- ¿Quieres ver cómo vas a la cena con el culo rojo?
Ella se quedó parada en la puerta del baño a medio vestir. Debí resultar convincente y en eso tuvo mucho que ver el hecho que me levantara, me la quedé mirando serio, esperando respuesta.
- Vale, perdona...
Todo había empezado un rato antes, era el viernes antes de Nochebuena y cómo cada año, en su trabajo hacían la cena de Navidad, cómo cada año también era un manojo de nervios los días previos, pero ya se volvió insoportable aquella tarde, que encima yo tenía libre y estaba en casa.
Sobre las 4 de la tarde, apenas habíamos terminando de comer, que ya me dijo que iba a empezar a arreglarse.
- ¿A qué hora habéis quedado?
- A las 8.
- ¿Y ya te vas a arreglar?
- Bueno a ti que más te da, me arreglo cuando quiero.
A partir de ahí empezó un constante de malas respuestas y salidas de tono, que fue alterando mi paz interior, además un constante no parar quieta. También tengo que admitir, que yo colaboraba en sacarla de quicio. Pero la cosa empezó a irse de madre poco a poco.
En una de éstas fui al baño...
- Joder ¿No puedes usar el otro baño?
- ¿Para que voy a ensuciar el otro? será que no hay sitio
- No lo digo por sitio, pero tú meando mientras intento hacerme la raya del ojo, que quieres que te diga!!!
- Te descentra ¿O que?
- Eres idiota.
Al pasar por su lado le di un cachete en el culo.
- Borde
Se giró y me miró con esa cara de enfadada y me dio por reír.
Pero fue de poco que la cosa no pasó a mayores.
Un rato después vino la elección del vestido, ya que había dos candidatos, después de ver los dos, ahí estaba esperando veredicto.
- El primero...
- Si a mi también me gusta más.
- Pues no le des más vueltas.
- ¿Y no parece muy corto?
- ¿Y?
- Vale...
Era un vestido de terciopelo negro, y le quedaba genial. Pero seguro que aún quedaba tiempo para encontrarle algún pero.
Poco después la escuché renegar desde la habitación. Y apareció con el vestido pero las piernas desnudas y descalza.
- Nena no vayas descalza...
- Pfffff eso es lo que menos me preocupa. Me tienes que hacer un favor.
- Dime
- Pues que no tengo medias...
- Sólo tengo dos pares unas son chocolate y no pegan y las otras demasiado tupidas, acércate un momento a la mercería y cómprame unas por favor...
- ¿Cómo que no tienes medias si está el cajón lleno?
- Joder te lo estoy diciendo que o son muy tupidas o el color no va con el vestido!!!
- Cómo vaya yo y encuentre te enteras...
- Venga va listo a ver si encuentras unas.
Me levanté, abrí el cajón y saqué un par de medias ¿Y estás?
- Son adhesivas, el vestido es muy corto.
- ¿Te las has probado? El vestido es corto pero no tanto. Ya tienes medias.
- Joder Santi!!!!
- Pruébatelas y si se ven voy a buscarte unas, pero pruebátelas por lo menos, que luego acumulamos cosas que no hacemos servir.
Y la dejé en la habitación.
Diez minutos más tarde la vi camino del baño, con las medias, una camiseta y otra vez descalza.
- ¿Que? ¿No dices nada?
- Para qué si no me vas a hacer caso, para lgp que te pido.
- Si eso hazte la ofendida.
- Olvídame y cerró la puerta del baño de golpe.
Me levanté y la abrí y ahí fue cuando le dije.
- ¿Quieres ver cómo vas a la cena con el culo rojo?
- Vale perdona.
- Y cálzate que me tienes nervioso de verte descalza.
El "toque" pareció tener efecto y tras un rato en el baño, salió y me dijo.
- ¿Qué hora es?
- Las 6 y media, así que cálmate.
- Si tienes razón
Entró en el salón, sonriendo cómo haciéndose perdonar la tarde que llevaba, la miré llevaba las medias sólo y una camiseta, avanzaba hacia mi, cuando vi la catástrofe inevitable, una de las sillas no estaba bien puesta y su pie descalzo fue a impactar directamente contra la pata de la silla, un grito de dolor, me levanté.
- ¿Estás bien?
- Pffff es que tela llevas toda la tarde molestando y no has sido capaz de poner bien la silla .
En ese momento colocó la silla a mala hostia.
- Llevo diciéndote toda la santa tarde que te calces, la silla la has movido tú, te he avisado se acabó la tontería.
La cogí del brazo tirando de ella hacía el sofá,
- Suéltame!!!
Empezó a intentar liberarse, pero le hice un movimiento poniendo su brazo contra su espalda, ella contra la mesa y mi cuerpo pegado al suyo.
- Deberías saber que se cómo inmovilizar, así que más te vale, no resistirte. Ya te he dicho en el baño que hasta ahí ¿Sigues? Pues muy bien ya sabes cómo vas a ir a cenar.
Aflojé la "llave" y aún intentó liberarse, por lo que volví a apretar y tenerla inmovilizada unos segundos más. A la segunda intentona, ya se rindió, la cogí del brazo y la llevé hasta el sofá, me senté y nada más sentarme le di un par de azotes fuertes y sonoros que la hicieron saltar para delante.
- No son ni las 7, así que imagina el tiempo que tengo para ponerte el culo como un tomate y sabes que si quiero me bastan 5 minutos, pero te aseguro que te vas a ir tranquila y te va a sobrar tiempo para terminar de vestirte y retocarte.
De un tirón la puse sobre mi regazo. De un tirón también le bajé el tanga de encaje negro, mi brazo izquierdo rodeaba su cintura , el contraste de las medias negras con la piel blanca era muy excitante y más lo sería cuando esa piel blanca estuviera roja y palpitante. Me puse manos a la obra con ello, a conciencia, sin prisa. La imagen era muy contradictoria, con aquellas medias de mujer fatal y en mi regazo azotada como una niña caprichosa e impertinente.
Sin pausa le cayeron unos cuantos minutos de azotes seguidos. Paré para descansar la mano y ya tenía el culo con un buen color, empecé a pasarle suavemente la mano por las nalgas, ese tacto esponjoso, caliente y reactivo, en silencio escuchándola sólo respirar. Las caricias se prolongaron un par de minutos , entonces terminé de quitarle el tanga y lo dejé en el brazo del sofá, le separé un poco las piernas y mi mano derecha volvió a ocuparse de su culo expuesto y bien presentado en mi regazo. A veces es ella misma quien busca que use un instrumento, al igual pica más, pero sabe que la azotaina va a ser más corta, pero lo que no consigue ningún instrumento, es esa sensación de hormigas calientes de la mano y precisamente quería que tuviera esa sensación toda la cena.
Me apliqué cómo nunca, hice varias pausas cortas, diversos cambios de ritmo, pero antes de parar me aseguré que saldría de casa con el culo en llamas y toda la gama de efectos secundarios que me iba a encargar de potenciar.
Cuando finalmente paré, tenía el culo rojo y brillante, iba a ser una cena entretenida con cierta incomodidad al sentarse, segui acariciándola, nalgas y muslos, entre las nalgas y rozando los labios del sexo, desde mi visión privilegiada podía ver brillar la hendidura entre sus labios, rojos, hinchados y húmedos.
Calculo que estaría sobre un cuarto de hora acariciándole el culo, que le acababa de poner al rojo vivo, hasta que le dije.
- Ve a vestirte, que ahora sí es casi la hora.
Se levantó y no me miró ruborizada y perturbada, fue a coger el tanga, pero se lo impedí.
- No lo vas a necesitar...
Suspiró y salió . Un cuarto de hora después apareció, ya vestida del todo y maquillada. L miré.
- Lo ves cómo no se ven las medias...
- Pfffff si te soy sincera ahora es lo que menos me perturba.
- Ya, otro día te comportarás cómo debes, pero mientras no lo hagas, no será la última vez. Date la vuelta y levántate el vestido.
Suspiró y despacio se dió la vuelta y lentamente se subió el vestido, sonreí al ver el resultado, a mí aún me picaba la mano y su culo rojo incadescente aún me decía que lo suyo iba para rato.
- Y ahora una última cosa, para que aprendas la lección , así que espero colabores.
Alargué el brazo y cogí algo que había en el brazo del sofá, era un plug de acero quirúrgico ya lubricado, con mi mano izquierda le separé lo justo las nalgas para tener fácil acceso, hice un poco de presión suave pero constante y el frío plug fue entrando en su culo, hasta entrar todo. Lo que no le había dicho es que había usado un lubricante muy especial de efecto calor parecido al que produce el jengibre natural.
Yo mismo le bajé el vestido. Nos dimos un beso y me dijo.
- No me esperes despierto , no se a que hora volveré...
Sonreí ...
- Eres un cabrón lo sabes verdad...
- Y a ti te gusta
En ese momento sonó el interfono, cogió el telefonillo y dijo que ya bajaba. La acompañé hasta la puerta.
-¿Y esto hasta cuando lo tengo que llevar? Me dijo resoplando...
- Hasta que vuelvas en 20 minutos baja el efecto...

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