Le vibró el teléfono. Era un WhatsApp de él.
- Prepárate para cuando llegues a casa. Esta noche duermes boca abajo.
Nada más. Sólo ese mensaje claro y directo.
De repente notó cómo su cara se ponía roja y un calor extraño le invadía por dentro.
Esa mañana no se habían visto. Ella tenía que entrar antes y le dejó durmiendo, pero sabía perfectamente el motivo de ese mensaje.
Tenían dos baños y cada uno usaba el suyo, pero hacía unos días que una avería en el de ella les obligaba a compartir aseo.
Él, que normalmente era muy ordenado, llevaba mal el caos que la rodeaba a ella. Y por las mañanas era peor. Se levantaba con el tiempo justo y entre desayunar, ducharse y prepararse para llegar a tiempo solía dejar el baño hecho un desastre.
Cuando era el suyo bueno, cerraba la puerta y lo ordenaba luego al volver, pero ahora que compartían se había comprometido a ser más ordenada.
Ya un par de mañanas habían medio discutido por lo mismo, pero una mirada sería o un par de azotes habían bastado para hacerla recoger rápido.
Esa mañana se había dormido. Insistió en quedarse a ver un capítulo más de la serie en contra de la recomendación de él, y cuando sonó el despertador no pudo levantarse.
Con las prisas dejó todo por medio, el secador sin guardar, todo el maquillaje y las toallas por el suelo.
Cuando él se levantó y vió aquello se enfadó. Tuvo que estar un buen rato ordenando para poderse asear él.
Cuando acabó lo tuvo claro y le mandó aquel WhatsApp.
Ella le escribió durante la mañana un par de veces en tono conciliador, pero no obtuvo respuesta. Ya sabía lo que eso significaba.
Al llegar a casa estaba sola. Se cambió y se puso el pijama. Lo primero que hizo fue ir al baño. Lo había recogido él. Estaba todo guardado menos un cepillo de madera bastante ancho que estaba encima de la encimera del baño. Cuando lo vió notó un vuelco en su estómago. Lo había probado pocas veces, pero no tenía especial interés por hacerlo otra vez.
Decidió aprovyel tiempo para limpiar la casa. Quizá así él se ablandara un poco.
Un par de horas más tarde entró por la puerta. Se dió cuenta de que estaba todo limpio y ordenado y no pudo evitar sonreír, pero no quería quitarle importancia a lo que había ocurrido esa mañana.
Al entrar al salón la vió echada en el sofá viendo la tele.
- Hola nena.
- Hola Santi... qué tal el día? - su voz sonaba conciliadora.
- Pues no empezó muy bien, pero no ha ido mal. - ahí ya le tiró la primera.
- Santi... siento lo de esta mañana. Iba con mucha prisa...
Él solo la miró un momento pero se fue a la habitación a ponerse cómodo.
Volvió al salón con una cerveza y se sentó en el sofá.
Ella volvió a la carga.
- Nene...está mañana no lo pensé. Perdona que te dejara todo desordenado.
- Qué te dije en el mensaje? - su tono era tranquilo pero serio.
- Santi...
- Qué te dije?
- Que me preparara...
- Y sabes por qué, verdad?
- Sí...
- Y sabes que cuando te digo algo jamás es de farol. Esta noche vas a dormir boca abajo por desconsiderada. Así que tú elijes, o te caliento el culo ahora o después de cenar, pero hoy no te libras. - tomó un trago de cerveza mientras la miraba.
Estaba descolocada. No solía darle a elegir. Se quedó callada.
- Te doy cinco minutos. Piénsatelo.
Se levantó un momento y se fue a la cocina. Al volver seguía sentada en el sofá pensando.
Se quedó de pie delante de ella.
- Hasta el miércoles de la próxima semana no vienen a arreglar tu baño, así que nos quedan unos días de tener que compartir. Lo de esta mañana no se va a volver a repetir. Me has entendido?
Ella le escuchaba desde abajo. Normalmente solían estar al revés mientras la regañaba, él sentado y ella de pie.
- Santi, ha sido sin querer. Me levanté muy justa y no pude...
- Te levantaste muy justa y no pudiste? Hablas en serio? Quieres que abramos otro melón? A qué hora te acostaste?
Ella se quedó callada mirando el suelo.
- No me vaciles que no te conviene. Has decidido ya? Ahora o esta noche?
Le miró con ojitos de pena sin contestarle.
- O quieres ahora y esta noche de recuerdo?
- No...
- Pues decide o lo haré yo.
- Ahora...
- Muy bien, levántate y vete al rincón hasta que te llame.
Se levantó sin protestar y se colocó en la esquina mirando la pared.
- Bájate el pantalón y manos en la espalda sujetando la camiseta.
Ahí sí protestó.
- Voy yo?
Nada más oírle se bajó el pantalón, que cayó solo hasta los tobillos. Debajo llevaba un tanga negro. Se levantó un poco la camiseta dejando a la vista su culo aún muy blanquito.
Él se sentó y la estuvo observando durante unos diez minutos. Sentirle ahí sentado, mirando, la hacía sentir mucha vergüenza. Lo notaba en su cara y también en su entrepierna...
Tras ese rato la llamó.
- Nena ven aquí. - con su dedo índice señaló el suelo entre sus rodillas.
Ella se acercó con la mirada baja.
Él la agarró de sus caderas para colocarla bien delante de él.
- En esta casa somos dos y el respeto por el otro es fundamental. Esta mañana me encontré una leonera en el baño. Eso ha sido muy desconsiderado por tu parte. Lo sabes, verdad?
- Sí...
- Tú tiempo no es más importante que el mío. He tenido que invertir un buen rato en arreglar tu desastre. Está bien eso?
- No...
- Eres muy desordenada y te gestionas muy mal el tiempo. De verdad tengo que tratarte como a una cría, con el ordeno y mando para que hagas las cosas bien?
-....- se quedó callada. Cada vez su cara estaba más roja.
- A veces parece que sí... Ponte en mis rodillas.
- Santi...
- Vamos, el culo bien ofrecido.
Se tumbó en su regazo. Tenía el culo bien presentado, cubierto solo por ese pequeño tanga negro.
Empezó a acariciarselo por encima.
- Hoy vas a dormir boca abajo a ver si aprender a ser más respetuosa.
Ella no dijo nada, solo movió un poco sus piernas con un pequeño pataleo. Él respondió a eso sujetándola con su brazo izquierdo de la cintura.
Empezó con los azotes. Tranquilo, al principio más espaciados y poco a poco subiendo el ritmo. Le encantaba ver cómo le iba cambiando el color. De blanco a rosa y poco a poco a rojo más intenso.
No decía nada, solo se escuchaba el sonido de su mano.
Ella iba cambiando, movía sus piernas, luego agarraba con sus manos un cojín. A ratos le cogía a él de la pierna... Intentaba aguantar el picor que iba aumentando.
Tras unos minutos paró. La acarició los muslos, pero sin tocarle el trasero.
- Esto se está poniendo de un bonito color rojo... Supongo que debe de escocer, verdad?
Ella no dijo nada. Escondió su cara en el sofá. Le daba vergüenza.
- Te da vergüenza? A mi me la daría ser tan desordenada a tu edad. A veces pareces una adolescente!
Ella movía sus pies nerviosa.
Siguió acarciandola un rato, pero sin tocarla el culo. Quería que notara el efecto del castigo.
- Levántate.
Ella obedeció. Se levantó y se quedó delante de él.
- Quítate los pantalones.
Se quedó con el tanga y la camiseta del pijama.
- Bájate el tanga a medio muslo.
- Santi no... - su voz parecía la de una cría pequeña. Estaba roja como un tomate.
- Obedece.
Se llevó las manos a su ropa interior y empezó a bajarselas despacito. Cuando estaban a medio muslo la hizo parar.
- Ahí es está bien. Suficiente. Manos a los lados. - su tono era tranquilo pero asertivo. No dejaba lugar al debate.
Se sacó el móvil y buscó algo. Al enseñárselo ella miró al suelo avergonzada.
- No, no mires el suelo. Mira la foto. Así has dejado el baño está mañana. Mirala bien. Y ahí tenía yo que arreglarme.
Se levantó, la cogió de la mano y tirando suavemente la llevó al baño. Ella iba un poco a trompicones con la ropa interior bajada.
Abrió la puerta y la hizo entrar.
- Ves cómo está ahora?
- Sí...
- Pues así lo quiero todas las mañanas. Entendido?
- Sí...
- Ves lo que hay en la encimera?
- Sí..
- Cógelo.
- No...Santi por favor.
La giró cogiéndola del brazo, la puso delante del espejo y con el cepillo la dió una tanda rápida sobre la piel desnuda. Le escocía.
- Vas a seguir desobedeciendo?
- No..
- Pues toma, coge el cepillo y tira para el salón!
Al pasar por delante de ella dió un buen azote con la mano.
Al llegar al salón se sentó de nuevo y sin decir nada la tumbó en sus rodillas.
Cogió e peine de madera y empezó a trabajar sobre su culo.
Le dió una buena tanda. Al acabar tenía el culo de un color rojo intenso y algunas zonas más marcadas.
Ahí sí la acarició. Al principio muy suave, podía oír sus suspiros al pasar por las zonas más castigadas.
No pudo evitar pasar a comprobar su estado. Tal y como suponía estaba empapada. La separó un poco las piernas para poder jugar un poco con sus dedos, pero muy superficial.
Paró y cogió de nuevo el cepillo.
- Nena te voy a dar la última. Quiero que tras cada azote repitas: No volveré a ser tan desconsiderada o me tendrán que calentar el culo.
Ella no dijo nada. Sólo respiró hondo.
Le dió cuarenta azotes para acabar. Los contó y repitió la frase sin quejas. Estaba ya en otro mundo. Relajada,entregada y muy excitada
Al acabar no se movió.
Él volvió con las caricias. Sobre el culo, la espalda y la parte alta de sus piernas.
Le separó un poco más las piernas dejándola ya totalmente expuesta. Ella se dejaba hacer.
Sus labios estaban hinchados y la humedad era visible.
La empezó a masturbar lentamente, haciéndola disfrutar lentamente. Ella genial bajito con los ojos cerrados.
Tras un rato así la oyó pedirle casi en un susurro que la follara.
La hizo tumbarse boca abajo en el sofá tal cual estaba. Él se quitó el pantalón y la ropa interior y se tumbó sobre ella. La penetró fácil, estaba muy lubricada. Tardaron poco en correrse.
Esa noche durmió tal y como le había anunciado. Con el culo ardiendo y boca abajo, pero muy, muy relajada.

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