Llevaban ya unas cuantas semanas con las normas nuevas. La primera la de dormir en la cama, la segunda la de controlar los antojos de guarrerías.
Con la primera iba bastante bien, alguna que otra advertencia por acostarse tarde algún día, pero en general bastante bien. La segunda era más complicada... Tenía un componente emocional muy grande para ella. Hacía mucho tiempo que tenía esa compulsión para calmar sus momentos más bajos, y controlarlo le resultaba difícil.
Él estaba teniendo mucha paciencia. La ayudaba cuando le venían esas ganas, intentaba entretenerla para calmar su ansiedad, pero en alguna ocasión también tuvo que ponerse serio.
Y es que hubo un día en que más que ansiedad fue puro capricho. Estaba aburrida, había salido pronto de trabajar, no tenía entrenamiento ni planes y tantas horas libre la descuadraban.
Intentó hablar con él, pero estaba trabajando. Aun así intentó hacer que se entretuviera con otra cosa, pero tras dos horas aguantando al final bajó al súper. Justo en ese momento él salía de trabajar y la llamó.
- Hola nena, qué haces?
- Nada... Descansando.
Él oía ruido de fondo. Y la notaba rara.
- Has salido?
- Ehh, sí, bueno, he salido un momento.
- A dónde has ido? - él ya empezó a sospechar
- A dar una vuelta rey, no seas tan cotilla!
- No te pases nena, que cotilla no soy. Es solo que llevas toda la tarde haciendo el tonto y me da a mi que al final has sucumbido y estás haciendo algo que no debes... O me equivoco?
- Mmm... Bueno rey, ahora no me des charlitas. Llevo toda la tarde nerviosa y necesito hacer esto.
- No, nena, no necesitas hacer eso. Habla conmigo, buscamos otra cosa, pero eso no es lo que mejor te viene.
- No me des la chapa. Voy a colgar, luego hablamos.
Y así, sin más acabó la conversación. Ella ya tenía el bote de helado y se iba camino a casa. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado ya tenía lo que quería, pero por otro se sentía mal consigo misma y con él. No debería haberle colgado ni hablado así.
Al llegar a casa se quedó un buen rato mirando el bote de helado. Deseaba llamarle y pedirle perdón, pero no se atrevía. Se había pasado mucho, y le daba vergüenza su comportamiento.
Estuvo una hora larga así, mirando el helado y el móvil. Al final decidió tirarlo. Hizo una foto al helado en la basura y se lo mandó junto con una frase.
- Siento muchísimo haberte hablado así. Perdóname por favor.
Le dio a enviar con la esperanza de que él diera el siguiente paso, pero tal y como esperaba estaba aun muy enfadado y tan solo le puso:
- Buena decisión. Mañana hablamos.
Y es que al día siguiente se verían. Era ya fin de semana y habían quedado en pasarlo juntos.
El viernes después de trabajar cogió la maleta y se fue al ave. Lo vio esperándola al salir del tren.
Se acercó a él expectante, sin saber cómo la recibiría.
- Hola rey...
- Hola. - y le dio un beso en los labios como solía hacer, pero le notó más frío.
- Vamos, tengo el coche mal aparcado.
Ella le siguió, ambos fueron sin hablar. Al meterse al coche ella ya no pudo más.
- Rey perdóname por favor, siento mucho lo que hice ayer, de verdad.
- Lo sé. Ahora hablamos en casa.
A ella manejar esos tiempos con calma le generaba mucha ansiedad, necesitaba arreglarlo ya, pero él tenía otro carácter más pausado.
Aguantó el trayecto como pudo, con alguna que otra lágrima derramada en silencio.
Al salir del coche él la vio y supo que se sentía mal. No hizo falta más, la abrazó fuerte abarcandola entera. Ella en ese momento se dejó ir y no pudo contener las lágrimas.
- Lo siento de verdad rey... No debí hablarte así.
- Ya nena, ya está.... Calmate por favor. Acepto tus disculpas, aunque ahora vamos a hablar seriamente de esto en casa, pero tranquilizate. No estoy enfadado, aunque sí creo que esto no puede pasar sin más.
Oirle así, con tono cariñoso, aunque firme la relajó un poco. Ya sabía que había pasado el límite y que habría consecuencias, pero al menos ya no era la frialdad de antes.
Subieron a casa, dejaron las maletas y ella se dio una ducha relajante. Salió más calmada, buscándole continuamente, no a nivel sexual sino físico, necesitaba sentirle cerca.
Cenaron tranquilos y se fueron al sofá.
Esta vez él no puso la tele. Se sentó y la miró serio.
- Nena quiero que hablemos de lo que pasó ayer.
- Santi yo.... Lo siento de verdad. Sé que me pasé.
- Cuando tú y yo hacemos un trato es consensuado, no?
- Sí...
- Y a menudo suele ser sobre algún tema que te preocupa o te resulta difícil cambiar sola.
- Lo sé rey...
- A mi me da igual que un día te comas un helado entero, pero sabes que cuando lo haces no es porque te apetezca sin más, es porque necesitas calmar otra cosa. Y eso sí me preocupa y es donde tenemos que trabajar.
- Tienes razón rey, pero no es fácil.
- Y no digo que lo sea, pero si me pides que te ayude lo último que espero es que me trates a coces.
Esto último la dolió, y es que efectivamente le había tratado mal. Bajó la cabeza sin saber qué decir.
- Quieres que apartemos este tema de mi control?
- No rey...
- Piensatelo bien nena, no voy a admitir más situaciones como las de ayer.
- Estoy segura rey... De verdad.
- Bien, pues ya lo sabes. Estoy para ti cuando lo necesites, pero eso implica que cuando me desobedezcas también estaré ahí.
Él la cogió de la barbilla para que le mirara a los ojos.
- Y ahora quiero que seas sincera, conmigo pero sobre todo contigo. Crees que tu comportamiento de ayer debe tener un castigo?
Se lo preguntó porque la conocía muy bien. Ella se sentía muy mal consigo misma por lo que había hecho, y castigarla era una forma de ayudarla a sacarse eso de dentro.
- Sí rey... - su voz era casi inapreciable.
- Bien nena, pues vamos allá. Te quiero ver en el rincón de cara a la pared mientras me preparo.
Ella obedeció sumisa. Llevaba un pijama cortito con pantalón de rayas blancas y rosas y una camiseta de algodón blanca de tirantes. Debajo tan solo unas braguitas blancas de algodón.
Tras diez minutos él la llamó. Le vio sentado en el sofá con la camisa remangada y serio, pero no enfadado. Con un gesto le indicó que se colocara de pie a un palmo de él.
- Este castigo no es por haberte comprado el helado, de hecho estoy muy orgulloso de que no te lo comieras, es por tu reacción infantil y evasiva y tus malos modales de ayer, de acuerdo?
- Sí rey... - la cara de ella denotaba sinceridad. Estaba rendida al castigo, no iba a luchar esta vez.
- Ahora quiero que te quites el pantaloncito y que te bajes las braguitas a las rodillas.
Ella obedeció no sin antes ruborizarse. Él quería hacerlo todo despacio, recalcando cada pasao para hacerla sentir castigada con cada acción, era lo que ella necesitaba.
Así desnuda ante él de cintura hacia abajo la tuvo de pie cerca de un minuto,solo mirandola, ella ruborizada le evitaba la mirada.
- Tumbate en mis rodillas, quiero el culo bien arriba.
Ella obedeció al momento. Tal y como le dijo se tumbó sobre él y subió el culo dejandole vía libre.
Él puso su mano derecha sobre sus nalgas. Le estaba costando castigarla, la veía muy vulnerable, pero sabía que hasta que no lo hiciera ella no se perdonaría.
Sin más empezó con los azotes. De momento solo con la mano,pero con un ritmo fuerte. Al poco tiempo ya tenía las nalgas bien rojas,pero no paró. Siguió hasta que le picaban las manos. Entonces sí hizo una pausa. Ella se quedó quieta intentando normalizar el ritmo de su respiración mientras él la acariciaba. Sus nalgas tenían un tono rojo un poco oscuro.
- Levántate .
La ayudó a incorporarse. Tenía el culo realmente ardiendo. Ambos necesitaban una pausa.
- Quiero que vayas al rincón y pienses durante un ratito si crees que con esto ha sido suficiente. Voy a demostrare mi confianza en ti dejando en tus manos la decisión. No quiero que pienses en lo que yo creo, quiero que me digas lo que tú necesitas.
Y así sin más la acompañó al rincón. Le colocó las braguitas en las rodillas y las manos encima de la cabeza.
- Cuando estés lista me avisas.
Estuvo casi quince minutos así. Él mientras se dedicó a observarla y a intentar comprender lo que pasaba por su cabeza.
- Ya estoy rey- dijo bajito
- Muy bien nena. Ven y dime, hemos acabado aquí?
- No... - dijo bajando la mirada
- Estás segura?
- Sí...
- Muy bien, pues elige. O doce con el cinturón o venticuatro con la cuchara de madera.
- La cuchara...
- Bien, ve a por ella. Y las braguitas en las rodillas, que no se caigan.
Eso le daba un toque añadido al castigo y le quitaba cierta seriedad.
Verla andar intentando que no se movieran le daba cierta ternura y un toque infantil y vergonzoso.
Volvió con la cuchara en la mano y se tumbó sobre sus rodillas.
- Muy bien nena, serán veinticuatro. No haré pausas y no quiero pataleos, entendido?
- Sí
Y sin más empezó la ronda. Veinticuatro azotes con la cuchara repartidos entre las dos nalgas, sobre el mismo punto para aumentar el escozor.
Los aguantó como pudo, pero no pataleó.
Tras el último rompió a llorar. Un llanto sentido, necesario, liberador. Él la dejó llorar así un rato, acariciandola con sus manos. Tras unos minutos la cogió suavemente y despacito la sentó sobre él. Ella se le abrazó fuerte, necesitaba sentirle cerca. Había demasiada carga emocional en ese castigo y él sabía manejarlo.
Tras un buen rato así ella se quedó dormida sobre él. La tumbó suavemente en el sofá y terminó de quitarle las braguitas. La cubrió con una sábana y la dejó descansar.
Mientras él se puso la tele. Al rato ella despertó como nueva, toda esa culpa había desaparecido. Sentía cierto pudor al verse desnuda de cintura para abajo y se tapó bien con la sábana.
- Hola bella durmiente! Cómo estás? - y se acercó hasta casi tumbarse sobre ella.
- Hola rey... Bien, mucho mejor.
- Solo necesitabas liberar esa culpa, verdad? Ahora borrón y cuenta nueva
- sí rey... Gracias por cuidarme así.
Y se acercó besandola en el cuello, debajo de sus clavículas, levantandole la camiseta le besó sus pechos, se detuvo un buen rato en ellos...
Ella notaba la humedad en su sexo y la reacción de él entre sus pantalones...
Le quitó la sábana para tener pleno acceso y se metió entre sus piernas, haciendo magia con su boca y con sus manos. Tras unos minutos ella necesitaba probarle, se incorporó y quitándole la ropa se centró en su erección. Se la metió en su boca hasta que le hizo correrse. Ese día sentía que necesitaba darle eso... Darle placer en recompensa a todas las sensaciones que él le hacía sentir.
Tras acabar ella se recostó sobre él. No necesitaba nada más.

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