martes, 9 de junio de 2026

Porqué me gusta sentirme castigada (Por Laura)

 



Cuando hablamos de placer todo el mundo piensa en el físico, dejando atrás el, para mí, más importante. Creo que todo empieza en la mente y es ella la que guía nuestro placer a ciertas zonas del cuerpo.


Con el spanking y la disciplina doméstica, es donde más lo noto. 

Si no hay un antes, no hay nervios, contradicciones, sensaciones, sentimientos, no hay placer en los azotes.


Para mí, azotar por azotar carece de sentido.


Me gusta la travesura previa, llena de nervios, nervios que gustan pero a la vez nervios de "la estoy cagando y voy a cobrar". 


La mirada de esa persona, diciendo a través de ella lo que se avecina. Hace temblar a la vez que hace que las bragas se caigan al suelo solas.


El regaño. Sentirse regañada como una niña pequeña o como una mujer que no ha hecho bien las cosas y alguien la tiene que corregir.


 La vergüenza de ello, de estar en el rincón, de copiar o cualquier cosa semejante. 


La azotaina. Llena de sentimientos. Esa que nos ayuda a soltar la culpa y la rabia contenida. Esa que nos hace respirar profundamente como si fuera al primera vez que lo hacemos.


Hay quien nos considera masoquistas... Yo prefiero decir que sabemos escuchar a nuestra mente. 


Cuando aún pasándolo "mal" con dolor, vergüenza, humillación, temor, nervios... Nos da excitación, ganas y un empujoncito que nos hace llegar siempre a nuestro mejor sitio, sobre las rodillas de esa persona. 


Porque no hay nada más valioso que saber escuchar los deseos de la mente... Aún a riesgo de no sentarnos cómodamente en días.

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