Pues ya volvemos a estar por aquí, después de esta pausa veraniega, por cierto en el verano más infernal que recuerdo. Así que es momento ya de retomar dinámicas y volver a escribir sobre los entresijos de esto que tanto nos fascina. Y para empezar temporada vamos a hablar de las extrañas similitudes entre juegos y sexo.
Hay mucha gente que desvincula ambas cosas, cómo compartimentos estancos, se engañan a sí mismos, el spanking es sexo, tal vez simbólico o diferente pero al fin y al cabo nos excita sexualmente y quien diga lo contrario miente.
Si analizamos lo puramente físico en el spanking hay una marcada similitud con el sexo. Los azotes recuerdan el movimiento de empuje pélvico que se produce durante el coito. Un movimiento rítmico y repetido, acompañado de una restricción del movimiento y una rendición. También ese movimiento genera un estímulo genital indirecto, por cercanía.
Incluso podríamos decir que el alivio al cese de los azotes, puede recordar vagamente al alivio orgasmico de la excitación sexual.
Cada vez tengo más claro que quiénes tenemos está fantasía, somos adictos a la excitación a mantenerla cuánto más tiempo mejor. En el sexo el orgasmo es el final de la excitación, por lo menos temporalmente y digamos que hay que remontarla para repetir. En el spanking esto no sucede de forma tan abrupta, los azotes cesan pero el latido persiste por un tiempo, se siente la piel palpitante y caliente y esa sensación se irradia a los genitales. Con lo que ese alivio del cese de los azotes es sólo por un ínfimo instante, al contrario, pasado ese instante queda una sensación física que sigue alimentando la excitación.
Estoy convencido que la sensación perseguida es esa última, esa sensación de sentir la piel caliente y palpitante. El dolor duele, pero es indispensable para conseguir esa sensación perturbadora.
Espero que hayáis pasado un buen verano. Bienvenidos de nuevo.

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