explota el orgasmo saco mis dedos y lo acompaño dándole una palmaditas rítmicas en el sexo 

Lentamente la respiración se acompasa, los movimientos de cadera se ralentizan hasta parar y vuelve la calma, vuelvo a las caricias en la piel azotada, pero por poco tiempo, enseguida vuelvo a empezar el juego entre sus piernas, hasta conseguir el mismo final por segunda vez.

Y vuelvo a esperar a la calma. Cuando llega la invito a levantarse la cojo de la mano y vamos al baño, allí la termino de desnudar, no puede evitar mirarse el culo en el espejo, sonrió , la meto en la ducha, juego con ella, como si fuera una muñeca, la vuelvo a masturbar dos veces , una de frente y la otra de espaldas, para terminar enjabonándola, jugando con el agua , terminamos la seco, la cubro con el albornoz y salimos. 












 


 

 


 

 

 


 


 


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miércoles, 9 de septiembre de 2026

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