Fue instantáneo, nada más cerrar la puerta, dejé las pesadas bolsas en el suelo.
- Deja las bolsas.
Ella también llevaba dos, las dejó caer y tal y cómo lo hizo la agarré con fuerza por encima del codo y empecé a dar pasos firmes por todo el pasillo tirando de ella, que se resistía algo en los pasos pero sin decir nada. Sin soltarla encendí el interruptor de la luz del salón.
- Quítate la chaqueta.
La solté un momento, para que se quitará el chaquetón, en cuanto lo hizo la agarré otra vez del codo y la llevé hasta el sofá.
- De rodillas encima del sofá, con los codos apoyados en el respaldo.
La frase fue seguida de un par de azotes aún de pie y sujeta del brazo. Cómo mensaje claro que iba muy en serio.
Bajó la mirada, sus orejas estaban rojas y despacio se subió de rodillas en el sofá y apoyó los codos en el respaldo. Entonces la cogí de la cintura y estiré hacia atrás de ella.
- Quiero ver esa espalda bien arqueada y el culo bien expuesto, que ahora me voy a ocupar de él.
Ella sabía que se había metido en un lío, hacía un rato. Habíamos ido a hacer unas compras a una de esas cadenas de bricolaje y cosas para el hogar, paseando con el carro por los pasillos haciendo el "indio" había tirado una pila de cajas, pero ese no era el motivo de sus problemas, el motivo fue su reacción montando el numerito con un empleado, en vez de pedir disculpas y todo solucionado. No soporto pasar vergüenza ajena.
Así que nada más montarnos en el coche, ya le advertí la que le esperaba al llegar a casa.
- Me voy a poner cómodo y ahora vuelvo a ocuparme de ti, ni se te ocurra moverte.
En ese rato pasé por variás estancias, la habitación primero, el baño después, estuve un rato en la cocina y cuando ya iba hacia el salón entre también en el despacho. Yo sabía y pretendía que su cabeza imaginara, que podía haber cogido varias cosas. Mi cinturón, el cepillo en el baño, en el rato en la cocina podía haber preparado perfectamente un dedo de jengibre picante o al pasar por el despacho haber cogido la regla de madera o tal vez todo. Entré en el salón escondiendo lo que llevaba tras la espalda. Ella seguía allí inmóvil con el vestido y las botas aún puestos. Dejé lo que llevaba en la mesita del sofá.
- Que me has dicho en el coche, que no lo recuerdo? Ahhh sí, me acaba de venir a la memoria, que eres adulta y que no tienes que aguantar mis regaños. Y realmente tu actitud en la tienda te ha parecido adulta? Por qué a mí me ha parecido la actitud de una cría de 12 años. Pero bueno ya que dices que eres adulta, arreglaremos esto cómo si de verdad lo fueras.
Sin decir nada más cogí el bajó del vestido y lo levanté despacio por encima de la cintura, a continuación busqué la cintura de los pantys y también despacio se los bajé hasta por encima de las rodillas. Debajo sólo un tanga negro con un poco de encaje, no tapa nada, pero la sensación de desnudez y vulnerabilidad es totalmente diferente si lo haces descender también y es lo que hice también lentamente. Me retiré hacia atrás un instante para observar el cuadro. Lo que hacía un instante era una mujer vestida, ahora era la desnudez más fuerte, la mental y sin haberle quitado la ropa, lo que aún lo hace más intenso.
Después de contemplar la escena, un instante me acerqué y de repente le di un cachete en el culo desnudo, que tatuó mis cuatro dedos en su piel blanca.
- Saca bien el culo!!
Su reacción fue instantánea, arqueó más la espalda ofreciéndome bien el culo, entonces cogí lo que había dejado en la mesita: la cuchara de madera de olivo y empecé a pasarla por sus nalgas.
- Pfffff vas a empezar directo sin ropa y con la cuchara sin calentar?
- Has dicho que eres mayor no? Que no soy nadie para regañarte, pues demuéstralo y acepta tu castigo cómo lo que dices ser.
Y así si calentamiento previo, empecé a azotarla con la cuchara, alternando mejilla y mejilla, empezando a ritmo pausado, pero que iba aumentando a la vez que repartía bien los azotes por todas las nalgas. Una larga azotaina sin pausa, que le dejó el culo bien rojo y la respiración agitada, cuando le di un descanso. A medio descanso le dije.
- Tu actitud de esta tarde es intolerable, pero te voy a dar una oportunidad y si admites que te has portado cómo una niña repelente y maleducada, te ofreceré la oportunidad de terminar tu castigo en la comodidad de mi regazo y con la mano en vez de la cuchara. Tu decides.
Esperé un par de minutos, el culo le tenía que arder, pero el orgullo cuesta de doblegar y no dijo nada. Entonces cogí la cuchara de nuevo.
- Bien, es tu decisión, pero siempre estás a tiempo, ya sabes que tienes que decir.
Le di un golpecito con la cuchara en el muslo y le repetí.
- Ese culo bien expuesto.
En cuanto lo hizo empezaron a caer los azotes, esta vez más concentrados en la parte baja de las nalgas, puse mi mano izquierda sobre su espalda para controlarla mejor, sin necesidad de alargarme mucho al minuto o así empezó a suspirar y moverse. Paré un momento.
- No eres tan orgullosa? Pues demuéstralo y aguanta con el culo quieto y expuesto.
Y continué insistiendo aún más en el mismo lugar justo encima del pliegue que separa nalgas de muslos.
No tardó mucho en entre suspiros decir:
- Para, para, por favor...
Paré le dejé tomar aire, hasta que le dije.
- Algo que decir?
Cogió aire profundamente y dijo con voz tenue...
- Ya me pongo en tus rodillas.
- Así que entiendo que me estás pidiendo que te zurre en mis rodillas cómo a una niña, es eso?
-....si
- Y si te tengo que zurrar cómo a una niña, cual es el motivo?
-Pfffff
El soplido fue contestado por dos azotes con la cuchara.
-Pfffff porque me he portado cómo una niña.
- Y tanto costaba? Si lo hubieras dicho antesz te hubieras ahorrado tener el culo lleno de lunas rojas.
Dejé la cuchara en la mesa me senté. Esperé que se levantara, cuando lo hizo miraba al suelo.
- No sé a qué esperas.
Resignada pasó por delante de mis piernas para ponerse a mi lado derecho, antes de colocarse el dije que se levantará el vestido y después se colocara en posición. Cuando estuvo le acaricié las nalgas un rato, calientes y llenas de marcas más rojas. Y mientras la acariciaba le dije:
- Tu orgullo y tu boca no se llevan muy bien con tu culo.
Luego le di una tanda de palmadas tirando a suaves eso sí larguita. Nada me excita más que tenerla en mis rodillas con el culo rojo y mansa.
Cuando terminé, un rato al rincón con las manos a la espalda aguantando a la vez la cuchara y el vestido levantado. Cenó en la silla roja con el asiento de totora y por supuesto con el culo directamente tocando el asiento.
Y al terminar de cenar otro rato al rincón mientras yo recogía. Con todo hecho ya volvió a mis rodillas a recibir la dosis de crema, mimos y algo más.

Interesante y picante historia que nos compartes y te lo agradezco. Soy una mujer muy orgullosa y es cierto que este orgullo es uno de los peores enemigos para mi culo...
ResponderEliminarCon mi lengua demasiado bien colgada y mi temperamento, me detengo aquí para no incriminarme más ^^