sábado, 8 de octubre de 2022

Espejito, espejito.

 



Sentado en el borde de la cama, observaba  Ella con los vaqueros a medio bajar frente al espejo de lado, tan embelesada cómo yo viendo el reflejo de su piel roja y a franjas en el espejo, de vez en cuando, tocaba algún punto con sus dedos y ponía una pequeña mueca de dolor seguida de un suspiro profundo.

Todo había empezado horas antes. Algunos viernes quedaba con los compañeros de trabajo al salir, para tomar algo en un bar que había en el polígono industrial. Aquel viernes, ella también había quedado para ir de compras y tomar algo con una amiga. Así que cómo ella había dejado el coche, su amiga la acercaba allí y subíamos juntos en un coche a casa.

Allí estaba cuando apareció, nos saludamos y le presenté a algún compañero que no conocía, pero enseguida me di cuenta que algo pasaba, no quiso tomar nada y en ningún momento, se integró a las conversaciones a pesar de algún intento infructuoso por mi parte. No sólo eso, además se mostró impaciente, como si tuviera en la cabeza que al llegar nos iríamos y cómo la cosa se iba alargando empezó a tener un comportamiento del todo insolente, con alguna contestación fuera de lugar e impertinente. Eso provocó alguna mirada de advertencia por mi parte, que no obtuvo resultado, ya que aún se mostró más impaciente e insolente. Me las arreglé para disimuladamente intentar ver qué pasaba.

- Te pasa algo?

- Que tengo ganas de irme a casa.

En ese momento, me pedí otra cerveza y soltó un resoplido, que fue la gota que colmó el vaso.

Con disimulo le di las llaves del coche y le dije.

- Vete al coche y espérame allí, no pienso tolerar más este comportamiento caprichoso. 

Me las cogió desafiante sin decir nada y se fue sin despedirse del resto de la gente. Que lógicamente me preguntó si había pasado algo. Me tuve que excusar inventándome un supuesto dolor de cabeza. Así que tomé rápido la cerveza, me despedí del grupo y me fui para el coche. 

Abrí la puerta, le pedí las llaves y arranqué sin decirle nada. El coche me había servido de rincón improvisado. Al poco de ponernos en marcha, ella puso la radio y la apagué de inmediato, lanzándole una mirada de las que dicen sin decir. Y el cuarto de hora de camino hasta casa lo hicimos en un silencio tenso, de esos que se pueden cortar con un cuchillo. 

Metí el coche en el parking y subimos a casa, yo entré el último y cerré con llave. En silencio fuimos los dos al comedor, ella dejó bolso y chaqueta.

- Me voy a poner cómoda

- Antes tenemos que hablar muy seriamente tu y yo.

Le dije mientras dejaba mi chaqueta también.

- Bueno, son dos minutos ponerme el pijama.

- Tira para el sofá,  ahora.

Resopló otra vez, me senté en el sofá. 

- Nena no voy a repetirlo, aquí ahora 

Le dije señalando un punto del suelo justo frente a mis rodillas.

Volvió a resoplar y se acercó.

- Piensas parar de resoplar?

- Pero es que no sé a qué viene esta prisa.

- No te hagas la tonta, que lo sabes perfectamente. Tú crees que has tenido una actitud propia delante de mis compañeros de trabajo.

- Es que estoy cansada y pensaba que sería llegar e irnos, no me apetecía nada quedarme.

- Que has tenido que esperar? Media hora? 

- Y encima te pides otra cerveza, cuando te digo que tengo ganas de irme.

- Si y si te hubieras portado cómo una adulta, nos hubiéramos ido antes.

- Pues ya está, tengo razón.

- Cómo? 

- Que los has hecho sólo para provocarme.

- No señorita, la que ha provocado has sido tú y digo yo que no te costaba nada, poner una sonrisa un cuarto de hora y no estar ahí cómo una niña enfadada y aburrida que no puede ir a jugar. Porque esa era la impresión que dabas. Además de borde, impertinente e insolente. Que yo sepa jamás he hecho eso, ni con tus amigas, ni con tus compañeras aunque a veces tuviera cero ganas de ir o me importase un pimiento según qué conversaciones, se llama educación.

- Me estás llamando maleducada?

- Si o crees que te has comportado cómo una adulta?

Ahí bajó la mirada un poco y también le subieron los colores.

- Di? Responde?

- Ya te he dicho que estaba cansada y que tenía ganas de llegar a casa.

- Eso no responde la pregunta, es más me da más argumentos. Tú crees que es agradable estar con tus compañeros de trabajo y que aparezca tu "pareja", que se le nota que está a desgana y que no haga el mínimo esfuerzo para que no se le noté, es más encima procure que todo el mundo se de cuenta de ello?

( Silencio)

- No dices nada?

- Ya te he dicho mis razones.

- Ya, pero cómo son razones muy infantiles, ya sabes cómo resuelvo yo, ese tipo de razones.

( Suspiro)

La cogí del antebrazo y la llevé al lado derecho de mis piernas, la solté y me di dos palmadas con ambas manos en mi regazo. Soltó otro resoplido y se llevó un par de azotes, fuertes.

- No quiero escucharte resoplar en días. 

La volví a coger de la mano y de un tirón seco la hice caer sobre mi regazo. Nada más caer sobre él, mi mano izquierda buscó el cinturón de sus vaqueros lo agarró y tiró de el hacia arriba, haciendo que los vaqueros aún se ciñeran más a su piel y con la derecha empecé a acariciarle el culo, por encima de la gruesa tela de los vaqueros.

- Así te tienes que ver a tu edad por tu actitud.

Empecé a azotarla con fuerza y rápido sobre los vaqueros, es curioso, pero es una prenda que no suelo quitar a la primera. Me gusta empezar con ellos puestos. Además con protegen bastante puedes ser intenso desde el principio. La parte mala, es que a los pocos minutos te duele la mano y debido a eso me detuve. 

- No es justo que me duela más a mi, que a ti. Levanta.

Suspiró y se levantó.

La hice ponerse otra vez frente a mí, con las manos en la espalda y empecé uno de mis rituales favoritos. Primero desabrochando el cinturón, después el botón, bajando la cremallera, separando ambos extremos del cierre, cada paso la miraba haciendo que se pusiera más roja. Entonces empecé a bajarlos, tarea delicada a veces, según lo ceñidos que sean. Se los bajé lo justo a medio muslo. Volví a mirarla, mientras metía los dedos por la cintura del tanga y le decía.

- Esto no te va a hacer falta.

Despacio, se lo bajé a la altura de los vaqueros y al terminar, la tomé otra vez de la mano la conduje a mi lado derecho y a mi regazo.

Cuando volvió a caer ya sin "secretos" que tapar, empecé a acariciarle la piel desnuda, para mí sorpresa más roja y caliente de lo que esperaba, de ahí y picor en la mano, me había empleado bien sobre los vaqueros. La sujeté con el brazo izquierdo de la cintura y empecé a darle una rítmica secuencia de palmadas, constante durante un par de minutos, tras los cuales hice una pequeña parada, para sobarle el culo, ya bastante rojo y caliente. Luego seguí, un largo rato más, pero haciendo cambios de ritmo, más rápido, más lento, más intenso, menos todo eso intercalado, con pequeñas pausas para acariciarle el culo, terminando con una ráfaga seguida de un par de minutos, muy intensa y rápida, cuando ya tenía el culo cómo una cereza madura. 

Jadeantes ambos, la tuve un rato en mis rodillas, sin hacer nada, ni caricias, ni azotes.

- Levanta.

Lo hizo, yo también me levanté. 

- Quítame el cinturón.

Resopló y se ganó un par de azotes.

-He dicho que no quería oírte resoplar más.

Me desabrochó el cinturón y lo sacó de las presillas, cuando lo tuvo en la mano, le hice doblarlo.

- Vete un rato al rincón, con el cinturón y las manos en la espalda.

Se dio la vuelta y caminó hasta la pared, allí se quedó parada frente a la pared, con el cinturón sujeto, doblado y visible en la espalda. 

Yo sentado observando, desde atrás. Pocas cosas más excitantes, que un culo travieso, rojo y expuesto cara a la pared.

Cinco minutos más tarde, me levanté, puse dos cojines en el centro del sofá.

- Ven aquí.

Se dio la vuelta y caminó hacia mi, yo tenía la mano extendida para que me diera el cinturón. Lo hizo, le indique el sofá, no protestó y se colocó tumbada boca abajo, sobre los cojines, que elevaban su culo rojo. 

Al hacerlo dejé el cinturón sobre sus nalgas desnudas y rojas. Me entretuve un momento en bajarle los vaqueros un poco más, mientras le decía.

- Los cojines, no son para que te apoyes en ellos, son una guía, así que ese culo bien levantado y bien arqueada sin tocar los cojines.

Aguantar la posición, estoicamente es parte del castigo. Lo hizo, me subí las mangas y cogí el cinturón, comprobé que estuviera doblado a la medida.

- Van a ser 30, que son los minutos que has tenido que esperar, antes que te enviase al coche. Y quiero ver ese culo insolente bien levantado. Ahhhh y cuenta. Si bajas el culo, volvemos a empezar.

Cogí el cinturón, levanté el brazo y lo dejé caer cruzando su piel, suspiró y dijo.

- Uno.

La dejé un rato que sintiera bien la picadura del cuero en su piel desnuda.

- Dos, tres, cuatro, cinco...

A medida que se iban acumulando, los suspiros eran más largos. En el número 21, se dejó caer sobre los cojines. 

- Levanta ese culo!!!

Lo hizo de inmediato y nada más hacerlo, le di seguidos los nueve que faltaban. Tras el último se dejó caer, jadeante.

Dejé el cinturón sobre la mesita. Me senté en un espacio que quedaba en el sofá y empecé a pasar la yema de los dedos, por su piel a franjas rojas.

- Te ha quedado muy bonito, cómo les queda el culo a las adultas que se comportan cómo niñas impertinentes en público. 

Un dedo fue a parar hasta su coño empapado, lo pasé entre los labios y se lo metí un momento.

- Así te pones cuando te castigo?

Ella gemía y movía las caderas.

- Levanta 

Se levantó y nada más hacerlo la cogí del brazo y la llevé a la habitación con los pantalones a medio bajar, la puse frente al espejo.

- Mírate bien los resultados de tu actitud.

Me senté en la cama y vi cómo su cara se ponía roja, pero a la vez fascinada, mirándose de lado, los efectos del castigo en el culo desnudo, como tocaba algún punto y hacía una pequeña mueca de dolor.

- Quema?

- Pfffff 

- Pues otro día, ya sabes cómo evitarlo. Desnúdate del todo.

Empezó a desnudarse, mientras yo observaba, me levanté saqué las almohadas y las puse en el centro de la cama. Desnuda del todo le indique que se tumbara sobre las almohadas. Cuando lo hizo me desnudé yo. Fui hasta la mesita y cogí la crema de Aloe Vera natural, me subí a la cama y con la crema le hice un pequeño masaje. Al terminar me subí a horcajadas entre sus piernas, las suyas estaban juntas, no las separé nada, así juntas busqué con mi polla su agujero caliente y húmedo, entró entera fácilmente, acompañada de un gemido, la agarré de la cintura y aún pegué más la piel caliente de su culo, contra mi a la vez que mi polla entraba y salía de su coño cada vez más rápido y fuerte golpeando sus nalgas en cada embestida. 

A partir de ahí concierto de gemidos y jadeos, ya no paré, hasta que no noté subir el orgasmo entonces la saqué de dentro y me corrí en sus nalgas castigadas, regadas con mi crema caliente. 

Cuando recuperé el aliento, empecé a extender por su piel esa otra "crema" mientras la masturbaba con la otra mano, hasta hacer que también se corriera.
















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