Se termina otro año más y la vida sigue, espero y deseo que tengáis un gran 2023 en el que se cumplan muchas fantasías.
Estaban siendo unas navidades extrañas, los días festivos caían en fin de semana y ella no tenía vacaciones, y además tenía que terminar un curso que estaba haciendo. Así que tampoco había mucho espíritu navideño.
Por eso el día de Nochevieja no planeamos nada especial, una cenita juntos y celebrar el cambio de año en plan tranquilo e íntimo. Ella había salido de casa por la mañana y ya no volvería hasta entrada la tarde del 31 de Diciembre. A media tarde me puse a empezar a preparar la cena, así luego sólo sería el momento de hacer el fresco. Pero cómo suele pasar, me faltaba alguna cosita y le envié un WhatsApp con una pequeña lista, para que al volver pasara un momento por el supermercado, me contestó con un frío:
- Ok.
Encima llovizneaba con esa lluvia fina y fría que parece nieve. Encendí unas velas en el salón para darle un toque más cálido.
Sobre las 7 de la tarde se abrió la puerta, yo estaba en la cocina y salí a recibirla. Ya de primeras me llamó la atención la cara o más bien lo que me decía la cara, le di un beso, tenía los labios fríos, pero más frío aún fue el beso.
- ¿Ha pasado algo?
- Estoy cansada no, agotada, no soporto a la gente y me haces ir al supermercado, que parecía San Fermín, encima al cargar la bolsa en el coche se me rompe, todo por el suelo, me he mojado ¿Sigo? Me voy a dar una ducha a ver si entro en calor. Toma.
Me dio la bolsa con las cosas y se fue.
Yo seguí a la mío, preparando la cena. La escuché moverse por el piso, pero me extrañó que en ningún momento viniera a ver lo que estaba haciendo. Así que un momento que tuve, fui a ver qué hacía y la encontré en pijama y medio tumbada en el sofá con la mirada perdida. Me senté cómo pude y poniendo mi mano en su cadera.
- Ya sé que es una putada lo de estas Navidades, pero vamos a intentar olvidarlo un rato, estar así no te aporta nada.
- Pfffff, Santi vale ya, sólo faltaría que no pudiera estar frustrada, además estás todo el santo día en casa y te acuerdas que te faltan cosas a última hora y tengo que ir yo, después de todo el día, creo que es normal que no tenga ganas de nada.
- Vale, lo siento error mío, pero ya no se puede hacer nada. Pasamos página, venga va que ya casi está ¿te apetece una cervecita o una copa de vino, mientras se acaba de hacer la cena?
- No...
Ya vi que no estaba el horno para bollos, pero no pensaba pasarme la Nochevieja amargado, así que fui a la cocina abrí una botella de Ribera del Duero, servi dos copas y me fui para el salón.
- Venga va brindemos por el año nuevo.
- Te he dicho que no quería nada, además no hay nada por lo que brindar, vaya mierda de año!!!
- Es que vamos a brindar por el que viene, que seguro será más bueno.
- Paso, brinda tú.
Tragué saliva, cómo el que quiere tragar paciencia, pero esa actitud me estaba empezando a cargar. Intenté conversar un rato pero las respuestas eran monosílabos, cuando no, directamente malas contestaciones, así que me terminé la copa de vino y puse la mesa, empecé a traer los platos con los entrantes.
- Nena voy a poner las zamburiñas a la plancha, en cuanto estén cenamos.
Me volvió a responder con un frío y distante
- Vale.
Me fui a hacer el marisco y en cuanto estuvo lo dejé en calor para que no se enfriara y me fui mesa.
- Venga va. Vamos a cenar.
Se levantó sin mucho entusiasmo y empezamos a cenar, intenté tener una conversación, destensar y reírnos un poco, incluso haciendo el payaso, pero nada, no había manera.
- Voy a por las zamburiñas.
- Por mi no, ya ya estoy.
Y se levantó de la mesa camino del sofá, con una actitud de pataleta que ya me resultaba insoportable y ya no pude más.
- Haz el favor de dejar de comportarte cómo una adolescente en guerra con el mundo y siéntate en la mesa.
- Que no tengo más hambre joder!!! Al final hoy es un puto día más.
- Voy a por las zamburiñas y cuando vuelva te quiero ver sentada en la mesa y con otra actitud.
No dije nada más fui a la cocina cogí la plata y me fui para el comedor, puse la plata en la mesa, ella estaba tirada en el sofá y hasta aquí. Me fui para ella sin decir nada la cogí le brazo y la levanté a la fuerza a pesar de la resistencia, quedamos frente a frente.
- ¿Has acabado de cenar?
- Si y suéltame!!!!
- Está bien tú lo has querido.
Sin soltarla del brazo, le di media vuelta y un par de atronadores azotes fuertes. Casi a rastras la llevé junto al árbol de Navidad y allí se llevó media docena más de azotes de pie y agarrada del brazo.
- Yo si voy a cenar y tranquilo, así que no quiero escucharte ni respirar y cuando termine y haya recogido la mesa, vamos a hablar de esta actitud.
- Pffff vale ya me siento...
- Tarde, ya vas tarde pon las manos sobre la cabeza, a-ho-ra (cada sílaba equivale a un azote)
Las puso finalmente y me senté a cenar. Obviamente me limité a llenar el estómago y eso no es una cena. Al terminar recogí todo. Y me senté el sofá, en silencio, ni tan siquiera estaba la tele puesta.
- Ven aquí
Se dio la vuelta, y ahí ya vi algún cambio de actitud, el modo desafío había bajado de intensidad. Se acercó hasta estar frente mi de pie.
- Las manos ya sabes dónde.
Resopló, una mirada y las manos subieron encima de su cabeza.
- ¿Así querías acabar el año?
Sus mejillas se enrojecieron.
- ¿Te parece normal la actitud que estás teniendo? Siento mucho que hayas tenido un mal día, sé que el año no está siendo fácil, pero yo no tengo la culpa, es más he intentado ayudarte lo más posible, todo esto de hoy era precisamente para eso, para intentar que desconectaras un rato de todo eso y ya que no podemos hacer otra cosa, al menos pasar un rato agradable juntos. En cambio me encuentro, reproches, malas contestaciones e impertinencias ¿Sabes que va a pasar ahora?
Sus mejillas aún se enrojecieron más.
- Te he hecho una pregunta, responde.
- Lo imagino...
- ¿Que imaginas?
- Que me vas a castigar
Estiré el cordón del pantalón del pijama.
- Bajátelos.
- Pffffff...Santi...
- Ya me has oído, quiero verlos en los tobillos, junto con tu soberbia.
Cogió aire profundamente y desabrochó el nudo, los pantalones cayeron solos hasta los tobillos. Metí un dedo en la cintura del tanga y estiré y la solté. Esto también para abajo. Otro suspiro y un azote.
El tanga empezó a descender y cuando llegó por encima de las rodillas.
- Vale, ahí está bien. Las manos detrás de la espalda.
- Volviendo a lo de antes , si vas a acabar el año castigada ¿Por qué?
Tardó unos segundos en contestar.
- Por mi actitud...
- Correcto, por tu actitud impropia de una adulta y cómo te comportas cómo una adolescente inmadura tu castigo va a ir en consonancia. Ahora me vas a traer el cepillo, lo vas a dejar sobre la mesilla y te vas a poner en mis rodillas.
Bajó la mirada y caminó cómo pudo hasta el baño, el cepillo estaba colgado detrás de la puerta del baño, cuando volvió lo dejó sobre la mesilla y sin decirle nada se tumbó sobre mis rodillas, la luz estaba apagada y sólo iluminaba el comedor las luces del árbol de Navidad y las velas.
Nada más colocarse empecé a acariciarle el culo desnudo...
- Ya puedes ver qué has conseguido con esa actitud, estar en Nochevieja en mis rodillas con el culo al aire, que te prometo que va a terminar más rojo que las bolas del árbol de Navidad.
Ya no hubo más palabras, lo único que sonaba era mi mano cayendo rítmicamente contra sus nalgas, subiendo el ritmo progresivamente, cada x tiempo hacía una pequeña pausa, para frotarle las nalgas, y cuando volvía lo hacía más rápido y fuerte, durante al menos diez minutos con varias pequeñas pausas. Cuando se me cansó la mano, le pedí el cepillo, me lo dió y empecé a pasárselo por la piel ya encendida. Rodeé con mi brazo izquierdo su cintura y la levanté un poco, entonces el cepillo empezó a caer alternando nalga y nalga y apuntando bien a la mitad inferior de las nalgas, quería que lo sintiera cómo un castigo y para eso tenía que picar, así que fui insistente y severo en su aplicación. Seguido y sin pausas hasta que sentí que realmente empezaba a retorcerse en cada nuevo azote y ahí paré. Dejé el cepillo a mano por si acaso.
Durante un rato la tuve en mi regazo, acariciándole muslos y espalda pero sin rozar tan siquiera el culo, quería que sintiera el escozor del castigo. Un rato después.
- Ya puedes levantarte.
Se levantó, la hice quedarse frente a mí, poner de nuevo los brazos detrás de la espalda. La miré.
- ¿Duele?
- Quema
- ¿Y por qué quema?
- Porque me has castigado
- ¿Por qué?
- Por mi actitud
- Entonces a partir de ahora, vas a cambiar esa actitud
- Lo intentaré.
- Bien y si lo intentas y no lo consigues ¿Que pasará?
- Pfffff que acabaré con el culo ardiendo.
- Exacto, ahora vuelve junto al árbol, te pones de rodillas manos en la cabeza y terminas de pensar en las consecuencias de tu comportamiento.
Se dio media vuelta, se fue hasta el árbol mirando a la pared, se arrodilló y puso sus manos sobre la cabeza, yo me levanté y encendí la luz un momento, quería ver bien cómo tenía el culo, todo rojo, con dos círculos aún más rojos en la mitad inferior del culo, un par de días de sentarse incómoda seguro. Apagué las luces otra vez, cogí dos velas de esas redondas y chatas, que tiene un envase de plástico alrededor, me acerqué y le dije.
- Extiende los brazos palmas hacia arriba.
Cuando lo hizo puse una vela en cada mano.
- Si te mueves, se caerá la cera...
Y volví a sentarme en el sofá sirviéndome otro vino.
Allí estaba castigada de rodillas juntos al árbol, el culo en llamas y sujetando una vela en cada mano con los brazos en cruz.
Apenas cinco minutos después, me levanté le quité las velas, cogí sus manos y las puse contra la pared. Le hice separar las piernas y llevé mi mano a su sexo por detrás, empecé a frotárselo con toda la mano y le susurré al oído.
- Ahora te vas a correr, pero esto no es premio, es parte del castigo, digamos que tú orgasmo, será el final de un ritual de purificación y así empezar de cero.
Empecé a masturbarla de forma compulsiva, sin miramientos, con alguna que otra palmada en el sexo incluida, e hice que se corriera allí de rodillas junto al árbol de Navidad y con el culo rojo, palpitante y ardiendo. Hasta terminar los dos jadeantes, yo del ímpetu y ella del orgasmo.
Esa Nochevieja nos tomamos las uvas de una forma muy especial, ella boca abajo en el sofá y yo sentado haciendo una pausa en el masaje con mucha crema que le estaba dando, cuando terminaron las campanadas que dan paso al Año Nuevo seguimos...

¡Muy encantadora historia picante e inquietante para terminar el año en la esquina del árbol de Navidad! Un año muy feliz, dulce, caliente y cálido para ti^^
ResponderEliminarFascinante!
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