Llegué a casa a la hora de costumbre, sabía que ella no estaría, desde que nos mudamos, su vida social había cambiado y para bien, de hecho me hacía feliz que tuviera vida social, comparada con la vida casi ermitaña de antes, soy de los que piensan que las relaciones necesitan sus espacios independientes y no todo se tiene que hacer en conjunto. Así que sabía que aquella tarde había quedado con unas amigas. Yo me disponía también a mi momento de paz, dejé mis cosas y fui a prepararme para darme una ducha.
En ello estaba cuando me vino un extraño olor a requemado, que no sabía de donde salía, cuando entré en el baño el olor se hizo penetrante y enseguida descubrí el motivo, la plancha del pelo estaba enchufada, rápidamente la desenchufé y abrí para ventilar.
Conté hasta 100 o incluso un poco más y cogí el teléfono, para ponerle un mensaje.
- Te has dejado la plancha del pelo enchufada....otra vez.
Tardó unos cinco minutos en contestar.
- Pffff joder, que cabeza.
- ¿Puedes hablar ahora?
- ¿ Para qué? Ya sé lo que me vas a decir.
- No te he preguntado eso
- No, no puedo.
- Vale, pues en una hora te quiero en casa.
- Joder Santi...
- Si a las 7 y media en punto no estás aquí, te voy a buscar tu misma.
Y cerré la conversación.
Un descuido lo puedo entender, pero no era la primera vez, ni la segunda que pasaba lo mismo y el peligro era importante, si la plancha hubiera estado tocando una toalla o cualquier otra cosa inflamable, seguramente estaríamos hablando de una catástrofe.
Total que me senté a esperar sin ducha y bastante molesto, pendiente del reloj.
Cuando escuché abrirse la cerradura, era la hora que le había dicho, entró cautelosa y suave.
- Hola
- Hola
- No me mires así...ha sido un descuido con las prisas...
- ¿Cómo te miro?
- Cómo si hubiera matado a alguien...
- Vamos por partes nena ¿Que prisa tenías?
- Joder, tú nunca tienes un despiste, eres perfecto.
- No sigas por eso camino, créeme no te conviene.
- Es que no soporto esa cara de reproche
- Si te parece te aplaudo. Imagina que por lo que sea yo también vuelvo más tarde o imagina que simplemente la plancha empieza a arder.
- ¿Y que quieres que haga? Ya sé que la hubiera podido liar gorda, pero no ha pasado nada.
- Exacto no ha pasado nada, pero podría pasar y cuanto más veces juegas, más posibilidades.
- No te preocupes, que no pasará más.
- Eso me dijiste la última vez y la anterior...
- Pfffff ya veo que no se te va a pasar el enfado.
- No estoy enfadado
- No, que va
- Pues no, lo que no quiero es que se vuelva a repetir.
- Te lo estoy diciendo y no me escuchas.
- Señorita ( nombre y apellidos completos) tienes razón no te escucho, ya que sólo dices excusas baratas y promesas que luego no se cumplen y a la vista está, la última vez te dije que sería la última sin consecuencias y así va a ser, ahora necesito darme una ducha, ya que antes no he podido, por el olor a pollo quemado que hacía todo el baño, y tú mientras te vas a ir a mirar un rato la pared y pensar en lo que te podía haber costado tu "descuido" cíclico y en lo que te va a costar ¿Está claro?
- Pffff me gustaría ponerme cómoda
- Ya tendrás tiempo, quítate la chaqueta y cara a la pared mientras me ducho, no voy a repetirlo.
Se cruzó de brazos y no se movió.
- Cuento hasta tres...
No me hizo ni caso y ya terminó con mi paciencia, me levanté la cogí del brazo, me senté en el sofá y directa a mis rodillas. Nada más caer en ellas empecé a azotarla con ganas, por encima de los vaqueros que llevaba.
- No has querido por las buenas, muy bien, pues será por las malas.
Le agarré los vaqueros por el cinturón y estiré hacia arriba para ceñirlos aún más, mientras seguía azotando la con ganas, durante un buen rato hasta que empezó a molestarme la mano.
- Levanta.
Lo hizo.
- Voy a preparame la ropa para ducharme, si cuando vuelva no estás cara a la pared, te vas a pasar el fin de semana sin poder sentarte. Tu misma.
Me fui a la habitación, me preparé la ropa y antes de meterme en el baño pasé por el comedor. Allí estaba pegada a la pared, con las manos sobre la cabeza.
- Señorita ( nombre y apellidos completos) quiero ver ese culo expuesto ahora.
Empezó con una serie de todo tipo de quejas, gruñidos y soplidos.
- He dicho a-ho-ra!!!!.
Entonces empezó a desabrocharse los vaqueros y haciendo cierto contorsionismo descendieron a medio muslo.
- El tanga también.
Otro soplido, pero también descendió. Tenía ya el culo bastante sonrosado a pesar de la protección de los vaqueros.
- Ni se te ocurra moverte y piensa.
Me metí en el baño y me di una ducha larga, me sequé me vestí y fui de vuelta al comedor, allí estaba. Cogí una silla y la puse en el espacio entre la tele y el sofá, me senté y la llamé. El momento de girarse es siempre crítico, con la ropa a medio muslo y de frente no hay espacio para la intimidad y la sensación de vulnerabilidad es muy fuerte.
Y así estaba, esa cabecita despistada, plantada frente a mí con toda la ropa pero más desnuda que sin ella. Y la mirada baja la delataba.
- Señorita (nombres y apellidos completos) has tenido un buen rato para pensar, así que mírame y respóndeme ¿ Que te has ganado hoy?
Se puso roja al instante, cogió aire profundamente cómo quien quiere coger fuerzas.
- Un castigo...supongo.
- Un castigo y muy merecido, no sólo por el "descuido" reincidente, además por tu actitud ¿ Y cuál va a ser el castigo?
Su cara aún se puso más roja...
- Pfffffff...
- ¿Cuál va a ser señorita?
- Una azotaina
- ¿ Y cuál es el motivo por el cual te voy a castigar cómo a una niña traviesa?
- Porqué me dejé la plancha del pelo encendida...
- ¿Sólo por eso?
Volvió a suspirar y se quedó en silencio.
- Nena ¿Sólo por eso?
- Supongo que también, por mi actitud
- Supones bien y casi es más por eso, si en vez de desafiarme a sabiendas hubieras aceptado tu error, quien sabe, pero no, ese orgullo y tu culo no son amigos, ve a buscar el cepillo "baby"
- ¿ Qué?!!!!!
Un azote en el muslo...
- No lo voy a repetir.
El cepillo "baby" es un cepillo de ducha para niños tiene el mango más corto que uno para adultos, lo que lo hace muy práctico para su uso sobre las rodillas, por lo demás es igual a un cepillo de ducha redondo.
Caminó hasta el baño y me trajo el cepillo, fue a entregármelo pero le dije que lo sostuviera ella, frente a mí le bajé aún más los vaqueros hasta por debajo de la rodillas.
- Ponte y cuando te pida el cepillo me lo das.
Se tumbó en mis rodillas, sentado en la silla, la posición es bastante más incómoda e infantil para una adulta, la sujeté de la cintura con el brazo izquierdo y empezó el concierto de palmadas golpeando sus nalgas alternativamente, izquierda, derecha, derecha, izquierda, izquierda derecha, todavía lo tenía un poco caliente y no tardé mucho en calentarlo más y enrojecerle.
Entonces hice una pausa y empecé a acariciarle las nalgas y los muslos desde casi las rodillas hasta casi la espalda. Durante unos cinco minutos estuve sobándole el culo rojo y caliente.
- Dame el cepillo
Me lo dio, se lo cogí, al ser un cepillo de niño, tiene las cerdas muy suaves y nada más cogerlo empecé a acariciar su piel enrojecida con ellas recreándome en las zonas más sensibles, terminé con unos golpecitos a lado y lado de los muslos para que separará las piernas y en cuanto lo hizo, el cepillo empezó a caer sin compasión sobre su culo expuesto, al ser pequeño y manejable podía afinar con absoluta precisión cada azote y me dediqué a la parte baja de las nalgas, del surco del glúteo hacia arriba, a pesar de su apariencia inocente, es terriblemente efectivo y unas pocas decenas de azotes fueron suficientes para dibujar dos círculos púrpura en esa zona y hacer que se retorciera en mis rodillas, momento de detenerme, dejé el cepillo en el suelo y empecé a pasar mis dedos rozando el contorno de esos círculos de fuego en su piel, un buen rato estuve así, el culo no era lo único rojo y palpitante que tenía, podía ver también sus labios hinchados y el brillo de la humedad entre ellos.
- Levanta.
Cuando lo hizo me levanté yo también, la cogí de la mano y tiré de ella hasta la habitación, allí la puse frente al espejo.
- Mira bien el resultado de tu reincidencia y sobre todo de tu actitud y espero no tener que volver a castigarte por esto.
La volví a coger de la mano y de vuelta al salón la dejé un rato mirando la pared otra vez, mientras fui a buscar la crema y una toalla que puse en mis piernas, entonces la llamé y sin decirle nada se posó en mis rodillas a por la sesión de crema aliviadora.
Hasta que mis dedos empezaron a explorar, otras zonas que necesitaban también alivio de otra clase, un alivio placentero con el culo rojo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario