jueves, 24 de noviembre de 2022

Introducción a la Disciplina Doméstica IV

 



La definición de la palabra disciplina, nos da dos acepciones en el diccionario.

1. Conjunto de reglas de comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo o una colectividad en una profesión o en una determinada colectividad.

2. Conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado.

Para lo que nos atañe la correcta es la segunda. La disciplina conduce a algún tipo de resultado y es obvio que en nuestro caso uno de esos resultados es la excitación erótico/sexual y sin ese resultado lo demás no tendría sentido. Pero vamos a intentar ver un poco más allá.

Cuándo se establece una relación del tipo afectivo/sexual siempre se establece también una lucha inconsciente de poder. Es algo humano e inevitable. Esa lucha de poder es la que nos lleva a pequeñas disputas, discusiones que muchas veces no conducen a nada y revisten de la menor importancia. Por lo tanto no dejan de ser luchas de ego. 

El problema es que no pocas veces, esas luchas nos dejan sensaciones desagradables aún ganando, cómo la culpa y es más en algunas ocasiones las iniciamos con la expectativa inconsciente de perderlas. 

Cuándo se establece una relación de Disciplina Doméstica, está parte de una premisa básica. Cómo dicen los anglos un "power exchange" (intercambio de poder) aunque yo prefiero llamarlo intercambio de control, siguiendo aquella frase del psiquiatra Thomas Szasz "el mejor maestro debe tener la máxima autoridad y el mínimo poder". 

Así que creo más adecuado definirlo cómo la aceptación de que uno de los dos asuma el papel de autoridad y el otro de subordinado. Tener la autoridad tiene una responsabilidad asociada, no se debe caer en la arbritariedad, ni el autoritarismo, se debe tener muy claro en qué aspectos se debe hacer uso y se debe ganar. La autoridad la concede el subordinado y no al revés. 

Pero adoptar el papel de subordinado también tiene una responsabilidad, cómo es ser consecuente con lo que se pide y aceptar las decisiones de la autoridad.

Puede parecer un reparto de roles injusto, estamos demasiado acostumbrados a entender las relaciones cómo igualitarias, desde el punto de vista de la igualdad lineal. Pero no es menos igualitaria una relación de arriba a abajo o de abajo a arriba si es una libre elección. Para mucha gente no cargar en determinados momentos con la carga de decidir puede ser muy liberador. 

Personalmente creo que este es el otro gran resultado a través de la disciplina. La asunción y el respeto de dos roles predefinidos y elegidos. 

Parece complicado, sobre todo de compaginar con una vida y sociedad donde cada vez los roles están más difusos. 

En la próxima entrega hablaremos de los límites de intervención, de hasta donde es sano que llegue el juego, así cómo de la autoridad desde abajo, no podemos olvidar que en este juego el intercambio de control no es en un único sentido, sino que fluctúa y a veces el control lo tiene quien no parece.

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