Me sonó el teléfono justo cuándo me iba a montar en el coche al salir de trabajar.
- Dime.
- ¿Has salido ya?
- Justo me estoy subiendo al coche.
- Vale, yo estoy tomando café con María y después ya paso por el súper, no tardo.
- Perfecto te espero en casa pués. Besos
- Un beso.
Me fui para casa, y cómo no iba a estar, paré de camino, en un librería a buscar un libro que quería leer hacía tiempo. Así que apenas un par de minutos más tarde, escuché la cerradura y era ella que venía cargada con un par del bolsas, que dejó en la cocina.
- ¿Que tal?
- Acabo de llegar hace un par de minutos ¿Y tú?
- Bien, echando unas risas con María que está loca, voy a quitarme el abrigo.
- Ponte cómoda ya coloco yo.
Ella se fue para la habitación y yo para la cocina cuando sonó su móvil. Me levanté y fui para la cocina, pero al pasar por la puerta de la habitación, no pude evitar escuchar la conversación y sobre todo las risas.
- Si ya te contaré cómo va (risas, seguida de una pausa para escuchar la respuesta)
- No te creas al pasar por caja, me he puesto nerviosa (más risas y otra pausa)
- Es que son 5 pavos y prefiero probarlo antes (más risas)
- Bueno, ya te contaré qué tal y a ver si me voy a acostumbrar ( más risas)
Poco después mientras aún estaba colocando la compra, entró en la cocina aún vestida de calle, a por un botellín de agua.
- ¿Con quien hablabas?
- Con María
- Cuánto tiempo si hablar...
- Que idiota, nos hemos reído mucho esta tarde.
- Ya, ya, desde aquí escuchaba las risas...
- Si ha sido divertido
- ¿Y no se puede saber por qué?
- Nada... tonterías...
La miré y estaba roja.
- ¿Y no puedo saber que tonterías?
Para mí sorpresa aún se puso más roja
- Joder Santi...tonterías sin más
- ¿Y por qué estás roja?
- Voy a cambiarme va
- Espera, espera, te he hecho un pregunta responde...
- Vale...pero no te enfades.
- Eso de excusarse antes de contestar, me suena raro.
- Pfffff me han dicho que hay una crema anti-ojeras que va muy bien, pero no fío y eso que antes voy a probarla.
- ¿Y eso que tiene que ver con las tonterías y con ponerte roja?
- Pues digamos que la cogido de "muestra"
- Sigo sin entender
- Pffff que no la he pagado, la he metido en el bolso...
La miré y aún estaba más roja.
- Vamos que la has robado
- Pffffff dicho así suena a delito, es una tontería si más que nada ha sido para reírnos un rato.
- ¿De repente tienes 15 años?
- No dramatices Santi, sólo ha sido un juego...
- ¿Y si te pillan?
- Digo que ha sido por error, lo pago y ya está...
- Si no sabes mentir, te pones roja cómo un tomate, mira lo que me costado hacerte confesar y eso por no hablar de la vergüenza claro ¿Que tienes en la cabeza?
- Bahh si lo sé no te cuento nada, cómo te pones por una tontería.
No dije nada más la cogí de la oreja y la saqué de la cocina.
- Así que nos divertimos haciendo cosas de adolescentes, pues nada a aprender la lección, ya sabes de esas risas vinieron estos lloros.
Al llegar al salón, sin soltarla aparté una silla de la mesa, entonces la solté y le dije.
- Inclínate sobre la mesa, manos planas y codos apoyados.
- Santi...
- ¿Te lo tengo que repetir?
Suspiró y despacio se dio la vuelta, se inclinó apoyando lo codos en la mesa. Con mis pies le separé las piernas un poco, en esa posición los vaqueros que llevaba quedaban como una segunda piel y entonces me desabroché el cinturón, estiré de el haciéndolo silbar mientras salía, lo doblé y le dije.
- Aún estás a tiempo de arreglarlo y lo vas arreglar, después ya terminaremos de ajustar cuentas.
Al terminar de decirlo, le di un ráfaga rápida de azotes con el cinturón sobre los vaqueros, cómo una veintena, rápidos y fuertes, aunque llevaba la protección de los vaqueros estoy seguro que le debieron picar.
Al terminar me puse el cinturón.
- Ve a por la crema y el ticket de compra, que vamos al súper....
- Santi...
Un par de azotes con la mano, para que tuviera claro que iba muy en serio y se movió. Cuándo apareció con la crema y el ticket, se lo cogí y el dije.
- Ve a por el abrigo que nos vamos.
Cuando cogió el abrigo y el bolso la cogí de la mano con firmeza y nos fuimos a por el coche. Nos montamos y en silencio llegamos al parking del supermercado. Entonces le di el ticket y la crema.
- Mírame bien, ahora vas a entrar, vas a ir a caja y vas a decirle a la cajera que se olvidó de cobrarte la crema y le enseñas el ticket ¿Estamos?
No dijo nada, ni se quejó, ni tan siquiera resopló, se bajó del coche y entró al supermercado, yo sabía que se ruborizaria antes de hablar tan siquiera. Unos minutos después salía y entraba en el coche.
- Que vergüenza Santi...ya está vamonos de aquí.
- Así aprenderás y vete preparando que cuando lleguemos a casa, te vas a enterar.
Arranqué y nos fuimos para casa. Al entrar me fui a la cocina a fumar, ella se quedó en la puerta sin entrar, mirándome.
- Que haces ahí mirando, vete a poner el pijama ya, vas a estar castigada todo el fin de semana. Cuándo te hayas cambiado, ven.
Poco después apareció de nuevo, con el pijama y mirando el suelo.
- Mírame
Suspiró y me miró un instante.
- Vete un rato cara a la pared al salón
- Va Santi...ya he pasado bastante vergüenza.
Me fui para ella le di la vuelta y la puse en dirección al salón y tal y como la puse le cayeron un par de cachetes que la hicieron saltar.
- Ya me has oído.
Le seguí con la vista mientras caminaba por el pasillo, un par de minutos después me fui para el salón, me senté el sofá sin decir nada y puse la tele. Ella estaba con la nariz pegada a la pared y las manos sobre la cabeza y así la tuve 20 minutos por lo menos. La llamé. Suspiró bajó los brazos y se acercó mirando al suelo siempr, hasta pararse frente a mis piernas.
- Vaya...parece que ya no ríes tanto.
- Santi...ha sido una tontería de verdad
- ¿Sabes la de veces que me encontré con tonterías así? Lo que pasa es que la mayoría de veces no eran mujeres adultas, eran niñas con ganas de jugar...hasta que les decías que ibas a llamar a sus padres, entonces las risas se convertían en lloros...
La miré y estaba otra vez cómo un tomate.
- Y ya que te comportas cómo una adolescente irresponsable, te voy a tratar así. ¿Dime, está bien robar?
- No...
- ¿Las niñas buenas roban?
- No...
- ¿Quién roba?
- Las niñas malas...- su voz era un susurro.
- ¿Así que hoy has sido una niña mala?- no se atrevía a contestar-
- Responde.
- Sí...
- Y qué pasa en esta casa cuando eres una niña mala?
- Que me castigas... - le ardían las mejillas
- ¿Y cómo te castigo?
- Con unos azotes...- era muy difícil oírla
- Habla alto
- Con unos azotes.
- Eso es, con unos buenos azotes. Ven aquí.
La cogí de la cintura del pantalón del pijama y la acerqué más, de un tirón le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, me levanté y la cogí del brazo.
- A las niñas traviesas, les ponen el culo rojo, pero no en el sofá, demasiado cómodo.
Sin soltarla me fui a buscar una silla, la puse en el centro del salón, la solté y me senté.
- ¿A que esperas?
Suspiró y se colocó encima de mis rodillas, al estar en la silla los pies apenas le llegaban la suelo, empecé a acariciarle el culo, tenía alguna zona rosadita, pero poco. Aunque sólo era cuestión de tiempo que lo estuviera.
Mi mano empezó a caer sobre su piel desnuda, con ese sonido tan especial a buen ritmo y mientras le calentaba el culo, le decía.
- Si de algo estoy seguro, es que nunca podrías ser una delincuente, te delatas tú solita, a la primera pregunta roja cómo un tomate que de alguna manera es el anticipo a cómo va a terminar tu culo.
No me contestó y seguí un buen rato, sólo cuando ya lo tenía muy rojo, dijo...
- Santi...ha sido una tontería...
- Una tontería muy grande.
Le di una docena más rápidos y fuertes.
- Levántate y vete un rato a mirar la pared, de rodillas.
- Pffffff.
Se levantó y caminó con el pantalón del pijama en los tobillos, hasta la pared, se arrodilló y puso las manos sobre la cabeza. Allí la tuve otros diez minutos hasta que me senté de nuevo en la silla.
- Levanta y ve a buscarme la zapatilla de castigar a las niñas malas.
Suspiró y se levantó. Un instante después apareció con la vieja zapatilla tipo Converse, que en realidad nunca había servido para caminar. Se la pedí y me dio, la hice volver a ponerse en mi regazo, puse la zapatilla encima de su culo, ya al rojo vivo, para subirme las mangas, entonces cogí la zapatilla, yo sabía que usar precisamente la zapatilla, aún la hacía sentirse más pequeña y no era precisamente un instrumento "agradable" y menos con el culo desnudo.
Los zapatillazos empezaron a caer sobre su piel que ya estaba bastante perjudicada. Tras un par de minutos paré, tenía el culo muy rojo y se lo empecé a acariciar lenta y suavemente. Mientras le decía.
- Cómo te portas cómo una quinceañera cabeza loca, así te voy a tratar y este fin de semana no vas a tener privilegios de adulta ¿Cuánto costaba la crema?
- ....5 euros...
- Pues ya ves lo caros que te han salido y para asegurarme, ahora me vas a contar 50 zapatillazos.
Cogí la zapatilla de nuevo y le di los 50 zapatillazos, contados, al terminar tenía que tener culo ardiendo y así iba a estar un buen rato. La dejé un par de minutos en mis rodillas que le diera el aire y sintiera bien el escozor del castigo, en silencio y acariciándole los muslos.
- Levanta y traeme la crema y tu teléfono.
Se levantó fue al baño, me dio la crema y después su teléfono, que dejé en el suelo. La hice tumbarse de nuevo en mis rodillas.
En cuanto lo hizo dejé caer un bueno chorro de crema en cada nalga que empecé a extender despacio y suave entre suspiros de alivio, poco a poco el masaje de nalgas se fue haciendo más travieso, entonces le dije.
- Coge le móvil y llama a María...
- Santi...
- ¿No has tenido bastante zapatilla, quieres más?
- Pffffff
Cogió el móvil.
- Llama a María y cuéntale que has ido a pagar la crema, que te has sentido culpable, y pon el altavoz.
Cuando marcó el número mis dedos empezaron a jugar entre sus piernas, cómo imaginaba su coño estaba empapado y sensible. A los tres tonos escuché la voz de María.
- Hola!!! ¿Que tal? Has probado ya la crema...
- Estoy en ello.... Sólo que al final he vuelto a pagarla, me he sentido culpable...
- En serio...
- Si...
En ese momento dos de mis dedos entraban y salían de su sexo a buen ritmo...
- María me voy a dar una ducha que me duele la cabeza mañana te llamo.
Y colgó sin dar tiempo a réplica.
Unos segundos después se corría en mis rodillas con el culo ardiendo y el rostro rojo cómo un tomate.
Le di unos minutos para recuperar y le dije.
- Ahora te vas al despacho, coges unos folios y un bolígrafo y escribes y describes lo que te ha pasado esta tarde. Yo me voy a dar una ducha y a preparar algo de cena, que después de cenar me leerás lo que has escrito antes de irte a la cama, que ya sabes que las niñas malas se van pronto a la cama castigadas.

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