Nunca he entendido mucho eso de las azotainas de mantenimiento, y más sin motivo. Pero tengo que reconocer que el ritual me parece siempre muy morboso y más que azotaina de mantenimiento, lo que si me gusta, es la figura de la azotaina de "recuerdo" está tiene motivo, alguna falta pasada grave.
Le había dicho que los próximos cuatro domingos, antes de irnos a la cama recibiría una zurra, sin que eso fuera razón para que si daba motivos recibiera las necesarias entre tanto. Ésta sería independiente. El motivo, el de siempre, esa mezcla de orgullo, testarudez y lengua larga.
El fin de semana había sido tranquilo, tal vez por eso, me miró por sorpresa cuando después de cenar le dije.
- Preparalo todo, que tenemos algo pendiente.
- Santi...
- No empecemos...
Resopló, se levantó de mala gana y se fue un momento al baño. Mis palabras habían sido muy claras.
" Durante los próximos cuatro domingos cuando terminemos de cenar te quiero ver con la nariz pegada a la pared, la camiseta levantada y las bragas por las rodillas, ábrete de piernas para que no se caigan. Y antes te vas a por el cepillo, pones la silla en medio del salón y dejas el cepillo sobre la silla, te voy a quitar la manía de venirte arriba cuando hay más gente".
Cuando la vi sacar la silla ponerla justo a mitad de camino entre la tele y el sofá, dejar el cepillo dando un golpecito que sobraba, resoplar y caminar hasta la pared, volver a suspirar bajarse las braguitas por las rodillas, separar las piernas para evitar que cayeran a los tobillos y por último llevar las manos detrás de la espalda para sostener la camiseta levantada, pensaba que podía pasar por su cabeza. Avergonzada, vulnerable, expuesta, pero seguro que también excitada, sintiendo la humedad inundar su coñito. Imaginaba también que podía casi sentir el calor y el escozor en el culo incluso antes de recibir el primer azote.
La espera y la anticipación también son parte del castigo, y hasta la elección del día lo era. El domingo, para que así el lunes fiera a trabajar con un recuerdo de su comportamiento.
Me levanté cuando ya la había escuchado resoplar cuatro o cinco veces, me senté en la silla, desde ella llegaba a tocarla, deje el cepillo en el suelo, la cogí del brazo y la puse frente a mí. Las braguitas cayeron a los tobillos, se las volví a subir.
- Separa las piernas y mantén las braguitas ahí
" Las niñas grandes traviesas no tienen derecho a la modestia" seguro que recordaba esa frase.
- Las manos en la cabeza.
Ahora no era su culo el que estaba expuesto frente a mí era su sexo, pasé un dedo entre sus labios...
- ¿En qué estabas pensando cara a la pared?
Le dije mostrándole el dedo húmedo. Su rostro está rojo, cómo pronto lo estará su culo.
- Ponte en mis rodillas y que no se caigan las braguitas.
La estoy provocando en busca de una rebelión pero no se mueve torpemente y se pone en mis rodillas, sin que la ropa interior baje a los tobillos, además tiene que sostener las piernas abiertas sobre mis rodillas, así que además del culito bien presentado y levantado para que lo ponga rojo, expone toda su intimidad.
En ese momento empiezo a acariciarle las nalgas tiernas, suaves, esponjosas y blancas de momento y le digo.
- Tú y yo tenemos un trato, yo me ocupo de ti y de tu disciplina y a cambio tu respetas mis decisiones y me respetas a mi. Cuando te saltas ese trato, ya sabes cómo terminas, con el culo rojo.
Empiezo a azotarla, mi mano izquierda está en su cadera y la derecha cae mecánicamente en sus nalgas, alternando derecha e izquierda, repartiendo bien los azotes por toda la piel, poco a poco voy subiendo a más rápido y seguido, hasta llegar a un buen ritmo, que hace que su piel coja color y vaya subiendo de tono, hasta ese rojo vivo y brillante, entonces me detengo.
Espero un momento, quiero que sienta el calor de la azotaina, hasta que empiezo a pasar rozando mis dedos por los bordes de la zona enrojecida por el castigo.
- Así acaban las niñas grandes bordes, con el culo rojo, caliente y dolorido...
Veo su sexo entreabierto, está también rojito y en la grieta entre sus labios un sospechoso brillo, sigo acariciando los bordes de la zona azotada, pero también los muslos, sin llegar al sexo, quedándome en las puertas.
- Dame el cepillo.
Lo he dejado frente a su cara en el suelo, es el cepillo pequeño ovalado, manejable pero denso y efectivo. Suspira lo coge y alarga su mano hacia atrás, se lo cojo y empiezo a pasar la madera por la piel castigada. Pronto el sonido sordo de la madera resuena en el salón, es un sonido seco y no muy fuerte comparado con la mano, esta vez los azotes no van repartidos van concentrados a justo encima del pliegue del glúteo, ahí pica y además es la zona de sentarse, ya no sigo el ritmo alterno, tres o cuatro seguidos en la misma nalga y cambio, llevo poco más de dos minutos y ya suspira y levanta un pie de vez en cuando. Paro un momento justo encima de la arruga del culo tiene dos círculos rojos, soy un poco malo, y le doy unos cuantos más estirando la piel y otros pocos separando un nalga y la otra, esos pican.
Entonces paso el cepillo suavemente por la piel castigada, cómo si la cepillase muy suavemente... resopla....y más cuando juego con el cepillo por la cara interna de los muslos, sin llegar al sexo en ningún momento. Juego un buen rato, sin prisa.
- Levanta.
Se levanta, las braguitas caen a los tobillos, las cojo y le pido que levante un pie para quitárselas. Me levanto y cojo la silla. La pongo frente a la pared. La hago ponerse de rodillas sobre el asiento de la silla, manos en la espalda, le recuerdo que no puede tocarse el culo para aliviar, la nariz tocando la pared, eso hace que tenga que arquear la espalda y exponer el culo rojo.
Me siento en el sofá, es una posición incómoda y más con el culo recién zurrado.
Un par o tres de minutos después me levanto, me acerco por detrás, mi brazo izquierdo le rodea la cintura por detrás y mi mano derecha se va a su sexo, está empapado, tanto que lo froto un poco y suena a chapoteo, le meto un dedo, dos, suspira, la mano izquierda baja por su vientre hasta su pubis y justo donde nacen sus labios hago una ligera presión a la vez que empiezo a meter y sacar los dedos de su coño desde detrás, jadea apoya las manos en la pared, sigo más rápido y fuerte, siento que me moja la mano entera , grita y me aprisiona los dedos con los músculos contraídos de su coño, se corre cara a la pared, de rodillas en encima de la silla, la sujeto, espero que recupere el aliento, mis dedos siguen dentro del coño y me gotea la mano.
La ayudo a levantarse, la llevó hasta el sofá, le digo que se tumbe boca arriba. Lo hace relajada...
Voy a buscar la crema fresca, me siento junto a sus piernas en un pequeño hueco, y le hago un largo masaje en el culo.

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