jueves, 12 de enero de 2023

Introducción a la Disciplina Doméstica IX

 




" Me gusta un hombre con carácter, que se imponga. Tengo tendencia a salirme de la raya, por lo alguien capaz de devolverme dentro y mostrarme mi lugar, me es irresistible" (Leído por ahí)

En la última entrega de esta sería antes de Navidad, os hablaba sobre el objetivo de la Disciplina Doméstica y que en realidad el único objetivo real era pasarlo bien realizando una fantasía en común.

Pero cómo todo en la vida que implica vínculos emocionales y una actividad erótico-sexual, hay siempre necesidades ocultas y pervertidas. 

Una de esas necesidades, parece ser la necesidad de un orden.

"Existe cierta calma en aceptar el orden de las cosas, más aún cuando por momentos no es agradable, siempre es mejor a la culpa"

El orden, los límites, las rutinas, nos aportan seguridad, somos un animal social, necesitamos sentirnos parte de algo y a la vez ser útiles para alguien. A lo largo de este tiempo me he encontrado con mucha gente que me repetía una misma cosa, que puede resultar chocante: el anhelo o la envidia incluso de haber sido castigados de niño, no me estoy refiriendo a castigos físicos, me estoy refiriendo a otros castigos. Y siempre a esa sensación se le añade una profunda sensación de haber sido indiferente o por lo menos no haber sido atendidos cómo deseaban. 

Si el exceso de normas y límites y unas consecuencias muy rígidas son traumatizantes, la ausencia también y además deja una sensación de desprotección y desamparo. 

Ahora traslademos eso a la vida adulta y actual, dónde mucha gente carga con exceso de responsabilidades, más un altísimo nivel de autocrítica o autoexigencia. Muchas veces el resultado es gente que vive en una constante retentividad y autorepresion. 

Conseguir un mundo de fantasía y simbólico con sus normas, códigos y jerarquías, puede ser un desahogo. Cómo me dijo alguien una vez: "sólo el hecho de no tener que pensar que ponerme para salir, ya me libera". Fijaos que es curioso, no deja de ser ceder la libertad de la libre elección a un tercero. Pero cuándo cargas con constantes elecciones y sus juicios, lo liberador puede ser lo contrario, ceder la libertad. 

Y para terminar sin alargarme en exceso, hay otra cosa fundamental. Transgredir la norma es excitante ¿Quien no ha cedido nunca a la tentación de las transgresión? Pero el concepto transgresión implica obligatoriamente reconocer y aceptar la norma, sin prohibición no hay placer de transgredir y sin el riesgo de la consecuencia, transgredir no es excitante. 


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