"Estoy de pie, descalza, con las piernas juntas, las manos apoyadas en el escritorio, arqueada, mirando hacia abajo, silenciosa y contrita, vestida pero desnuda, mi vestido está levantado por encima de mi cintura, las medias y las braguitas bajadas a medio muslo, ni un centímetro más arriba o abajo
Si lo espero en esta estricta posición es porque así le gusta que me presente los días en que me convoca a tratar con rigor e inflexibilidad las fallas de mi educación.
Me estremezco cuando la puerta se abre. Se detiene en la puerta para saborear la vista y la pequeña tensión repentina que se extiende invisiblemente de él a mí. Tengo fiebre, él lo sabe. Me pide si quiero continuar, afirmo sin mirarlo. Es la instrucción de estos momentos: ni palabras ni miradas, sólo la docilidad de los lamentos.
Las instrucciones son claras, no moverme, no intentar evitar el castigo, siempre bien expuesta ¿Cómo es posible sentirse tan desnuda teniendo la mayor parte del cuerpo tapada? Sabe que me encanta estar así con modestia y entusiasmo. Contradicho en mis emociones. me estoy sonrojando El avanza. Como me gustaría que me tomara en sus brazos y me besara con toda su protección habitual... dos fuertes bofetadas. Mientras me arqueaba para disfrutar lánguidamente de esta caricia, ahogo el gemido de dolorosa sorpresa en una inspiración.
Quita de mi cabello la pinza que lo sujetaba en un moño y me susurra al oído: "sin accesorios había dicho...". Este granito de arena en el camino a mi arrepentimiento seguramente me hará ganar un poco más de intransigencia...
Da un paso hacia atrás, se desabrocha el ancho cinturón negro y lentamente lo dobla por la mitad.
Inspiro, lo dispara sobre mi lindo trasero. Él sabe cómo hacer que me arrepienta de mis faltas. Braman todos los sonidos en el silencio en mi cabeza. Más tarde tendré que decirle el número exacto de veces que la lengua de cuero ha hecho justicia a mi piel. Equivocarme me ganaría un nuevo castigo. Me aplico a no perder el hilo de mi cuenta a pesar de la afluencia de perlas de emociones que se amontonan a mi alrededor.
Cuando se detiene estoy ardiendo en deseo. Gemí, grité, lloré y luego me quedé en silencio. Mi cuerpo temblaba y mi mente suplicaba pero me quedé allí con las manos apoyadas en el escritorio de mis excesos.
Cuando me levanta en sus brazos, todo ha terminado.
No me equivoqué al darle las gracias... eran en efecto 50 marcas que rayaban en cascadas de tonos rojos mis nalgas, 50 rayas de calor que mojan los muslos "

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