La cocina olía a café recién hecho, cuando entró con cara de sueño, pero ya vestida para ir a trabajar.
- Buenos días
- Buenos días
Se sirvió un café y se sentó.
- Nena estamos sin café y faltan bastantes cosas, habría que hacer algo de compra para pasar la semana.
- Pffff pues yo quería ponerme esta tarde con el cambio de armario, que ya no sé qué ponerme. Hace fresco ya por las mañanas...
- Yviejoo es que no sé a qué hora saldré, pero si salgo pronto, ya me acerco yo.
- No te proecupes ya iré yo, antes de irme le hecho un vistazo a ver qué falta.
- Cómo quieras, pero si no puedes avísame que ya intentaré acercarme.
- Que siiiii...
Le di un beso y me fui a trabajar. Al final no salí tan tarde cómo pensaba, pero como no me había dicho nada, me fui directo para casa.
Al llegar estaba, en el sofá , con un vestido de playa viejo que usaba para estar por casa. La saludé y fui a ponerme cómodo. Al entrar a la habitación parecía un campo de batalla, con ropa por toda la cama, el armario abierto...me cambié cómo pude.
- Al final, te has liado con el cambio de armario.
- Si, ahora lo termino, pero quiero enviar unos mails y unos archivos antes.
- Tu y tu manía de empezar cosas y no acabarlas.
- ¿Que más te da gruñón? Ahora lo termino
Me fui para la cocina, me apetecía un café, mi sorpresa fue encontrarme sin, abrí la nevera y vacía o casi.
- Nena no habíamos quedado que harías la compra!!!
- Pfffff se me ha olvidado completamente...
- Te dije que si no podías, me avisaras.
- Es que no me he acordado, ve tú en momento que tienes tiempo.
- Vamos a ver nena, si me avisas antes, ya la hago antes de venir, ahora vuelve a cambiarte...a ver si centramos esa cabecita, además todo esto es por lo mismo, la manía de empezar 20 cosas y no acabar nada.
- Santi, déjame un poco en paz, estoy intentando enviar una cosa, si tanta urgencia hay, ya sabes...
- ¿Cómo?
- Que no me agobies con la puta compra!!!
Me fui para ella y le cerré el portátil.
- ¿Que haces?!!!!
- Se acabó, vete a recoger la habitación, cuando vuelva la quiero recogida ¿Estamos?
- Tengo que enviar eso.
- Las cosas una a una.
Cogí el portátil y me lo llevé a la habitación.
Ella me siguió, quejándose y pidiéndome que le devolviera el portátil, hasta que un punto ya me hartó. Dejé el portátil en la mesita de noche, la cogí del brazo y le di un par de azotes.
- He dicho que se acabó y punto. Recoge y como se te ocurra coger el portátil, hoy duermes boca abajo¿Te queda claro?
Me empecé a vestir de calle, otra vez. Ella se quedó de brazos cruzados suspirando. Antes de irme la miré y le dije.
- Espabila, porque cómo cuando vuelva no esté esto recogido, te va a ir calentita a la cama.
Cogí llaves y me fui. Hice la compra y de vuelta a casa. Cuando entré, aún la escuchaba por la habitación, así que me puse a colocar la compra. Cuando terminé, fui para el salón y estaba allí con el portátil otra vez.
- ¿Que haces con el portátil?
- Ya he recogido, es lo que querías ¿No?
- Si y también quería ver el portátil dónde lo había dejado.
- Pero si ya está recogido!!!!
Me fui otra vez para ella, le cerré el portátil y lo cogí. Lo llevé otra vez a la habitación. De vuelta al salón, ella estaba de brazos cruzados enfadada. Sin decir nada cogí un cuaderno y un bolígrafo, lo puse en la mesa y escribí.
" No empezaré una nueva tarea, hasta terminar la que he empezado antes".
- Ven aquí
Se levantó resoplando y se acercó.
- Siéntate y empieza a copiar.
- Pero ¿ por qué? !!!!!
- Porque lo digo yo. No necesitas más explicaciones.
La dejé allí y me senté, estuvo un rato de pie y al final se sentó, pero sin mirar ni al cuaderno.
- Nena....al final te vas a quemar.
No me respondió y empezamos y duelo de cabezonería que duró 10 minutos, hasta que se me acabó la paciencias y me fui a buscarla.
La levanté de la silla y la llevé cogida del brazo y a base de cachetes en el culo hasta el sofá.
- Se acabó mi paciencia por hoy, no quieres copiar por las buenas, bien pues copiarád con el culo cómo un tomate.
Un pequeño forcejeo y a mi regazo en el sofá. Mi pierna derecha encima de las suyas y una ráfaga de azotes rápidos y fuertes con la mano, hasta que se estuvo quieta. Entonces le levanté el vestido, le metí las braguitas por los cachetes como si fuera un tanga y seguí calentándole el culo unos minutos más, hasta dejarle los dos cachetes bien rojos y ella bien tranquila.
- Ahora jovencita maleducada, te vas a levantar y vas a ir a buscar el cepillo, para que siga calentándote el culo.
Le di una docena más de azotes con la mano y al terminar la solté, quitando mi pierna.
Suspiró y se levantó, al levantarse cayó el vestido y al darse la vuelta se fue caminando a la vez que se frotaba el culo. Un minuto después, la tenía de vuelta, me dio el cepillo, lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá.
- Levántate el vestido.
Otro soplido y una mirada convincente, agarró el vestido y lo levantó un poco.
- Más, por encima de la cintura.
Le dije acompañado en un cachete en el muslo.
Lo levantó del todo y entonces metí mis dedos en la cinturilla de las braguitas y se las bajé hasta los tobillos. Cuando terminé la cogí del brazo y la hice tumbarse otra vez en mis rodillas, cuando estuvo le levanté el vestido y cogí el cepillo.
- Ahora cuando termine de ponerte el culo cómo te mereces, te irás en silencio y obediente, te sentarás y copiarás líneas, hasta que te diga. Y si escucho la más mínima queja o vuelve a salir el orgullo, te prometo que me quito el cinturón.
Al terminar la frase, empecé a azotarla con el cepillo, sin prisas, pero con constancia y apuntando bien a la mitad inferior de las nalgas. Con paciencia, pero con insistencia, asegurándome que sentarse a copiar después, fuera muy incómodo. Hice un par de pausas, pero sin caricias, hasta que creí que de momento era suficiente castigo.
Esperé un momento al dejar de azotarla, sin decir nada se levantó, se fue hasta la mesa, se sentó levantando el vestido al sentarse y empezó a copiar.
Mientras copiaba me fui a preparar el café del que me había quedado con las ganas. Cuando estuvo la cafetera me serví uno y me fui para el salón. Allí estaba copiando a la vez que se iba moviendo incómoda en la silla, me tomé el café tranquilamente y al terminar, fui a ponerme cómodo otra vez.
De vuelta ya con ropa de estar por casa, fui hasta la mesa. Ya había copiado un par de hojas, la hice parar y arranque las hojas, la hice levantarse, la cogí de la mano y la llevé hasta la pared, un paso antes de llegar la hice parar, puse las dos hojas en la pared.
- Inclínate, la nariz pegada a las hojas.
Suspiró, pero lo hizo. Entonces fui detrás de ella y le levanté el vestido por encima de la cintura.
- Ahí quietecita, sin que se caigan las hojas o te volveré a repasar con el cepillo y pon las manos en la espalda. Quiero ver ese culo rojo y castigado bien a la vista.
Y así la tuve otro diez minutos, antes de ir a buscarla fui a por el aceite de almendras al baño y una toalla, lo dejé en el sofá y la fui a buscar. Me puse detrás y le quité las hojas que aguantaba con la nariz. Mi mano derecha fue a investigar entre sus piernas.
- ¿Así estamos? ¿Como una fuente?
La cogí del brazo y nos fuimos otra vez al sofá, mientras me colocaba la toalla en las piernas, la hice mantener el vestido levantado, y al tumbarse en mi regazo otra vez, le hice que fuera ella quien levantase el vestido. Estuve palpando un poco el culito, que estaba rojo como la carne de una sandía, entonces cogí el aceite y dejé caer un chorro en cada nalga, que empecé a extender con mucho cariño y cuidado para calmar algo el escozor de los azotes y así estuve un buen rato, antes de volver a visitar con mis dedos su sexo, y empecé a jugar con el, pero en un momento determinado paré.
- Hoy te has portado como una niña caprichosa y las niñas malcriadas no tienen premios de adulta.
Le di un par de palmaditas en el culo y le dije.
- Ahora puedes ir a por el portátil y terminar lo que tenías que terminar.
Se pasó lo que quedó de tarde y noche con las braguitas en los tobillos y cada que vez que se sentaba, levantándose el vestido y sin placer aquel día.
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