sábado, 12 de junio de 2021

Perturbación

 



La experiencia enseña mucho y a mi me ha enseñado que una de las cosas que más perturba a una spankee, es saberse excitada durante un castigo y generalmente esa excitación es proporcional a la sensación de estar siendo castigada de verdad, no tiene tanto que ver con la dureza física del juego, sino que más bien con la parte más emocional. Es cómo si a más vulnerabilidad, control y sentirse abrumada por la autoridad, más excitación. Lo que pasa es que muchas veces el propio juego y su potencia física y mental hacen que no haya consciencia de esa excitación,  por eso hacerla patente puede resultar tan perturbador.

Lo mejor es contarlo a través de un ejemplo a modo relato, de una vez que recuerdo especialmente en la que jugué a exponer esa contradicción entre castigo y excitación de forma consciente.

No recuerdo exactamente el motivo, pero conociendo a la persona estoy casi seguro que debió ser por una salida de tono, un enfado con el mundo y consigo misma. Lo que si recuerdo es que el enfado por su actitud en el momento fue serio, así que pospuse el castigo y ahí ya empecé a jugar con su mente. Imagino que cuando se calmó esperaba algo inmediato y me hice el loco, aquí no ha pasado nada, aunque ella que también me conoce estoy convencido que no lo iba a dejar pasar y no ha mucho tardar.

Así fue al día siguiente le escribí un escueto mensaje, corto, claro y que empezaba a jugar con la anticipación.

-Esta tarde, cuando llegué te quiero en casa, con el pijama, ni gimnasio, ni café, ni compras, ni historias, que tenemos que hablar.

Me escribió algo pero ni me molesté en leer. Sabía perfectamente que sobre las 5 más o menos llegaba a casa, ella llegaba antes y que las veces en las que la "orden" era esperarme en casa, sin salir y con el pijama, es que la cosa iba muy en serio. Así que supongo que su cabeza no dejó de darle vueltas a aquel mensaje todo el día. A veces en este tipo de situaciones había intentado jugar a retarme y probar que pasaría si no hacía caso, aquel día no tentó a la suerte. Cuando llegué a casa allí estaba, se había dado un ducha, se había puesto el pijama e intrigada imagino esperaba su destino. Mi entrada fue tan normal, le di un beso, le pregunté por el día....cómo jugando al despiste. Es más me senté tranquilamente a hacer una cervecita, mientas charlaba con ella, quizás la única pista, es que ni me cambié de ropa, ni me duché. La llamaron por teléfono y estuvo un rato hablando y al colgar era el momento, incluso en lo previsible siempre tiene que haber  un efecto sorpresa, además estaba de pie en ese momento y yo sentado, los detalles cuentan y mucho y ese es importante.

-Bueno señorita tu y yo tenemos que hablar muy en serio...

Su cara cambió sabía que era el momento de la verdad.

-Ya me conoces y ya sabes cómo soy, no puedo decirte más, a veces exploto y pago con quien menos culpa tiene.

-Bueno, una vez vale, dos también, tres incluso, pero van muchas y no creo merecerme, este tipo de contestaciones, ni actitudes, además tampoco solucionas nada, más que meterte en un lío, que sabes perfectamente cómo va a acabar, a veces llego a pensar que lo necesitas de vez en cuando.

Lo dije totalmente calmado, seguro y firme, pero desde la más absoluta tranquilidad y esa parte final estoy seguro que le tocó algo por dentro.

-¿No vas a decir nada?

-¿Qué quieres que diga? tienes la mala costumbre de dejarme sin palabras.

-Ya, lástima que eso sólo pasa cuando vez peligrar tu culo ¿ Por qué imagino que sabes que te has ganado una buena y que la vas a tener verdad?

-Algo sospecho si....

-Ven aquí

Tengo que decir a su favor, que no opuso ninguna resistencia, creo que abrumada ya, a veces me desconcierta como ese carácter que primero muerde y después pregunta, se vuelve dócil y obediente, simplemente siguiendo unas pautas, la primera es dejar que se enfríe. Se acercó y cuando estuvo a la altura de mis piernas, de un tirón seco le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, ahí escuché la única queja que escucharía aquel día, yo sabía que si se había dado un ducha y puesto el pijama debajo no llevaba nada y si no llevaba nada y le había bajado el pantalón significaba que desde el primer azote sería con el culo al aire. Me coloqué en una posición extraña, en vez de juntar las piernas para proporcionarle el regazo, separé las piernas  e hice que se expusiera sobre una de mis piernas, de tal forma que debía separar las suyas para apoyarse en la única de mis piernas que le servía de apoyo, eso a la vez hacía que sus piernas quedaran separadas por el grosor de la mia y a la vez que el pubis tuviera contacto directo con mi pierna, en vez del vientre como en la posición otk normal.

Nada más ponerla, le sujeté las manos en la espalda con mi mano izquierda, no creo que hubiera necesidad, pero le daba un toque de control absoluto. Entonces empecé a sobarle el culo con toda la mano, ambas mejillas y así estuve un rato, atrasando aún un poco más el momento de empezar a colorearlo con mi mano. Un apretón en la presa sobre sus muñecas en la espalda, fue mi forma de avisarla que iba a empezar y empecé a un ritmo lento y constante un palmada en cada mejilla y el sonido de la piel percutiendo contra la piel invadió todo el piso, tras un par de minutos, de "calentamiento" empecé a aumentar el ritmo, un acelerón repentino, aunque siguiendo la cadencia intercalando cachete y cachete, la piel fue cogiendo color y calentándose hasta conseguir un rojo pálido, entonces paré de repente también y empecé a pasar los dedos por la piel ya coloreada de sus dos globos carnosos a la vez que relajaba la sujeción de sus muñecas, estuve un buen rato recorriendo todo el monte de sus glúteos con la yema de los dedos disfrutando del calorcito que desprendían ya y de repente de la misma manera que había parado, volví a empezar, sujeté con fuerza las manos en la espalda y empecé a zurrarla, ahora ya sin progresividad, mi mano caía implacable contra su culo expuesto y desprotegido, ahora no llevaba un ritmo concreto alternaba cachete y cachete, pero sin orden establecido tres y cinco, dos y seis, siempre varios seguidos en la misma mejilla antes de cambiar y seguir con varios seguidos en la otra, el color de su piel fue subiendo enseguida y la fuerza hacia que la vibración de cada palmada se transmitiera por todo su cuerpo y que la posición estratégica de su pubis hiciera que este siguiera un movimiento rítmico de roce constante contra mi pierna. Cuando me detuve de nuevo tenía el culo ya de un rojo intenso y mi mano estaba caliente, así que su culo debía estarlo mucho más.

-Levanta

Le dije sin darle tiempo a mucho, lo hizo y para evitar tentaciones le hice poner las manos en la cabeza nada más levantarse quería que sintiera su culo hirviendo y palpitando, sin que nada adulterara esa sensación caliente y hormigueante. Fue entonces cuando vi una mancha de humedad en mis vaqueros, justo dónde apoyaba el pubis. Miré la mancha y la miré a ella, su cara se puso casi tan roja como su culo y sin decir nada llevé dos de mis dedos entre sus piernas, pasándolos por la rajita entre sus labios.

-Vaya, vaya, así que te zurro el culo y tu cuerpo reacciona mojándome la pierna, no sé si así el castigo será muy efectivo...

Todavía se puso más roja, me levanté la cogí del brazo, sin que los bajara y la puse en el rincón como una niña traviesa, allí la puse algo separada, le hice separar las piernas y le dije que tocara con la punta de la nariz la pared, eso hacia que tuviera que inclinar la espalda, exponiendo bien el culo rojo, con el pantalón en los tobillos. Me senté un rato a observarla en esa  posición tan embarazosa, pero estoy convencido que eso hacía que aun lubricase más, la posición, la vergüenza y la conciencia de estar mojada a pesar de tener el culo rojo y sentirlo. Así la tuve unos 5 minutos, hasta que me levanté y fui directo a buscar un sacudidor de alfombras de mimbre, que estaba colgado en la terraza, lo dejé en el sofá y la fui a buscar. Otra vez la cogí con firmeza del brazo sin decir nada, la llevé hasta la mesa, la hice inclinarse sobre ella, con todo los codos y las palmas de la mano apoyadas en la  mesa, la espalda casi recta en horizontal, las piernas separadas y verticales y el culo rojo bien expuesto. Cogi el sacudidor y empecé a acariciar con el las nalgas, la cara interna de los muslos y incluso llegué a pasar el borde por su sexo. Después del jueguecito, ya me puse yo en posición, le di unos golpecitos muy suaves con el sacudidor y entonces le di el primero de verdad, lo dos o tres primeros los espacie mucho, jugando un poco a acariciar con el instrumento antes de cada golpe, hasta que empecé una tanda seguida de una docena más o menos, intensos y seguidos, al parar dejé el sacudidor sobre su espalda, pasé los dedos por sus nalgas, ya salpicadas de puntos más rojos, de las zonas de más impacto. Y ahi volví con mis dedos a "comprobar" su coño....ahora ya no solo estaba mojado por dentro, incluso por los mulos resbalaba alguna gota de humedad, empecé a jugar con un dedo por toda la hendidura entre sus labios, primero a un lado y después la otro, hasta que me fui directo al clítoris, hinchado y duro, ahí usé dos dedos y jugué con ellos a intentar subir y bajar el capuchón, algo que sabía que le resultaba molesto, por exceso de sensibilidad, no pudo evitar moverse en intentar que parase, lo hice pero antes metí varias veces mis dedos en su coño, entonces le dije algo.

-Ya que te pone tan cachonda que te zurre el culo, vas a empezar a tocarte, cuando empieces, yo empezaré a azotarte y no pararé hasta que te corras, de ti depende, cuanto menos tardes, mejor para tu culo.

Suspiró, pero se quedó quieta hasta que un par de azotes con el sacudidor y un.

-Tu misma no te lo voy repetir más

Hicieron que su mano derecha dejase el apoyo de la mesa, de hecho dejó caer todo el pecho sobre la mesa y empezó a frotarse el coño, tal y como empezó yo armé el brazo y empecé a azotarla, acompasando ritmos a la vez que ella aumentaba el suyo estimulándose, metiéndose dos dedos, el ritmo de los azotes también aumentaba, su cabeza debía estar saturada ante tantas sensaciones enfrentadas, el dolor punzante de cada nuevo azote, la vergüenza, la excitación, su respiración cada vez más agitada y acelerada, hasta que vi como se sujetaba con fuerza con la mano libre en el borde de la mesa, en ese momento le di un último azote y su mano empezó a chapotear a la vez que con una serie de espasmos y gemidos se corría irremisiblemente, me quedé quieto contemplando ese momento final, como goteaba hasta el suelo y a la vez tenia el culo de color escarlata. Se quedó un rato boqueando apoyada en la mesa como pez fuera del agua, hasta que poco a poco fue volviendo en si. Cuando la ayudé a levantarse,  estaba como drogada, con suavidad la llevé hasta el sofá, la hice tumbarse boca abajo, le puse un cojín en la cabeza, le di un beso en cada nalga y le dije que no tardaba nada.

Tiempo de ir a buscar la crema refrescante y volver, me senté en el borde del sofá, el poco de espacio que había, cuando notó caer un chorro de crema en cada nalga suspiró, y más cuando empecé a extenderle la refrescante crema por todas las nalgas magulladas del castigo. Me podría pasar las horas sobándole el culo después de azotarla, pero estuve menos, había otros asuntos que resolver.

Continuará.

jueves, 10 de junio de 2021

Un juego de contrastes. (Por A.)







Tengo que reconocer que la inspiración para escribir esta entrada, está motivada en parte por la entrada del martes del "jefe". Parece mentira como a veces, no somos capaces de ver o darnos cuentas de ciertas cosas, hasta que no nos las explican.

Al leerla, vi muchas cosas, que realmente no había sido capaz de ver o que me habían pasado desapercibidas, cosas que me afectan a mi misma. Tras leerla empecé a pensar en mis vivencias y me di cuenta de algo que se me había pasado hasta ahora. El spanking es un juego sobre todo de contrastes y me voy a explicar.

Pensando bien en todo ello, me doy cuenta que una de las cosas que lo hace tan excitante, pero que es algo que al menos yo no he sido capaz de distinguir nunca en la fantasía, es el continuo ir y venir de sensaciones contradictorias. En un principio fantaseas o al menos yo, con la parte digamos que más dura por llamarla así. Con esa idea de un tío que tenga lo que hay que tener para pararte los pies, que sea capaz de hacer que te rindas y aceptes la consecuencia. Ese tío severo y estricto al que no eres capaz de torear por más que te lo propongas y uses todos tus trucos. En cambio no me había dado cuenta de esos contrastes y lo importantes que son para que el juego salga bien.

Un spanker, no es sólo un tío gruñón y mandón, que te recuerda a cada momento que estás haciendo mal o en que deberías mejoras y esforzarte, que también al menos a mi me gusta, que tenga ese punto paternal/protector. Es también alguien que te escucha y es capaz de discriminar, que sabe perfectamente que puede llevar al juego y que no, cuando quieres caña de la buena y cuando quieres simplemente comprensión, consejo o un hombro en el que llorar y apoyarte. Es que incluso en el propio juego, son importantes esos contrastes, es como si necesitasemos cortocircuitar los sentidos, hasta colapsarlos. Ahora entiendo esos cambios que salen de forma natural, como esa misma persona que te esta provocando un picor inaguantable que por momentos te hace implorar aunque sea mentalmente que pare, en el momento exacto, te da un caricia, que te hace sentir reconfortada, hasta el punto de que ese mínimo contacto borra momentáneamente ese dolor, que te hace tomar aire y acaba por provocarte que quieras más. Me estoy acordando mucho de una frase que me dijo una vez:

"Acepto la responsabilidad, pero eso implica que las cosas se hacen a mi manera o no se hacen...."

 Así debe de ser, durante el juego somos o al menos yo me he sentido siempre el centro de  su atención total, y eso implica que anteponer mi placer y necesidades a los suyos. Nunca la había visto así, pero recordando me doy cuenta que así ha sido en cada juego, esforzándose siempre en mantener ese juego de contrastes vivo, que tiene que ser difícil, hacerte sentir a la vez castigada, dolorida, excitada y protegida. No tiene que ser nada fácil jugar con todo eso, para hacer que pese a todo, la excitación siempre se sitúe en un rango alto, de tal manera que pese a que por momentos no la identifiques y puedan otras sensaciones, baste con unas palabras exactas o un gesto concreto, para que pese a la dureza del momento, te sientas excitada a la vez que protegida y segura. No había sabido ver que eso implica mucho control sobre si mismo, concentración y dedicación hacía mi y me ha hecho recordar mucho una mala  experiencia, cuya única diferencia con lo vivido hasta entonces, es que en un determinado momento me sentí abandonada, por alguien que no supo identificar mis necesidades o se vio superado por el momento y no estuvo a la altura. No fue una cuestión de dolor, fue indiferencia, no me hizo sentir ningún contraste.

Conclusión como decía el jefe azotar sabe todo el mundo, lo que no sabe hacer todo mundo es que al terminar todo te sientas como una masa flácida, agotada, sudada y temblorosa de carne y piel feliz. Para eso se necesita saber jugar con los contrastes.

martes, 8 de junio de 2021

Regresión

 



Un tema muy tabú en estos juegos, es la infancia. A todos nos suele dar como una especie de repulsión, que se pueda asociar con ella. Yo soy de los que piensa que a los monstruos hay que mirarlos a los ojos y taparse con la manta para hacer ver que no está, no soluciona nada.

"Un niño interior vive dentro de nosotros y  el mundo del spanking está lleno de niños traviesos adultos". Gloria Brame. A Different Loving.

Que nuestros juegos tienen un componente regresivo, creo que es indudable y en contra de lo que parezca en ambas direcciones, de hecho creo que toda fantasía sexual o erótica lo tiene, de hecho los juegos eróticos es una de las pocas cosas que conservamos de la infancia, un patio de recreo, dónde jugar, fingir ser y explorar.

La vida infantil está marcada por tres factores. Necesidad de atención y cuidados, juego y descubrimiento del entorno, pero también del propio cuerpo. Ser niño es ante todo necesidad de atención. Y todos sentimos en algún momento el deseo de dejarnos ir y no preocuparnos, ya que alguien va a estar ahí para protegernos y cuidarnos. Eso hace que las relaciones en la infancia con respecto a los adultos sean intensamente afectivas, pero jerárquicas. A un niño se le permite un narcisismo libre de culpa, se les permite ser egocéntricos y caprichosos, jugar con los límites y su única responsabilidad es la obediencia a la autoridad. Toda travesura o vulneración de las normas serán corregidas de forma amorosa y perdonadas.  Esto ¿no os recuerda algo?

A mi si, realmente recreamos ese patrón en los juegos, sólo que con el añadido de una gran carga erótica adulta en ello. Cómo afirmaba antes, esta idea regresiva, no concierne sólo a la parte spankee, la parte spanker también de alguna manera juega, a ser el super héroe, que está ahí para salvar entre sus brazos a la irresponsable spankee que se ha metido en problemas.

Por eso que una de las bases del juego es que ante todo resulte creíble. La autoridad debe ser creíble y tener una determinada actitud; estricto, seguro y ligeramente intimidatorio, pero a la vez comprensivo, cariñoso y atento. De ahí que la actitud y la creatividad sean los atributos más valorados en un spanker. La experiencia es un simulación, pero una simulación que tiene que ser creíble y con sensaciones físicas y emocionales reales, por lo tanto, hay que saber inducir a ese estado regresivo, pero también saber retornar. Creo que a diferencia de otros juegos de cesión del control, en el spanking tenemos mucha facilidad para entrar y salir del  juego de forma rápida. Y eso nos permite explorar zonas de vulnerabilidad, que de otra manera permanecerían bajo llave.

En mi experiencia personal, menos en un caso, el resto nunca sufrieron castigos corporales ritualizados en su infancia, en cambio es curioso como la inmensa mayoría si en algún fue amenazada, con una amenaza incumplida y es posible que esto generase una expectativa y probablemente una ansiedad, que pudo canalizarse a través de la erotización de dicha amenaza. Lo que si es común a toda mi experiencia es una madurez precoz por las circunstancias o simplemente auto impuesta y una necesidad como de reescribir la infancia con atenciones y estructura. Ojo, no estoy diciendo que no las hubieran, simplemente que pudieron ser interpretadas como falta de, sin serlo. Un caso muy típico es el de la chica responsable con hermanos digamos menos responsables, que recibe menos atención, ya que los padres se vuelcan más en los problemáticos.

Lo cierto, es que aunque no nos guste o nos incomode pensar en ello, ahí está y se manifiesta de muchas formas, en un sentido y en el otro. Decir que un determinado tipo de experiencia en la infancia va a conducir inevitable al desarrollo de una determinada fantasía adulta, es una aberración, habrá infancias similares y no la desarrollaran, pero que determinadas experiencias infantiles parecen predisponer, no tengo ninguna duda.

"Anhelo dejar que alguien tome el control, poder permitirme no tomar decisiones, ni preocuparme por cometer errores". 



sábado, 5 de junio de 2021

El examen trimestral.

 




Una vez leí que los juegos divertidos son aquellos que son, constantes, frecuentes, repetitivos y rituales. Y creo que quien lo escribió tiene toda la razón. Lo que no pueden ser nunca es rutinarios y mecánicos y eso quiere decir que el juego importante es siempre el próximo, por más previsible que sea, la habilidad consiste en moverse entre la línea que separan los límites, de los deseos y estirar de ella.

No se cómo se me ocurrió la idea, pero se la propuse y aceptó. Nuestro viejo amigo el cuaderno había perdido un poco su función inicial y prácticamente había quedado relegado a un mero instrumento de dar fe, de los juegos, algo muy simbólico, pero a la vez como mucha capacidad de estimulación. Y me propuse darle un nuevo uso. Cuatro veces al año, coincidiendo con las cuatro estaciones, haríamos una especie de ritual. Como en el cuaderno quedaba constancia, de todo los sucedido esos tres meses, un día sin saberlo le diría que tocaba el examen o revisión trimestral.

Las primeras veces, sirvió de una excusa como otra para jugar y de alguna manera también como recuerdo, de que posición teníamos cada uno, pero a medida que fuimos repitiendo, fuimos introduciendo novedades y acabó por convertirse en todo un ritual, cada vez más elaborado y con más espacio a la incertidumbre. Con el cambio de estación, ella sabía que era inminente, el día de presentar el cuaderno y repasar los tres meses de comportamiento, pero no sabía ni que día, ni cómo iba a suceder. Así que os voy a narrar la última vez y tal vez la más elaborada.

Se lo dije por la mañana, del  mismo día. Un mensaje  simple y claro.

-Estamos casi en verano y aún no hemos hecho el examen trimestral, así que esta tarde lo haremos, prepara tu parte.

Ya no le dije nada más, pero sabía que su cabeza no dejaría de darle vueltas en todo el día, algunas cosas las tenía seguras, pero otras no.

"Prepara tu parte" en realidad no significaba nada más que me esperase en casa, con ropa cómoda y adsequible y que tuviera el cuaderno a mano.

Llegué a casa antes, elegí ese día precisamente por eso, podía escaparme antes del trabajo y teníamos una larga tarde por delante. Ya que cada vez se alargaban más nuestros juegos trimestrales. Al abrir la puerta, me esperaba en el salón, como siempre en el rincón del sofá, se notaba cierta tensión, le di un beso, llevaba un pijama de verano, un pantaloncito corto y una camiseta de tirantes, todo muy juvenil. Como tenía en mente un largo juego por etapas, no vi necesario alargar más la agonía, me senté y le pedí que fuera a buscar el cuaderno.

Me sigue sorprendiendo, la capacidad de persuasión de ese pequeño ritual tan simple, ella va coge su cuaderno, se planta de pie ante mi y empieza a leer y enumerar, las faltas y castigos recibidos durante el periodo de tiempo. Hasta la voz le cambía, se hace pequeña, se ruboriza y se puede palpar la confusión mental de quien expone en voz alta sus pecados. Otra cosa curiosa es la regularidad, tres meses es un lapso de tiempo importante, pero al final el recuento más o menos es idéntico. Entonces me entrega el cuaderno, lo firmo, se lo vuelvo a dar lo firma y permanece de pie junto a mi con el cuaderno, ya cerrado, mientras yo, le suelto un pequeño discurso sobre su comportamiento, incidiendo especialmente en aquellas faltas o castigos, que pueden generarle una mayor perturbación. Aquel día al terminar, el discurso y con ella ruborizada como una cereza, la envié al rincón a pensar. Los codos apoyados en la pared, espalda recta y obviamente sin mirar hacía atrás  y sin moverse.

Evidentemente ahí en su rincón, notó como me levantaba, salía del comedor y tras un par de minutos volvía a entrar y sentarme, me encendí un cigarrillo y me lo fumé con calma. Al terminar la llamé. Se acercó hacía mi decidida pero tímida, en este tipo de juegos no solía oponer resistencia alguna, creo que en su cabeza podía más la incertidumbre y la excitación. En el brazo del sofá, había un reloj de arena. Otra vez frente a mi volví a sermonearla, a medio sermón, le bajé de golpe el pantaloncito corto del pijama y le hice poner las manos sobre la cabeza, para continuar y continué recordándole sus pecados y la necesidad de expiarlos y poner el marcador a cero. Acto seguido me di  un par de palmadas en el regazo, el significado de este gesto es claro y no acepta ningún tipo de confusión, significa que quiero su culo expuesto en mi regazo. Se colocó obediente y con suavidad, los pantaloncitos estaban en los tobillos, la cogí de la cintura, la puse en la posición ideal, pasé suavemente la yema de mis dedo por su piel desnuda, que reaccionó erizándose, entonces paré un momento, le di la vuelta la reloj de arena y empecé a azotarla con mi mano. Tenía 6 minutos por delante, hasta que el reloj de arena completase el ciclo, que iba mirando de reojo, cuando más o menos iba por la mitad del ciclo, y la piel empezaba a colorearse, repentinamente aumenté a un ritmo mucho más rápido y fuerte, durante tres minutos sin pausa. El resultado al completar el ciclo, era todo su culo de un color rojo brillante, uniforme y una piel caliente y sensible.

Entonces busqué algo que había escondido debajo de un cojín, era una caja metálica, que abrí, por el sonido seguro que adivinó que era, ya que la caja  y lo que contenía había sido un regalo suyo. Un viejo termómetro para medir la fiebre de cristal y mercurio, lo agité con fuerza, para que el mercurio descendiera, usando dos dedos separé sus nalgas rojas, lo apunté a su rosa oculta y suavemente empujé, hasta más o menos la mitad, mientras suspiraba. Cuando lo tuvo puesto le dije.

-Ahora vuelve al rincón, cuando estés le daré la vuelta al reloj y si se te cae, vas a tener  un problema.

Se levantó, caminó torpemente hasta el rincón con los pantaloncitos en los tobillos y apretando para evitar que el termómetro cayera. Cuando estuvo de nuevo en el rincón le di la vuelta al reloj  y me levanté esta vez camino del baño. Desde el rincón seguro que podía escucharme, abrir y cerrar el grifo y volver al salón. Me senté, aún quedaba algo de arena por terminar. Cuando terminó me levanté, me fui hacía ella, allí  en el rincón, le quité el termómetro, lo miré, la cogí de una muñeca y la llevé de nuevo al sofá. Su cara se puso blanca cuando vio la pera de enemas de un 1/3 de litro, en una bandeja y un recipiente con agua tibia a los pies del sofá. La solté ahí de pie, con  una toallita húmeda limpié el termómetro y lo guardé en su caja. Me senté, la miré, me suplicó, que eso no, pero un par de azotes en el muslo le dejaron claro, que no tenía más opción. Resignada se tumbó de nuevo en mis rodillas cuando se lo pedí. Le acaricié las nalgas caliente y rojas un rato, mientras le decía, que aquello era necesario y que si se portaba bien, al final tendría un premio. 

Entonces cogí la pera de goma negra, la cargué con agua, lubriqué la cánula, y luego con un dedo su pequeño y oculto agujero, entonces  le dije, que tenia que colaborar y eso significaba que ella misma debía separarse las nalgas y exponer bien su rincón más íntimo, lo hizo además a la primera, yo creo que estaba ya absolutamente rendida. Introduje la cánula hasta el fondo y empecé a apretar la pera, para que el líquido tibio fuera entrando en ella. Vaciada, se la saqué y la volví a cargar, repitiendo tres veces, casi un litro, al terminar de vaciar la última dejé la pera en el recipiente, le quité las manos de las nalgas, le di la vuelta al reloj de arena y empecé a jugar con mis dedos en su coño. Pocas veces, lo había encontrado tan mojado como aquel día, no fue una masturbación simplemente caricias y juegos por  todos los pliegues mientras la arena caía al otro cuerpo del reloj, hasta el último grano. Entonces le di una palmadita en el culo. Se levantó sin decir nada y salió hacía el baño, dejándose los pantalones a mitad de camino. Los recogí y me fui a la habitación, aun habían muchas cosas por preparar.

Sobre la mesilla, puse todo lo necesario. El cepillo del pelo cuadrado, el cinturón de los castigos doblado, lubricante y un consolador típico con forma de bala de 12 cm de largo, negro. Unos 20 minutos después más o menos apareció, abrumada, ruborizada y recién duchada, yo estaba sentado al borde de la cama. La hice desnudarse del todo, la cogí de la cintura y la acerqué a mi entre mis piernas, de pie, le di un beso en la barriga...

-Así, me gusta buena chica, aunque cómo entenderás, ahora debo marcarte el culo, separé más mis piernas, pusé mi mano en la parte baja de su espalda haciendo presión hacia delante y se tumbó sobre mi pierna izquierda con el culo expuesto de nuevo, cogí el cepillo, empecé a pasar la madera fría por su piel, apenas quedaba algo de color de la azotaina a mano, la sujeté de nuevo con fuerza de la cintura y empecé a azotarla con el cepillo. No fue una azotaina muy larga, pero si muy concentrada en la parte más baja de sus nalgas, hasta dejarle como dos ojos de buey de color escarlata uno en cada nalga. Dejé el cepillo y me puse a reseguir el contorno de aquellos dos círculos en su piel con un dedo, mientras con la otra mano sacaba las almohadas de la cama y las ponía en el centro de la cama, antes de hacer que se levantara volví a comprobar su humedad, que volvía a estar en máximos, incluso le metí un par de dedos, los saqué para saborearlos y le dije.

-Levanta y échate sobre las almohadas, ya sabes el culo bien levantado.

Lo hizo, sin rechistar, cogí el cinturón, lo dejé sobre su espalda, mientras le separaba las piernas, lo volví a coger y le dije.

-Serán dos docenas, una desde cada lado.

Levanté el brazo dejando caer el cinturón doblado por detrás de mi hombro y de un movimiento seco lo hice estrellarse contra su piel, prácticamente al instante, apareció una mancha en forma de franja ancha roja sobre su piel.  No le dije de contar, yo mentalmente contaba suspiros después de cada nuevo azote. A los doce cambié de lado de cama, así igualaba, ambas nalgas, la que queda más lejos es siempre la que se lleva la peor parte y cambiado de lado repartía por igual. Doce más desde el otro lado de la cama, cuando terminé con calma, dejé el cinturón en su sitio y le dije, mientras me desnudaba. 

-Quiero ese culo travieso y castigado lo más ofrecido posible.

Se puso de rodillas sobre la cama un momento, entonces apoyó la cara sobre las sábanas con las rodillas también, yo la miraba desde los pies de la cama, mientras me desnudaba, las nalgas marcadas, con los dos círculos escarlatas en la parte baja y las franjas cruzando toda la piel, desde ahí podia ver su sexo entre abierto, brillante, y también rojo. Me subí de rodillas totalmente desnudo en la cama, lo primero que hice fue darle muchos besos por todas las nalgas, el roce de mi barba sobre la piel sensible y castigada la hizo suspirar, pero enseguida empecé a pasarle la lengua desde el agujero del culo, hasta el clítoris y al revés, varias  veces saboreando bien toda su esencia, puse las dos manos apoyadas en sus nalgas muy calientes y sensibles, y hundí mi cara entre ellas, empecé a comerle el culo, primero suave y despacio, dibujando círculos con mi lengua alrededor de el, hasta que empecé a hacer presión con ella como queriendo penetrar su culo con mi lengua, haciendo el movimiento con mi cabeza de dentro a afuera, cada vez más rápido, ella empezó a jadear y entonces paré. Cogí el lubricante y el consolador en forma de bala, lubriqué, mientras un dedo entraba y salía de su culo ensalivado, hasta que llevé la punta del consolador a su estrecho agujero, empecé a presionar, estaba absolutamente relajada, así que poco a poco pero sin pausa fue entrando, abriendo su culo, hasta la empuñadura, entonces lo sujeté con la mano izquierda, para asegurarme que no lo expulsara y empecé a masturbarla con la derecha, vigilando cada síntoma, un par de veces la llevé al borde del orgasmo y justo entonces paraba y vuelta a empezar, la tercera vez jugué a dos manos, una en su coño y la otra jugaba a hacer entrar y salir el consolador de su culo y ahí la dejé correrse, en un orgasmo que mojó las sábanas, fue tan intenso que expulso en consolador de su culo y mis dedos de su coño, por las contracciones y terminó tumbada del todo boca abajo, rendida...

La dejé tomar aire, mientras le daba un pequeño masaje con aceite de coco en las nalgas, pero en cuanto recuperó, le hice agarrarse de nuevo las nalgas y separarlas, su culo nuevamente ofrecido para mi, pero ahora me tocaba a mi y profanar su intimidad, con el mismo aceite lubriqué mi polla y allí tumbada boca abajo le follé el culo con todas mi fuerza hasta correrme dentro y caer jadeante sobre su espalda, mientras apretaba mi pubis contra sus nalgas calientes.

Luego estuvimos un largo rato de caricias y recuperación, de vuelta a la normalidad, tras el ritual y continuamos jugando, ya de otra manera.

Fin.

jueves, 3 de junio de 2021

Control del orgasmo

 



Probablemente, el título de la entrada, lleve a mucho a pensar en un práctica muy propia del BDSM, incluso los más puristas, puede que descarten el sexo convencional, de los juegos y todo es respetable. Pero también es innegable que el spanking no deja de ser un juego de intercambio de control, limitado, espaciado en el tiempo pero lo es y que no más normas que las que se impongan la pareja de jugadores.

Yo, os voy a hablar de mi experiencia personal, por lo tanto limitada y no extrapolable a la totalidad, es lo que me he encontrado yo y punto. Pero por casualidad o no, siempre he dado con mujeres, que digamos han tenido mucha facilidad para llegar al orgasmo, un poco al contrario de lo habitual queja de la mujer "normativa" y su dificultad para llegar. En mi caso y en el spanking ha sido todo lo contrario y eso que puede parecer a priori  una ventaja, puede convertirse en  un engorro. Es más no todas, pero si la mayoría, me han descrito diferencias entre los orgasmos durante el sexo convencional y los orgasmos con un juego de por medio y me han descrito la diferencia de forma idéntica. Cuando hay juegos de por medio, tengo menos, pero más intensos o incluso he descubierto otras formas de llegar, que no había logrado antes.

La dinámica de juegos puede explicar mucho de todo esto. Para empezar, ceder el control y la autoridad es una forma de expiar la culpa sexual, es decir, la mente que es muy sugestionable cree no ser responsable de dejarse ir y eso puede ayudar y mucho a disfrutar sin autocensuras; el deleite de la rendición. Otro factor interesante y que desde fuera igual no se interpreta bien, es el que tiene la posición dominante quien "sirve" a quien está digamos que debajo, evidentemente eso tiene una gratificación, que muchas veces es simplemente mental, pero cuando estás concentrado en un juego, realmente no hay más mundo que ella, por lo tanto se produce una vinculación emocional aunque sea meramente temporal importante. 

Pero para mi lo fundamental, es que es un juego en el que prima la excitación, por encima de lograr un objetivo definido como el orgasmo y eso puede facilitarlos, aunque parezco lo contrario. La excitación, es el objetivo del juego y excitación que incluso se puede definir como dolorosa para uno y para el otro y cuanto más lejos se quiere llevar esa excitación, mas contención, ya que el orgasmo significa volver a empezar o incluso terminar. Somos adictos a las mariposas, a la excitación llevada al límite.

Y ahí es dónde puede entrar eso que hay quien llama control del orgasmo. Durante el juego, no los hay, es un juego puro de excitación, pero sin orgasmo. Hace poco leía que aproximadamente un 5% de mujeres pueden llegar al orgasmo, a través del único estímulo de los azotes, yo no puedo dar fe de ello, pero supongo que sí, que existirá ese 5%, pero el restante 95% no. Entonces para conseguirlo hay que pasar a otros tipos de estímulos. En muchos casos, me he encontrado con una respuesta sorprendente y es que el mínimo estímulo, en ese momento donde aún los efectos de los azotes están presentes (calor, hormigueo, dolor....) es increíblemente eficiente, rápido y provoca unos orgasmos muy intensos. Por ejemplo recuerdo un caso, que simplemente en ese estado una serie rápida de palmaditas en el sexo, sin nada más, era más que suficiente.

Pero como sigo pensando, que lo que se pretende es la calidad por encima de la cantidad, podemos aprovechar esa rendición y cesión del poder para ir un poco más lejos y seguir ejerciendo en el juego posterior al juego, no "permitiendo"  el orgasmo hasta otorgar permiso o "ordenar" pedir permiso para hacerlo. Ambas suelen resultar muy efectivas, alguien en un nivel de excitación erótica tan alta, si tiene que retener puede ser una dulce tortura y suplicar poder dejarse ir del todo, la rendición absoluta. En el otro lado de la balanza tenemos lo contrario, quien se retiene por propia voluntad o por recato y "ordenar" correrse en estos casos suele dar un resultado espectacular.

Así que es algo, una herramienta más que nos proporciona el juego, en ningún caso estoy hablando de restringir o prohibir como parte del castigo, eso sería otra historia, aquí de lo que hablamos es de ceder el control, para que el otro decida, cuando. Puede parecer algo difícil, pero es muy efectivo y aunque pueda reducir la cantidad, el resultado suelen ser unos orgasmos largos, intensos y a veces impensables.

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