sábado, 5 de noviembre de 2022

Reciclaje.

  






Una tarde cualquiera acababa de llegar de trabajar y estaba en mi momento de relax de después de trabajar apalancado en el sofá, ella estaba en la ducha y al salir envuelta en la toalla aún, me dijo:


- Santi se ha fundido una lámpara del baño.

- Debe ser la bombilla, hay de recambio verdad?

- Si en el cajón de trastos del mueble tiene que haber.

- Vale ahora la cambio.

- Muy bien voy a ponerme el pijama.

Esperé a que volviera y me levanté fui a por una bombilla dispuesto a cambiarla. Pero claro no llegaba. Fui a buscar las llaves del trastero.

- Nena dame las llaves del trastero.

- Para que?

- Pues para ir a buscar la escalera...

- Puffff coge una silla o un taburete, que ganas de bajar ahora.

- Habiendo escalera de lo que son ganas es de partirte la crisma. 

Se levantó, removió el bolso y me dio las llaves. Se las cogí y fui a buscar la escalera al trastero del parking. Cuando abrí para mí sorpresa la entrada estaba llena de cartones y empecé a entender cosas, los aparté, cogí la escalera y subí. 

Me fui directamente al baño, cambié la bombilla y fui a dejar la escalera en su sitio, sin decir nada. Pero al subi, llevaba conmigo unos cuantos cartones, que no eran más que restos de la Navidad. Cerré la puerta y me fui para el comedor dónde estaba ella y al entrar los solté en el suelo. 

- Joder que susto tío

- Yo también me lo he llevado al abrir el trastero, me explicas esto?

Su cara dibujó una sonrisa de picardía.

- Nena no tiene ninguna gracia, que hace esto en el trastero.

- Puffff el día que me los iba  a cargar en el coche y llevarlos al punto verde, se me hizo tarde , los dejé en el trastero y ya ni me acordaba, mañana los llevo.

- Siempre tienes excusa, cuando has intentado que no fuera a por la escalera los tenías muy presentes.

- Ya, pero es que no quería que me dieras la chapa, que te conozco.

- La chapa precisamente no te voy a dar. Ve a buscar el cepillo.

- Pero por qué?!!! Por unos cartones??? Ya los llevo mañana.

- No por unos cartones no es y ya que preguntas te voy a enumerar los motivos. Uno: te pregunté en su momento si lo habías hecho y me dijiste que si, vamos que me mentiste. Dos: no contenta con eso, me lo has intentado ocultar muy conscientemente, cuando te he pedido las llaves para ir a por la escalera. Y tres: a sabiendas que si había bajado lo había visto has seguido callada a ver si cuela. Vamos tres mentiras con el objetivo de eludir tu responsabilidad. Así que ve a buscar el cepillo y no lo voy a repetir. 

A partir de ahí un concierto de soplidos, malos gestos y demás. Me senté tranquilamente a esperar, hasta que vino con el mismo malhumor desafiante eso sí con el cepillo, que le pedí, me lo dio y dejé sobre el brazo del sofá. La miré.

- Cambia esa cara, que el que tendría que tenerla así soy yo.

- Es que no es justo...

- Lo estás diciendo en serio, me has mentido tres veces!!! Y ya sabes cuál es la norma para las mentiras con el objetivo de tapar irresponsabilidades.

- Es que no creo que haya para tanto, total no molestan a nadie en el trastero.

- Sigues sin entender nada, que no es eso, es tú actitud!!!! Si me lo llegas a decir antes cuando te pedí las llaves hubieras pasado con un "ya te vale y mañana sin falta los tiras" pero a sabiendas has intentado ocultarmelo y eso en esta casa tiene un precio diferente.

- Sigue sin parecerme justo.

- Lo que te parezca o no, ahora mismo carece de importancia, tú me diste la capacidad de administrar disciplina y ser autoridad no?

Se hizo el silencio a la vez que se ruborizaba un poco y bajaba la mirada.

- Responde, me la diste o no?

- Pffff si.

- Pues entonces quién decide cuándo y cómo soy yo, así que pon esas manos en la cabeza.

Otro soplido pero lo hizo, nada más hacerlo la camiseta del pijama quedó levantada a la altura del ombligo y ese precisamente era uno de los objetivos de hacerle poner las manos en la cabeza, cuándo cogí el pantalón por las caderas y lo hice deslizarse por sus piernas hasta los tobillos, había perdido el derecho a la intimidad. Le ofrecí la mano, me la cogió y al hacerlo tiré de ella hasta hacerla caer sobre mis rodillas. La levanté un poco cogiéndola de la cintura y empecé a acariciarle las nalgas desnudas y expuestas. 

- Sales a un par de castigos a la semana últimamente tu sabrás.

Mi mano empezó a caer alternando nalga y nalga ni muy despacio, ni muy deprisa. Manteniendo el ritmo un rato, cuando su piel empezó a coger tono, aumenté el ritmo a tres seguidos en la misma nalga antes de cambiar y repartiendo bien por todo el culo. Durante unos 5 minutos sin pausas, suficiente para darle un bonito tono a culo castigado. 

- Empieza a ponerte las pilas nena, porque después de esta no te voy a dejar pasar ni una y si te tengo que zurrar cada día, lo haré.

Cogí el cepillo y empecé a "cepillarle" suavemente la piel roja y caliente. Cuando notó que la agarraba más fuerte de la cintura sabía que la dura madera del cepillo estaba a punto de empezar a "tratar" su piel. Lo único que no me gusta del cepillo es su sonido sordo, mucho menos ruidoso que la palma de la mano, que no hace nada de justicia a su eficiencia, cómo bien conoce ella.

Los azotes sordos empezaron a caer meticulosamente sobre sus nalgas desnudas y ya precalentadas a mano, haciendo alguna pequeña pausa tras la cual, el ritmo aumentaba y apuntaba más a las zonas más sensibles y dolorosas. Le estaba dando una buena y empezó a mostrar síntomas de agotamiento. Paré y empecé a pasarle el cepillo por el culo a modo caricias. 

- Hay muchas cosas sobre las que te dejo hacer, pero la honestidad es básica. Si yo soy quien ejerce la autoridad, asumir responsabilidades y que incumplir esa norma tiene consecuencias, es algo que quiero que te quede muy claro, porque no me va a temblar la mano. Y para que lo tengas claro, te voy a dar 20 más que vas a contar alto y claro. 

Volví a empuñar bien el cepillo, apunté bien a la parte baja de sus nalgas y empecé la cuenta de 20, intensos y dolorosos y más con la acumulación que ya llevaba, así que unos días de moratones y molestias al sentarse no se los quitaba nadie.

Al terminar ni caricias, ni consuelos. Una "orden" clara y tajante.

- Ahora te vas cara a la pared hasta que te diga, y si te portas bien me pensaré si terminar aquí el castigo.

Se levantó y caminó con el pantalón en los tobillos hasta el rincón, allí manos sobre la cabeza, un codo en cada pared y esperar que el aire refrescara un poco su culo, que buena falta le hacía. Bajé los cartones al trastero, dejando la puerta entreabierta. Al subir me fijé en su culo y de la mitad hacia abajo estaba prácticamente morado, eso hizo que me apiadara un poco de ella y fui a por la crema. Allí en el rincón le puse crema suavemente algo que agradeció en forma de suspiros. Al terminar, saqué del bolsillo el pequeño plug de acero rugoso, lo lubriqué con la misma crema, separé sus nalgas y se lo metí. Después comprobé cómo estaba de humedad y estaba muy húmeda, pero yo mismo cerré la puerta a calmar eso.

- De momento sigues castigada.

Tuve el "detalle" de poner un cojín en su silla cuándo nos sentamos a cenar. Al terminar la envíe a la habitación y que me esperase allí boca abajo y desnuda de cintura hacia abajo. Así me la encontré cuando llegué, otra vez con la crema, ya el rojo había desaparecido casi, pero dos grandes y circulares moratones estaban empezando a salir en la mitad inferior de sus nalgas. Al terminar de ponerle la crema, le quité el plug y a dormir, seguía castigada. 


  




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