martes, 18 de enero de 2022

Conversaciones en bucle.

 



No sé si os pasa, a mí es inevitable. Cada vez que tengo un conversación larga con alguien que comparte mi fantasía, aunque la conversación se inicie por motivos del todo ajenos, al final siempre se produce algún giró en ella, que nos lleva a hablar del nexo en común. 

Tal vez, el hecho que esto sea algo que no podemos hablar con cualquiera, sea el motivo. Lo cierto es que estas conversaciones suelen ser muy liberadoras, cómo si en cierta manera hubiera mucho que soltar aunque ya lo hayas soltado en otras ocasiones.

En esa conversación a la que me refiero salieron muchos temas recurrentes. Reírnos de nosotros mismos y nuestros gustos, algo que siempre viene bien. Salieron esos recuerdos borrosos algunos de infancia, cuando ya nuestra cabeza nos empezaba a dar alguna pista de a dónde nos conducía. Hablamos también de esas palabras tan perturbadoras, a las que hubo que darle un sentido, sentido que aún las hizo más perturbadoras.  Volvimos a incidir sobre nuestro principal miedo, el miedo a ser juzgados y ser tachados de perturbados. Pero gran parte de esta parte de la conversación, se fue a cosas  más superficiales pero no por eso menos interesantes. Hablamos de esa extraña conexión del erotismo con la vergüenza en los juegos. De todos esos pequeños gestos o variaciones que consiguen tocar esos resortes ocultos que irremediablemente condicen a la rendición. Hablamos del lugar del dolor en todo ello y de esa desinhibición pasiva tan presente en el post juegos. De la necesidad de tener límites claros, en lugar de incertidumbres oscuras y que no hay más libertad, que la de poder elegir a quien ceder el control.

Seguramente todos estos temas habían salido en conversaciones anteriores y seguro volverán a salir en futuras. Supongo que la seguridad de saber que digas lo que digas, la respuesta va a ser un "no sabes cómo te entiendo" o " a mí también me pasa" es lo que lo debe provocar. Eso y la natural curiosidad a saber que siente y cómo siente desde su rincón el otro lado.

sábado, 15 de enero de 2022

Nieve caliente.

 




La época que va desde Navidad a Semana Santa, suele hacerse muy larga, sin festivos en medio y coincidiendo con los días más fríos del año. Así que decidimos escaparnos un fin de semana, para desconectar. Nos dejaban una casa de pueblo cerca de Covaleda, en plena Sierra de Urbión, en Soria, y a pesar del frío que seguro encontrábamos, no nos lo pensamos. 

Salimos el viernes después de comer, no nos dió tiempo a mucho ese día. Viaje, instalarnos y descansar. Teníamos todo el sábado por delante. Amaneció menos frío pero nublado, mientras ella preparaba las mochilas para hacer una ruta, yo fui a hacer algo de compra con el coche para pasar la noche y desayunar al día siguiente. Y cuando el día hubo levantado algo, cogimos las mochilas, nos calzamos las botas y salimos de ruta, por los bosques de pino, a disfrutar de la naturaleza.

Sobre medio día empezó a nevar, primero suavemente, pero enseguida empezó a caer una nevada copiosa y la nieve a cuajar, lo más prudente era abortar la ruta y volver. Aún así cuando llegamos había ya un palmo de nieve en el pueblo y seguía cayendo.

Entramos en la casa, la típica casa de pueblo de piedra, madera y adobe. En la planta baja había cómo dos salas, una que hacía Blas veces de recibidor y que daba acceso a una gran sala que era cocina y comedor a la vez, con una enorme chimenea, esa sala daba a un patio interior, con un porche una mesa y bancos. En el piso de arriba estaban las habitaciones y un enorme baño. 

Nada más entrar nos quitamos las botas y los abrigos, había dejado la calefacción puesta y la temperatura era muy agradable. Pasamos a la sala de la chimenea y ella se tiró en el sofá ocupándome todo, poniéndose una manta en los pies. Yo salí un momento al patio y volví con un puñado de leña, que dejé junto a la chimenea. Y empecé el ritual de encender la chimenea. 

- Joder no hay cobertura

- No me extraña con la que está cayendo.

- Que putada quería enviarle las fotos a María.

Se levantó y empezó a moverse buscando cobertura.

- Igual arriba 

Los peldaños de madera crujieron al ritmo de sus pasos. La escuchaba caminar por el suelo de madera, mientras yo soplaba intentando que el fuego se avivara. Cuando volvió a bajar, ya chisporroteaban tres grandes astillas de madera.

- Bueno esto ya está y deja el teléfono en cuanto pase la nevada seguro que vuelve la cobertura.

- Ahora, ahora....

Estaba apoyada en la puerta que daba al patio. 

- Joder no carga...

- Es que chica si hay poca cobertura las fotos pesan mucho, ya lo harás cabezona!!!!

Se le dije en plan jocoso, sin mala intención y su reacción fue tirarme el móvil, que cogí al vuelo.

- Se puede saber qué haces?

- Y tu? Yo no te ha faltado al respeto.

- No? Te parece que tirarme el teléfono no es faltar al respeto, si lo sé dejo que se estampe contra la chimenea. 

- Total sin cobertura no sirve de nada.

- Que te ha dado con la puñetera cobertura? Mejor si no hay así desconectamos. 

Me metí el teléfono en el bolsillo.

- Devuélveme el teléfono. 

- No, otra vez te lo pensarás dos veces antes de sacar la furia. Cuando estemos en casa ya te lo devolveré.

- Que te lo crees tú?

Se acercó con la intención de cogerme el teléfono, pero no la dejé. 

- Es mi teléfono joder!!!!

- Si no lo llego a coger al vuelo, no tienes teléfono, así que confiscado. 

Entonces cogió un atizador de la chimenea y le dió un golpe a la leña haciendo saltar un montón de chispas. 

- Hasta aquí hemos llegado. 

La cogí del brazo y empecé a soltarle azotes con ganas apuntando al culo y los muslos, que la hicieron saltar. 

-  Se acabó la tonteria. Aquí quietecita hasta que te tranquilices. 

La puse a un lado de la chimenea mirando la pared.

- Pon las manos en la espalda!!!!

Al hacerlo se llevó un docena más de azotes con la mano mirando la pared. 

- Y ahora cuando te calmes vamos a hablar muy en serio.

La dejé me fui a buscar una cerveza y me senté a mirar el fuego. Durante un rato estuvo en silencio, hasta que de repente, dijo.

- Devuélvemelo!!!

Levanté la vista y se había dado la vuelta de brazos cruzados. La miré y con voz suave le dije:

- Nena vale ya 

- Es mi teléfono joder.

- No habérmelo tirado.

- Es mío hago con el lo que quiero.

- Cuando me afectas a mí no. 

En ese momento saqué el teléfono del bolsillo mostrándoselo.

- Lo ves, pues no lo voy a llevar encima todo el rato, ni lo voy a esconder.

Me levanté y me fui a la repisa de encima de la chimenea. 

- Lo voy a dejar aquí, eso sí sólo vas a mirarlo si te portas bien y te doy permiso, está claro? Y date la vuelta y ponte a mirar un rato la pared en silencio a ver si te calmas, estamos?

- No puedes quitarme el teléfono

- Ya ves que si puedo y no te lo voy a decir más cuenta las piedras cara a la pared!!!

- Pues dame el teléfono. 

Y ya se acabó la paciencia, me fui para ella y la cogí de la oreja tirando para el sofá.

- Sueltas me haces daño!!!

- Si colaboras  será más fácil.

Con firmeza me fui hasta el sofá, la solté para sentarme y se quedó de pié con la mano en la oreja. 

- Tranquila que te aseguro que en un rato no te acordarás de la oreja. Ponte en mis rodillas.

- Pero por qué?

- Aún tienes la cara de preguntar?

Tirón y a mis rodillas, no se resistió más que de voz eso sí no paraba de quejarse e insistir con el puñetero teléfono, hasta que empecé a azotarla con más ganas que nunca y cuándo hubo recibido unos cuantos se quedó callada por fin. Generalmente empezaba de forma progresiva e iba aumentando con el tiempo, pero aquel día no, desde el principio mi mano se estrellaba contra su culo rápido y con toda la intensidad que podía, eso hizo que en poco rato me cansara, además las gruesas mallas térmicas que llevaba. Sin darle tiempo a nada.

- Levanta. 

Se levantó y empezó a frotarse el culo.

- Acércate

- Pffff hace frío.

- No te proecupes que te voy a dar calor.

En cuanto la tuve al alcance le bajé las mayas sin prisa hasta los tobillos. Al levantar la vista sorpresa.

- Y esto?

Le dije señalando unas braguitas de algodón a rayas blancas y rosas, que no se correspondían nada con su ropa interior habitual.

- Es que tenía que venir preparada para le frío.

- Bueno te aseguro que no te van a hacer falta.

Y se las bajé hasta los tobillos también. La cogí de la muñeca y la guié otra vez a mis rodillas, nada más ponerse levanté ligeramente mi pierna derecha, usando ese viejo truco de spanker de la pierna derecha apoyada sobre el pie plano y la derecha sobre la punta, elevando un poco más el culo que ya tenía un rosado uniforme. La sujeté de la cintura y mi mano empezó a caer en su piel desnuda. 

La imagen era bucólica, ella en mi regazo con el culo desnudo, el sonido de los azotes constantes y rítmicos y de fondo las llamas de la chimenea. No tardé mucho en ponérselo bien rojo y me detuve. 

Antes de hacerla levantar le dije:

- Tu actitud de esta tarde es totalmente inaceptable, infantil, impertinente, insolente y desafiante, no lo voy a permitir, así que el mensaje va a ser claro y sin lugar a dudas. Ahora te vas a levantar, vas a subir arriba y me vas a bajar el cinturón marrón y el cepillo. 

Le di un par de azotes antes que se levantará.

- Vamos, o se te va a enfriar el culo. 

Se levantó, ya no hubo protestas no desafíos, simplemente se dió media vuelta y caminó hasta la escalera, yo la seguí con la vista, la imagen de verla subir las escaleras con los leggins y las braguitas en los tobillos y su culo bien rojo era muy graciosa. 

Mientras la esperaba enrollé la manta en forma de rulo y la puse sobre el brazo del sofá. 

La escuché bajar, se acercó a mí con el cepillo en una mano y el cinturón doblado en la otra, se los cogí, dejé el cepillo en el sofá y tomé el cinturón, lo desdoblé y lo volví a doblar a mí medida, le indiqué la posición, doblada por encima del brazo del sofá, las piernas juntas y estiradas apoyando solo la punta de los pies en el suelo y el cuerpo descansado en el sofá. El brazo con la manta debajo hacía que el punto más alto de su cuerpo fuera el culo. 

Al colocarse empecé a pasar el cinturón por su piel.

- Estaba pensando en un número, pero se me ocurren números demasiado altos, así que sobre la marcha.

Sonó cómo un trueno el primer azote, el sonido del cuero, seguido de un suspiro. Los azotes fueron cayendo a distintos ritmos, a veces espaciados, otras seguidos y constantes, para volver a espaciarlos. No sé cuántos le cayeron pero más de 50 seguro, dejando grabado en su piel un bonito cuadrado que me cogía casi todas las nalgas de color rojo muy intenso. Dejé el cinturón y pasé mi mano por sus nalgas, muy calientes.

- Joder quema....

- Otro día me vuelves a tirar el teléfono...

- Pffffff 

- Y no creas que te vas a librar del cepillo, sólo que voy a ser bueno y te voy a dejar descansar un rato cara a la pared.

Le di un cachetito en el muslo o lo que es lo mismo la orden de levantarse. 

Se levantó.

- Venga a mirar la pared un rato, ya te avisaré cuando te toque el cepillo.

Se cruzó de brazos, se estaba revelando aún? Entonces vi que había dejado de nevar y se me ocurrió. La cogí del brazo y la llevé hasta la puerta del patio, antes de salir, me agaché y le subí las braguitas y los leggins hasta justo por debajo del culo, abrí la puerta cogiéndola del brazo otra vez caminamos por debajo del porche y justo donde terminaba había un banco cubierto de nieve nueva. 

- Siéntate ahí.

Me miró con cara rara.

- Siéntate y cuando te refresques te espero dentro. 

Me la quedé mirando, cómo sentaba su culo caliente con mucho cuidado sobre la fría nieve que cubría el banco, la primera expresión fue de cierto alivio...

- Te espero dentro tu decides.

Y allí la dejé con su culo fundiendo la nieve del banco.  Entre cogí una silla la puse frente a la chimenea y dejé el cepillo en el suelo.

No tardó en entrar.  Y se fue directa a la chimenea en busca de calor, la dejé un instante pero enseguida la llamé. Se acercó poniendo morritos. 

- No cuela nena, ya sabes dónde te quiero.

Y rendida se puso sobre mis rodillas en la silla. Nada más colocarse empecé a pasarle la mano por ambas nalgas, tenía el culo helado, mojado y eso sí rojo. 

- Voy a ser bueno y te voy a secar a mano, pero cuando termine te pediré el cepillo para terminar.

Empecé a azotarla con la mano, muy progresivamente, el frío ya hacía que los sintiera especialmente dolorosos, hasta que poco a poco su culo se fue secando y entrando en calor. Entonces le pedí el cepillo que estaba a mis pies. Lo cogió y me lo dio. Volví a levantar un poco mi pierna izquierda para dejar bien a mí alcance, la parte dulce del culo, que fue dónde le apliqué una buena dosis de cepillo. Al terminar volvía a tener el culo ardiendo.

- No sé si hacerte ir a sentar otra vez a la nieve.

- Al final me voy a resfriar....

- Si tienes razón, ponte otra vez en el brazo del sofá, que voy a buscar la crema.

Se levantó y yo también, recogí el cinturón y el cepillo, subí a por la crema y algo más. Al bajar volvía a estar sobre el brazo del sofá en posición.

Lo primero que hice fue bajarle las mallas y las braguitas hasta los tobillos otra vez. Y empecé a hacerle un suave masaje con crema en las pobres nalgas. En ello estaba cuando estornudó.

- Ya he hecho bien en cogerlo.

Saqué una cajita metálica de un bolsillo lateral, por el sonido sabía perfectamente que era el estuche del viejo termómetro de cristal. 

- No es cuestión que te resfries nena, así que vamos a comprobar, si coloboras será más fácil.

Ese colaborar significaba, que ella debía mantener separadas con sus manos las nalgas y exponerse lo más posible. Lo hizo, lubriqué un poco el termómetro, lo agité y llevé la punta despacio a su culo, al notar el cristal duro y frío se contrajo un poco, esperé que se relajara y el termómetro entró en su recto. Mientras esperaba me dio por llevar mis dedos a su coño y descubrir lo mojada que estaba.

- Mmmm cómo estamos no?

Su respuesta fue un suspiro, y mis dedos empezaron a moverse jugando en su sexo. Sin dejar de hacerlo, le quité el termómetro.

- Pues no tienes fiebre es sólo calor local y para eso tengo vacuna.

Mi mano dejó su coño, para desabrocharme el pantalón, bajarme el bóxer, guiar mi polla a su coño,  y follármela allí en el brazo del sofá con el culo en llamas, cómo las de la chimenea. 

Y ya no paramos de jugar el resto de la tarde, no podíamos hacer otra cosa, del teléfono ni se acordó.












jueves, 13 de enero de 2022

Rápida realidad (por H)

 



El blog de Hache,  fue uno de los primeros blogs de spanking en español que encontré y en su momento era blog que devoraba,  por desgracia de quienes nos deleitábamos con el, esta ya a la deriva hace años. Es un blog de spanking, pero para leer entre lineas. La entrada que os cuelgo hoy, narra un juego y su desarrollo, pero guarda dentro todo un mensaje oculto y moraleja, mas de un@ pondría tomar nota. Que lo disfrutéis vale la pena.

"La impaciencia siempre corre más que los acontecimientos.

Andaba yo reclamando atención, imaginándome en una espera larga y desconsoladora cuando se me ocurrió gritar alto, claro y gráfico. El título no dejaba lugar a la duda, hasta el idioma acompañaba, consciente como soy del estilo anglosajón que la mano que me guía destila.

Escribí mi post demandante, mandé un correo avisando de que había buenas nuevas porque aunque anteayer fuera el día de los santos a este blog muerto hace tiempo que dejamos de traerle flores. Satisfecha empecé a figurarme la respuesta intentando ponerle freno a la ficción ya que conozco mi tendencia a desbordar fantasías.

Diez minutos después de mandar el correo informativo tocó ir a casa a comer, decidí que en los postres le despertaría la curiosidad con la sencilla frase "te he mandado un correíto" (Está bien, lo asumo, a ratos parezco una spankee de telenovela cursi)pero pasó que con el estómago lleno siempre veo las cosas de otra manera y lo único que veía era una reconfortante cabezadita antes de tener que volver a mis obligaciones laborales. Decidí posponer diálogo y consecuencia.

Me disponía tan feliz hacía la cama cuando me encontré al lobo feroz sentado en ella. Juro que si llego a oír ¿Dónde vas caperucita? no me hubiera sorprendido tanto como me sorprendió verme en segundos con el pantalón del pijama a media pierna. Cayeron los azotes entre una retahíla de regaños y excusas. En no sé que momento una zapatilla apareció en su mano mientras yo aparecía en sus rodillas. La picadura de los azotes anula mi razonamiento y soy incapaz de dar una respuesta correcta a cualquier pregunta, lo que me valió el premio de unos cuantos extras. Hasta que no terminó la ráfaga y me noté a salvo no pensé en la rapidez y eficiencia con la que había cumplido mis deseos ¿estúpidos deseos? me preguntaba desde el calor de mi trasero.

Has leído el correo y el post ¿no?

¿Me has mandado un correo?

Cuando una pregunta contesta a otra pregunta algo va mal.

¿Pondría ser cierto? ¿Podría ser que otra vez, hubiera hablado de mas?. No solo era cierto, sino que la impaciencia de nuevo me puso en evidencia. En una de estas aprendo a callarme y mirar la realidad con los ojos que bien merece. Dar las gracias por un castigo, siempre me ha parecido parte del castigo, esta vez me sonaron a premio."

martes, 11 de enero de 2022

Poder, control y autoridad

 




Creo que es capital distinguir entre estas palabras para entender el juego.

El poder es un fenómeno político, económico y social que a menudo implica afirmación de superioridad en beneficio propio. El control y la autoridad es la aceptación del ejercicio de un poder limitado en beneficio común. 

Aquí creo que está la clave, el juego del spanking es un juego de intercambio de control, no de poder. El spanker no tiene el poder en el juego, tiene el control y la autoridad además por un tiempo limitado y con el objetivo que ese intercambio sea placentero para los dos. 

Si parece existir una necesidad, incluso diría anhelo de autoridad por la parte spankee. Dejar que por un rato alguien tomé el control, poder permitirse no tomar decisiones , ni preocuparse por los errores. Además el anhelo de autoridad es una forma muy eficaz de desinhibirse y no tener culpa sexual. El placer de la rendición parece ser en muchas personas un potente afrodisíaco sexual y un espacio dónde escapar de responsabilidades presentes y pasadas. 

Además toda esa puesta en escena ocurre en un espacio sagrado y lo sagrado es sagrado, con lo que esto implica de un código no escrito, que incluye cosas cómo no dañar o no abusar de la autoridad concedida.

El proceso de aceptación de la autoridad sigue un patrón. 

- Placer intelectual ( saber que se necesita)

- Placer estético (saber cómo hacerlo)

- Y finalmente placer físico. 

Y esto va en doble sentido, la excitación de la spankee retroalimenta la excitación del spankee. En realidad el spanker es sumiso de los deseos de la spankee. Aunque tiene el control y la autoridad para retorcerlos más y más, por ejemplo jugando con los ritmos a conceder o retener, para conseguir que quien realmente tiene el poder se confunda y crea perderlo. 

A fin de cuentas estos juegos son extensiones pervertidas de las dinámicas de poder en nuestras sociedades. 

Una válvula de escape muy efectiva, para no sólo escapar de esa presión sino que además vengarse de ella. Al teatralizarlas y obtener excitación y placer sexual de ello.

sábado, 8 de enero de 2022

Priorizar.

 



- Si está muy bien, gracias.

Le dije sin levantar la vista del libro que había empezado a leer.

- Ahora será mucho más fácil encontrar algo, he ordenado la caja y he tirado muchas cosas 

- Muchas gracias, pero tú tiempo en el rincón no va a empezar hasta que estés callada y en el rincón. 

- Pfffffff 

Dio un pisotón en el suelo a la vez que resoplaba y se dió la vuelta para mirar la pared.

- Las manos detrás de la espalda.

Segundo soplido, pero las manos quedaron entrelazadas en su espalda. Un instante después cogí el móvil y programé una alarma, en diez minutos y seguí leyendo tranquilamente. En los siguientes diez minutos se hizo el silencio, sólo roto por algún suspiro y el pasar de páginas del libro. Hasta que sonó la alarma, la paré. La miré serio y le dije:

- Ven aquí por favor.

Tercer suspiró y se dió la vuelta para avanzar lentamente hacía mi. Yo cerré el libro y lo dejé en la mesita del sofá, mirándola mientras se acercaba hasta quedar frente a mis piernas. 

- Que te he pedido que hicieras al llegar a casa, hasta tres veces hoy?

Su rostro se cubrió de un ligero rojo y su mirada bajó.

- Que buscase el papel de la ITV del coche 

-No, perdona no te he pedido que busques, te he pedido que encuentres y llego y no lo has encontrado aún. Te pedí que ordenarlas el cajón de los papeles?

- No 

- Que te pedí entonces?

- Lo de la ITV.

- Y sabes por qué te lo pedí? Porque aprovechando que hoy salía antes había pedido cita para pasarte la ITV. 

- Pero no me has dado tiempo, has llegado enfadado y hala al rincón...

- Pon las manos en la espalda.

- Y ahora qué pasa?

- Las manos en la espalda!!!

- Pfffff 

Se llevó las manos a la espalda, me incorporé un poco y mis manos se fueron a su cintura buscando el botón de los vaqueros, se lo desabroché y agarrando con  fuerza de los lados de la cintura empecé a bajárselos, cuando estuvieron a la altura de sus rodillas la miré y metiendo mis dedos por la cintura del tanga en sus caderas también se la bajé. La volví a mirar aún estaba más roja, yo sabía que verse en esa situación con la ropa a medio quitar, pero sin tapar nada, la hacía sentir mucho más desnuda que sin una sólo prenda encima. Curiosamente el rubor de su cara tenía un negativo también ruborizado en los labios de su sexo. 

- Te agradezco mucho que hayas ordenado el cajón de los papeles, pero hoy precisamente no era lo que necesitaba. Te pedí algo muy en concreto y sin embargo, eso no está hecho, porque te has entretenido haciendo otra cosa, como de costumbre. Tienes que aprender a priorizar. 

Hice una pausa y la miré aún se había hecho más pequeña.

- Hasta tres mensajes te he enviado y tu respuesta ha sido, "tranquilo", "que si pesado" vamos en tu línea, pero al llegar lo que te había pedido no sabes dónde está y mi paciencia también se ha perdido, así que voy a buscarla en tu culo. Ponte en las rodillas. 

El regalo había hecho efecto, ya que no hubo protestas, ni soplidos, ni pisotones en el suelo, mansa y rendida se acomodó cómo pudo en mi regazo, presentándome su culo desnudo para el castigo. 

Al ponerse puse mi mano izquierda en sus lumbares y empecé a pasarle la derecha por las nalgas desnudas, la piel se le puso de gallina al sentir el tacto de mi mano firme y caliente. Pero las caricias duraron poco, enseguida una ráfaga rápida de azotes cayó implacable sobre sus nalgas desnudas hasta dejarlas bien rosadas. Los primeros en frío suelen ser los más molestos, luego el calor y la sangre fluyendo por debajo de la piel lo hacen más soportable. 

- La próxima vez que te pida algo, dedícate a eso y si luego te sobra tiempo y quieres hacer otras cosas tu misma, pero lo primero delante y te aseguro que ese papel va a aparecer esta tarde, sólo que te va a tocar buscarlo y encontrarlo con el culo ardiendo. 

Alargué el brazo y cogí el teléfono, puse otra vez el temporizador y la alarma en diez minutos y en cuanto le di a la cuenta atrás mi mano empezó a trabajar esos bonitos y traviesos globos carnosos de su culo, durante diez largos minutos de azotaina sin pausa, más que algún cambio de ritmo, hasta que sonó la alarma y paré. Lo primero que hice fue agitar mi mano y después contemplar su culo expuesto en mi regazo. Rojo muy rojo, uniformemente rojo. Le pasé la yema de un dedo rozando todo el contorno rojo de su piel, al sentirlo suspiró de alivio, la dejé un rato que recuperase el aliento y sintiera bien el calor en el culo del castigo, hasta que le dije.


- Bueno tienes trabajo, así que ya sabes.

Se levantó sin mirarme e hizo el gesto de subirse la ropa. 

- Ni se te ocurra, la vergüenza es parte del castigo y antes te he dicho que lo ibas a encontrar con el culo rojo. 

Y así empezó a buscar, con los vaqueros y el tanga por las rodillas y el culo rojo y palpitante, hasta que apareció el papel. Se acercó con el en la mano y me lo dio. 

- No te ha llevado ni un cuarto de hora encontrarlo, debe ser cierto eso de que con el culo caliente se aclaran las ideas. 

Dejé el papel en la mesita y cogí otra vez el libro.

- Ahora vete un rato al rincón a pensar y a que se te refresque el culo, ya te avisaré. 

Se dio la vuelta resignada, caminó hasta la pared y allí parada mirándola con las manos en la espalda y mostrando el culo azotado, se quedó. Yo continúe con un capítulo más del libro, de vez en cuando la escuchaba suspirar, así que cuando cerré el libro, lo hice con toda la intención para que lo escuchase.

- Ven aquí

Otro suspiro, se dio la vuelta y caminó hasta mí con la mirada baja.

- Espero que te haya quedado claro y que no se vuelva a repetir una situación cómo esta o parecida.

Seguía mirando al suelo, inmóvil y con las manos en la espalda. Mi mano se fue a sus muslos y comencé a acariciarle la parte interna hasta la ingle, la miré y sonreí. Dos dedos se pasearon por la grieta entre sus labios provocando otro suspiro, pero que sonaba diferente.

- Si la respuesta de tu cuerpo es esta, no sé si el castigo será muy efectivo.

Al terminar de decirlo hundí los dos dedos en su coño, lubricado cómo estaba entraron fácilmente y el suspiro esta vez fue más un gemido, aumentado cuando los dedos empezaron a entrar y salir...

- Pffff de pie no, por favor...

- No estás en condiciones de elegir hoy...

Y ya no paré hasta hacerla gritar.






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