Mariposas de Chocolate
sábado, 7 de noviembre de 2026
Cumpleaños sin batería
sábado, 24 de octubre de 2026
Impaciente.
- ¿ Que plan tenemos hoy?
Me dijo mientras desayunábamos perezosamente el domingo.
- No hay plan ¿Por?
- ¿No vamos a colocar el mueble del cuarto de baño?
El sábado habíamos estado en el centro comercial en busca de un mueble para el baño, del cuál llevaba detrás un tiempo.
- No hoy no, que hay que taladrar y no es cuestión de molestar a los vecinos un domingo.
- Bueno no hace falta que sea ya, más tarde...
- Nena, es domingo, mañana al salir lo coloco que es un rato
- Pues por eso, será sólo un rato y a mediodía no molestamos.
- Hoy no lo voy a poner ¿Que prisa te ha dado?
- Es que hace ilusión y así puedo ordenar mis cosas
- Tienes toda la semana para eso
No insistió más pero no se quedó muy convencida. De hecho estuvo todo el domingo en plan cría enfurruñada, con un par de advertencias incluidas.
Cuando salí el lunes de trabajar me fui para casa con la idea de colocar el armario, mi sorpresa fue entrar y encontrarla fregona en mano en el pasillo, justa frente a la puerta del baño, al verme puso cara de no haber roto un plato, me fui para allá y al asomarme....
- ¿Se puede saber que ha pasado aquí?
- Nada...un pequeño accidente.
El baño estaba inundado, había un azulejo roto.
- No me digas que has intentado colocar el mueble!!!!
- No te enfades, parecía sencillo...
Vi el taladro aún enchufado y los desenchufé de inmediato.
- Y encima descalza ¿Se puede saber en qué estás pensando? ¿No te dije que lo haría hoy?
- Pero es que tardabas mucho....
Resoplé con fuerza y entré, había "pinchado" un tubo de agua y claro la había liado parda. Por suerte había varias llaves de paso y no nos quedábamos sin agua en casa y teníamos el otro baño, en aquel momento la hubiera puesto en mis rodillas y le hubiera puesto el culo morado, pero en caliente mejor que no, ya llegaría el momento de ajustar cuentas.
- Recoge esto y ya hablaremos.
Fui a por ropa y me fui a dar una ducha al otro baño. Al salir aún estaba recogiendo y todavía tardó un rato en terminar. Cuando lo hizo se acercó cabizbaja hacia mi que estaba en el sofá.
- Lo siento, no pensaba que podía hacer este estropicio....
- Ya...el problema es ese: no pensar. Y ahora por no pensar algo que hubiera llevado media hora va a costar 3 tardes solucionar. Pero bueno, no quiero darle más vueltas, ve a darte un ducha y mañana será otro día.
Me miró sorprendida, supongo que esperaba algo más, pero había decidido cocinarla a fuego lento, que es más "educativo".
Ya no volví a comentar nada más aquel día, eso sí estuvo suave cómo el terciopelo.
Al día siguiente, le escribí un correo al trabajo.
" Hoy cuando llegues a casa, vas al que se encarga de la comunidad y le pides que te dé 5 azulejos del baño, se que tienen en stock, los subes a casa los dejas en la baño, te pones el pijama y me esperas".
Al salir me fui para casa, antes pasé por el almacén de material a buscar lo que necesitaría para reparar aque desaguisado. Subí a casa con el cargamento en un capazo. Y allí estaba esperándome con expectación. Le di un beso al llegar con normalidad.
- Voy a ponerme ropa de trabajo y vamos a ver cómo solucionamos el tema.
- Joooo lo siento mucho, yo te ayudo.
- No te preocupes que en eso ya he pensado.
Fui a cambiarme, me puse ropa vieja, ella estaba en la cocina.
- Nena ven aquí y traeme uno de los taburetes de la cocina.
Enseguida apareció con el taburete.
- ¿No te iría mejor la escalera?
- No es para mí, es para ti.
Cogí el taburete y lo puse frente a donde tenía que trabajar.
- Pon las manos sobre la cabeza.
Su cara cambió pero lo hizo y nada más hacerlo de un tirón le bajé el pantalón del pijama y después la braguitas.
- Siéntate
Se puso roja al instante y se sentó sobre el taburete con el pantalón y las braguitas en los tobillos, le hice poner las manos en la espalda y le dije.
- No te muevas y en silencio hasta que te diga.
Y me puse a trabajar, tuve que romper 4 azulejos, y hacer un agujero en la pared para llegar hasta el tubo pinchado y tener espacio para trabajar, lo corté y me quedé un trozo para al día siguiente ir a buscar las piezas de la medida para empalmar. Cuando acabé, la hice levantarse, le subí la ropa y le dije que limpiara los escombros y los pusiera en el capazo que por la mañana, me lo llevaría y me fui a la ducha, después cenamos tranquilamente y a la cama.
Al día siguiente mismo ritual, al llegar la hice sentarse en el taburete con la ropa en los tobillos mientras empalmaba el tubo y después limpiar.
El tercer día lo mismo, ya tapando el agujero y poniendo los azulejos.
Y al cuarto día igual mientras colocaba el mueble. Sólo que al terminar de colocarlo, en vez de hacerla limpiar, la tuve allí mientras recogía y al terminar sin subirle la ropa la hice levantarse la cogí del brazo y la llevé hasta el rincón del salón.
- Ahora me voy a dar una ducha y luego ajustaremos cuentas pendientes, has tenido mucho tiempo para pensar en tu comportamiento caprichoso e impulsivo y sus consecuencias.
Me fui a dar la ducha con calma, y al volver me senté en el sofá y la llamé. Se acercó caminando con la ropa en los tobillos hasta pararse frente a mis rodillas.
- No te voy a dar muchas explicaciones, ya has podido comprobar los efectos de actuar sin pensar ¿Verdad?
- Si....
- Pues ya sabes lo que viene ahora, colócate.
Aquella vez ni protestó, se puso sobre mis rodillas, ofreciendo bien el culo.
Nada más ponerse empecé la azotaina, sin regaños y sin sermones, sólo hablaba mi mano directamente con su culo, estuve un buen rato zurrándole el culo en mis rodillas, hasta que mi mano necesitaba un descanso y le habia puesto ya el culo cómo un tomate.
Entonces la hice levantarse, cogí un cojín y a ella del brazo, la llevé hasta el rincón, y dejé el cojín en el suelo a un paso del rincón. La hice quedarse con los pies detrás del cojín, las manos en la espalda y inclinarse hasta tocar con la punta de la nariz la pared. Allí la dejé un momento, fui a por un lápiz.
- Piernas abiertas
Cuando lo hizo puse el lápiz entre sus muslos.
- Cierra,que se aguante el lápiz.
Cerró las piernas hasta sujetar el lápiz con sus muslos.
- Si se cae el lápiz , ya puedes ir a buscar el cepillo.
Y allí la dejé en aquella posición tan expuesta e incómoda, con el culo ardiendo. Me senté un rato a admirar la escena. Pero tampoco la tuve mucho tiempo, me levanté fui a por el aceite de masajes y una toalla, lo dejé en el brazo del sofá y la fui a buscar. Le quité el lápiz y me lo guardé. La cogí del brazo y vuelta a mis rodillas en el sofá, poniendo la toalla en mi regazo. Nada más colocada, cogí el aceite y le puse una buena cantidad en las nalgas, al terminar le volvi a poner el lápiz, haciendo de separador de los muslos y así con el culo bien engrasado volví a empezar a azotarla haciéndola mantener el lápiz. El aceite hace que las palmadas piquen aún más y no paré hasta que se secó por completo.
Ahí le quité el lápiz de los muslos y aún le separé más las piernas, volví a ponerle aceite de masajes en el culo, rojo como una cereza madura y caliente...hasta que empecé a pasarle un dedo por el sexo...
- Vaya...aquí parece que también haya puesto aceite...
Jugué un poco con mi dedo entre sus piernas hasta que empezó a gemir y moverse un poco.
- No creas que vas a tener placer, no ahora ni en unos días.
Si decir nada más , le eché un chorro de aceite en ambas mejillas y empecé a hacerle un masaje .
- Durante unos cuantos días esto es lo más parecido al placer que vas tener.
martes, 20 de octubre de 2026
Aegyo
Últimamente suelo compartir pocas reflexiones, creo que hay poco ya por tocar, pero voy a hacer una excepción.
Aegyo: es una expresión de origen coreano, que define un comportamiento cultural muy común en las culturas orientales, consistente en adoptar un comportamiento infantil en confianza. En China se denomina "saejiao" y en japonés "amaeru".
Los últimos años el aegyo se ha hecho muy popular en occidente y en especial en Estados Unidosa causa del éxito de las K-dramas (series coreanas) y el K-pop (música coreana ) en especial en el público femenino.
Debido a esta popularidad ha tenido muchas criticas en la prensa. Occidente es un mundo muy competitivo, donde la muestra de vulnerabilidad se ve cómo una debilidad imperdonable. En uno de esos artículos, se afirmaba que esa cultura reducía la mujer a: pataletas, pucheros y quejas.
No acabo de entender eso tan de moda de juzgar la ficción cómo si fuera realidad.
Eso de adoptar una actitud infantilizada, no deja de ser una estrategia de seducción, muy antigua, y por seducción no me refiero a lo sexual o sólo a lo sexual, puede ser una forma de llamar la atención o de algo tan habitual cómo salirse con la suya. Y no deja de ser un rol, para un contexto determinado y dentro de un marco de confianza.
En un mundo, donde no se permite el error, a veces es una necesidad obtener un mínimo de indulgencia. Vivimos en una sociedad, donde la exigencia es altísima y a la vez las relaciones de todo tipo son cada vez más superficiales, solemos estar siempre en guardia a la defensiva y agotados, creo que no tiene nada de malo, dar respuesta a éstas 8 preguntas.
¿Puedo cometer errores?
¿Puedo obtener el perdón?
¿ Merezco la atención de alguien si no hago todo el tiempo lo que se supone es lo correcto?
¿Puedo expresar mis sentimientos?
¿Las consecuencias son una carga o efimeras?
¿Le importo a alguien lo suficiente como para tomar el control cuando yo no puedo?
¿Hay alguien prestando atención?
¿Importan mis decisiones?
No hace falta ligar más cabos ¿Verdad?
sábado, 10 de octubre de 2026
El cinturón blanco
- ¿Piensas estar así todo el día?
Llevábamos un rato sentados tomando comiendo algo en la cafetería de un centro comercial, ella estaba en silencio y sin hacerme el más mínimo caso.
- Es que no lo entiendo!!!
- ¿Que no entiendes?
- Ya lo sabes...
- ¿No entiendes que no te haya dejado comprar el cinturón? Pues es muy fácil de entender. En primer lugar, porque me parece un capricho super caro y absurdo y en segundo lugar, porque precisamente esta semana no has hecho muchos números para ganártelo.
- No vas a pagar tú, es con mi dinero.
- Eso es irrelevante
- Pues a mí , no me lo parece.
- ¿Quien pone normas aquí?
No contestó, jugaba con una servilleta a hacer un avión de papel, al terminar me miró y lo lanzó cayendo en el suelo.
- Recoge eso inmediatamente!!
Se cruzó de brazos desafiante.
- Voy a contar a 3, no hay más avisos.
Se levantó y lo recogió.
- Voy un momento al baño.
Entró en el local y yo pedí la cuenta y pagué. Cuando regresó la esperaba de pie, ella cogió el bolso, la cogí de la mano y salimos.
- Vamos en dirección contraria, lo sabes ¿No?
- Si, me acabo de acordar que me he olvidado algo...
- ¿Que te has olvidado?
- Ahora lo verás
Caminamos hasta la tienda de complementos causante de su malhumor. Al entrar me miró extrañada.
- Coge el cinturón
- ¿En serio?
- Si....
- Gracias!!!!!
Se había encaprichado de un cinturón blanco, además de una marca cara. Lo cogió y se lo puso en la cintura del vestido.
- Es genial!!!
- Venga va vamos a pagar.
Nos fuimos para el mostrador y antes de que ella sacara el monedero, yo le había dado a la dependienta ya la tarjeta.
Al salir de la tienda su humor había dado un giro de 180 grados. Hasta que nos metimos en el parking y allí la cogí del brazo y le di dos sonoros y fuerte azotes en el culo que la pillaron de imprevisto.
- Dame el cinturón.
Me miró extrañada.
- ¿Que pensabas que lo había comprado para ti? ¿Crees que tu comportamiento merece un refuerzo? Porque yo creo que merece todo lo contrario.
Se quedó tan sorprendida que me dio el cinturón sin rechistar. La cogí de la mano y fuimos a buscar el coche. Antes de abrir le dije.
- Tú detrás, si te comportas cómo una niña , así te voy a tratar.
No dijo nada y subió detrás. Salimos del parking, en ese momento llovía la miré por el espejo y le dije.
- Ahora cuando lleguemos a casa, te vas directa a cambiar de ropa, toda, te pones el pijama y unas braguitas acorde con tu edad mental. Te desmaquillas y te pones con el cambio de armarios, cómo me dijiste ¿Está claro?
No dijo nada, de hecho ya no hablo más en todo el camino. Ya en casa, se fue a la habitación, yo me preparé un café y me senté en el sofá. Un rato más tarde fui a ver qué hacía y la encontré sentada en la cama, con un montón de ropa en la cama.
- ¿Aún estás así?
- Es que no me apetece...
- Nadie te ha dado a elegir...
La cogí del brazo y la levanté de la cama.
- Ya veo que tienes el día tonto, cómo el tiempo.
La puse frente a la mesita de noche.
- Pon los brazos rectos, pegados a los lados.
En cuanto los puso, puse mi mano izquierda en su hombro y empecé a azotarla con la mano con la ropa puesta.
- Cuando te digo algo, no se contesta ni se ponen excusas lo haces y punto. Y si no aprende a comportarte cómo una adulta y no cómo adolescente malcriada.
Seguí un rato zurrándole el culo en esa posición, hasta que le dije.
- En un rato volveré y cómo no vea avance, te prometo que no vas a poder sentarte ni para hacer pis ¿Entendido?
Antes de irme le di una docena más de azotes y salí de la habitación. Me puse la tele y daban un documental interesante que además duraba una hora. Cuando terminé de verlo tranquilamente, me fui para la habitación y esta vez sí había hecho bastante.
- ¿Te queda mucho?
- Bueno...un ratito, aún me queda.
- Pues dejalo y ya seguirás más tarde.
- Vale
- Voy a ir a buscar cena, mientras voy, te he dejado apuntadas unas cosas que quiero que hagas en la libreta que está en la mesa de la cocina. Cuando vuelva las quiero hecha ¿Está claro?
- Si...
- En media hora vuelvo.
Salí de la habitación cogí las llaves del coche y me fui.
Imagino que nada más salir ella debió ir a buscar la libreta y leer las instrucciones, que eran las siguientes.
" Esto es lo quiero encontrar cuando vuelva. Quiero que pongas el cinturón nuevo doblado en la mesita, junto a el también pondrás el lubricante y un plug. Una vez hagas esto dejarás encendida sólo la lámparita de leer, te bajaras el pantalón del pijama y las braguitas hasta los tobillos y a continuación te colocas en posición en el brazo del sofá y esperas quieta a que vuelva"
Estaba convencido que me haría caso, sabía que estaría con sentimientos antagónicos, pero que obedecería.
Media hora después entraba en casa, sólo la cálida y suave luz de la lámpara de lectura, caminé hasta la luz, dejé la bolsa un momento en la mesa y allí estaba, tal y como le había dado las instrucciones, tumbada sobre el brazo del sofá, con el pantalón del pijama y las braguitas en los tobillos, el culo bien expuesto, y todo lo necesario preparado en la mesilla.
- Hoy voy a ser duro contigo, no vas a tener placer, ya te lo digo de antemano y te vas a sentir muy castigada y avergonzada. Ábrete bien el culo y no voy a repetirlo.
De pie tras de ella, esperé lentamente llevo sus manos a las nalgas, las agarró y las separó.
- Veo que empiezas a tener claras las cosas. Voy a dejar esto a la cocina y ponerme cómodo, mantente así hasta que vuelva.
Sabía que hacerla estar así, le daría mucha vergüenza, el máximo de exposición y vulnerabilidad. Dejé la cena en la cocina y me puse el pijama. Entonces fui de vuelta al comedor y allí seguía bien expuesta. Sin decir nada, cogí el plug, le puse lubricante y me puse detrás, empecé a pasárselo por la zona, al sentir el frío del metal se contrajo un poco.
- Si te relajas será menos molesto.
Empecé a presionar despacio en la entrada de su culito, no me costó demasiado hacerlo entrar...con el plug ya metido, observé la escena un instante...
- Ya puedes soltar, brazos estirados hacia delante.
Lo hizo y cogí el cinturón blanco.
- La verdad es que creo que he hecho una buena compra, es cuero del bueno, no es muy pesado, ni muy ancho y a partir de hoy, este va a ser el cinturón de los castigos. Van a ser 48... cuentalos
Pasé el cinturón suavemente por su piel...
- Ya sabes el comportamiento que quiero, nada de moverse, el culo siempre levantado y bien presentado.
Al terminar de decirlo, el cinturón atronó contra su piel...se le escapó un pequeño gemido antes de decir "uno". Al terminar la primera docena, dejé el cinturón en su espalda, me fui detrás de ella, con mis pies separé sus piernas al máximo, desde atrás podía verle los labios hinchados y la rajita brillante. Tras la comprobación le di otra docena de azotes con el cinturón y al terminar dejé el cinturón en la mesita.
- Levanta y vete cara a la pared, ya sabes cómo.
Se levantó y se fue hacia su rincón, caminando con la ropa en los tobillos, al llegar puso las manos sobre la cabeza y la nariz pegada a la pared.
Yo fui a la cocina, puse la mesa, con la cena un plato para mí y al suya en una bandeja. Cogí una silla y la llevé hasta el rincón.
- Siéntate.
Se sentó y nada más hacerlo fui a por la bandeja con la cena, la puse sobre sus piernas y me dije.
- Hoy vas a cenar, aquí castigada, en silencio y te lo vas a comer todo, ahora te traigo agua.
Y así cenó aquel día. Al terminar, recogí primero lo mío, después fui a buscarle la bandeja y entonces le dije.
- Ahora te vas a levantar, te quitas del todo el pantalón y las braguitas, lo dejas bien doblado en la mesita y continua un rato con los armarios, hasta que te avise.
Cuando volví de la cocina, estaba el pantalón del pijama y las braguitas dobladas en la mesita. Me senté a ver un rato la tele y una hora después la llamé.
- Nena, déjalo ya y ven aquí.
Un par de minutos después, la tenía frente a mí con las manos sobre la cabeza, mientras le recordaba una de mis máximas , que no es otra, que castigo anunciado, castigo que se cumple y le faltaban dos docenas de azotes con el cinturón blanco.
Al terminar el discurso, con una mano cogí el cinturón y con la otra a ella, la puse en el centro del salón, le hice poner las manos sobre la cabeza, abrir la piernas y sacar el culo. Y así de pie, ligeramente inclinada acabé de castigarla.
Al terminar, la llevé del brazo hasta la habitación, allí la puse de rodillas mirando a la pared, hasta que fuera a buscarla.
No la tuve mucho rato, un cuarto de hora, no mas. Cuando entré a la habitación, me senté en la cama, la llamé y la hice colocarse en mis rodillas, le quité el plug y le puse crema en el culo. Cuando terminé, la mandé que fuera al baño y se preparara para ir a dormir.
sábado, 3 de octubre de 2026
El médico
Había pasado mala noche, con algo de fiebre y malestar. Pero por la mañana, ya estaba preparada para ir trabajar y realmente no hacía buena cara, así que no sin insistir la acabé por convencer que fuera al médico y que se cogiera al menos un par de días de baja.
Me fui a trabajar y le envié un mensaje a media mañana para saber qué le había dicho el médico, no me contestó e imaginé que estaría durmiendo. Ya de vuelta por la tarde me la encontré en el sofá estirada tapada con una manta, nada más verla le dije.
- Ufff cómo estamos, que te ha dicho el médico?
- Un catarro común, Paracetamol y mimos
Me senté a su lado, le toque la frente.
- Si parece que tengas fiebre. Te ha dado la baja?
- No...
- En serio? Has ido a trabajar?
- Si claro que quieres que haga
- Pues no estás para trabajar
- Bueno imagino que mañana estaré mejor.
Así pasaron un par de días, puesto que no quiso cogerse ni un día libre, así que por las tardes me tocaba hacer de enfermero, al tercer día mejoró mucho y episodio pasado.
El sábado, ya hacía un par de días que estaba bien, sábado casero. Ella salió a hacer la compra y yo me quedé recogiendo la casa y en eso que me encuentro con un informe del centro de salud, me dió por leerlo y vi en el algo que me llamó la atención.
"La paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas..."
Me quedé muy extrañado, aquella noche había tenido bastante fiebre, así que aquello debía tener alguna explicación.
Cuando llegó de la compra, no dije nada, seguimos con la rutina de mantenimiento de casa, preparé la comida, comimos y ya con todo hecho después de comer nos apalancarmos, yo fui a poner una cafetera.
- Quieres un café?
- No gracias
Hice la cafetera, me servi un café y me senté en el sofá, ella puso sus pies en mi regazo y le cogí los tobillos. Entonces busqué algo en el bolsillo y lo saqué, era el informe del médico. Se lo di.
- Vas dejando las cosas por ahí...
- Bueno ya lo podías haber tirado, total.
- Me lo lees por favor
- Y eso? Para qué?
- Leemelo
Ahí cambié el tono de voz, si alzarla pero más firme.
Resopló y empezó a leer.
- De pie por favor.
- De pié por qué?
- Ahora lo sabrás
Volvió a resoplar, pero se levantó y siguió leyendo, hasta que llegó al punto ese en el que se leía "la paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas…" La interrumpí en ese momento.
- Me explicas eso? Porque vamos pasaste una noche de fiebre que no veas.
- No sé supongo que me entendió mal.
- Lo que se te da mal es mentir. Estás roja como un tomate, no me aguantas la mirada, te pillo a la primera, así que dime la verdad, le mentiste al médico no es eso?
- Pfffff es que tampoco estaba tan mal y si le digo que tengo fiebre, me da la baja.
- Deberías saber que dar la baja por enfermedad es en primer lugar para recuperarte, pero también para proteger al resto de gente de tu alrededor. Así que doble irresponsabilidad y a eso suma que mentiste al médico y también a mi.
- No te pongas trascendente, no hubo mala intención, en casa me aburro y no estaba tan mal.
- Pues lo dices claramente y no pasa nada, podré estar más o menos de acuerdo, pero lo que no voy a permitir son trucos, que además te pillo siempre.
- Valeeee ya no pasará más, pero luego no me calientes la cabeza y respeta mi decisión.
- Eso es lo que hubiera hecho si te hubieras comportado cómo una adulta, pero cómo no ha sido así ve a buscar el termómetro.
- Que?!!! Para qué?
La miré muy serio.
- Quieres ir con el culo rojo?
- Pfffffffff
- Y para de soplar. No te lo digo más.
Ahora no resopló, pero si suspiró antes de ir al baño, de vuelta venía con el estuche metálico del viejo termómetro de cristal. Me lo dio. Lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá.
- Manos detrás de la espalda.
Gesto de desaprobación y mirada hasta que lo hizo, entonces de un tirón seco le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, debajo no llevaba nada. La cogí del antebrazo y con firmeza la puse en mi regazo, tumbada boca abajo. Empecé a acariciarle suavemente las nalgas desnudas y mientras le daba unas palmaditas muy suaves, le dije.
- Te voy a enseñar a no mentir al médico y a mi.
Abrí el estuche cogí el termómetro de cristal, lo agité varias veces. Y con mi mano izquierda separé un poco sus nalgas, exponiendo la zona más pudorosa y oculta de su cuerpo, llevé la punta del termómetro allí, al contactar el frío cristal con ese lugar tan se sensible, se contrajo en acto reflejo, esperé que se volviera a relajar y cuando lo hizo el termómetro empezó a entrar por el agujero más íntimo de su cuerpo, hasta la mitad más o menos. Entonces le solté las nalgas y a esperar.
- Esto es humillante sabes?
- Más humillante en mentir.
Cogí el termómetro y empecé a jugar a meterlo y sacarlo despacio. Hasta que lo saqué del todo.
- Hoy sí que no tienes fiebre de momento.
Suspiró otra vez, y más cuando notó mis dedos "inspeccionando" el coño, mojado.
- Que reacciones más raras tienes con la vergüenza.
No dijo nada, su cabeza debía estar cortocircuitando.
Pero enseguida, le mostré la realidad, que no era otra, que empezarle a poner el culo al rojo vivo, y mi mano comenzó a impactar rítmicamente en su piel desnuda, con ese sonido inconfundible. Que fue aumentando poco a poco en ritmo y velocidad. Mientras la iba semonenando sobre las responsabilidad y mentir. De vez en cuando hacía una pequeña pausa, insistía en el sermón y cuando volvía a empezar lo hacía más fuerte e intenso, viendo como su piel iba cambiando de color, de un rosado pálido, pasó a un rosa más intenso e uniforme y de ahí al rojo en distintos tonos para terminar en un rojo tomate, justo cuando me detuve.
Puse el dorso de mi mano en cada una de sus nalgas.
- Ahora si parece que tienes fiebre local, la fiebre de la disciplina.
Volví a coger el termómetro.
- Habrá que comprobar. Colabora.
Esa última palabra sabía que tenía una carga muy pesada, ese colabora significaba que debía ser ella quien se separase las nalgas, y yo sabía que eso la mortificaba mentalmente y a la vez hacía que su coño gotease.
Pero no pudo evitar resoplar lo que le costó una docena de buenos azotes, rápidos y fuertes.
- Ya te avisé que no quería un soplido más.
Finalmente sus manos se estiraron hacia atrás agarraron las nalgas que debió notar muy calientes y tímidamente separó las nalgas, yo cogí de nuevo el termómetro y se lo volví a meter, esta vez sin soltarlo, moviéndolo despacio sin sacarlo. Jugando un rato con él. Cuando lo volví a sacar, lo miré y dije.
- Vaya pues no tienes fiebre. Habrá que probar otro método. Levanta y tráeme la cuchara de madera para cocinar culos de jovencitas traviesas.
Un par de palmadas secas, le hicieron saber que no era buena idea, hacerse la sorda y mucho menos rechistar. Con el pijama en los tobillos y el culo rojo al aire caminó torpemente por el pasillo, hasta la cocina. De vuelta me entregó la cuchara de madera de olivo e hizo el gesto de ponerse en mis rodillas, pero se lo impedí.
- Manos sobre la cabeza y date la vuelta.
Hizo amago de resoplar, pero acabó por obedecer. Así de pie de espaldas a mi empecé a pasar la cuchara por su piel, nalgas, muslos e incluso por el coño, hasta que me levanté pasé mi brazo alrededor se su cintura para sujetarla y empecé a golpear sus nalgas ya rojas con la cuchara.
Lo bueno de la cuchara es que permite repartir muy bien los azotes y asegurarte que no queda un centímetro cuadrado de su piel sin el "saludo" de la cuchara. Aunque la última ronda fue muy insistente con la parte baja de las nalgas y la alta de los muslos, aguantar el castigo de pie, le daba un toque de seriedad.
Al parar tiré la cuchara en el sofá y empecé a pasar mis dedos por el cuadro de circulitos rojos que había dibujado en su piel con la cuchara, hasta que me cansé, cogí la cuchara uno de sus brazos y la llevé hasta el rincón. Allí puse la cuchara entre sus nalgas y la dejé.
No pude evitar hacerle unas fotos allí en el rincón, fotos que me servirían en el futuro de advertencia.
Un cuarto de hora después, fui a buscarla, le quité la cuchara, cogí sus manos y las puse apoyadas en la pared, estiré su cintura hacia atrás, haciendo que expusiera bien el culo y fui a por el termómetro otra vez.
Allí contra la pared y con el culo rojo y expuesto, le volví a poner el termómetro. Esta vez lo dejé quieto, esperé un par de minutos y se lo saqué.
- Vaya sigues sin tener fiebre.
Lo guardé y me fui otra vez hacía ella, con mis pies hice que separase las piernas, pasé toda la mano por su coño de delante a atrás varias veces frotando con ganas, me mojó completamente la mano.
- Aquí sí parece que hay fiebre y habrá que calmarla.
En ese momento me desabrochaba el pantalón y cogía mi polla, la guiaba hasta su raja, la pasé varias veces entre sus labios para que me la mojara bien, hasta que de un golpe de riñones la hundí en su coño, hasta quedarme pegado a su culo caliente y allí contra la pared y con el culo rojo, me la folle hasta corrernos los dos.



