sábado, 28 de marzo de 2026

Lejos del mundo

 



Unos días libres, la posibilidad de huir lejos de todo, tiempo, paz y descanso. No pintaba nada mal la idea. Una casita en medio de la nada, en plena naturaleza, lejos de ruidos, prisas, agobios, era el plan perfecto. Ropa cómoda, paseos, sin estar pendientes del reloj o del teléfono, unos pocos días en el paraíso, antes de volver al purgatorio otra vez. 

Llegamos y nos instalamos con esa intención, el primer día perdido, entre el viaje y una cosa y la otra. Pero aún quedaban días para aprovechar. Una tarde tuvimos que bajar a una pequeña ciudad cercana, porque nos faltaba alguna cosa y no tuvimos más remedio, que ir en busca de un centro comercial. Eran días festivos así que el parking estaba a tope y tras dar varias vueltas en busca de un sitio, vi a un coche cargando y paré a esperar. Con tan mala suerte que el coche que salía maniobró en mi dirección y uno que venía en el otro sentido se nos coló. Y ahí ella  empezó una discusión absurda y fuera de lugar, por razón que tuviera, las formas son las formas.

Cuando la calmé y volvimos al coche a seguir buscando parking, al entrar me dijo de malos modos:

- ¿Y tú no vas a decir nada?!!!!

- ¿Y que quieres que haga? ¿Que me pegue por un parking?

- Joder que por lo menos no me dejes sola!!!

- Baja el tono y relájate, mira ahí hay un sitio, tanto drama. 

Aparqué y ya no dije nada más , compramos los que necesitábamos y nos fuimos a nuestro pequeño paraíso. 

Al llegar aún nos dio tiempo de descargar y dar un paseo antes que empezara a anochecer. 

Ya de vuelta a pesar de ser plena primavera hacía frío, así que lo primero que hice fue preparar para encender la chimenea. Cuando tuve suficiente fuego, eché un par de troncos gordos. Mientras ella se daba una ducha. Preparamos algo de cena, nos abrimos una botella de vino y cenamos tranquilamente al calor de la chimenea.

Al terminar, recogí la mesa y ella se apalancó en el sofá, con la media botella de vino y las dos copas, que llenó mientras yo terminaba de recoger. Cuando terminé, me fui a su lado, me senté y ella puso sus pies sobre mis piernas. 

- ¿Que cómoda estás no?

- Pffff cómo necesitaba una escapada así.

- Ya lo he notado, ya... tensa estabas, hace un rato.

Sonrió, con esa sonrisa nerviosa, sabía perfectamente a que me refería, al incidente del parking. 

- Es que la gente...Pfffff.

- Ya te dije que tenías razón, pero las formas no fueron las adecuadas.

- Es superior a mi, me dio mucha rabia.

- Ya, pero no son maneras, ya sabes que pienso de eso y más estando conmigo, sabes perfectamente que no tolero ese tipo de actitud, ni la pérdida del control. 

A medida que iba hablando se iba ruborizado, cogió la copa de vino y le dio un trago, yo seguía con el sermón. 

- Por un momento parecías una poligonera, discutiendo por un parking y sé que eres mucho más inteligente que eso. 

- Joder Santi, me estás haciendo sentir mal 

- ¿Yo? No soy yo, igual es tú conciencia ¿No?

- Jajajaja, en el fondo me ha servido para desahogar, que a gusto me he quedado.

- A mí no me hace ninguna gracia, he sentido vergüenza ajena. Levántate.

Me miró con cara de extrañeza y fue a coger la copa de vino, no la dejé. 

- ¿Lo tengo que repetir? 

Resopló y se levantó. Nada más hacerlo la cogí de la cintura del pantalón de pijama y con firmeza la acerqué a mi, de pie entre mis piernas y de un tirón seco, le bajé el pantalón del pijama y después las braguitas. Entonces la miré.

- Ahora te vas a poner de rodillas frente a la chimenea, a una distancia prudencial, las manos sobre la cabeza y ve pensando en una buena defensa. 

Al terminar, el discurso, la cogí de una mano, le di la vuelta y le solté un par de cachetes en el culo desnudo.

- Espabila.

La observé en todo el ritual, cómo andaba hasta la chimenea, cómo se arrodillaba a un metro de distancia más o menos y ponía las manos sobre la cabeza, entonces me serví una copa de vino, que saboreé despacio. A media copa me levanté y fui a la habitación, de vuelta puse el cepillo de pelo "especial" y mi cinturón de cuero marrón doblado encima de la mesita, y con calma me terminé la copa de vino. 

- Ven aquí

Se levantó y se acercó, yo permanecía sentado en el sofá, esperé que se acercara.

- Las manos detrás de la espalda.

- Pfffff 

Sonaron un par de cachetes.

- Vale ya de soplidos. Y ahora cuéntame ¿ A ti te parece normal la actitud y el vocabulario de antes? ¿Vale la pena, por un parking?

- Ya te he dicho que me ha dado mucha rabia, me dan mucho por...

No terminó de decir la frase, un par de cachetes más lo impidieron.

- ¿Te tengo que lavar la boca con jabón? 

- No...

- Pués habla bien, en español hay muchas palabras y expresiones que pueden expresar indignación o malestar, sin necesidad de recurrir a ser malhablada. Y ahora responde mi pregunta ¿Vale la pena perder los estribos de esa manera por un puñetero parking?

La miré y estaba roja, pero sin responder. Así que mi reacción fue instantánea. Con el brazo izquierdo rodeé su espalda y la hice caer sobre mi pierna izquierda, nada más caer mi pierna derecha sujetó las suyas. Y empecé a acariciarle el culo desnudo.

- Mira cómo te tienes que ver, por no saber controlar ese carácter, cómo una niña impulsiva y malhablada que van a castigar.

Las palmadas empezaron a caer con ritmo, alternando nalga y nalga, mi brazo izquierdo rodeaba su cintura y la mano se posaba en su cadera. Mientras la derecha subía y bajaba chocando contra la piel desnuda, que se iba sonrojando, primero un rosado pálido, que se fue volviendo rojo a medida que avanzaba. Entonces hice un pausa, cuando ya tenía un bonito color y comencé un juego de caricias sobre la piel caliente , rozando muy suavemente con la yema de mis dedos, la reacción a las caricias fue la piel erizada, momento en el que quité mi pierna que hacía de sujeción de las suyas, separé sus muslos e investigué si esa reacción se había transmitido a su sexo, empezando a pasar dos dedos de atrás a delante y de delante a atrás, cómo imaginaba entre sus piernas había un charco caliente y seguí jugando a la vez que le dije.

- Acércame el cepillo, está en la mesa...

Resopló cuando me escuchó y de inmediato quite mis dedos de su sexo y le di una docena de palmadas fuertes.

- El cepillo...ahora.

Alargó el brazo, lo cogió y estirando lo hacia atrás, me lo ofreció. Lo cogí.

- De momento esto es un castigo.

Pasé la madera fría y lisa un instante sobre su piel y empezó a caer al ritmo de un suave y uno más fuerte en la misma nalga, para cambiar a la otra, apuntando bien en la parte inferior de las nalgas y así durante un par de minutos sin respiro, que dibujaron dos círculos muy rojos justo por encima del nacimiento de las nalgas. Cuándo paré, suspiró de alivio y mientras volvía a usar el cepillo de instrumento de caricia...

- Esto ya no te gusta tanto parece....

La sujete con fuerza y le di un par de docenas más de azotes con el cepillo, rápidos, seguidos y alternos. Entonces volví a parar. 

- Déjalo sobre la mesa...

Se lo di y lo dejó.

Nada más dejarlo, volví a "comprobar" cual era el estado entre sus piernas y aún estaba más mojada si cabe. Empecé a jugar otra vez con mis dedos, suave al principio, palpando y resiguiendo cada pliegue, cuándo empecé a jugar alredor del clítoris hinchado se le volvió a erizar la piel a la vez que empezó a mover las caderas...

- No estarás pensando en correrte ¿Verdad?

No contestó, sólo un pequeño jadeo y la respiración cada vez más agitada, mi dedo índice y corazón entraron en su sexo a la vez que con el pulgar estimulaba su clítoris con pequeños golpecitos....ya no paré y se dejó ir, aún podía sentir las contracciones del orgasmo en mis dedos, cuando los saqué.

- Te dije que aún no...

Le di unas palmaditas en el sexo desde atrás. 

- Levanta.

Se levantó y nada más hacerlo yo también, la cogí de la muñeca y la llevé contra el brazo del sofá, la "obligué" a tumbarse sobre el , con el culo castigado bien levantado, cogí el cinturón de la mesita y sin decir nada, le di una docena de azotes con el, rápidos y seguidos. 

- Esto es por correrte mientras te castigo.

Pero mi capacidad de autocontrol también tiene un límite y me puse detrás de ella entre sus piernas me quité la ropa necesaria y mi polla buscó su sexo, mojado como estaba entró entera y allí me quedé inmóvil un rato, con mi polla dentro y mi piel tocando su piel caliente, hasta que empecé a entrar y salir chocando en cada embestida contra su culo castigado...

Un rato después, estábamos los dos acurrucados, desnudos y exhaustos, mirando en silencio , las brasas de los dos troncos.

 






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