Los dos meses del calor, yo también hacía horario seguido en el trabajo, lo que significaba que coincidíamos bastante en horarios. Ella llegaba a casa apenas una hora antes que yo. Así que me dio por cocinar por las noches y dejar la comida preparada para el día siguiente. Además ella había terminado de momento con los cursos y exámenes que la habían tenido varios meses de los nervios. Lo malo es que aunque teníamos bastante tiempo libre con aquella calor, lo único que apetecía era ocultarse del sol, hasta el atardecer tardío típico de esa época del año.
Al salir de trabajar tuve que arrancar el coche y poner el aire acondicionado un rato, antes de atreverme a entrar después de toda la mañana al sol. Llegué a casa, entré, sólo pensaba en ponerme cómodo y comer algo. Ella estaba estirada en el sofá sólo con una camiseta y lo que llevara debajo, descalza
- ¿Que tal nena? - le di un beso-
- Pffff ahogada de calor.
- Si hoy es exagerado y aún queda verano.
Me cambié de ropa, un pantalón corto de deporte y nada más y me fui para la cocina, abrí la nevera y saque lo que había cocinado la noche anterior, estaba sin tocar.
- Nena ¿Has comido?
- Pfffff no tengo hambre, sólo sed, come tú, ya luego picaré algo.
Me preparé la comida y me senté a comer tranquilamente. Al terminar cogí un yogurt y se lo llevé al salón.
- Toma come algo que no puedes estar sin comer.
- Santi, que parte de no tengo hambre no has entendido?
- Va cómetelo que está fresquito y así tienes algo en el estómago.
- Pffff y luego la testaruda soy yo, trae anda.
Le di el yogurt y lo dejó en la mesita. Un rato después no lo había tocado, me levanté.
- Voy a hacer café ¿Quieres?
- No, gracias
- Y cómete el yogurt que se va a calentar.
- Pfffffffff
Lo abrió a mala gana y se comió un par de cucharadas. Preparé una cafetera me puse un café y vuelta al sofá. Me tomé el café tranquilamente, ella sujetaba el yogurt pero estaba más concentrada con la tele. Me levanté.
- Venga termímatelo y me lo llevo que voy a la cocina.
- Joder!!! Vale ya pesado!!!! Toma ya estoy!!!!
Me tiró el yogurt que estaba a medias rebotó en mi pecho salpicandome y cayó al suelo. Mi cara imagino que en ese momento era una mezcla de asombro e incredulidad. La suya también pero al ver la mía le dio por reír. Hasta que dejé la taza de café en la mesa, me fui para ella, la levanté cogiéndola del brazo a la fuerza, nada más levantarla, le solté unos cuantos cachetes que sonaron a piel así que debieron caerle en la parte de atrás de los muslos.
- Hasta aquí has llegado hoy.
La llevé con firmeza hasta la esquina y allí unos cuantos cachetes más sin soltarla que trataba de evitar sin mucho éxito.
- Pon las manos en la cabeza y los codos tocando la esquina
Otro par de cachetes. Lo hizo metí mis manos dentro de la camiseta y de un tirón le bajé el tanga hasta los tobillos.
- Ni respirar te quiero escuchar.
Fui al baño a limpiarme y después a la cocina, fregué lo que había ensuciado y me fui para el comedor.
- Recoge esto ahora mismo!!!
Resopló, salió del rincón dejando allí el tanga, fue a la cocina a por un paño y recogió, tardaba en volver.
- ¿Que haces?
- Fumar...
- Pues déjalo y ven aquí.
- Me lo acabo de encender...
- Cómo tenga que ir a buscarte...
Escuché sus pasos por el pasillo al momento, en cuanto entró, le dije.
- Coge una silla y ponla ahí
Otro soplido, cogió la silla y la puso mirando al balcón en el centro del salón. Nada más ponerla me levanté, me senté, la cogí de la mano y la puse en mi regazo, camiseta bien levantada a media espalda, aún podía ver mis dedos marcados en uno de sus muslos.
- Te voy quitar yo ese carácter impulsivo.
Comencé a azotarla sobre la piel desnuda directamente, sin miramientos, ni progresividades, rápidos, fuertes y seguidos desde el primero.
- A veces antes de actuar hay que contar a 10 o a 100, es fácil, así que cuenta mentalmente y cuando llegues a cien avisa.
Aumenté la velocidad de las palmadas, a ver si era más rápida contado que yo dejándole el culo como un tomate.
- Cien!!!!
Paré, y si ya lo tenía bastante rojo.
- Has visto? No cuesta tanto, vuelve a contar.
Y yo volví a empezar, rápido y fuerte. Hasta volver a escuchar:
- Cien!!!
- Levanta.
Tal y cómo se levantó, me levanté yo la cogí de la oreja y para la habitación de camino le cayó alguno extra y directa a la esquina de la habitación.
- Las manos detrás, aguantando la camiseta levantada que te dé el aire en el culo.
Esperé a que lo hiciera y me fui cerrando la puerta, a la cocina, abrí la nevera, busqué en el cajón de la fruta y cogí el jengibre, la calor la tenía de malhumor, pues iba a pasar calor. Pelé un dedo de jengibre del grosor de mi dedo pulgar, le di algo de forma de bala y para la habitación en su platito. Entre lo dejé en la mesita, abrí el armario cogí la almohada redonda de los masajes y la puse justo en una esquina de la cama, entonces la fui a buscar, la llevé del brazo hasta la esquina de la cama y la hice colocarse allí, la esquina hacía que tuviera que separar las piernas una a cada lado y la almohada quedaba justo entre las piernas y a la vez elevaba el culo.
Fui a por el jengibre.
- Pfffff... Santi...
- Calentito por fuera y por dentro, otro día contarás a cien.
Le separé las nalgas, agarró una almohada y el jengibre entró despacio.
- No te muevas.
Abrí el cajón de la mesita cogí el plug mediano de acero y me fui a la cocina para meterlo en el congelador. De vuelta a la habitación estaba resoplando.
- Pffff como escuece este...
Abrí la puerta del armario y elegí cinturón, lo doblé detrás suyo.
- Y más va a escocer.
Sin más aviso el estrelle el cinturon en su piel desnuda. Al momento una franja roja, volví a apuntar y otra, ahora si iba despacio, dejaba pasar unos largos segundos entre azote y azote, a la que llevaba diez le puse en el otro lado y diez más desde el otro lado, al terminar ya no habían franjas era todo como un cuadrado rojo intenso, con puntitos aún más rojos. Con parsimonia guardé el cinturón en su sitio y me senté en la cama.
Le pasé los dedos por los muslos, desde la parte traseras de las rodillas hasta el nacimiento de las nalgas, en ambas piernas varias veces. Hasta que empecé a jugar con el jengibre, haciéndolo entrar y salir, empezó a gemir...
- No decías que escocía...
- Quema...
Seguí jugando un ratito con el jengibre y a la vez le iba dando alguna palmada, finalmente se lo quité.
- No te muevas.
Fui a la cocina, lo tiré a la basura y cogí el plug helado del congelador. De vuelta a la habitación, me senté otra vez, con la mano izquierda le separé las nalgas castigadas y llevé la punta del plug a donde acababa de sacar el dedo de jengibre, al notarlo dio un respingo, mojado de la condensación empecé a presionar despacito, lo metía un poco y lo volvía a sacar, así varias veces, hasta que en una al llegar al punto más ancho presioné un poco más y entró a acompañado de un suspiro...puse mi mano izquierda en su espalda y con el plug dentro ya le di una docena de palmadas. Al terminar llevé toda mi mano entre sus piernas y empecé a frotar despacio...
- Esto no parece sudor...
Lo siguiente fue desnudarme yo y tomarla allí en la esquina de la cama, con el culo rojo, caliente y el plug...y si acabamos sudando.

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