sábado, 12 de septiembre de 2026

Después de la tormenta

 



La vuelta de la escapada de vacaciones, no fue tan buena cómo esperábamos. A la vuelta seguía el calor sofocante que había sido la tónica de todo el verano y se resistía a abandonarnos. Tampoco a nivel laboral había mejorado en exceso. Y para añadir algo más ella se había metido en uno de sus embolados cíclicos, en forma de conferencia que tenía que preparar para primeros de Octubre y casi desde el primer día de vuelta, se había puesto a trabajar en ello cada en casa después de la jornada. Y eso significaba agobio, estrés, malhumor, contestaciones y salidas de tono. 

10 días después de haber vuelto, una tarde miércoles, una tormenta pareció querer cambiar la dinámica. Conducía de vuelta a casa con las ventanillas abiertas, el suelo mojado y a lo lejos los destellos de los rayos de la tormenta alejándose, un aire fresco y limpio y el olor a petricor me daba en la cara ¿Estaría llegando el otoño? 


Entré en casa, fui directo al comedor, allí estaba vestida de calle y estirada en el sofá, con cara de cansada. Me dijo un hola sin mucho entusiasmo, entonces cogí el bolso y una carpeta que había dejado sobre la mesa y le dije 

- ¿Que te costará dejarlo en su sitio?

Soltó un suspiro y dijo.

- Hoy no estoy para tonterías 

Mientras me iba para la habitación respondí.

- Las normas, no son ninguna tontería, sirven para convivir.

Volvió a suspirar pero no contestó. Dejé las cosas en la habitación, me puse ropa más cómoda y de vuelta le dije.

- ¿Te apetece salir a dar un paseo? Se ha quedado una tarde preciosa y huele a tierra mojada.

- Tengo que ponerme con eso, ya lo sabes.

- Llevas ya diez días seguidos echando muchas horas, no creo que te venga de descansar un día, además no tienes termino medio, o lo dejas todo para última hora y luego te agobias porque no llegas o te obsesionas y te agobias porque te quedas clavada.

Me miró con cierto desdén y ahí decidí tomar el control del todo.

- No hay nada que negociar, ponte cómoda y vamos a dar un paseo. Tienes un minuto.

Sorprendentemente de hizo caso, se levantó se puso unos leggins, las zapatillas de deporte y una camiseta y salimos a dar un paseo por el parque de al lado de casa. Se estaba genial después de dos meses largos de calor asfixiante, por fin se notaba un aire diferente, fresco y limpio.

Estuvimos cómo una hora dando un paseo y charlando.

Ya volviendo, antes de llegar a casa, paré y le dije.

- ¿Estás enfadada?

- Mucho 

- ¿Con quien?

- Vas a pensar que estoy loca

- ¿Con quién? 

- Conmigo misma

- ¿Por qué? 

- Paso palabra

No contesté entramos en silencio en casa, me senté en el sofá. Ella fue a la habitación la vi salir con una carpeta en la mano

- ¿Donde vas? 

- Voy a ponerme un rato 

- Ven aquí 

Volvió a suspirar y se acercó. Le cogí la carpeta y la dejé sobre la mesita.

- ¿Quieres que me ocupe de ti está tarde?

Me miró 

- Quizá 

- Eso es una respuesta muy ambigua. Y las respuesta es más sencilla. Si no quieres coge la carpeta y ve hacer lo que ibas a hacer.

Por un momento dudó e hizo el amago de coger la carpeta, pero 

- Sí. Quiero que tomes el control. Necesito dejar de pensar.

- Eso si es una respuesta clara y eso vamos a hacer, pero necesito que tú pongas de tu parte y te dejes llevar.

La cogí de las dos manos y la acerqué a mí rodillas.

- Las únicas reglas de hoy son: que olvides el trabajo y que te dejes llevar.

La miré y asintió con la cabeza. Entonces le solté las manos un momento, busqué la cintura de los leggins, en aquel momento casi en un acto reflejo intentó evitar lo inevitable, la miré y le dije.

- Me has prometido dejarte llevar, además esto no es un castigo , hoy es otra cosa 

De inmediato quitó las manos dejándome bajarle los leggins, lo mismo con la ropa interior, tomándola de la mano, la guíe suavemente a mis rodillas, en posición de castigo y empecé a acariciarle suavemente los muslos y el culo. 

- Hoy no tienes que resolver nada, ni decidir nada. 

- Ya pero mañana estará todo ahí igual.

- Respuesta errónea.

De inmediato una larga tanda de azotes con mi mano empezó a caer si pausa sobre su culo, como un minuto de zurra seguida. Y volví a las caricias.

- Eso será mañana, está noche descansas 

- Pero....

Otra larga tanda de palmadas seguidas y rápidas .

- No hay peros que valgan, ahora te vas a centrar en lo que sientes en tu piel, sientes el culo caliente? Empieza a estar rojito, pero creo que para resetear bien tú cabeza, hay que darle más color.

A partir de ahí silencio, sólo el sonido de los azotes alternado con el silencio de las caricias y así un largo rato, hasta ponérselo bien rojo. En esa última no hubo caricias.

- Ahora igual lo sientes bien, la piel te arde, puedes notar el pulso en el culo y estás concentrada en esa sensación 

En ese momento me agaché, le acabé de quitar la ropa que tenía a media pierna y entonces le empecé a pasar un sólo dedo por la piel...al sentirlo suspiró 

- Es sólo un roce y se siente ¿Verdad? 

Ahí decidí pasar a la siguiente fase, mi mano derecha se fue entre sus piernas, el calor deñ culo se había irradiado a su sexo, caliente y húmedo. 

- Es curioso este efecto en ti, pero recuerda que me has prometido dejarte llevar.

Empecé a masturbarla despacio, sobre mis rodillas con el culo rojo y rendida, empecé muy despacio, muy delicado para ir subiendo intensidad a medida que ella iba colaborando, la respiración se aceleraba y ya no podía estarse quieta y en el momento exacto que explota el orgasmo saco mis dedos y lo acompaño dándole una palmaditas rítmicas en el sexo 

Lentamente la respiración se acompasa, los movimientos de cadera se ralentizan hasta parar y vuelve la calma, vuelvo a las caricias en la piel azotada, pero por poco tiempo, enseguida vuelvo a empezar el juego entre sus piernas, hasta conseguir el mismo final por segunda vez.

Y vuelvo a esperar a la calma. Cuando llega la invito a levantarse la cojo de la mano y vamos al baño, allí la termino de desnudar, no puede evitar mirarse el culo en el espejo, sonrió , la meto en la ducha, juego con ella, como si fuera una muñeca, la vuelvo a masturbar dos veces , una de frente y la otra de espaldas, para terminar enjabonándola, jugando con el agua , terminamos la seco, la cubro con el albornoz y salimos. 












 


 

 


 

 

 


 


 


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miércoles, 9 de septiembre de 2026

sábado, 5 de septiembre de 2026

El peor verano de nuestra vida III parte ( el último día)

 



Todo lo bueno termina rápido.  Las dos semanas de desconexión de naturaleza y de tranquilidad, llegaban a su último día, al día siguiente había que volver.

La idea para ese último día, era dejar la casa preparada para escaparnos alguno de los puentes largos del otoño, recoger, hacer maletas y dejarlo todo preparado, así al fresco de la noche poder salir a disfrutar de una cena de despedida.

Nos pusimos a ello, sin prisa con todo el día por delante. 

Es curioso pero cuando no hay estructura cómo en vacaciones pese a tener tiempo la tendencia a perderlo es muy marcada.

Debían ser sobre las 7 de la tarde, cuando la escuchaba de arriba para abajo en la casa, murmurando entre dientes. En una de estas pasadas, le pregunté.

- ¿Te pasa algo? 

- ¿Tú que crees? 

- No lo sé 

- Pués mira que hora es, la maleta a medias y cerré ahí tan tranquilo tampoco ayuda.

- Y que se supone que debería estar intranquilo y así sería una forma de ayudar?

- Lo que podrías hacer es ayudarme!!! Que luego te quejarás que vamos tarde y aún tengo que ducharme, arreglarme

- Lo mío está todo hecho, tengo hasta la maleta cargada ya. Si me hubieras hecho caso y ya desde el martes conforme se va lavando se va guardando...

- Ya estamos, el señor cuadrículado y su orden, déjame en paz que me entretienes!!!

Y siguió con el carrusel de vueltas y murmuraciones.

Una hora más tarde aproximadamente, pasaba con el troley camino del coche. De vuelta, se paró delante de mi. 

- Pfffff ya está!!!

Levanté la mirada. 

- ¿Seguro?

- Síii, ya sabes que me pongo nerviosa. Bueno me voy a duchar. 

Llevaba un pantalón corto de deporte y una camiseta. 

- Ven un momento,  ven. 

- Que quieres....

Me contestó a mala gana dándose la vuelta. No dije nada más, la cogí del brazo y a mí regazo.

- Joder!!!! Y ahora que pasa?!!!!

- Anda que no sabes bien que pasa.

Una lluvia de cachetes empezó a caerle en el culo sobre el pantalón, al principio protestaba se movía y hasta intentó taparse con las manos, así que muñecas inmovilizadas contra la espalda y ahora ya tormenta de azotes, hasta que dejó de moverse y pasó a quedarse quieta.

Un rato después y con la mano ya cansada. 

- Levanta

Se levantó y ya no había rastro de rebeldía, sólo un sonidito de desaprobación cuando le empecé a deshacer el nudo del pantalón, con el nudo suelto cayó como una hoja seca hasta sus pies. Con las braguitas , un tirón seco y por las rodillas.

Vuelta a mis rodillas, ahora ya si protección alguna, empezó una larga y sonora azotaina sobre mis rodillas, con el culo al aire. 

- Estaba escrito que la vuelta iba a ser como la ida, con el culo caliente.

Le estuve calentado el culo, hasta que realmente me picaba la mano, momento en el que paré jadeante. Un minuto de silencio y la hice levantarse, del brazo la llevé hasta el rincón, en el suelo se quedaron los pantalones. Manos sobre la cabeza, nariz pegada a la pared y silencio. 

Me senté de nuevo en el sofá. Pero por poco tiempo, me levanté y puse los dos cojines en en medio del sofá y fui al baño. De vuelta llevaba conmigo, el cepillo de ducha y el estuche del termómetro, lo dejé todo sobre la mesilla.

- Ven aquí 

Salió del rincón y caminó con las braguitas por encima de las rodillas hasta mi.

- Sobre los cojines.

- Pfff pero ahor...

Un par de azotes fuertes 

- Si, ahora!!!

Truco muy efectivo, no tardó ni diez segundos en tumbarse boca abajo, con los cojines levantando bien el culo rojo como un tomate. 

- Cuando un niño está agitado e irritable a veces es porque tiene fiebre, así que no está de más asegurarse que no es así . 

Saqué el termómetro del estuche me senté en el borde del sofá, le di al botón del "on" con la mano izquierda le separé las nalgas y cuando escuché el pitido, le puse el termómetro en el culito.

- Ahora quieta hasta que vuelva a pitar.

Sonó la alarma del termómetro, se lo quité.

- Pues no, no tienes fiebre, al menos de momento, así que debes tener tontería y contra eso también tengo medicación.

Me levanté, dejé el termómetro sobre la mesita y cogí el cepillo de baño, redondo de mango corto. Jugué un poco con el y su piel, por las dos caras.

- Cuando acabe a la ducha.

El cepillo de baño, es un arma muy efectiva y un par de docenas de azotes es más que suficiente para conseguir un recuerdo ardiente para unas horas y un recuerdo punzante al sentarse un par de días mínimo. 

Y con el culo ardiendo directamente a la ducha. 

Cómo estaba planeado, salimos a cenar la última noche de vacaciones, en total armonía, aunque con alguna dificultad para sentarse cómodamente. A medianoche volvimos a casa dando un paseo al fresco o frío casi, de las noches de finales de agosto en la alta meseta.

Mientras ella se desmaquillaba y se ponía cómoda, encendí unas velas en el salón, sobre el sofá seguían los cojines. Y sobre la mesita un bote de crema de masaje y algo más.

Cuando volvió con el pijama ya puesto, la cogí de la mano la hice tumbarse de nuevo sobre los cojines, muy despacio le baje el pantalón hasta los tobillos. Con las dos manos empecé a acariciarle muy suavemente el culo, apretando un poco cada vez que pasaba por la zona dulce para provocar un pequeño suspiro. Cogí el bote de crema y dejé caer un par de chorros generosos en cada cachete, para empezar a extenderlos por toda la piel, durante unos 20 minutos repetí operación cada vez que la piel absorbía la crema. 

- Toca volver a asegurarse.

Cogí el termómetro de nuevo, lo inicié, le separé los cachetes y de nuevo se lo puse...y de nuevo negativo. Entonces me dijo

- Era necesario otra vez? 

- Las que haga falta

Mis dedos se paseaban por el surco de sus labios íntimos 

- Además con esta reacción, no parece que sea tanto sufrimiento. No sé si te mereces hoy premio, pero es el último día de vacaciones y tal vez haga una excepción....








domingo, 30 de agosto de 2026

El peor verano de nuestra vida II parte (el tercer día)

 



Pues ya llevábamos instalados tres días en la casita del pueblo en mitad de la montaña, rodeados de miles de hectáreas de bosque y naturaleza y sobre todo sin calor, durmiendo con manta por las noches , ya sólo por eso valía la pena.

Los dos primeros días , nos los habíamos pasado entre acondicionar la casa, tras meses cerrada, limpiar, montar cama, etc y el segundo día fuimos a hacer una compra a la capital. La señorita había tenido a bien ponerse a estricta dieta y no casaba con la tradicional dieta calorica tradicional del pueblo.

Así que el tercero tocaba ya empezar a disfrutar de las rutas por la naturaleza, empezando por una muy asequible a unas pozas de agua cristalina y congelada. Aunque prácticamente se podía ir por pista en coche hasta las mismas pozas, decidimos dejar el coche unos 3 km más abajo y subir dando un paseo por la naturaleza. 

Cómo era una ruta corta y no hacia calor decidimos hacerla a mediodía y llevarnos algo de comer. Para bajar tranquilamente por la tarde. Llegamos al sitio previsto, aparcamos abrí el maletero, le di su mochila, cogí la mia y la nevera de camping.


- ¿Llevas todo? ¿Crema solar, repelente de mosquitos....? 

- Que siiiii...pesado.

- Pues vamos 

Y empezamos a caminar los tres kilómetros, por una pista en buen estado y en ligero ascenso, hacía unos 24 o 25 grados, los primeros metros caminamos juntos, pero sin darme cuenta se fue quedando atrás, no le di importancia pensé que se habría empanado con algo. En un curva me puse a esperarla y la vi salir de la curva anterior con dificultad 

- Joder cualquiera diría que te saco unos cuantos años

Ahí paró 

- Me ha dado un bajón y estoy sin fuerzas 

Bajé a donde estaba y al llegar estaba pálida y agotada.

- Pfff estoy hasta un poco mareada...

- No, si ya sabía yo que la dieta esa...

- Que no es la dieta joder!!!!, que está calculada por dietista!!!

- ¿Y que es?...

- Que me dejé en casa las pastillas del suplemento de B12..

- Vaya tela y no podíamos haber ido a la Farmacia está mañana 

- Pero si estaba bien.

- En fin, siéntate bebe algo que te dé energía que ahora te recojo con el coche, así no vamos a ningún sitio .

Bajé un km y medio más o menos hasta el coche , volví a subir a recogerla y para casa. 

La vuelta fue en silencio, ni fuerzas para hablar. Llegamos a la casa, ella entró descargue el coche.

- Parece que me voy recuperando un poco, voy a meterme en la ducha a ver si espabilo.

- Vale yo voy a la farmacia a por la B12

- Vale

La dejé en casa y me fui para la farmacia del pueblo. De vuelta aún estaba en la ducha, así que me senté a esperar. Poco después salía 

- ¿Mejor? 

- Si al menos no tengo ya esa flojera que no podía ni andar ¿Has encontrado la B12?

- Si...

- Uy ese si suena a enfado...conozco ya los tonos.

- Eso es bueno así no te pilla de imprevisto.

- Se me olvidó, que le vamos a hacer, tampoco es para tanto 

- Ya pero es que llevamos ya tres días aquí como para poner solución y no tener que esperar a que te quedes sin pilas ¿No crees?

- La verdad es que ni pensé, como tampoco me había dado, ni pensé .

- Vamos a ver si me aclaro, entonces somos muy adulta y responsable para llevar una dieta estricta, pero luego nos dejamos el suplemento y ni pensé, es así? 

- Ya estamos

- Ya estamos en que me voy a encargar que no te olvides ni un día ven aquí. 

- Pffff, me tengo que levantar? 

No sé si el bajón o que sabía que llevaba razón pero no quiso pelear y se acercó despacio. A mí altura la cogí de la goma del pantalón corto que llevaba y la acerqué aún más.

- Esto te sobra -le dije bajándole el pantalón- y esto también -haciendo lo propio con la ropa interior-

Sin más sobre mis rodillas, en ese momento estoy convencido que pensaba que iban a empezar a lloverle palmadas en el culo. Pero no abrí la caja del medicamento y saqué un blíster de ella, al presionarlo sonó un sonido metálico.

- ¿Que haces?

- Ya te dije que me iba a asegurar que te tomabas el suplemento tanto, que te lo voy a poner yo desde hoy.  Y más te vale colaborar o lo harás igual pero con el culo ardiendo. 

- ¿En serio? 

- Estás sobre mis rodillas con el culo al aire, crees que cuando estás así no hablo en serio? 

Plas!!! Un azote sonó como trueno y al instante los cuatro dedos en rojo se dibujaban en su piel.

- ¿A que esperas? 

No hizo falta decir nada más, al instante tenía una mano en cada cachete seperandolos tímidamente. 

- Así va a ser todos los días que dure el tratamiento, es más tu misma me lo vas a pedir 

Ya no dije nada más, lleve el supositorio de B12 a su culo y se lo metí despacio acompañado del dedo .

- Así seguro que no te escapas 

Saqué el dedo, le di un azotitos cariñoso, la hice esperar sobre mis rodillas un par de minutos y le dije.

- Y ahora nos vamos a comer lo que habíamos preparado para la ruta, y al terminar tú te vas a echar una siesta a recuperar.

Comimos y aunque después de comer se puso remolona que no quería siesta , la amenaza de hacerla con el culo rojo la hizo desistir. 

Yo me fui un rato al taller, un par de horas después volvia a entrar en casa y ya estaba en el sofá viendo la tele.

- Que mejor?

- Pffff como nueva...

- Si es que igual que una niña pequeña...me voy a lavar las manos 

- Que has estado haciendo? 

- Con el diseño del taburete, pero aún le falta

De vuelta cogí una silla y la puse frente al sofá, me senté.

- He estado pensando que esta noche podríamos salir a tomar algo y cenar al pueblo ¿Que te parece?

- Lo mismo te iba a decir, pero antes tú y yo tenemos algo pendiente, o crees que ya me he olvidado de todo?

- Jooooo ya es bastante castigo no? Es humillante!!! 

- Levanta

- Baaaa...

- Vas a hacer que me levanté yo? 

En ese momento toda digna se cruzó de brazos mirando hacia el otro lado de la sala. Así que me tuve que levantar, levantarla y darle una buena tanda de azotes de pie mientras danzaba alrededor de mi intentando evitarlos. 

- Se acabaron las niñerías por hoy 

La llevé hasta el rincón y algún que otro azote de camino la cayó. Al llegar nariz pegada a la pared, manos sobre la cabeza y ropa en los tobillos del tirón .

- Ahí quieta hasta que te llame.

No tardé mucho en llamarla lo justo para que el rincón le bajara los humos. 

- Has tenido suerte, estaba haciendo una paleta pequeña de roble, pero no me ha dado tiempo a terminarla, por suerte tengo las mano sana y es más que suficiente, así que ya sabes, culo bien presentado, ahora.

Ahí ya no dijo nada, se colocó sobre mis rodillas , mi mano izquierda en su cadera y la derecha empezó a calentarle el culo con ganas. Lo bueno de usar la mano es que tienes un referencia muy clara, cuando te empieza a quemar la mano, paras un ratito que se enfrié y sigues , además nada más bonito que un culo pintado de rojo a mano. Me aseguré que el hormigueo del culo le durase hasta la noche, unos 20 minutos de zurra con alguna pausa. 

Al terminar de vuelta al rincón, pocas cosas más "educativas" para una niña grande, que mostrar un rato el culo rojo y castigado y son poder aliviarse el escozor.

Y así transcurrió el tercer día. Un rato después nos vestimos y nos fuimos a tomar algo y cenar por el pueblo, volvimos dando un paseo al fresco de la noche, nos acurrucamos en la cama y caímos rendidos los dos 

Iba a ser interesante verla pedir el tratamiento los próximos días.

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

100% spank

 



Me pasaron este video hace unos días y pocos vídeos me ha parecido que muestren el spank en su pureza, como lo muestra este. Aquí no hay necesidad de atrezzo, de vestuario especial, de colecciones de artilugios, simplemente, un motivo y una consecuencia, una acción y una reacción .

Lo de la imagen y las mil palabras, no me alargo más, es mejor verlo 



sábado, 22 de agosto de 2026

El peor verano de nuestra vida I parte

 



A pesar de haber vivido ya más de la mitad de mi esperanza de vida, nunca había vivido un verano como el de 2026. 

Tras un invierno y una primavera muy lluviosas y frescos, parecía que el verano iba a llegar más suave. Ni por asomo, el calor entró la primera semana de junio y a medida que avanzaba, cada semana, cada día, era más y más. A mitad de Julio ya estábamos agotados, descansando mal, sudando al mínimo esfuerzo o ni eso, teniendo que ducharte tres veces al día, otros tantos cambios de ropa y la sensación que no había un momento de respiro.

Vivir algo así, acaba pasando factura a todo, a lo laboral, a lo social y a los personal, no tienes ganas de nada, estás irritable, permanente cansado.

Obviamente durante aquellas semanas invernales, los roces y demás fueron frecuentes, pero también las pocas ganas de zanjar temas del modo tradicional. 

El viernes 14 de Agosto era el día, por fin vacaciones, ella ya llevaba unos días en casa y el sábado saldríamos volando de la ciudad en busca del fresco de la provincia de Soria.

Me levanté, hice café, me tomé uno y antes de salir, antes de irme fui a la habitación, a despedirme, ella seguía en la cama.

- Me voy nena, si todo va bien sobre las 4 ya estaré en casa. 

- Vale, venga ánimo que unas horitas y se acaba.

- Que ganas tengo 

- Lo sé 

- Eso si aprovecha el día, que luego te pilla el toro que nos conocemos.

- Pffff lárgate ya, que parece que si no tiras la sentencia no te vas a gusto.

Fui a darle un beso, pero me giró la cara.

Conduciendo de camino al trabajo iba pensando en aquellas semanas de energía acumulada, energía negativa, de incomodidad, irritabilidad, descansar poco y mal y de falta de motivación y energía por mi parte para ejercer. Y algo me daba que aquello acabaría por formar una tormenta explosiva.

Por suerte el día pasó rápido, nos deseamos felices vacaciones y se cerrarom las persianas por tres semanas, tres semanas para olvidar aquel verano, cargar las pilas y dejar lastre.

Cuando llegué a casa allí estaba, echada en el sofá con el uniforme de verano para estar por casa (camiseta de tirantes y una braguitas) y el ventilador del techo a tope.

- Ya has acabado?

- Por fin!!!!

- Hice ensaladilla si quieres comer en la nevera hay. 

- Pffff para cenar, ni hambre tengo, comeré algo de fruta y ya.

- Tú mismo

Me comí media sandía que quedaba y en ese momento entraba a la cocina...

- Vaya tenía antojo de sandía, pero vamos ya veo que piensas en mí 

- Me podías haber avisado!!! Hay melón en la nevera

- Que parte de que quiero sandía no has entendido? 

La miré fijamente, cogió una botella de agua y se fue.

Yo me fui a dar una ducha tibia y me puse ropa cómoda.

- Nena, yo voy hacer la maleta, no tardes que mañana quiero salir pronto.

- Pffff hay tiempo de sobra

Me fui a hacer la maleta, tampoco era una gran maleta. Un par de bañadores para la piscina, ropa de monte para salir de ruta un par de de mudas más de arreglar por si algún salíamos a cenar o tomar algo y algo de abrigo que allí nunca se sabe. Cuando terminé seguía estirada en el sofá jugando con el móvil. Y ahí creí que debía actuar ya. 

Me fui para ella y le quité el móvil. La levanté y le di un par de azotes.

- Voy a pasarle el aspirador al coche y meterlo en el túnel de lavado, cuando vuelva quiero la maleta hecha y esto me le llevo, tienes una hora más o menos

Dije metiéndome el móvil en el bolsillo .  Son decir nada más cogí las llaves y me fui.

Mientras limpiaba el coche y por precendentes imaginaba que al llegar, la encontraría con la ropa tirada en la cama, la maleta a medio hacer y quejándose, y eso me llevaría irremediablemente a tener que ejercer.

Pero mi sorpresa fue al llegar y encontrarla terminando de meter la última prenda cuidadosamente doblada en la maleta. Todo ordenado y una sonrisa.

- No me mires así tenías razón, estaba tonteando mucho 

Le di un beso

- Me voy a dar una ducha que mira como vengo.

- Vale, mientras preparo el neceser y voy yo después.

Así, fue lo que parecía que iba encaminado a una tormenta acabó en una calma que hasta parecía extraña y resuelto con dos azotes y un golpecito de autoridad, estaba que no cabía en mi y en mis capacidades de disciplina. Además justo empezaba a atardecer y se levantó un alivio en forma de corriente de aire. 

La escuché salir del baño, ir a la habitación,cerrar la maleta y desde el pasillo me dijo 

- Voy a la cocina ¿Quieres algo de la nevera?

- Pues una cervecita si eres tan amable

- Voy

Tardó un par de minutos y volvió con un par de cervezas.

- ¿No las encontrabas o que?

- He puesto más en fresco 

- ¿No te sientas? 

- Ufff es que corre un aire muy rico aquí 

En ese momento estiré la anilla de la lata y ahí si se desató una tormenta, la espuma de la cerveza empezó a salir en todas las direcciones, durante unos segundos estuve sin reaccionar, y mi primera y torpe reacción fue levantarme intentando en vano atajar el geyser de la maldita cerveza y lo único que conseguí es ponerme perdido yo y parte del salón. Cuando por fin paró el geyser otro instante de "¿Que ha pasado aquí?" Hasta que la miré y se le escapó una carcajada a la vez, que empezaba a correr hacia el pasillo, dejé la lata en la mesa y salí tras de ella empapado de cerveza. Se metió en la habitación y cuando intenté abrir ella intentaba evitarlo desde atrás riendo a carcajadas. Pero claro la risa quita fuerza y no duró ni un minuto el forcejeo. Entré, directo a ella, sujeta del brazo y empezaron a caerle azotes que intentaba esquivar como danzando alrededor mío, hasta que dije suficiente. 

La llevé frente al espejo de cuerpo entero, le hice poner las manos sobre la cabeza mirando al espejo. Braguitas a los tobillos, camiseta por encima del pecho, mi mano izquierda en su vientre y la derecha empezó a darle con ganas alternando cachete y cachete, sin miramientos, ni progresividad, con ganas y sin pausas hasta ponerle el culo bien rojo. 

Al terminar y sin decir nada la lleve de la oreja al salón de vuelta. La dejé en la parte seca. 

- No te muevas 

Fui a la cocina y volví con la fregona el cubo y trapos. Del cubo saqué un par de latas de cerveza. 

- Extiende los brazos, palmas hacia arriba.

En cuanto lo hizo le puse una lata en cada mano. Mientras recogía el desaguisado. Al terminar le dije. Vuelvo a la ducha, que huelo a cerveza y la ropa también, no te muevas y aunque esto no queda aquí, dejaré la puerta abierta y si escucho caerse una lata, tendrás algo extra.

Fue una ducha rápida, para quitarme el olor a cerveza y ya.

Nada más salir la fui a buscar, le quité les las latas y otra vez de la oreja hasta el espejo de la habitación. 

- Apoya una mano en cada lado y el culo bien sacado , que me voy a ocupar a fondo de el.

Cuando hizo, aún le hice inclinar más la espalda y presentarlo mejor, mientras con el pies le hacía separar los suyos.

Fui a la mesita de noche, cogí un plug y el lubricante. Me fui hacia ella, detrás pero viéndole la cara a través del espejo. Lubriqué el plug de acero estriado, y después con mi dedo corazón le lubrique ahí donde lo iba a alojar, entoces mientras con la mano izquierda le separaba un cachete rojo, le dije.

- Mira al frente en todo momento 

En cuanto la vi mirar, empecé a apretar el plug suave y firme a la vez, sin dejar de mirarle la cara a través del espejo, durante el proceso cerró los ojos un par de veces y soltó un tímido gemido justo cuando el plug entraba del todo. 

Al terminar le di un par de palmadas cariñosas en el culo y me fui para el armario al abrir una de puerta colgaba mi colección de cinturónes de cuero, me fui directo en busca del señor disciplina, un cinturón de cuero marrón bastante viejo pero muy efectivo.  Lo doblé por la mitad mientras avanzaba y al pararme detrás de ella

- ¿De cuentos cl son las latas de cerveza estándars?

- De tercio

- ¿Y cuantos cl son un tercio?

- 33

- Pues ya sabes el número de caricias con el cinturón que tienes que contar.

Ya no dije nada más, armé el brazo y el cinturón cruzó su piel como un relámpago..

Con voz tímida y seguida de un suspiro escuché "uno"

Sin prisa espaciando unos segundos entre azote y azote hasta llegar al "treinta y tres" 

Entonces dejé el cinturón en su sitio, volví hacia ella, que seguía presentando el culo castigado frente al espejo. Lo primero que hice es revisar su piel con mis dedos suavemente, mapeando sus nalgas castigadas con las yemas de mis dedos. Apoyé mi mano izquierda en sus lumbares empapadas de sudor y en ese mismo momento mis dedos encontraban también algo muy mojado entre sus piernas.

- Cualquiera diría que te acabo de castigar...

Empecé a jugar con mis dedos en su sexo por fuera y también por dentro y llegado un momento empezó a mover las caderas con picardía y en ese momento paré y le di media docena de palmadas rápidas en el sexo desde atrás.

- No estarás pensando que después de tu gracia vas a tener premio ¿Verdad? Te voy a follar, porque me encanta follarte con el culo rojo, pero más bien te voy a usar, ya cuando te portes bien veremos.

Y eso hice, follármela allí, contra el espejo, con el plug puesto y sintiendo el culo rojo y caliente tocando mi piel, ya sólo la saqué para correrme en la piel roja caliente y castigada de su culo.


Y así empezaron las vacaciones del peor verano de nuestras vidas.


Continuará 







sábado, 15 de agosto de 2026

Trampas

 



Hacía un rato ya que habíamos comido y hacia un tarde preciosa, de esas que apetece salir. 

- ¿Te apetece hacer algo esta tarde?

- Pfffff no puedo debería ponerme a terminar de trabajar en la presentación del martes, además me queda la bibliografía que es un coñazo... pero bueno sal tú si quieres, yo me tengo que poner.

- Bueno no te preocupes, lo primero es lo primero.

Un rato después ella estaba con el portátil y los cascos en la mesa y yo decidí salir a dar un paseo, aunque fuera para tomar un poco el aire. No tardé mucho en regresar, de vuelta ella seguía allí concentrada en la mesa, entre apuntes. Me puse cómodo, cogí un libro y una cervecita y me apalanqué en el sofá. En una de esas levanté la vista y estaba sonriendo. 

- No sabía que recopilar bibliografía era tan divertido...

- Ehhhh...bueno una cosa me ha hecho gracia

Y apuntó algo en una libreta, yo seguí a lo mío con el libro, pero algo me hizo estar alerta. Eché un par de vistazos más y seguía aquella extraña sonrisa que empezaba a ser muy sospechosa. En un determinado momento me levanté y me acerqué sigilosamente, tanto que no se enteró concentrada, hasta que sintió mi respiración en su cuello sobresaltándose.

- ¿ Que haces?!!!!! Me has asustado

-  Nada averiguar qué te divierte tanto

En ese momento en la barra de direcciones parpadeaba algo

- Tienes una notificación de Skype

- Ahh si, una compañera que me está ayudando.

- Pues ábrela ¿No? 

- Si ahora la abro, antes quiero...

En ese momento cogí el ratón y le di a la notificación, se abrió una ventana  del y era una conversación con una de sus amigas.

- No sabía que María era una experta en esto...

- Pfff valeeeee ha sido un momento necesitaba desconectar un rato.

Sin soltar el ratón fui arrastrando conversación...

- Ya veo ya, una hora y media de desconexión. 

- Es que no me concentro!!!!

- No te preocupes, que eso tiene arreglo, despídete de María. 

Resopló y empezó a escribir.

" María, voy a ponerme un rato con la presentación, ya hablamos, besos"

Nada más hacerlo cerré el portátil. 

- Ahora señorita vete a la habitación un rato.

- Santi, tengo que ponerme con esto...

- Ya te pondrás, no te preocupes, a la habitación por tu cuenta o te llevo tu eliges. 

Otro soplido y se levantó enfadada, sin decir nada, con un ataque de orgullo, se fue para la habitación y cerró la puerta de un portazo. Lo que provocó que fuera de inmediato para allí, no le dio ni tiempo a tumbarse en la cama. Entré detrás y la cacé antes de que pudiera tumbarse, sujeta del brazo le di cuatro o cinco azotes fuertes de pie.

- Me tienes toda la tarde aquí, porque me dices que tienes que trabajar en la presentación, te pillo chateando con tu amiga en vez de trabajar ¿y encima me desafías? Te voy a bajar el orgullo pero volando.

Fin de la conversación, me senté en la cama y sobre mis rodillas, mi pierna derecha por encima de las suyas y la mano en plan metralleta descargando una larga e intensa ráfaga en su culo. 

- Se te acabó la tontería por hoy. Levanta.

Se levantó y nada más hacerlo metí los dedos por la cintura de los viejos leggins de estar por casa y para bajo. 

- Y esto también -dije a la vez que hacía descender el tanga también -

De vuelta a mis rodillas, ya empezaba a tener el culo rojo, pero aún estuve un rato más ocupándome de el, para terminar de ponerselo cómo un tomate maduro. 

- Levanta. 

En cuanto lo hizo la cogí del brazo y la saqué de la habitación. Cerré la puerta y la solté.

- Ahora abre 

Suspiró y la abrió, yo entré con ella.

- Ahora cierra cómo las personas normales.

Me la quedé mirando, en un momento de duda y cerró suavemente. Nada más hacerlo la volví a coger del brazo y le di media docena de azotes más mientras le decía.

- Te podías haber pasado el rato tirada en la cama, pero por orgullosa te lo vas a pasar mirando la pared y con el culo rojo, hasta que de avise y voy a dejar la puerta abierta así que cuidado con tontear ¿Estamos?

Le señalé la pared y sopló. Un par de azotes más y mensaje captado, esperé a verla colocada mirando la pared con las manos sobre la cabeza y me fui a seguir con el libro. Me levanté un par de veces para comprobar que seguía allí en la que tal vez fue una de las veces que más tiempo estuvo mirando la pared.

Finalmente me fui para la habitación y desde el umbral de la puerta le dije.

- Voy a bajar la basura, cuando vuelva quiero encontrarte, tumbada boca abajo en la cama, con las almohadas debajo, el culo bien levantado y mi cinturón marrón bien doblado y a tu izquierda. 

Me di media vuelta fui hasta la cocina, cogí la bolsa de basura y baje hasta los contenedores tomándome mi tiempo. Cuando entré en casa, pase primero por el despacho y cogí la regla de madera más larga, la de 24 pulgadas. Al entrar en la habitación, todo estaba tal y como le había dicho. Tumbada boca abajo sobre las almohadas, el cinturón doblado y en el lado izquierdo. Me puse en sus pies, y usando la regla separé sus piernas del tal forma que sus tobillos tocaran con ambos extremos de la regla. 

- Mantén en todo momento está separación. 

Entonces me fui al lado izquierdo de la cama y cogí el cinturón. Tal y como estaba doblado era demasiado largo, así que lo acorté, comprobé que la distancia fiera la adecuada lo levanté hacia detrás de mi hombro y de un golpe seco lo dejé caer sobre su piel desnuda y aún enrojecida. En un acto reflejo contrajo los glúteos al sentir la lamida del cuero. 

- Cómo no mantengas el culo relajado seguiremos pero con un dedo de jengibre dentro ¿Está claro?

No contestó más allá de un suspiro, pero ya no volvió a contraer los glúteos la treintena de azotes con el cinturón, que le cayeron lenta pero severamente. Cuando terminé no guardé el cinturón, le hice apoyar los codos sobre el colchón, con las palmas de las manos hacia arriba y sujetarlo. Fui a buscar la crema refrescante al baño, de vuelta me senté en la cama, me eché abundante crema en las manos y empecé a aplicársela despacio y suave en las nalgas, un pequeño alivio momentáneo, por todas las nalgas, incluida la parte interna y la superior de los muslos, como la regla separaba sus piernas mientras le aplicaba la crema podía ver, si sexo hinchado y húmedo, lo cual me provocaba una sonrisa maléfica. 

Fue inevitable no visitarlo, primero apenas rozando los labios externos, despacio, hasta que empecé a mover de atrás a delante un dedo entre medio de su rajita empapada, luego fueron dos, empezó a respirar profundamente y gemir un poco y entonces le di tres o cuatro palmaditas en el sexo desde atrás. 

- Que no se caiga el cinturón...o volveré a usarlo.

A partir de eso momento mis dedos empezaron a aumentar el ritmo progresivamente, hasta que dos de ellos entraban y salían de su sexo frenéticamente y un tercero estimulaba a la vez más arriba, ya sin posibilidad de marcha atrás, hasta empezar a sentir las contracciones del inevitable orgasmo. 

Después una ducha y a cenar. Tras la cena, la hice ponerse a trabajar en lo que debía haber hecho por la tarde, en vez de sentarse en una silla, la hice sentarse con el culo desnudo sobre un taburete y sin poder levantarse hasta terminar.

Cuando terminó ya era más de media noche. Y aún nos quedaba un rato. El ensayo de la presentación lo hizo delante de mi, con el pantalón del pijama en los tobillos, mientras yo la escuchaba atentamente. 



lunes, 3 de agosto de 2026

Con la comida no sé juega

 




Volvía para casa, con ganas de reencuentro, llevaba casi dos días sin verla, desde que había entrado de guardia a las 8 del día anterior y cuando había vuelto , yo ya había salido a trabajar.

Empezaba a hacer calor ya de aquella sofocante de pleno verano y los cuerpos lo empiezan a notar. Abrí la cerradura despacio, entré y fui directo al salón, allí estaba, sentada en la sofá, sólo con unas braguitas y una camiseta, apenas dibujó una sonrisa al verme, la noté pálida.

- ¿Te pasa...?

No me dio tiempo a acabar la frase , se levantó con una mano en el estómago y medio encorvada fui corriendo al baño, con náuseas y cerró la puerta.

Un par de minutos después salía con algo de mejor cara.

- ¿Estás bien?

- Si...mejor, me he echado un rato y al levantarme me he mareado, pero mejor...debe ser el calor.

- Voy a por un vaso de agua.

Fui a la cocina a por agua y vi la cocina inmaculada, al abrir la nevera, también vi un tupper con comida que había dejado preparada para calentar. De vuelta al salón le di el vaso de agua , lo cogió con un ligero temblor y le dio un trago.

- ¿Estás mejor?

- Si, si, ya va pasando.

Me fui de vuelta a la cocina y cogí un par de onzas de chocolate, se las di. 

- Te sentará bien.

Fue casi instantáneo comerse el par de onzas y revivir. 

- No te has comido lo que te deje en el frigo, no te ha gustado? 

- Pfffff llegué agotada y me eché a dormir, y después ya me he levantado revuelta, luego para cenar.

- ¿Desayunaste en el hospital? 

- No...

- Claro y te extrañará lo que te ha pasado no? Te lo tengo que explicar yo? Creo que tú lo sabes mucho mejor que yo. Y mírame cuando te hablo, por favor. 

- Pffff no me des el sermón ahora, ya lo sé, pero estaba agotada.

- ¿Que comiste en el hospital? 

- No me acuerdo!!!!

La miré muy serio

- Un sándwich de máquina...

- ¿En todo el día?

- Es que no he podido parar!!!!

-  ¿A que hora? 

- Por la mañana cuando entré.

- Vamos, que llevas 36 horas más o menos con un sándwich de máquina y cafés, trabajando encima .

- ¿Y que quieres que haga? 

- Pues muy sencillo, comer. Me parece hasta cierto punto cómico, que tenga yo que explicarte esto, pero si no comes, entre las 12 y las 24 horas acabas con las reservas de glucosa, se estabilizan los niveles de insulina y empieza a producirse algo llamado cetosis que no hace falta que te explique que es. Y eso provoca, fatiga, cambios de humor, mareos, náuseas , irritabilidad, falta de concentración y como ves también cambios en el ciclo del hambre...

- Gracias por la lección doctor, pero nada que no sepa ya. 

Y ahí saltó la chispa. La agarré del brazo, la levanté del sofá, dos estruendos seguidos sonaron, plas y plas. Poco protegían las braguitas que dejaban al aire medio cachete.

- La impertinencia no la tenía en la lista de efectos secundarios, pero no te preocupes que tengo antídoto para todos y cada uno .

La llevé sujeta hasta el rincón.

- De rodillas, las manos en la cabeza y la nariz pegada a la pared. 

Y ahí noté que empezaba a hacer efecto la "vacuna".

Me senté, cogí el móvil busqué un restaurante, más concretamente un asador, llamé y reservé mesa para dos a eso de las 9 y media o 10.  Cuando colgué, le dije.

- Hoy salimos a cenar fuera, pero antes me voy a asegurar que cuando salgamos hayan desaparecido todos esos efectos secundarios tan molestos. 

Me levanté, cogí un silla, la puse en el centro del salón, me senté y la llamé.

Se levantó, y se acercó despacio, mirando al suelo. 

- Se acabó con la tontería del no comer y la excusas , no puedes estar 24 horas sin comer y esto no admite discusión alguna y las salidas de tono, pues creo que ya sabes que pienso de eso, así que ya sabes que tienes que hacer. Se me quedó mirando.

- Tengo que hacerlo yo? Las braguitas en los tobillos y a mis rodillas,  ya.

Lo hizo rápido cómo queriendo minimizar la vergüenza del momento en el que ella misma se bajaba la ropa interior para recibir una zurra con el culo al aire , sobre mis rodillas. Nada más colocarse puse mi mano izquierda en su cadera y empecé a calentarme el culo a mano, sin prisas y a conciencia , una azotaina larga sin apenas pausas , hasta que me empezó a picar la mano y tenía ya el culo bien rojo y caliente. 

Estando aún en mis rodillas, miré el reloj.

- Mmmm tenemos tiempo de sobra para el tratamiento completo. Vete un ratito a mirar la pared, que te irá bien. Que mientras aprovecho y me arreglo la barba.

Se levantó y en silencio se fue cara a la pared, las manos sobre la cabeza y las braguitas enrolladas en los tobillos. 

- Dejo la puerta abierta así que espero no se te ocurra frotarte o aliviarte.

Fui a arreglarme la barba y así ganaba tiempo, de vuelta llevaba un arma muy temida en mi mano: el cepillo de ducha , aunque en este caso era uno tamaño niño, con la mango mucho más corto. Me volví a sentar en la silla, la llamé y repetimos ritual.

De nuevo sobre mis rodillas, empecé a jugar con el cepillo por las dos caras, en su piel. 

- Cuando termine, te vas a dar un ducha y arreglar, ya te prepararé yo la ropa. 

Y sin decir nada más, empezó a hablar el cepillo, aunque algo menos pesado , que uno normal, la forma y el mango más largo, lo hacen una herramienta temible, además cómo íbamos a estar rato sentados y en público, quería que sintiera bien los efectos de su comportamiento. No fue una azotaina muy larga, una cuarentena de azotes con el cepillo de ducha son más que suficientes para dejar "huella" y mensaje.

La dejé coger recuperar fuerzas en mi regazo, hasta que le dije que empezara a arreglarse, se levantó, le di el cepillo y le dije que lo dejara en su sitio.

Ella en el baño y yo en la habitación, seleccioné un vestido de verano ya, entallado y algo por encima de las rodillas, ese vestido sería la única ropa que llevaría.

Cuando apareció se lo dije, se lo puso y fue a acabar de maquillarse, yo aproveché para cambiarme también y la esperé en el salón.

- Muy guapa y mucha mejor cara que cuando he llegado, será verdad eso que dicen que una buena zurra tonifica. Pero falta un complemento.

Me di un par de golpecitos con las manos en las piernas, y eso significa que otra vez sobre mi regazo. Cuando estuvo, le levanté el vestido, debajo no había nada, y tenía el culo aún rojo como un tomate maduro, en especial en la parte que hace de frontera entre nalgas y muslos. 

- Ábrete los cachetes del culo...

Suspiró y despacio llevó las dos manos hacia atrás, se agarró una nalga con cada mano y me expuso toda su intimidad. En ese momento yo ya estaba poniendo lubricante en el plug de acero mediano, y después de jugar un poco con el, acabo entrando en su cuerpo.

- Perfecto a juego con los pendientes.

Le di un par de palmaditas en el culo, se levantó y nos dimos un abrazo. 

- Venga a cenar.

Íbamos a un asador mítico de la ciudad a plato único, proteína animal y hierro hasta la sobredosis, es decir chuletón de un kilo para dos, con la guarnición. 

La cena fue totalmente destensa y divertido, incluso bromeamos y reímos, comer comió, se notó las bondades del tratamiento, sólo algún momento de incomodidad según como estuviera apoyada en la silla. 

Al terminar nos fuimos a tomar una copa tranquilos para bajar la cena y luego ya si para casa.

- Me voy a poner cómoda -me dijo- 

- Ya lo harás, antes quiero mi postre.

La tumbé sobre el brazo del sofá, de espaldas a mí, le levanté el vestido de nuevo, ya tenía el culo menos rojo, aunque en la parte crítica el tono empezaba a ser algo más oscuro. Me desnudé. 

- Ya sabes ofréceme mi postre.

Otra vez se agarró los cachetes del culo y los separó, muy despacio le quité el plug, volví a lubricar y ahí en el brazo del sofá le follé el culo , que ese era mi postre aquel día.A


sábado, 25 de julio de 2026

Lección de cocina.

 




Acabábamos de desayunar, yo me fui a hacer el segundo café a la terraza, me encanta sentir el calorcito del sol cuando sale, antes que se convierta en un infierno. Me puse a mirar la prensa con el teléfono y me encendí un cigarrillo. Ella se quedó dentro, no sé que me dijo que iba a hacer, pensé que saldría conmigo, pero pasado un buen rato seguía sin salir, así que entré. Sentí un olor raro a requemado y fui para la cocina,  ya en el pasillo el olor era más fuerte y salía un sospechoso humo blanquecino, que hasta hacía picar los ojos, el resto fue instintivo, directo a la encimera y apague el fuego, en el había una sartén humeante con algo carbonizado y pegado, abrí la ventana de la cocina y puse a tope la campaña extractora, aunque me dio que había para días de olor.

¿Y ella dónde estaba? pues en la ducha. Me empezó a subir un calor por el cuerpo, la escuchaba canturrear con la música supongo que del teléfono en la ducha, ajena a la catástrofe que había estado a punto de provocar. Mientras yo intentaba ventilar la casa de aquel olor pegajoso. Hasta que se abrió la puerta del baño y salió la princesa, con su toalla en el pelo y la otra en el cuerpo. Obviamente nada más salir, dijo alguna barbaridad y fue corriendo hasta la cocina, yo estaba abriendo persianas y ventanas de la habitación. Al llegar a la cocina ya vio que por suerte, me había percatado y que el incidente no había pasado a mayores, más ayer de aquel penetrante olor, cuando se giró, yo estaba apoyado en el marco de la puerta de la habitación, mirándola con los brazos cruzados y su reacción, fue soltarme así en seco.

-Joder tio, podías haber estado más atento.

-¿Cómo? ¿Me has dicho algo? porque no lo recuerdo....

-Puffffff muchas cosas en la cabeza, pensaba que estarías al caso.

-Ya sabes que suelo salir fuera. Y si me preocupa que pasa por tu cabeza ¿Y si no llego a entrar? ¿ Y si prende la sarten? ¿Y si estás sóla?

-Bueno pero no ha pasado ¿no?

-Vamos a ver, si vas a cocinar y piensas dejar la sartén en el fuego: avisa! ¿Sabes la que podías haber líado?

-Pero bueno, tu estás aquí también

-No sigas por ahí, que no tienes excusa. Céntrate de una puñetera vez.

-Joder!!!! sólo quería dejar la comida preparada y así salir un rato.

-Ve a secarte.

Necesitaba respirar un poco, en aquel momento estaba enfadado de verdad y no era plan. Además esto era algo periódico, cuando no era la placha de la ropa, era la del pelo, es lo que tienen las cabezas activas, que a veces juegan malas pasadas, pero esta superaba el mero despiste, para pasar al campo de la negligencia. Cuando volvió a aparecer, yo estaba sentado en el sofá pensativo, entró con una camiseta solo y debajo el tanga nada más, se apoyó en la mesa y me dijo.

-¿Estás enfadado?

-Enfadado no es la palabra, tal vez la palabra más adecuada es que no entiendo

-Lo siento, ha sido una metida de pata, no pasará más. Quería hacer un bien y mira

-Nena, no es eso, no se trata de adoptar una postura victimista, se trata de asumir consecuencias ¿Cuanto hace que te dejaste toda la tarde enchufada la plancha del pelo? 

-Ya hace, antes que nos volvieran a encerrar

-¿Seis meses? Lo podría entender un día, pero cada equis tiempo no. Porque algún día pasará algo ¿Que pasó aquella vez?

Al decirle eso se ruborizó, y no dijo nada, pero quería escucharlo de su voz.

-Repito ¿que pasó la vez de la plancha?

-Que me llevé una buena....-dijo con voz entrecortada-

-Una buena ¿qué?

-Azotaina....

-Pues ya sabes que va a pasar esta vez. Pero antes....

Me levanté y la cogí del brazo, de debajo de la axila y la llevé hasta la cocina. Yo cogí la sartén requemada y le dije. Voy a tirarla a la basura (ya de paso cogí la bolsa también) y a darme un paseo, necesito aire, cuando vuelva, la quiero impecable y ya saldaremos cuentas.

Cogí la bolsa de basura y la sartén y me fui. Puede parecer algo cruel, pero aquel día, aun siendo un juego, iba a ser un juego de castigo y un tiempo sóla para pensar y anticipar  le vendría muy bien para aprender la lección. Estuve como una hora fuera, cuando entré de nuevo a casa, me asomé un momento a la cocina y allí seguía casi terminando. No dije nada me fui al comedor y a los diez minutos más o menos apareció.

-Ya está...supongo que no vamos a ir a ningún sitio.

-Si, tu si, tu te vas a ir al rincón ahora mismo y de ahí no te vas a mover hasta que te diga.

-Joder!!!! ya vale, no hay para tanto.

Me levanté, la cogí del brazo y le dí un ráfaga rapida de azotes, buscando acertar en el culo, pero como los intentaba evitar, la mayoría le cayeron en los muslos.

-¿Me has entendido mejor?

Resopló y medio enfadada se fue solita al rincón, las manos sobre la cabeza, ese gesto le levantaba lo justo la camiseta para ver el nacimiento de  las nalgas, y mis cuatro dedos en rojo por ahi repartidos. La tuve como un cuarto de hora allí plantada en el rincón, sin moverme ni yo. ni ella. Unos minutos después, me levanté, fui a la cocina, aún impregnada de aquel olor, cogí la cuchara de madera de olivo, maciza y redonda, con ella de vuelta al salón, la dejé en el brazo del sofá y en vez de llamarla la fui a buscar, la cogí de la oreja y la llevé hasta el sofá, como a una niña irresponsable, la solté, me senté y la puse en mi regazo, la sujeté bien por la cintura con mi brazo izquierdo, tirando hacía arriba para sostener el culo bien levantado, la camiseta, le tapaba así sólo la mitad de las nalgas, pero se la levanté del todo, hasta media espalda, debajo solo un tanga que no tapaba nada. Y sin más discursos, ni regañoso empecé a azotarla con la mano, de forma progresiva "in crescendo". Repartiendo bien las palmadas por todas las nalgas, desde cuatro dedos por debajo de ellas en los muslos, hasta cuatro dedos antes de llegar a la espalda, sin prisa, sin acelerar mucho, pero continuado y silencioso, sólo el sonido constante y rítmico de las palmadas contra la piel desnuda.

No hubo pausas, ni caricias, una larga muy larga azotaina a mano. Cuando paré, sólo fue para soltar el brazo que la sujetaba ligeramente levantada, ya cansado, pasar mi pierna derecha por encima de la suyas y acto seguido deslizar el tanga por sus piernas, hasta encima de las rodillas, entonces cogí la cuchara de madera de olivo, redonda y con un mango de dos palmos de largo. La pasé por la piel ya incandescente de su culo, la parte redonda y lisa de la cuchara. Hasta que le di un aviso subliminal, la sujeté otra vez de la cintura y empezaron a llover los azotes con la picante cuchara, hice una pasada inicial más suave por todo el culo, pero al terminar me dediqué con ganas sólo a castigar la piel de la mitad inferior del culo, un par de días de sentarse incómoda le vendría bien para la memoria. Reconozco que aquella vez fui especialmente estricto y duro, pero creo que la situación lo merecía y terminé por dejarle esa zona, algo más que roja, ya casi a topos azulados. Incluso llegué a usar la técnica de estirar la piel, para llegar a zonas, dónde generalmente no llegas a parte de que con la piel estirada es mucho más doloroso, incluso le dí una pequeña tanda en la cara interna de las nalgas, separando una y otra. Cuando decidí parar, debía estar bordeando el umbral del dolor y del orgullo, pero de momento tampoco hubieron caricias, ni consuelos. 

La hice ponerse de rodillas encima del sofá mirando el respaldo y la pared, a mi lado, le puse el mango de la cuchara entre las nalgas y ahí debía aguantarlo, bajo amenaza de un castigo extra si se caía.

A los diez minutos me levanté, fui a por la crema hidratante, le quité la cuchara de aquel lugar tan vergonzoso, la ayudé a levantarse y la tumbé de nuevo en mis rodillas, eché un par de buenos chorros de crema en cada nalga y muy suavemente empecé a extenderlos a la vez que le hacía un delicado masaje con la yema de los dedos. Mientras le extendía la crema, le repetí, que esperaba que aquella fuera la última vez que la tenía que castigar por algo así y que mi amenaza iba muy en serio. A medida que la crema refrescaba su piel y calmaba el escozor, se fue relajando y dejándose hacer, desde mi posición privilegiada podía ver el brillo de la humedad en su coño, pero aquel día no hubo placer.

Tras una hora larga de masaje, crema y caricias, le dije una lista de tareas para hacer los dos en casa y espero que aprendiera la lección.




domingo, 12 de julio de 2026

Por golosa

 



- Nena ahora salgo, voy al taller a que me cambien lo del aire acondicionado y ya de paso iré a lavarlo, que ya le toca. Tardaré cómo un par de horas así, vete preparando que hemos quedado a las 9...

- Vale!!!! En un ratito me pongo.

- Genial, así cuando llegue me doy una ducha rápida, me cambio y nos vamos.

Aquella noche habíamos quedado para ir a cenar con unos amigos. Todo salió rodado y en el tiempo previsto estaba en casa. Mi sorpresa fue encontrarmela estirada en el sofá con el pijama y con mala cara...

- ¿Que haces aún así?

- No me encuentro nada bien.

- ¿Que te pasa?

- Me duele la tripa y me noto como pesada.

- ¿ Has comido algo que te haya podido sentar mal? 

- No...lo que me llevé al trabajo en el tupper..

- ¿Y que hacemos? No haces cara de salir hoy

- Ya...lo siento.

- No pasa nada, no tienes culpa, voy a llamar y a decirles que no te encuentras bien. 

Llamé al grupo y les conté lo que pasaba, así que nos quedamos en casa. No cenó nada, pero a la hora de dormir se espabiló y tuve que mandarla a la cama a regañadientes.

El sábado me levanté antes y fui a poner café, medio adormilado al coger el paquete de café, algo me llamó la atención, faltaba algo que estaba seguro que había dejado allí. Poco después se levantó, ya recuperada.

Por la mañana estuvimos haciendo cosas de casa, comimos y nos echamos un rato, con la idea de bajar a la piscina más tarde. 

- Me voy a poner el bikini

- Muy bien...

Yo ya llevaba puesto el bañador, me lo puse antes para estar cómodo.

- ¿Te cojo algo de beber?

Me dijo yendo hacia la cocina.

- Si, coge un par de cervecitas y ya que vas tráeme alguna chuche de tu sobrina, que tengo antojo...

Un instante después apareció con el capazo.

- ¿Bajamos?

- ¿Y la chuche?

- No me he acordado, va vamos caprichoso.

- Voy...

Me levanté y me fui para la cocina...

- Nena ¿Y las chuches?

- En su sitio, venga va vamos, que nos quedamos sin sol...

- Aquí no están, que raro, si las dejé en este armario.

- Pfff que pesadito eres...voy bajando, ya vendrás.

- Ven aquí un momento, por favor. 

- ¿Que quieres ahora? !!!! 

La miré muy serio.

- Tú te debes pensar que soy tonto ¿No?

Su cara cambió de golpe. 

- ¿Dónde están las chuches? Y no te lo pregunto más 

Ahí ya no tenía salida y no le quedó más remedio que confesar.

- ...me las comí ayer...

- Ahora lo entiendo todo, por eso te dolía la tripa...

- Te prometo que sólo iba a comerme un par...

- Ya...pero lo peor es que encima intentas escabullirte. En vez de contarlo desde el principio. A veces creo que eres más niña tú que tú sobrina. Así que ya puedes olvidarte de piscina. 

- Pfffff fue sin querer!!!!

- Lo ves sigues comportándote cómo una niña, pues nada así voy a tener que tratarte. Deja el capazo en el salón y también tu teléfono encima de la mesa y después castigada a al habitación, sin poner la tele y ya te iré a buscar.

- Venga vaaaa...

La volví a mirar y suspiró se dió media vuelta y se fue pasillo para dentro. La escuché meterse en la habitación, fui a comprobar que había dejado el teléfono y fui a abrir la puerta de la habitación. 

- Ve pensando en la que te espera, dentro de un rato y la puerta abierta. 

Allí la tuve media hora más o menos hasta que fui, estaba tumbada boca arriba mirando el techo.

- Levanta.

Se levantó y me senté en el borde de la cama. 

- Levántate el vestido

Llevaba un vestido de playa...

Resopló y le di un cachete en el muslo y al instante levantó el vestido. Y nada más hacerlo le bajé la braguita del bikini hasta los tobillos.

- ¿Te da vergüenza? Pues más debería darte comportarte como una niña .Ya sabes que pasa cuando te portas así ¿Verdad? 

- Si...

- Pues dímelo.

- Que me castigas...

- Eso es que te castigo como una niña pequeña, y te caliento el culo ¿Verdad?

- Si...

- Pues eso va a pasar, pero antes ve a buscarme el termómetro 

- ¿Por qué? !!!! No tengo fiebre!!!

La cogí le brazo y la puse en sobre mi pierna izquierda, puse la derecha encima de las suyas, le levanté el vestido y el di una ráfaga rápida y fuerte directa en el culo desnudo.

- Cuando te diga que hagas algo, obedece sin rechistar ¿Está claro? Así que ahora mismo te vas a levantar y me vas a traer el termómetro.

En ese momento quité mi pierna derecha de encima de las suyas, se levantó y salió de la habitación. Al poco volvió con el kit del termómetro.

- Déjalo en la mesita de noche.

Lo dejó. Saqué las almohadas y las puse en el centro de la cama. 

- Venga túmbate con el vestido levantado y el culo bien levantado. 

Lo hizo, mientras yo abría el estuche del termómetro y el botecito de lubricante, agité el termómetro y metí medio dentro del bote de lubricante. Al terminar me fui para ella con la mano izquierda le separé un poco los cachetes y despacio le metí el termómetro en el culito, hasta la mitad. 

- Ahora te vas a estar quietecita .

Salí un momento de la habitación, y volví poco después con el paquete de toallitas húmedas. Le quité el termómetro, ni lo miré, lo limpié con una toallita y lo dejé en su estuche. Cogí otro toallita para limpiarle el lubricante del culo. 

- Ahora quiero que te levantes y te quites el vestido.

Lo hizo, me volví a sentar en el borde de la cama y cogí otra toallita. 

- Separa la piernas y las manos en la espalda.

Cuando lo hizo cogí otra toallita y se la pasé por el sexo.

- Ya veo que la vergüenza te moja...ya veremos cuando te ponga el culo como un tomate, traeme al zapatilla. 

Volvió a suspirar, pero abrió el armario y cogió la zapatilla de los castigos, la que usaba cuando quería hacerla sentir niña. Me la dió, la dejé a un lado de la cama y la hice ponerse en mis rodillas. Al ponerse le acaricié un poco el culo, pero poco, enseguida cogí la zapatilla y me puse a la tarea de dejarle el culo al rojo vivo a base de zapatillazos. 

- Así es cómo acaban las niñas que no tienen autocontrol e intentan tomarme el pelo, con el culo bien marcado . 

Estuve un buen rato con el castigo, sólo hacía alguna pausa de vez en cuando para coger una toallita y pasársela entre las piernas , recordándole lo mojada que estaba. 

Cuando ya empezaba a retorcerse paré. La hice levantarse y la llevé del brazo hasta el salón, allí la hice ponerse de rodillas a mirar la pared.

- Ni se te ocurra moverte, aquí te espero sentado en el sofá y cuando te levantes que sea para pedir perdón por ti actitud.

Me senté en el sofá a esperar...un rato después se levantó y se acercó despacio y mirando al suelo.

- ¿Tienes algo que decir? 

Tragó saliva y espero un instante.

- Siento mucho haberme comido todas las chuches ayer y que me sentaran mal, siento mucho que por mí culpa no pudiéramos ir a la cena y siento haberme portado como una niña y no habértelo contado...

-Está bien, espero que no se vuelva a repetir, porque si se repite, te haré ir a la farmacia a comprar algo que no te va a gustar...

La cogí de la mano y la senté en mi regazo, durante un rato se abrazó a mi, hasta que le separé las piernas y empecé a jugar con su rajita, con mis dedos....




domingo, 5 de julio de 2026

Helado de fresa

 





- ¿Entonces no sabes a qué hora acabas?

- Yo creo que entre una cosa y la otra sobre las 9 llegaré a casa.

- Vale, pues entonces igual quedo con Pedro para ir a tomar algo.

- Tú mismo, en teoría termina a las 8 pero ya sabes entre recoger y demás, pues eso.

- Pues mucho ánimo y ya me contarás luego, me voy nena.

La conversación tuvo lugar de buena mañana desayunado, ella tenía una charla después de trabajar y de eso estuvimos hablando.

El día transcurrió con normalidad y cómo hacía mucho tiempo que no veía a mí amigo Pedro y ella iba a venir tarde, quedé con el para ir a tomar algo después de trabajar. El calor empezaba a apretar ya.

Sobre las 9 más o menos me fui para casa, aún no había llegado, así que me puse ropa cómoda y como habíamos picado algo , me comí un par de piezas de fruta, en ello estaba cuando entró a casa.

- Nena!!! ¿Que tal? Como ha ido?

- Muy bien, pero estoy muy cansada 

- Normal llevas 12 horas fuera o más, venga va ponte cómoda.

- Si que tengo ganas de quitarme esta ropa.

Se fue para la habitación y poco después apareció con un pijama de verano, pantalón corto y camiseta de tirantes 

- ¿Que hay de cenar que tengo hambre?

- Yo he estado picando con Pedro y me acabo de comer un plátano y un melocotón, pero en la nevera queda ensaladilla rusa , gazpacho...

- Vale

Se fue para la cocina y volvió con un tarro de helado de fresa Häggen Dasz. 

- ¿Eso vas a cenar? 

- Si ¿Por?

- Por qué eso no es cena y más después de todo el día fuera 

- Pfffff es que estoy muy cansada.

- Si no tienes que preparar nada, te he dicho que hay cosas en la nevera 

- Es que no me apetecen 

- Venga va no seas niña 

- Pues hazme la cena tú!!!!

- ¿Que has dicho?

Ya no dije nada más, le quité el helado antes que se comiera la primera cucharada, lo dejé en la mesita. 

- Levanta

- No quiero!!!

La levanté yo un pequeño forecejeo y a mis rodillas en el sofá. Sin más empecé a zurrarle el culo encima del pantalón con la mano. 

- No sé por qué pero hay días que te veo venir y se que vas a dormir con el culo caliente y hoy es uno de esos.

Durante un par de minutos estuve dándole con ganas encima del pantalón del pijama. Al principio protestaba y se movía, pero llegó un momento que se rindió y entonces paré.

- Levanta 

Se levantó y yo detrás, la cogí del brazo y la llevé frente a la tela, pero de caras al sofá.

- Las manos en la cabeza. 

Cuando lo hizo de un tirón seco el pantalón y las braguitas a los tobillos .

- Voy a hacerte algo de cenar y te lo vas a comer todo ¿Está claro? 

Cuando ya iba para la cocina me di media vuelta y volví donde estaba para levantarle la camiseta por encima del pecho. Más vergüenza y me fui para la cocina, una tortilla y un tomate en rodajas. Lo puse en plato, cogí una servilleta y me fue para el salón. Puse la servilleta sobre el taburete, el plato encima, cogí una silla y la fui a buscar.

- Siéntate y cena, aquí en el rincón castigada y en silencio. 

Cuando se sentó me senté en el sofá y me puse la tele.

Un rato después había terminado, así que me fui a buscarla la llevé hasta delante del sofá, le hice poner la manos sobre la cabeza otra vez y recogí . De vuelta me senté en el sofá. Estaba allí frente a mí con el pantalón y las braguitas en los tobillos y la camiseta levantada.  La miré y sin decir nada llevé mi dedo entre sus piernas y se lo pasé por la rajita.

- Vaya, vaya, así estamos? Al final voy a pensar que te comportas como una niña para esto. 

La cogí del brazo y la puse otra vez sobre mis rodillas. 

- Ya te he dicho que hoy de ibas a la cama con el culo como un tomate.

Y empecé a zurrarla de nuevo, ahora ya directamente sobre la piel desnuda, con la mano.

- Si te hubieras portado bien, tendrías helado de postre, pero como no, el postre va a ser este.

A medida que caían los azotes, el culo se le iba enrojeciendo más, estuve un buen rato ocupándome de ese culo travieso, hasta hubo un momento que tuve que subir el volumen de la tele, por si acaso los vecinos. Y ya no paré hasta ponérselo rojo brillante y cuando la mano me empezaba a picar a mí

Con todo el ajetreo ya había perdido las braguitas y el pantalón que estaba en el suelo fuera de las piernas y aproveché para separarle un poco las piernas y tener buen acceso , para empezar a jugar con mis dedos en su sexo.

- Te tengo que poner el culo ardiendo y este es el resultado? 

En ese momento le metía un dedo y después dos. Empecé a moverlos dentro y fuera , los sacaba y jugaba un poco para volver otra vez y así un buen rato, pero sin acelerar , hasta que deje de hacerlo, para darle una ultima tanda de azotes, rápidos y fuertes. Al terminar, la hice levantarse.

- Recoge la ropa, dame tu móvil, vete a preparar y a la cama. No hay premios hoy y más vale que te portes bien o vas a estar una semana castigada sin piscina y sin helado. Cuando estés vienes a darme un beso de buenas noches.




sábado, 27 de junio de 2026

El viaje

 



Cuándo por fin nos montamos en el coche, habían pasado ya más de dos horas, de la hora en que tenía pensado salir ¿El motivo? Pues que la señorita, no tenía hecha la maleta aún. 

Así que era imposible disimular mi enfado, nos pusimos en marcha, 4 días de puente por delante, para descansar y disfrutar de la playa. 

La primera media hora de viaje en silencio absoluto, hasta que empezó a hablar o buscarme las cosquillas, según se mire.

- ¿Piensas estar todo el viaje callado y con la cara larga? 

La miré y le dije

- Hasta que se me pase, si.

- Pues vaya aburrimiento de viaje...

- Pues te aguantas, desde el martes que llevo diciéndote que hagas la maleta.

- Joder!!! No he tenido tiempo!!!

- Vigila esa boca y ese tono...tiempo has tenido de sobra y me cansa ya esa manía de dejarlo todo para última hora

- Son 4 días no te viene de un rato!!!

- Eso es tirar balones fuera, pero mejor no sigas la conversación, que lo único que estás consiguiendo es que aún me enfade más.

Tenía puesta la radio , una tertulia política y me la cambió.

- ¿Se puede saber que haces? 

- Poner música, están hablando de las elecciones en Francia y me aburro

- Vuelve a poner la radio dónde estaba, a mí si me interesa y no te vas a salir siempre con la tuya. 

Pasó de mí, se cruzó de brazos y reclinó el asiento, así que cambie de emisora y respondío con un soplido. Durante un rato el viaje continuó más o menos tranquilo, hasta que me volvió a cambiar la emisora. La miré, se había descalzado y tenía los pies sobre el salpicadero.

- Baja los pies de ahí 

- ¿Por qué?

- Primero porque está prohibido, segundo porque si tenemos un accidente y salta el airbag, te puedes hacer mucho daño y tercero y lo más importante porque lo digo yo. 

No me hizo caso y se llevó un manotazo en el muslo que le dejó los dedos marcados, directo en la piel ya que llevaba unos vaqueros cortitos. 

- Si te lo tengo que repetir, te prometo que me paro en el primer sitio y te pongo el culo ardiendo ¿Estamos?

Los bajó, me conoce lo suficiente, para saber cuándo voy en serio. Y seguimos. A mitad de camino más o menos, aún había algo de sol y salí del autopista para parar en un área de servicio poco frecuentada. 

- ¿Por qué paras?

- Por qué son casi las 9, nos quedan un par de horas aún y tengo hambre.

- No lo entiendo ¿tenías mucha prisa por salir y ahora vas a parar? 

- Pues si, mi idea era cenar algo en una terracita frente al mar, pero no a las 11 de la noche pasadas.

- Pues yo no tengo hambre.

- Tú misma. 

Aparqué y paré el coche, me bajé y me estiré. Ella seguía dentro.

- No piensas bajar ¿O qué? 

- No, yo te espero aquí, no tengo hambre.

Ahí ya se me acabó la paciencia, abrí la puerta del copiloto, la saqué a la fuerza y le di un par de cachetes fuertes en el culo.

- Se acabó!!! Desde ahora y hasta que lleguemos te vas a comportar cómo una adulta ¿Está claro? 

Se quedó de pie, con la mirada baja, la cogí de la mano .

- Tira a cenar y no quiero escuchar un sola niñería más. 

Entramos en silencio, cogida de la mano y buscamos una mesa. Ella se sentó y yo fui a buscar algo de cenar, del buffet. De vuelta con mi bandeja ella seguía allí , sentada con los brazos cruzados y enfurruñada. 

- Ve a por algo de cenar...

- No tengo hambre!!! 

Lo dijo levantando la voz y cogiendo una servilleta y tirándola contra la mesa con rabia, por suerte apenas había nadie y nadie se debió percatar de la escena. Cogí aire y con mucha calma le dije.

- Muy bien, no quieres cenar no cenes. Pero tampoco me vas a dar la cena, así que ahora mismo te vas a levantar y te vas al coche. 

Se levantó toda orgullosa y sin decir nada salió. Yo cené tranquilamente, incluso me tomé un café después de cenar para estar despejado para conducir. Cuando estuve salí, el sol empezaba a ponerse ya, pero aún había luz, al llegar al coche, ella estaba fuera, apoyada en el capó, jugando con ele teléfono. 

Fui directo al maletero, abrí mi maleta y cogí algo , que meti en la cintura del pantalón.

- ¿Nos vamos ya o qué?

Me fui hacia ella y la cogí del brazo.

- Acompáñame un momento.

Detrás del aérea de servicio, había un merendero, con una serie de mesas y bancos de piedra bajo una arboleda. Miré un momento mientras la conducía en todas direcciones, un par de camiones aparcados a lo lejos y nadie en el merendero, entonces cogí lo que había escondido en la cintura de atrás del pantalón, era una chancla de playa tipo havaina sin estrenar y empecé a darle con ella mientras caminábamos.

- Ya me has cansado!!! Y te prometo que el resto del viaje vas a ir suave como la seda.

Ella intentaba evitar los azotes, sin fortuna.

- Vale, vale...ya me porto bien...

- Tarde, cómo de costumbre.

Llegué a la mesa más apartada y sin soltarla me senté de espaldas al área de servicio, la puse en mi regazo, a pesar de sus pataleos.

- Cómo no te estés quieta, no te vas a poder poner el bikini, porque te pongo el culo morado...

- Nos pueden ver!!!!

- No caerá esa breva, así verían lo que les pasa a las niñas insoportables.

Empecé a darle con ganas, sobre el vaquero corto, la tenía bien sujeta de la cintura y los pies no le tocaban el suelo, además aquellas chanclas debian picar bastante y gasto un 45 de pie. Pero por experiencia se que cuando empieza a picar de verdad, llega la calma y se acaba el pataleo y la lucha. Entonces paré.

- Pffff como pica...

- Pues acabo de empezar, levanta.

- No por favor, pica mucho y nos van a ver!!!!

- Ya te he dicho que eso me da igual. Levanta!!

Le di un par de azotes más justo donde acababan los vaqueros y se levantó. Nada más hacerlo fui a buscar con firmeza los botones del pantalocito. 

- No, por favor me muero de la vergüenza.

- Vergüenza debería darte la actitud que has tenido hasta ahora.

Ni me lo pensé, la desabroché el pantalón y se lo bajé y detrás el tanga, para volver a ponerla en mis rodillas allí al aire libre, al ponerla vi que ya tenía bastante rojo el culo.

- Menudo descubrimiento acabo de hacer...creo que no las voy a estrenar.

Entonces empecé a azotarla ya con el culo al aire, que todavía sonaba más, desde el primero empezó a moverse y a pedirme que parase y paré, pero para decirle.

- Mire nena, que vas a hacer el resto del viaje con el culo ardiendo, es una certeza, de ti depende si más o menos , si te estás quietecita acabaremos antes. 

Nada más decirlo continué con la zurra, y se estuvo bastante quieta aunque por momentos no podía evitar moverse. Bajé un poco la intensidad de la azotaina y ya si empezó a anochecer, y decidí que era suficiente. 

La hice levantarse, tenía el pantalón y el tanga en los tobillos. Le froté un poco el culo.

- ¿Te vas a portar bien el resto del viaje? 

- Si...-me dijo con voz aniñada -

- Más te vale

Le subí el tanga y el pantalón, pero no sé lo abroché. La cogí de la mano y fuimos para el coche, al llegar le di al mando para abrir las puertas y ella abrió la del copiloto. 

- ¿Dónde vas?

- Al coche..

- Si, pero las niñas van detrás.

- Pffff...

- ¿Te has quedado con ganas de más?

- No...no...

- Pues espera a entrar.

Fui al maletero y cogí dos toallas, una la puse sobre el asiento de atrás , abrí la puerta y antes de hacerla entrar le volví a bajar el pantalón y el tanga, hasta los tobillos. 

- Ahora sí, siéntate y ponte el cinturón.

Lo hizo y entonces le puse la otra toalla en las piernas.

El resto del viaje fue cómo la seda, lo único es que no dejaba de moverse intentando encontrar una posición cómoda.

Finalmente llegamos a destino, aparqué en un parking y antes de bajar le di permiso para subirse la ropa, descargamos maletas y mis fuimos para el apartamento. De camino pasamos frente a una heladería...

- Mmm me apetece un tarro de helado!!!

- ¿Ahora sí tienes hambre? Pues no hay helado.

Le di las llaves del apartamento y le dije.

- Sube y ponte el pijama, que voy a llamar a los del apartamento para decirles que hemos llegado. 

No dijo nada y subió. 15 minutos más tarde subí yo, que tenía otra copia de las llaves, cuando entré, estaba en el cuarto de baño, de espaldas al espejo, con el pantalón del pijama bajado mirando cómo tenía el culo.

- Aún está bastante rojo y hace un rato ya, me parece muy interesante la chancla esta.

- Pues a mí no, me quema aún!!!

- Así aprenderás a comportarte 

La cogí de la mano y la llevé para el sofá, en la mesita había una bolsa. La tumbé en mi regazo otra vez...

- Vamos a ver cómo está este culo travieso.

Entonces abrí la bolsa y saqué un tarro de helado y una cucharilla de plástico.

- Toma anda, si en el fondo te malcrío...

- Gracias!!!! 

Y allí tumbada en mis rodillas empezó a comerse el helado, mientras yo pasaba muy suavemente mis dedos por sus nalgas...



sábado, 13 de junio de 2026

 




Un agarre firme en tu brazo te guía por la habitación. Firme, guía, no violento, simplemente autoritario. Justo como a veces lo necesitas.


- Al rincón ahora mismo!!. Y ya sabes cómo 


No es necesario decirle más, ya sabes cómo Manos detrás de la cabeza, nariz pegada a la pared. Y falta el que toque final. Un tirón seco y firme, te baja El pantalón del pijama primero y las braguitas despues "las niñas traviesas no tienen derecho a la modestia" una frase grabada en tu cabeza.

- Y no te muevas.


Me oyes alejarme y la puerta del baño se abre. El grifo se enciende y el agua empieza a correr. Unos instantes después, escuchas mis pasos que se acercan.


-Date la vuelta. Abre la boca y saca la lengua 

En mi mano derecha una pastilla de jabón y en la izquierda una toalla pequeña. El jabón frota varias veces sobre la superficie, dejando una capa y ese sabor que detestas, y luego la pastilla se desliza cuidadosamente más adentro.


- Aprieta los dientes y vuelve cara a la pared. Ahora.


Sabes perfectamente por qué estás aquí ahora mismo. Por esa manía tan tuya de hablar antes de contar a tres y que en algún momento has acabado con mi paciencia 


Aunque parezca una eternidad, sabes que solo son un par de minutos. Entonces escuchas de nuevo mis pasos, mi mano vuelve a agarrar tu brazo.

Plas, plas. Un par de azotes sobre tu culo desnudo resuenan en la habitación, a los que siguen un docena más, que empiezan a picar. Haciéndote morder el jabón. Pero te mantienes en posición a pesar de mover las caderas inconscientemente tratando de evitar los golpes.

Entonces mi mano toma tú muñeca haciendo que bajes el brazo y te conduce  al baño. Caminas con dificultad , con el pantalón del pijama y las braguitas en los tobillos hasta llegar frente al lavabo. El grifo se abre, empieza a fluir el agua. Te quito la pastilla de jabón, la sumerjo en el agua, la froto para producir más espuma.

- Abre la boca 

En un principio te niegas, pero un par de azotes te hacen cambiar de idea.

Más enjabonamiento. Es vergonzoso y deagradable. Pero solo dura unos segundos hasta que la barra vuelve a tu boca. Y te pongo las manos apoyadas en el lavabo.

- Mira al espejo.

Ahí estás sosteniendo la pastilla de jabón, con los dientes, mientras mi mano empieza de nuevo a darte una rápida tanda de azotes


- ¿Sabes por qué estamos aquí?


Asientes con la cabeza afirmativamente, pero no me puedes responder con la pastillas de jabón en la boca, te la quito

-¿Por qué estás aquí ?

- Por contestar mal -respondes.

- Bueno, eso sería un resumen muy simple, la realidad es que no es por una única mala contestación, es por un cúmulo de ellas, entiendo que estás semanas han sido difíciles y con mucha presión y estoy muy orgulloso de los que has logrado y de lo mucho que has trabajado para conseguirlo, por eso estás semanas he sido tan "comprensivo" y te he pasado, malas contestaciones, mal humor, tus enfados con el mundo, pero hasta aquí, a partir de ahora se acabó, ya no tienes excusa, para comportarte como una cría insolente.

- Ya puedes enjuagarte. 

Espero que lo hagas, dejó que te tomes tu tiempo. Cuando estás, te vuelvo a coge de la mano y te llevo de vuelta a la habitación, y de nuevo al rincón, ahora de rodillas , manos sobre la cabeza. Salgo un momento de la habitación, dejo la puerta abierta, voy a arreglar el baño. Y al terminar cojo el cepillo del pelo cuadrado que cuelga tras la puerta del baño, entró en la habitación, lo dejo encima de la mesilla, y me siento en el lateral de la cama. Te llamo. Te levantas y caminas hacia mi, te quedas de pie delante de mis rodillas. Te miro y bajas la mirada. No digo nada, otra vez firmeza y autoridad, te cojo de la muñeca, y hago que te inclines sobre mi pierna izquierda, al momento pongo mi pierna derecha encima de las tuyas para bloquearlas. Entonces te cojo con ambas manos de la cadera y tiro de ti hacia arriba, para tener tú culo perfectamente expuesto. Al terminar alargo la mano derecha y cojo el cepillo. 

Empiezo a jugar con el, lo paso por tu piel, aún tienes mis dedos grabados en rojo, de los azotes en el rincón y el lavabo. De repente mi mano izquierda aprieta cadera y el cepillo, empieza a caer sobre tus nalgas desnudas, el ritmo es constante, alterno cachete y cachete y voy repartiendo los azotes por todo el culo. Poco a poco la piel se va enrojeciendo, hasta que paro y vuelvo a pasar el cepillo suavemente por la piel, escucho tú suspiro, pero no estamos aún, es sólo un respiro antes de la traca final.  Que no tarda mucho en llegar, el cepillo empieza a castigarte de nuevo, ahora ya ataca con precisión, ese punto donde las nalgas y los muslos tienen su limite, los azotes caen unos encima del otro en la misma zona, creando dos círculos de un rojo que va oscureciendo en cada nuevo azote, empieza a costarte mantener la compostura, ya no son unos azotes juguetones, es un castigo, un castigo severo, empiezo a notarte exhausta, pero voy un poquito más allá, sólo un poco y entonces me detengo de golpe. Dejó el cepillo sobre la mesita de noche y dejó por un instante que sientas el escozor del castigo, la piel palpitante y el calor que quema. Mi mano izquierda se mete por dentro de la camiseta y te acaricia la espalda y la derecha los muslos, sin tocar el culo de momento. 

Un rato después, empiezo a pasar mis dedos muy suavemente por tus nalgas, sólo rozándolas y a la vez aflojo el bloqueo sobre tus piernas, hasta quitar mi pierna de encima de las tuyas, entonces te separo las piernas y mis dedos suben por la cara interna de tus muslos, hasta llegar a tu sexo, estás empapada, como cada vez que te pongo el culo como un tomate, te lo hago saber mientras paso uno de mis dedos, por la rajita inundada, entonces de repente agarro tu sexo con toda la mano, empiezo a frotarlo, y tú a gemir, ya no hay vuelta atrás, te empiezo a masturbar sin miramientos, dedos que entran y salen, azotitos en tu sexo, y vuelta a empezar, ya no paro hasta hacerte correr sobre mi pierna y con el culo en llamas, mojada, jadeante, castigada y rendida.

Un rato después vuelves a estar en el rincón está vez en el salón, antes de había puesto un poco de crema en el culo. Entonces me levanto, de cojo otra vez de la mano y volvemos al baño, pero está vez te meto en la ducha, para enjabonarte todo el cuerpo y volver a jugar un poco con el.




martes, 9 de junio de 2026

Porqué me gusta sentirme castigada (Por Laura)

 



Cuando hablamos de placer todo el mundo piensa en el físico, dejando atrás el, para mí, más importante. Creo que todo empieza en la mente y es ella la que guía nuestro placer a ciertas zonas del cuerpo.


Con el spanking y la disciplina doméstica, es donde más lo noto. 

Si no hay un antes, no hay nervios, contradicciones, sensaciones, sentimientos, no hay placer en los azotes.


Para mí, azotar por azotar carece de sentido.


Me gusta la travesura previa, llena de nervios, nervios que gustan pero a la vez nervios de "la estoy cagando y voy a cobrar". 


La mirada de esa persona, diciendo a través de ella lo que se avecina. Hace temblar a la vez que hace que las bragas se caigan al suelo solas.


El regaño. Sentirse regañada como una niña pequeña o como una mujer que no ha hecho bien las cosas y alguien la tiene que corregir.


 La vergüenza de ello, de estar en el rincón, de copiar o cualquier cosa semejante. 


La azotaina. Llena de sentimientos. Esa que nos ayuda a soltar la culpa y la rabia contenida. Esa que nos hace respirar profundamente como si fuera al primera vez que lo hacemos.


Hay quien nos considera masoquistas... Yo prefiero decir que sabemos escuchar a nuestra mente. 


Cuando aún pasándolo "mal" con dolor, vergüenza, humillación, temor, nervios... Nos da excitación, ganas y un empujoncito que nos hace llegar siempre a nuestro mejor sitio, sobre las rodillas de esa persona. 


Porque no hay nada más valioso que saber escuchar los deseos de la mente... Aún a riesgo de no sentarnos cómodamente en días.

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