El día 5 de Enero en casa, era un día estresante, de trabajo y preparativos. Desde hacía un tiempo seguíamos la costumbre de invitar a comer a la familia el día de Reyes. Así que ya se buena mañana zafarrancho general, después ir a comprar lo fresco y tras una pequeña pausa, empezar a preparar lo que se podía adelantar para ir desahogados al día siguiente y que sólo fuera cocinar lo que se debe cocinar al momento.
Total que eran las 8 de la tarde cuando acabábamos y cansados. Decidimos que ni íbamos a cenar, habíamos estado picando durante lo preparativos y una ducha por turnos y a relajarnos un poco que nos esperaba día largo para rematar fiestas.
Ella fue primero y mientras yo puse de fondo una play list de música y me apalanqué en el sofá con una cervecita. Al rato salió duchada y con el pijama de cuadros regalo de Navidad y me fui yo para la ducha.
Una ducha calentita y relajante, al salir aún sonaba la música y me fui para el salón pensando que estaría allí, pero estaba a oscuras y sólo se veía luz por la rendija de la puerta mal cerrada de la habitación y para allá que me fui, con la música no me escuchó y al abrir la puerta me encontré con una escena del todo inesperada, subida a un taburete husmeando en el armario.
- ¿ Que estás buscando?
Su rostro empezó a coger color y conozco perfectamente su lenguaje no verbal, cuándo hace una travesura.
- El papel de regalo, que aún tengo que envolver...alguna cosa.
- El papel de regalo está en la mesita del comedor, baja de taburete.
Se bajó y nada más bajarse la cogí de la oreja y le di un par de azotes.
- No me lo puedo creer...estabas buscando los regalos ¿Verdad? ...
Entonces le entró la risa nerviosa esa que no puede evitar y que es la prueba definitiva.
- Tienes una edad ya, para andar comportándote como una niña.
Sin soltarla de la oreja le dije.
- Coge el taburete!!!
En cuanto lo cogió, la llevé de la oreja hasta el salón, le hice dejar el taburete junto al árbol y sin soltarla, le di media docena de azotes.
- Debería darte vergüenzaz , súbete al taburete.
Resopló y se ganó media docena más de azotes de pie.
- Ahora
La solté y se subió, está vez sin rechistar. Era un taburete pequeño de 50 centímetros de altura. Nada más subirse le hice poner las manos detrás de la espalda y de un tirón seco le bajé el pantalón del pijama.
- Te gusta subirte en el taburete para husmear en el armario, pues muy bien aquí vas a estar subida un rato con el culo al aire. Estoy por ahorrarme poner el árbol el año que viene, total te has pasado medias navidades al lado del árbol con el culo rojo y así las vas a terminar.
Me fui tranquilamente, me senté en el sofá, para la música y puse la tele pero sin quitarle ojo. Me levanté un momento para ir a buscar algo y al sentarme la llamé, se bajó del taburete y se acercó sonriendo.
- Va Santi, no te enfades, ya sabes que soy impaciente y este año me tiene muy intrigada.
- Sólo tenías que esperar a mañana, hay cosas que te voy a enseñar delante de todo el mundo...pero es que además te conozco y crees que lo voy a esconder en casa conociéndote? Están en el maletero del coche y ya que eres tan impaciente, en un rato irás a buscarlos, pero con el culo rojo.
Sin decir nada más llevé mi mano directa a su sexo.
- ¿En que estabas pensando subida al taburete? -le dije enseñándole mis dedos mojados-
Su rostro aún se enrojeció más, y mi mano volvió a su sexo sólo que esta vez entraron el dedo índice y corazón dentro, mientras el pulgar jugaba entre los labios.
- ¿No me vas a decir en qué pensabas?
Suspiró y cerró los ojos, mientras yo seguía jugando con mis dedos entre sus piernas. De repente paré, la cogí de la muñeca y a mis rodillas. Mi brazo izquierdo rodeando su cintura y terminado de colocarla en la posición correcta.
- Tenías prisa en descubrir los regalos, pues los vas a descubrir y hasta probar.
Empecé a azotarla con la mano, no hubo "calentamiento" rápido y con ganas desde el primero, el ritmo es básico en una azotaina, si empiezas progresivo le das más tiempo a la mente a prepararse, pero si empiezas rápido e intenso aceleras también la sensación de castigo, me bastaron un par de minutos de azotaina intensa, para que empezara a mostrar síntomas de que le estaba picando y bien. Entonces paré y empecé a acariciarla con la misma mano de fuego, me encanta y excita el tacto de la piel enrojecida y caliente, usando la fuerza le separé las piernas para tener acceso a toda su intimidad y empecé a alternar las caricias en el culo, con alguna fugaz incursión con mis dedos en su sexo, el juego duró unos minutos y entonces empecé a masturbarla con ganas, pero cuando se iba a dejar ir paré, cogí el cepillo que había dejado en el reposabrazos del sofá y sin aviso, empecé a azotarla con el, al tener las piernas separadas, podía apuntar bien a las zonas más sensibles de sus nalgas, justo en la frontera entre muslos y nalgas. Elegí el cepillo cuadrado, algo más ancho que los ovalados, pero también más liviano. Le di una primera tanda rápida de un par de minutos y paré, entonces ya tenía dibujados dos círculos rojos en la zona "dulce", dejé el cepillo encima de sus nalgas y volví a comprobar su humedad.
- Vaya la niña traviesa que husmea armarios en busca de regalos, se moja cuando la pongo en mis rodillas y le caliento el culo...
Cogí otra vez el cepillo y vuelta a empezar a conciencia, quería que durmiera aquella noche boca abajo y con el culo al aire.
Un rato después cuando ya empezaba a quejarse y tensar los músculos paré. Cuando empecé a pasar los dedos por su piel castigada tuve claro que sí, que iba a dormir boca abajo y con el culo al aire. Tras unos minutos de caricias y recuperación, le dije.
- Levanta.
Se levantó, le hice poner las manos en la espalda y le subí el pantalón del pijama.
- Coge las llaves de mi coche, baja al parking y en el maletero hay una caja de cartón, la subes y me la das, está sellada así que si la abres lo sabré y mañana vas a tener que comer de pie ¿Está claro? .
Cogió la llaves y bajó al parking, al poco rato subió con una caja de cartón cerrada bastante larga y me la dió, la dejé en el sofá y sin levantarme le dije.
- Ahora te vas a la habitación, te desnudas de cintura para abajo, pones las almohadas en el centro y me esperas, que vas a descubrir alguno de tus regalos por impaciente.
La hice esperar un rato, hasta que fui a la habitación, con la caja abierta pero sin que pudiera ver qué había en ella. Me senté en la cama dejando la caja en el suelo, lo primero que hice es coger el bote de aceite de almendras, echarle un chorrito en cada nalga y extenderlo muy suavemente haciendo a la vez en un pequeño masaje. Cogí el aceite otra vez y dejé caer otro chorro justo encima de la grieta entre sus nalgas, que fue resbalando hacia abajo. Entonces cogí sus manos y yo mismo las puse en sus nalgas.
- Ya sabes lo que quiero que hagas y no me hagas ser explícito.
Cogió aire profundamente, se agarró las nalgas y las separó, dándome todo el acceso, con un dedo extendí bien el aceite que resbalaba por la zona.
- Si te relajas será más fácil...
Lentamente un dedo entró en su culo.
- Así me gusta, que te rindas.
Lo saqué y cogí algo de la caja.
- Antes de verlos vas a sentirlos.
Cogí el aceite e impregné bien el objeto. Era un plug de acero muy especial, en vez de ser liso, eran tres bolas unidas de menor a mayor, cuando notó el frío del acero en ese lugar tan sensible se tensó, pero empecé a presionar lentamente, en varios intentos sin forzar, hasta que entró. Entonces le quité las manos. Me levanté y cogí el otro " objeto" que había en la caja, lo apoyé en sus nalgas y empecé a moverlo cómo acariciando con el, era una de esas palas de mimbre para sacudir las alfombras. De repente lo levanté y lo dejé caer, el sonido era peculiar, aunqie no su reacción no parecía especialmente doloroso, y de nuevo empecé a jugar con el sacudidor en su piel, y de repente otro azote con él, creo que más que el dolor fue la situación la que hizo que aplastara el cuerpo contra las almohadas.
- Levanta el culo!!!!
Tras ese le di una docena más, ya seguidos y paré. Me volví a sentar en la cama y vuelta a acariciarle el culo, rozándolo con los dedos.
- Pues ya has descubierto y probado dos de los regalos, mañana más...
Seguí jugando con mis dedos en su culo un rato, después pase a jugar también entre sus piernas más mojada aún que antes. Para terminar por desnudarme subirme a la cama de rodillas entre sus piernas y penetrarla así, boca abajo, con el plug puesto y el culo rojo y palpitante.

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