sábado, 27 de junio de 2026

El viaje

 



Cuándo por fin nos montamos en el coche, habían pasado ya más de dos horas, de la hora en que tenía pensado salir ¿El motivo? Pues que la señorita, no tenía hecha la maleta aún. 

Así que era imposible disimular mi enfado, nos pusimos en marcha, 4 días de puente por delante, para descansar y disfrutar de la playa. 

La primera media hora de viaje en silencio absoluto, hasta que empezó a hablar o buscarme las cosquillas, según se mire.

- ¿Piensas estar todo el viaje callado y con la cara larga? 

La miré y le dije

- Hasta que se me pase, si.

- Pues vaya aburrimiento de viaje...

- Pues te aguantas, desde el martes que llevo diciéndote que hagas la maleta.

- Joder!!! No he tenido tiempo!!!

- Vigila esa boca y ese tono...tiempo has tenido de sobra y me cansa ya esa manía de dejarlo todo para última hora

- Son 4 días no te viene de un rato!!!

- Eso es tirar balones fuera, pero mejor no sigas la conversación, que lo único que estás consiguiendo es que aún me enfade más.

Tenía puesta la radio , una tertulia política y me la cambió.

- ¿Se puede saber que haces? 

- Poner música, están hablando de las elecciones en Francia y me aburro

- Vuelve a poner la radio dónde estaba, a mí si me interesa y no te vas a salir siempre con la tuya. 

Pasó de mí, se cruzó de brazos y reclinó el asiento, así que cambie de emisora y respondío con un soplido. Durante un rato el viaje continuó más o menos tranquilo, hasta que me volvió a cambiar la emisora. La miré, se había descalzado y tenía los pies sobre el salpicadero.

- Baja los pies de ahí 

- ¿Por qué?

- Primero porque está prohibido, segundo porque si tenemos un accidente y salta el airbag, te puedes hacer mucho daño y tercero y lo más importante porque lo digo yo. 

No me hizo caso y se llevó un manotazo en el muslo que le dejó los dedos marcados, directo en la piel ya que llevaba unos vaqueros cortitos. 

- Si te lo tengo que repetir, te prometo que me paro en el primer sitio y te pongo el culo ardiendo ¿Estamos?

Los bajó, me conoce lo suficiente, para saber cuándo voy en serio. Y seguimos. A mitad de camino más o menos, aún había algo de sol y salí del autopista para parar en un área de servicio poco frecuentada. 

- ¿Por qué paras?

- Por qué son casi las 9, nos quedan un par de horas aún y tengo hambre.

- No lo entiendo ¿tenías mucha prisa por salir y ahora vas a parar? 

- Pues si, mi idea era cenar algo en una terracita frente al mar, pero no a las 11 de la noche pasadas.

- Pues yo no tengo hambre.

- Tú misma. 

Aparqué y paré el coche, me bajé y me estiré. Ella seguía dentro.

- No piensas bajar ¿O qué? 

- No, yo te espero aquí, no tengo hambre.

Ahí ya se me acabó la paciencia, abrí la puerta del copiloto, la saqué a la fuerza y le di un par de cachetes fuertes en el culo.

- Se acabó!!! Desde ahora y hasta que lleguemos te vas a comportar cómo una adulta ¿Está claro? 

Se quedó de pie, con la mirada baja, la cogí de la mano .

- Tira a cenar y no quiero escuchar un sola niñería más. 

Entramos en silencio, cogida de la mano y buscamos una mesa. Ella se sentó y yo fui a buscar algo de cenar, del buffet. De vuelta con mi bandeja ella seguía allí , sentada con los brazos cruzados y enfurruñada. 

- Ve a por algo de cenar...

- No tengo hambre!!! 

Lo dijo levantando la voz y cogiendo una servilleta y tirándola contra la mesa con rabia, por suerte apenas había nadie y nadie se debió percatar de la escena. Cogí aire y con mucha calma le dije.

- Muy bien, no quieres cenar no cenes. Pero tampoco me vas a dar la cena, así que ahora mismo te vas a levantar y te vas al coche. 

Se levantó toda orgullosa y sin decir nada salió. Yo cené tranquilamente, incluso me tomé un café después de cenar para estar despejado para conducir. Cuando estuve salí, el sol empezaba a ponerse ya, pero aún había luz, al llegar al coche, ella estaba fuera, apoyada en el capó, jugando con ele teléfono. 

Fui directo al maletero, abrí mi maleta y cogí algo , que meti en la cintura del pantalón.

- ¿Nos vamos ya o qué?

Me fui hacia ella y la cogí del brazo.

- Acompáñame un momento.

Detrás del aérea de servicio, había un merendero, con una serie de mesas y bancos de piedra bajo una arboleda. Miré un momento mientras la conducía en todas direcciones, un par de camiones aparcados a lo lejos y nadie en el merendero, entonces cogí lo que había escondido en la cintura de atrás del pantalón, era una chancla de playa tipo havaina sin estrenar y empecé a darle con ella mientras caminábamos.

- Ya me has cansado!!! Y te prometo que el resto del viaje vas a ir suave como la seda.

Ella intentaba evitar los azotes, sin fortuna.

- Vale, vale...ya me porto bien...

- Tarde, cómo de costumbre.

Llegué a la mesa más apartada y sin soltarla me senté de espaldas al área de servicio, la puse en mi regazo, a pesar de sus pataleos.

- Cómo no te estés quieta, no te vas a poder poner el bikini, porque te pongo el culo morado...

- Nos pueden ver!!!!

- No caerá esa breva, así verían lo que les pasa a las niñas insoportables.

Empecé a darle con ganas, sobre el vaquero corto, la tenía bien sujeta de la cintura y los pies no le tocaban el suelo, además aquellas chanclas debian picar bastante y gasto un 45 de pie. Pero por experiencia se que cuando empieza a picar de verdad, llega la calma y se acaba el pataleo y la lucha. Entonces paré.

- Pffff como pica...

- Pues acabo de empezar, levanta.

- No por favor, pica mucho y nos van a ver!!!!

- Ya te he dicho que eso me da igual. Levanta!!

Le di un par de azotes más justo donde acababan los vaqueros y se levantó. Nada más hacerlo fui a buscar con firmeza los botones del pantalocito. 

- No, por favor me muero de la vergüenza.

- Vergüenza debería darte la actitud que has tenido hasta ahora.

Ni me lo pensé, la desabroché el pantalón y se lo bajé y detrás el tanga, para volver a ponerla en mis rodillas allí al aire libre, al ponerla vi que ya tenía bastante rojo el culo.

- Menudo descubrimiento acabo de hacer...creo que no las voy a estrenar.

Entonces empecé a azotarla ya con el culo al aire, que todavía sonaba más, desde el primero empezó a moverse y a pedirme que parase y paré, pero para decirle.

- Mire nena, que vas a hacer el resto del viaje con el culo ardiendo, es una certeza, de ti depende si más o menos , si te estás quietecita acabaremos antes. 

Nada más decirlo continué con la zurra, y se estuvo bastante quieta aunque por momentos no podía evitar moverse. Bajé un poco la intensidad de la azotaina y ya si empezó a anochecer, y decidí que era suficiente. 

La hice levantarse, tenía el pantalón y el tanga en los tobillos. Le froté un poco el culo.

- ¿Te vas a portar bien el resto del viaje? 

- Si...-me dijo con voz aniñada -

- Más te vale

Le subí el tanga y el pantalón, pero no sé lo abroché. La cogí de la mano y fuimos para el coche, al llegar le di al mando para abrir las puertas y ella abrió la del copiloto. 

- ¿Dónde vas?

- Al coche..

- Si, pero las niñas van detrás.

- Pffff...

- ¿Te has quedado con ganas de más?

- No...no...

- Pues espera a entrar.

Fui al maletero y cogí dos toallas, una la puse sobre el asiento de atrás , abrí la puerta y antes de hacerla entrar le volví a bajar el pantalón y el tanga, hasta los tobillos. 

- Ahora sí, siéntate y ponte el cinturón.

Lo hizo y entonces le puse la otra toalla en las piernas.

El resto del viaje fue cómo la seda, lo único es que no dejaba de moverse intentando encontrar una posición cómoda.

Finalmente llegamos a destino, aparqué en un parking y antes de bajar le di permiso para subirse la ropa, descargamos maletas y mis fuimos para el apartamento. De camino pasamos frente a una heladería...

- Mmm me apetece un tarro de helado!!!

- ¿Ahora sí tienes hambre? Pues no hay helado.

Le di las llaves del apartamento y le dije.

- Sube y ponte el pijama, que voy a llamar a los del apartamento para decirles que hemos llegado. 

No dijo nada y subió. 15 minutos más tarde subí yo, que tenía otra copia de las llaves, cuando entré, estaba en el cuarto de baño, de espaldas al espejo, con el pantalón del pijama bajado mirando cómo tenía el culo.

- Aún está bastante rojo y hace un rato ya, me parece muy interesante la chancla esta.

- Pues a mí no, me quema aún!!!

- Así aprenderás a comportarte 

La cogí de la mano y la llevé para el sofá, en la mesita había una bolsa. La tumbé en mi regazo otra vez...

- Vamos a ver cómo está este culo travieso.

Entonces abrí la bolsa y saqué un tarro de helado y una cucharilla de plástico.

- Toma anda, si en el fondo te malcrío...

- Gracias!!!! 

Y allí tumbada en mis rodillas empezó a comerse el helado, mientras yo pasaba muy suavemente mis dedos por sus nalgas...



sábado, 13 de junio de 2026

 




Un agarre firme en tu brazo te guía por la habitación. Firme, guía, no violento, simplemente autoritario. Justo como a veces lo necesitas.


- Al rincón ahora mismo!!. Y ya sabes cómo 


No es necesario decirle más, ya sabes cómo Manos detrás de la cabeza, nariz pegada a la pared. Y falta el que toque final. Un tirón seco y firme, te baja El pantalón del pijama primero y las braguitas despues "las niñas traviesas no tienen derecho a la modestia" una frase grabada en tu cabeza.

- Y no te muevas.


Me oyes alejarme y la puerta del baño se abre. El grifo se enciende y el agua empieza a correr. Unos instantes después, escuchas mis pasos que se acercan.


-Date la vuelta. Abre la boca y saca la lengua 

En mi mano derecha una pastilla de jabón y en la izquierda una toalla pequeña. El jabón frota varias veces sobre la superficie, dejando una capa y ese sabor que detestas, y luego la pastilla se desliza cuidadosamente más adentro.


- Aprieta los dientes y vuelve cara a la pared. Ahora.


Sabes perfectamente por qué estás aquí ahora mismo. Por esa manía tan tuya de hablar antes de contar a tres y que en algún momento has acabado con mi paciencia 


Aunque parezca una eternidad, sabes que solo son un par de minutos. Entonces escuchas de nuevo mis pasos, mi mano vuelve a agarrar tu brazo.

Plas, plas. Un par de azotes sobre tu culo desnudo resuenan en la habitación, a los que siguen un docena más, que empiezan a picar. Haciéndote morder el jabón. Pero te mantienes en posición a pesar de mover las caderas inconscientemente tratando de evitar los golpes.

Entonces mi mano toma tú muñeca haciendo que bajes el brazo y te conduce  al baño. Caminas con dificultad , con el pantalón del pijama y las braguitas en los tobillos hasta llegar frente al lavabo. El grifo se abre, empieza a fluir el agua. Te quito la pastilla de jabón, la sumerjo en el agua, la froto para producir más espuma.

- Abre la boca 

En un principio te niegas, pero un par de azotes te hacen cambiar de idea.

Más enjabonamiento. Es vergonzoso y deagradable. Pero solo dura unos segundos hasta que la barra vuelve a tu boca. Y te pongo las manos apoyadas en el lavabo.

- Mira al espejo.

Ahí estás sosteniendo la pastilla de jabón, con los dientes, mientras mi mano empieza de nuevo a darte una rápida tanda de azotes


- ¿Sabes por qué estamos aquí?


Asientes con la cabeza afirmativamente, pero no me puedes responder con la pastillas de jabón en la boca, te la quito

-¿Por qué estás aquí ?

- Por contestar mal -respondes.

- Bueno, eso sería un resumen muy simple, la realidad es que no es por una única mala contestación, es por un cúmulo de ellas, entiendo que estás semanas han sido difíciles y con mucha presión y estoy muy orgulloso de los que has logrado y de lo mucho que has trabajado para conseguirlo, por eso estás semanas he sido tan "comprensivo" y te he pasado, malas contestaciones, mal humor, tus enfados con el mundo, pero hasta aquí, a partir de ahora se acabó, ya no tienes excusa, para comportarte como una cría insolente.

- Ya puedes enjuagarte. 

Espero que lo hagas, dejó que te tomes tu tiempo. Cuando estás, te vuelvo a coge de la mano y te llevo de vuelta a la habitación, y de nuevo al rincón, ahora de rodillas , manos sobre la cabeza. Salgo un momento de la habitación, dejo la puerta abierta, voy a arreglar el baño. Y al terminar cojo el cepillo del pelo cuadrado que cuelga tras la puerta del baño, entró en la habitación, lo dejo encima de la mesilla, y me siento en el lateral de la cama. Te llamo. Te levantas y caminas hacia mi, te quedas de pie delante de mis rodillas. Te miro y bajas la mirada. No digo nada, otra vez firmeza y autoridad, te cojo de la muñeca, y hago que te inclines sobre mi pierna izquierda, al momento pongo mi pierna derecha encima de las tuyas para bloquearlas. Entonces te cojo con ambas manos de la cadera y tiro de ti hacia arriba, para tener tú culo perfectamente expuesto. Al terminar alargo la mano derecha y cojo el cepillo. 

Empiezo a jugar con el, lo paso por tu piel, aún tienes mis dedos grabados en rojo, de los azotes en el rincón y el lavabo. De repente mi mano izquierda aprieta cadera y el cepillo, empieza a caer sobre tus nalgas desnudas, el ritmo es constante, alterno cachete y cachete y voy repartiendo los azotes por todo el culo. Poco a poco la piel se va enrojeciendo, hasta que paro y vuelvo a pasar el cepillo suavemente por la piel, escucho tú suspiro, pero no estamos aún, es sólo un respiro antes de la traca final.  Que no tarda mucho en llegar, el cepillo empieza a castigarte de nuevo, ahora ya ataca con precisión, ese punto donde las nalgas y los muslos tienen su limite, los azotes caen unos encima del otro en la misma zona, creando dos círculos de un rojo que va oscureciendo en cada nuevo azote, empieza a costarte mantener la compostura, ya no son unos azotes juguetones, es un castigo, un castigo severo, empiezo a notarte exhausta, pero voy un poquito más allá, sólo un poco y entonces me detengo de golpe. Dejó el cepillo sobre la mesita de noche y dejó por un instante que sientas el escozor del castigo, la piel palpitante y el calor que quema. Mi mano izquierda se mete por dentro de la camiseta y te acaricia la espalda y la derecha los muslos, sin tocar el culo de momento. 

Un rato después, empiezo a pasar mis dedos muy suavemente por tus nalgas, sólo rozándolas y a la vez aflojo el bloqueo sobre tus piernas, hasta quitar mi pierna de encima de las tuyas, entonces te separo las piernas y mis dedos suben por la cara interna de tus muslos, hasta llegar a tu sexo, estás empapada, como cada vez que te pongo el culo como un tomate, te lo hago saber mientras paso uno de mis dedos, por la rajita inundada, entonces de repente agarro tu sexo con toda la mano, empiezo a frotarlo, y tú a gemir, ya no hay vuelta atrás, te empiezo a masturbar sin miramientos, dedos que entran y salen, azotitos en tu sexo, y vuelta a empezar, ya no paro hasta hacerte correr sobre mi pierna y con el culo en llamas, mojada, jadeante, castigada y rendida.

Un rato después vuelves a estar en el rincón está vez en el salón, antes de había puesto un poco de crema en el culo. Entonces me levanto, de cojo otra vez de la mano y volvemos al baño, pero está vez te meto en la ducha, para enjabonarte todo el cuerpo y volver a jugar un poco con el.




martes, 9 de junio de 2026

Porqué me gusta sentirme castigada (Por Laura)

 



Cuando hablamos de placer todo el mundo piensa en el físico, dejando atrás el, para mí, más importante. Creo que todo empieza en la mente y es ella la que guía nuestro placer a ciertas zonas del cuerpo.


Con el spanking y la disciplina doméstica, es donde más lo noto. 

Si no hay un antes, no hay nervios, contradicciones, sensaciones, sentimientos, no hay placer en los azotes.


Para mí, azotar por azotar carece de sentido.


Me gusta la travesura previa, llena de nervios, nervios que gustan pero a la vez nervios de "la estoy cagando y voy a cobrar". 


La mirada de esa persona, diciendo a través de ella lo que se avecina. Hace temblar a la vez que hace que las bragas se caigan al suelo solas.


El regaño. Sentirse regañada como una niña pequeña o como una mujer que no ha hecho bien las cosas y alguien la tiene que corregir.


 La vergüenza de ello, de estar en el rincón, de copiar o cualquier cosa semejante. 


La azotaina. Llena de sentimientos. Esa que nos ayuda a soltar la culpa y la rabia contenida. Esa que nos hace respirar profundamente como si fuera al primera vez que lo hacemos.


Hay quien nos considera masoquistas... Yo prefiero decir que sabemos escuchar a nuestra mente. 


Cuando aún pasándolo "mal" con dolor, vergüenza, humillación, temor, nervios... Nos da excitación, ganas y un empujoncito que nos hace llegar siempre a nuestro mejor sitio, sobre las rodillas de esa persona. 


Porque no hay nada más valioso que saber escuchar los deseos de la mente... Aún a riesgo de no sentarnos cómodamente en días.

martes, 2 de junio de 2026

Las ondas de transmisión del spanking

 



En cualquier tipo de relación erótico afectiva es básica la comunicación, el saber cuando el otro tiene ganas o cuando no. Esto que parece muy básico, en el caso del spanking y para mí una comunicación directa, pues le quitaría la gracia al juego, así que optamos por una comunicación indirecta que es en parte la gracia misma del juego, voy a intentar explicarme.


Para mí una actitud, infantil, caprichosa, indolente, impertinente, insolente e insoportable en una persona adulta, me dice que o bien esa persona es  gravemente inmadura o que es spankee. Cuando alguien que es spankee se pone en esa actitud insoportable, te está haciendo saber que se sube por la paredes, que necesita irse a la cama con el culo caliente. Te lo está comunicando pero no te está obligando, tú decides si entras al trapo o no, y si ve que no desistirá y entenderá que estás a otra cosa.


En el caso contrario pasa igual, si yo vuelvo de la cocina, en plan: Madre mía como tienes la cocina, ya puedes ir a recogerla inmediatamente. Ahí estoy expresando un deseo de juego, podría recogerla yo, si tanto me molesta, pero no tiro el anzuelo y la respuesta me dirá si pica o no, si responde en plan " que pesado eres ya la recogeré más tarde" significa una cosa y si te dice " no estoy para juegos ahora" significa otra.

Esto es una forma de comunicación muy especial y divertida y además en estos casos el castigo no tiene propósito de enmienda de la falta, es decir los azotes no van a corregir ese comportamiento infantil que se va a seguir reproduciendo, y si realmente te molesta que alguien no recoja la cocina, lo que haces es hablar y decirle que te molesta y no jugar con ello.

Hasta aquí, creo que se entiende. El problema es que en esta comunicación hay zonas grises y en especial en los juegos de Disciplina Doméstica. Ahí sí se pueden dar circunstancias que no sean buscadas conscientemente y que si tiene cierto propósito de enmienda. Por ejemplo, una multa de tráfico, nadie va incumpliendo el código de circulación de forma consciente para jugar, pero entiendo que dentro de un juego de disciplina doméstica hay un margen de intervención para estas cosas y que en estos casos, sea posiblemente cuando más sensación de castigo real se tiene.

Y esta es la parte delicada que hay que tratar antes de. La comunicación anterior es evidente, hay provocación de una u otra parte, y según la reacción a esa provocación una reacción esperada. En la zona gris no, ya que no es un provocación consciente, por lo tanto debe ser algo conocido , en plan si pasa esto hay consecuencias y esas consecuencias incluyen un propósito de mejora , de no repetir al menos durante un tiempo la falta. Por eso digo que estás situaciones de zona gris, también son las que más sensación de descontrol generan, en las otras es algo buscado, en estas es algo sobrevenido. 

Para mí el equilibrio está en saber gestionar también esas situaciones de zona gris.

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