Cuándo llegué a casa ella estaba frente al portátil, estaba con otro de aquellos cursos online, la saludé, me puse cómodo y me senté, de vez en cuando la escuchaba suspirar y quejarse, hasta que dijo.
- Hala, ya está evaluación terminada, ahora es cuestión de pasar 18 horas pasando páginas y curso completo.
- ¿ Pasando páginas?
- Si claro, a ratos me pongo una serie y voy pasando páginas...
- Ni hablar, ya que te pones te las lees.
- Pffff ni lo sueñes.
- No, estoy soñando es más pásame el temario por correo que yo también lo voy a leer y para asegurarme haremos un examen.
- Joder Santi...
- No me pongas morritos, mi caritas, es muy fácil, llegas a casa a las 3 , tienes toda la santa tarde, te guardas una hora al día y en tres semanas listo y pienso leerme el temario, ya me conoces.
Unos cuantos soplidos mientras recogía el portátil y a otra cosa. Cómo siempre el beneficio de la duda está presente y todos los días al llegar me dijo que ya había leído la hora. Pero cómo la conozco, una tarde, al llegar no estaba había salido, llegó al poco rato.
- Hola!!! Hace mucho que has llegado?
- Que va, media hora.
- Yo vengo de comprar tinta para la impresora, un pent Drive y tomar el aire un poco.
- ¿Has leído?
- Siiii...pesado!!!!
Ya su cara me hizo sospechar.
- ¿Por qué página vas del temario?
- Uffff no me acuerdo exactamente la 7 o la 8...no sé.
- Genial, yo me he leído hasta la 11, así que toca examen.
- ¿Qué?!!!!! Pfffff no tengo la cabeza para tonterías ahora, voy a cambiarme de ropa.
- Será solo un momento. Vamos por ejemplo con el tema recompensas y castigos.
Se dio media vuelta sin decir nada.
- ¿Dónde vas?
- A cambiarme
- Vamos que no has leído ni una sóla página ¿Verdad?
Resopló...
- Mírame a los ojos
Me miró fugazmente y se ruborizó.
- Que mal mientes.
- Santi es un coñazo y que más da, total es hacer las horas y ya.
- Pon las manos sobre la cabeza.
- Pfff!!!!!
- Ahora y hagas que tenga que levantarme.
Me la quedé mirando fijamente tres segundo y empezó a moverse hacía la esquina.
- ¿Dónde vas?
- Dónde voy a ir...cara a la pared.
- No te he dicho que te movieras. Sólo que pongas las manos sobre la cabeza.
Otro resoplido y lo hizo entonces si que me levanté, me fui hacia ella, le desabroché el cinturón, los botones de los vaqueros y vaqueros y ropa interior para abajo, eso provocó otro soplido y acto seguido un par de cachetes que la hicieron saltar.
- Se acabaron los soplidos hoy. Aquí plantada hasta que te diga.
Tal vez cara a la pared sea más infantilizante, pero estar plantada en medio del salón de pie, con la ropa en los tobillos, es más vergonzoso seguro. La tuve un rato ahí, cada suspiro mirada, hasta que la llame sentado en el sofá.
Se acercó, bajó las manos pero cuando estuvo frente a mí otro par de cachetes sonoros.
- ¿Te he dicho que podías bajar las manos?
Las volvió a poner de inmediato.
- He pensado que vamos a hacer el examen igual o un juego de preguntas y respuestas que tiene mucha relación con el temario ¿Se puede saber porque me has mentido?
- Pffff Santi, es que no es para nada importante...
- Respuesta incorrecta, date la vuelta.
Esperé a que lo hiciera clavando mi mirada. Cuando lo hizo, media docena de azotes y frente a mí otra vez.
- No soporto que intentes tomarme el pelo, porque esto no es ni mentir y menos para escaquearte de cosas. Parece que tengas quince años, y así te voy a tratar, cuando termine contigo ya te contaré cómo, pero de momento vamos a empezar por ocuparnos de tu culo un buen rato, ya te aviso que hoy vas a dormir boca abajo. Pero sigamos con las preguntas.
- ¿Que les pasa a las niñas grandes que mienten para escaquearse?
Su cara se puso cómo un tomate.
- Que se ganan un castigo...
- Muy bien, respuesta correcta ¿Y cómo las castigan?
Tragó saliva y cerró los ojos.
- Con unos azotes...en el culo
- Bueno veo que está parte de la lección te la sabes. Así que quiero ver ahora mismo ese culo en mis rodillas, perfectamente colocado y expuesto para recibir su castigo.
Me incorporé ligeramente, ella bajó sus manos se colocó a mi derecha y se tumbó despacio sobre mi regazo. Nada más hacerlo, empecé a acariciarle el culo, es inevitable ese tacto fino y sedoso aunque con alguna rojez ya. Sin decir nada empecé a azostarla lenta y progrsivamentez primero alternando nalga y nalga y a medida que aumentaba, le daba varios seguidos en el mismo cachete antes de cambiar, poco a poco fue cogiendo color, rosado, subiendo un tono, hasta unos cinco minutos después quedar todo rojo y bien cubierto por mi mano. Momento en el que paré, para volver a acariciarle suavemente el culo, ahora ya caliente al tacto. Durante un par de minutos, hasta que le di una ráfaga final corta pero rápido y le dije al parar.
- Tráeme la cuchara "nueva".
Se levantó y se quedó un momento parada.
- Nena, la cuchara...
Suspiró sin llegar a soplar , se dio la vuelta y empezó a caminar con la ropa en los tobillos y el culo rojo. La cuchara "nueva" la había comprado en un mercado de artesanía, era de madera de olivo y parecía bastante eficaz. De vuelta me la dio, la dejé en el brazo del sofá y le señalé mi regazo.
Volvió a "acomodarse" en él. Cogí la cuchara ligera, pero densa y muy bonita con las vetes típicas de la madera de olivo. Lo bueno de la cuchara es que es muy precisa y cómo es ligera puedes cubrir todo el culo con ella. Así que empecé por una buena tanda bien repartida que iba dibujando pequeños círculos rojos, después me dediqué a la unión entre nalgas y muslos, que ahí pica y más aún cuando usando mi mano izquierda le estiré la piel, tras una docena de azotes en cada nalga usando el método de estirar la piel, se quejó y llevó una mano atrás para protegerse.
- ¿Se puede saber que haces? Pon las manos en la espalda ahora!!!
- Pffffffff
Lo hizo.
- La palma de la mano izquierda hacia arriba
En cuanto lo hizo le di media docena de golpes simbólicos con la cuchara en la palma de la mano.
- Cómo vuelva a ver las manos moverse, te vas a arrepentir.
Entonces con mi mano izquierda le separé un nalga y le di unos cuantos azotes en esa cara oculta tanto de una cómo de la otra y terminé con una última ráfaga rápida bien repartida que dejó toda la piel de su culo llena de pequeños círculos rojos.
Al dejar la cuchara, empecé a acariciarle los muslos, pero sin llegar al culo, quería que sintiera bien el escozor y el calor. Así durante unos cinco minutos, hasta que le dije.
- Levanta deja la cuchara en su sitio y ven.
Cuando fue a la cocina, yo me levanté cogí el cuaderno lo puse en la mesa, junto con un bolígrafo de tinta azul y otro de tinta roja. En ese momento llegó.
- Ve a quitarte los vaqueros y el tanga.
Mientras iba, escribí en el cuaderno.
"Cada vez que intento tomarle el pelo a Santi, terminó con el culo rojo, caliente, dolorido y castigada".
Volvió totalmente desnuda de cintura para abajo.
- Siéntate y copia 100 veces la frase que he escrito. Una línea de cada color.
Me fui al sofá, se sentó con dificultades y empezó a copiar.
Un rato después se levantó y se acercó a mí cuaderno en mano. Lo cogí conté las líneas a continuación firmé y le di el cuaderno.
- A partir de mañana, leerás cada día una hora de temario pero lo harás delante de mí, y mientras no termines el temario no hay series ¿Está claro?
No contestó, entonces mis dedos se fueron a su sexo, pasé un dedo por la ranita, la miré y sonreí.
- Debi añadir algo más a las líneas "y además del culo rojo, caliente, dolorido y castigada, mojada". Deja el cuaderno en su sitio y ve a buscar el aceite y una toalla.
Dos minutos después estaba otra vez en mi regazo, cubierto por una toalla, mientras le hacía un largo masaje en el culo travieso y castigado.
-

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