jueves, 28 de julio de 2022

Frente al espejo.

 



No me lo podía creer, me acababa de bloquear en el whatsapp!!!!!, pues al parecer si, me había bloqueado y todo por un pequeño intercambio de opiniones. Al principio hasta me dio por reír, pero luego pensando, llegué a la conclusión que esos "ataques" de orgullo, necesitaban de mano firme y una rebaja cíclica de ese orgullo tan suyo.

Cuando llegué a casa aquel viernes, le hice la pregunta retórica, pero en plan conciliador.

-¿Entonces me has bloqueado del whatsapp?

-Si, ya los sabes.

-¿Puedo saber por qué?

-Por pesado, sólo lo usas para regañarme, pues nada bloqueado y punto.

-A ver nena, que te cuesta recoger el baño si te duchas, es que no lo entiendo.

-Y a ti que te cuesta dejarlo tal cual y ya lo recogeré cuando vuelva, que por las mañanas voy con el tiempo justo.

-Pues te levantas antes dormilona

-Pufffff, no empieces, no nos vamos a entender en esto, tu déjalo todo tal cual, no toques nada

-¿Y cuando piensas desbloquearme?

-Ya veré....

Estaba cansado, semana larga y dura y no tenía muchas ganas de empezar un partido de tenis, que sabía cómo iba a acabar, así que lo dejé ahí, dejando que creyese que se anotaba una victoria. Noche tranquila y distendida, cenita, película y pronto a descansar, los dos agotados de la semana. Las noches eran cortas ya y el calor se empezaba a notar, así que había dos opciones quitar el edredón o dormir desnudos y elegimos la segunda. Es un placer dormir desnudo y siempre más tentador.

Ya hacía un rato que el sol entraba por las rendijas de las persianas, y yo estaba despierto, miré la hora pensando que era muy pronto para despertarla, pero no era tan pronto, se notaba que estábamos cansados, así que empecé a tontear para despertarla jugando un poco. Su primera reacción fue darse media vuelta y medio dormida soltarme un:

-Déjame en paz cansino...

Pero cuando mi mano se coló entre sus piernas buscando la piel impuluta de su pubis, no sólo dejó de quejarse sino que se puso bien, boca arriba, separando las piernas y eso que aún se hacía la dormida, sonreí y empecé a jugar con la suave y caliente hendidura entre sus piernas, pasando un dedo entre sus labios y ella empezó a suspirar y a lubricar, lo que hizo que aún me animase más a seguir jugando con mis dedos en su sexo, primero por fuera, labios exteriores, perineo y luego ya palpando cada pliegue, cada rincón desde el monte de Venus, hasta el perineo. Sus suspiros eran cada vez más frecuentes y largos y mis dedos empapados de su esencia entraron sin problema en su cálido y húmedo tunel de carne. Apoyé mi mano izquierda justo encima del clitorís haciendo presión suave hacia abajo y mis dedos empezaro a entrar y salir despacio de su coño, a la vez ella empezó a mover las caderas y los suspiros se volvieron gemidos y eso a la vez era combustible para mis ganas de hacerla gozar, paré un momento, dejando mis dedos dentro, quité el edredón para ver, con la mano izquierda le separé los labios, me encanta ver, su sexo hinchado, rojo y mojado, el clítoris fuera del capuchón lleno de sangre, tan sensible que sólo rozarlo se hace molesto y seguí metiendo y sacando mis dedos cada vez más rápido, quería llevarla a ese punto que no hay marcha atrás...pero teníamos cuentas pendientes que saldar, y cuando estaba a punto paré.

Ahí abrió los ojos por primera vez en todo aquel rato, la miré fijamente y , saqué mis dedos y con esos dos mismos dedos, le pincé el clitoris hinchado retorciéndolo un poco.

-¿Crees que la señorita orgullosa merece un premio por su comportamiento?

Un ráfada de palmadas rápidas cayó entre sus piernas, institivamente las cerró y se las abrí de nuevo a la fuerza, le agarré con fuerza el coño.

-Tengo cuantas pendientes contigo señorita. Sabes que no soporto esos ataques de orgullo.

Otra ráfaga de palmaditas cayó entre sus piernas, enrojeciendo aún más el sexo ya enrojecido e hinchado de la excitación y al terminar le dije.

-Ahora te vas a dar una ducha, cuando termines aquí te espero, que el orgullo empieza en la cabeza y termina en el culo. Ahhhh y recoge el baño.

Se me quedó mirando extrañada y confundida.

-¿Tengo que llevarte yo?

Se levantó enfadada o frustrada y se fue al baño. Cuando apareció un rato después totalmente desnuda, olía genial a recién duchada, yo estaba sentado en la cama, se acercó a mi totalmente desnuda, me abrazó, estando yo sentado y yo empecé a sobarle el culo desnudo.

-Vale tienes razón, lo siento ya te desbloqueo, pero es que a veces me sacas de quicio.

Le agarré con fuerza las nalgas y la miré serio desde abajo y le dije.

-Pues tengo un método para trabajar la paciencia que no falla.

La cogí de la mano, tirón y a mis rodillas, no se quejó, no luchó, empecé a acariciarle el culo bien expuesto en mi regazo.

-Al final, todo acaba en el mismo sitio y eso tu orgullo debería saberlo ya.

Dejé las caricias para empezar a azotarla suavemente al principio, a medida que iban cayendo las palmadas aumentaba el ritmo y cómo aún era bastante pronto, paré un momento para poner la radio, los vecinos podían escuchar lo que no debían, una vez puesta seguí al ritmo que me marcaba la música, la piel blanca y suave se fue sonrosando y calentando, es curioso la capacidad que tiene de estimulación el cambio de color, conforme se va enrojeciendo, cómo que anima a subir más el tono y a azotar con mas ritmo y fuerza. Nada y cuando sigo nada es nada, consigue un color tan bonito y uniforme como una buena azotaina a mano, además cualquiera que lo haya probado, sabe que el tacto, la mordida, el escozor y todas la sensaciones que da la mano son inconfundibles. Pero también la mano se cansa, y pica, así que cuando quieres dar una lección, usar algo más ayuda y mucho.

Con el culo ya rojo como un tomate, la hice levantarse y la acompañé hasta el espejo de cuerpo entero, tras la puerta, allí le hice ponerse a un palmo del espejo, con las manos sobre la cabeza, así podia ver desde la cama, su cara en el espejo y su culo rojo y ardiente. Y viendo esa imágen me vino a la cabeza esa idea de poner frente al espejo, que se dice tanto, para reconocer errores. Dejé que pasara un rato, que sintiera bien el ardor de la azotaina y el hormigueo en su culo, pasados unos diez minutos me levanté, abrí el armario y cogí uno de mis cinturones que doblé y estiré varias veces mientras me acercaba a ella, entonces le dije.

-Quiero que mantengas la mirada al espejo.

Cuando pensamos en posiciones para azotar, pocas veces pensamos en azotar de pie y es una posición muy válida, simplemente se pide que la pequeña traviesa mantenga las manos sobre la cabeza nada más, no es necesario que se incline, el culo ya sobresale lo suficiente y esa posición con la espalda recta hace imposible mantener los glúteos tensos mucho tiempo, así que los azotes caen siempre sobre la piel relajada. Tal vez sea un poco incómodo para quien azota, pero con el cinturón no hay problema, ni para acertar con precisión, ni obliga a adoptar posiciones extrañas, simplemente te separas un poco hacia un lado, apuntas y disparas, la mayoría caeran en la zona que más sobresale del culo, que viene a ser justo la mitad de las nalgas.

Y así de pie y desnuda frente al espejo empecé a hacer sonar el chasquido inconfundible del cuero de su cinturón contra su piel desnuda. Tras el golpe miraba el espejo, para ver su cara, la primera docena los aguantó estoicamente sin un gesto, totalmente impasible, salvo por el rubor en sus mejillas, pero a partir de los quince más o menos empezó a cerrar los ojos y suspirar, señal que la piel empezaba a arder. Entonces jugué a los cambios de ritmo a una ráfaga de cuatro o cinco seguidos, seguía una pausa y cuatro o cinco más bien espaciados, pero más fuertes, su piel empezaba a estar decorada de las inconfundibles franjas del cuero, seguí un rato más ocupándome de su culo y bajando su orgullo frente a aquel espejo, hasta que decidí que de momento era suficiente. Guardé el cinturón, la cogí de un brazo, le di la vuelta para que viera cual era el resultado del ataque de orgullo en su culo, siempre me ha fascinado, como en estos casos se queda un buen rato mirando, la piel magullada de sus nalgas, sin decir nada.

Hasta que la llevé junto a la puerta de entrada y alli la dejé mirando un rato la puerta mientras preparaba el desayuno. Cuando estuvo, la llamé a desayunar y sentada en silencio sobre la dura silla de la cocina desayunamos.

Aquel sábado por la noche teníamos un compromiso y muchas cosas por hacer, entre otras la compra, así que después de desayunar repartimos tareas y nos pusimos manos a la obra. Yo fui a hacer la compra  y ella cosas en casa, comimos, hicimos una siesta y ya era hora de empezar a arreglarnos para salir. Yo elegí que se iba a poner aquel día y elegi un vestido corto, muy de verano. Yo la esperaba ya preparado para irnos cuando apareció ya vestida, miré el reloj, nos sobraban 20 minutos, le dije que se acercara, lo hizo , metí  las manos bajo el vestido y de un tirón le bajé el tanga negro que llevaba bajo el vestido, le di la mano, y ya vestida y arreglada, la puse de nuevo en mis rodillas, le levanté el vestido, pasé mis dedos por las marcas del cinturón y sin que lo esperara, empecé a azotarla otra vez con la mano, mientras le decía.

-Vas a ir a la cena, con el culo bien rojo y caliente.

Y así fue, seguí azotándole el culo con mi mano el rato suficiente para volver a ponérselo como una cereza madura. Cuando me aseguré que no le fuera fácil sentarse aquella noche, al menos la primera hora, paré y sin darle tiempo a reaccionar, con mi mano izquierda separé sus nalgas y con la derecha cogí algo que había escondido envuelto en papel de aluminio bajo uno cojín. Era un tallo de jengibre, pelado y tallado en forma de plug, se lo pasé varias veces alrededor del agujero, procurando que los jugos del jengibre, lo impregnaran bien por fuera, antes de metérselo despacio, cuando estuvo dentro, le subí el tanga y la hice levantarse.

Nos montamos en el coche, ella con el culo rojo y ardiente por fuera y el jengibre haciendo el mismo efecto por dentro. 20 minutos más tarde aparcamos, busqué  un lugar algo apartado, en todo el camino no había dicho nada, la miré y le pedí el tanga, suspiró, levantó el culo, metió las manos bajo el vestido, se lo quitó y me lo dio. Lo cogí y lo puse en la guantera, entonces la hice subirse en el asiento de rodillas, le levanté el vestido por detrás, le quité el jengibre, lo guardé de nuevo en el papel de  aluminio y también a la guantera.

Cuando salimos del coche hacía el lugar de la cita,  me la imaginaba con el escozor de los azotes en las nalgas vivo aun y el efecto del jengibre que dura una media hora hasta empezar a bajar. Pero también imaginaba la humedad bajando por sus piernas sin nada que la retuviera.

Al principio estuvo como ausente, pero a medida que los efectos de todo fueron disminuyendo, la cosa empezó a normalizarse, eso si cada vez que podía aprovechaba para hacer alguna incursión con la mano bajo el vestido. 

Sobre las 2 de la madrugada decidimos volver, al montarnos en el coche la hice repetir la operación a la inversa. De rodillas sobre el asiento, le levanté el vestido, saqué de nuevo el jengibre y se lo puse, cuando se sentó, le di el tanga y se lo hice poner, para la vuelta.

Ya en casa, le dije que se tumbase boca abajo en la cama, le levanté el vestido, le quité el tanga y el jengibre, sus muslos parecían unas cataratas y así en esa posición totalmente tumbada boca abajo,  lo primero que hice fue follarle el culo, para calmar el escozor, mientras mi polla entraba y salia de su culo, le di permiso para tocarse.

Fin.

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