jueves, 21 de julio de 2022

Una semana castigada (por A)




 Me acordaré toda la vida de aquella aventura y el precio que tuve que pagar, duro, divertido, inquietante y morboso.

El viernes íbamos a celebrar que por fin había terminado el curso y no, no somos estudiantes, somos el otro lado, por lo que no somos precisamente unas jovencitas alocadas o se supone, nos movemos entre los 30 y un poca más de los 40, pero llevábamos dos años sin poder marcarnos una celebración como Dios manda por la pandemia y fue como soltar a los toros del establo, en el momento que nos juntamos. Ahí sí parecíamos unas universitarias de primer año.

La noche fue larga y muy divertida, muchas risas totalmente desbocadas, pero lo bueno se acaba y tuvimos la brillante idea de montarnos en el coche de una compañera a la voy a llamar Adela, para volver a casa. Las risas se acabaron cuando vimos las luces azules de la Policía Local, control de alcoholemia y evidentemente el resultado fue el que fue, por suerte la tasa de Adela no llegaba por poco a ser delito y se quedaba en sanción administrativa. Luego pasamos en fila por el etilómetro, con el resultado esperado, ninguna de las 4 podía conducir, con lo que o venía a recoger el coche alguien o quedaba inmovilizado. De repente las risas se habían transformado en caras serías y lamentos. 

Llegó el momento de decidir a quien llamar y claro la primera persona en la que piensas es la pareja. Fue cuándo empecé a escuchar los "me va a matar" me dio por reír porque sabía que hablaban metafóricamente, en cambio yo...yo si tenía muchos números para arrepentirme. Pero acabé llamando yo, se iba a enterar de todos modos y para el resto, el era el más reciente y por supuesto no tenían ninguna sospecha de cómo era nuestra relación.

Lo desperté a las tantas de la mañana, le metí un susto y encima lo hice vestirse coger un taxi y hacerse cargo del coche.

Al llegar, estuvo amable cómo siempre incluso bromeando, pero a mí me soltó una mirada de las hacen que te pique el culo. Nos hizo de taxista y al dejar a Adela sana y salva con una multa y varios puntos menos del carnet, incluso le aparcó el coche en el garaje, luego cogimos un taxi y nos fuimos para casa. 

Me esperaba una bronca monumental, pero no, no dijo nada, nos fuimos a dormir sin más. Al día siguiente respetó mi resaca y ni salió el tema. Yo sabía que eso era peor, que de alguna manera mi castigo ya había empezado y que sería severo.

El domingo, fue el día. Acabábamos de desayunar y me llamó una de las chicas, con la que estuve charlando un rato, al volver me dijo.

- ¿Que? ¿Asumiendo?

- Pffff hemos decidido pagar la multa entre las cuatro.

- Me parece un bonito gesto, sois igual de responsables las cuatro.

- Ya...

- Vaya pintas cuando llegué yo y ya luego me contarás con calma dónde teníais la cabeza o si sufristeis una regresión al instituto.

Me empezó a subir un hormigueo por el estómago y cambié de tema.

- Me voy a dar una ducha ¿vamos a hacer algo?

- Tú si, te vas a dedicar a ordenar la casa, hay mucho por hacer, lavadoras, tender, planchar, barrer, los cristales...tienes todo el día.

- Pffff no es mi plan preferido de domingo.

- Ni el mío tener que levantarme a las 5 de la mañana a recoger a unas maduritas que se portan cómo adolescentes.

Touché...y la desgracia de ser de tan fácil rubor, que me delata, no protesté, agaché la mirada y me puse a ello.

El preparó de comer, comimos y me senté un rato con el en el sofá, hasta que me levanté a planchar. Por fin terminé de planchar, doblar y guardar, lo cierto es que me había dado un buen tute, estaba cansada y necesitaba un ducha. 

- Ya estoy!!! Voy a darme una ducha.

- Ahora irás, antes quiero que vengas aquí y me expliques qué pasó exactamente el viernes. 

No sé qué adjetivo ponerle a lo que sentí, la palabra exacta no es miedo, incertidumbre, morbo, magentismo...Me acerqué la escena me resultaba muy familiar, el sentado en el sofá pero incorporado y yo de pie frente a él, cómo una niña traviesa que van a regañar.

- Lo siento, teníamos muchas ganas de salir y se nos fue de la manos, hicimos una tontería

Otra vez sentía calor en mis orejas. Me miró y con mucha calma me dijo algo así.

- ¿Por qué hablas en plural? Te he pedido explicaciones a ti, lo que llevó al resto a ser unas irresponsables cómo tú, ni me importa, ni me interesa, ni nada puedo hacer, a mi me importas tú, vuelve a empezar.

Os va a sonar extraño, pero mojé las bragas en ese momento. 

- Si tienes razón, debí haber evitado coger el coche, fue una gran estupidez de la que estoy muy arrepentida, no va a volver a pasar.

- Eso espero, pero cómo entenderás tampoco va a quedar así y vas a tener un castigo por tu comportamiento inadmisible, un castigo que no vas a olvidar.

Que fuerza tiene la maldita palabra, la odio, sólo escucharla se me pone todo de punta, pero pierdo el control de mi cuerpo, que va por libre. Imaginad la escena, allí de pie roja avergonzada y a la vez húmeda. 

- Vete un rato a digerir cara a la pared, después me ocuparé de ti.

Otras veces me sale la rebeldía, el orgullo, aquel día no, había en mi cierta culpa. Arrastré los pies hasta la maldita pared, al llegar antes que lo dijera él, puse mis manos sobre la cabeza y suspiré profundamente. 

La pared es odiosa, aburrida, me hace sentir pequeña, infantil, se me aniña hasta la voz después, además cada ruido detrás es una sacudida y aquel día se levantó varias veces. Y me tuvo mucho más tiempo de lo habitual, no pintaba nada bien. 

El corazón se me aceleró cuándo se levantó de nuevo y sus pasos iban en mi dirección, peor fue cuando noté su mano cogerme un brazo bajarlo y tirar de mi hacia el sofá. En la mesita había el aceite de los masajes y el odioso cepillo de dos caras, cómo le llamaba, en realidad era una paleta de madera, sólo que tenía la misma forma y tamaño que un cepillo, lo de las dos caras ya os podéis imaginar porque. Me hizo poner de pie frente a él y sin decir nada tiró del pantalón corto de pijama de verano hacía abajo, a lo que siguió con el mismo destino mis braguitas. Estar así frente a él me sigue dando mucha vergüenza. 

- He decidido hacerlo en el sofá porque va a ser largo, espero no tener que corregir posición, ni nada parecido ¿Está claro?

Asentí y me puse en sus rodillas, es curioso pero ahí me siento más protegida que de pie frente a él con la ropa en los tobillos. Notar su mano descansar en mi nalga, esa mano caliente y fuerte la misma que me lleva al cielo o al infierno hizo que se me pusiera la piel de gallina. Duró poco, enseguida me enseñó lo dura que puede ser. Me dió una ráfaga rápida y fuerte para empezar, picó, la mano siempre pica al principio y más cuando nada te protege la piel. Pero cuando empezó otra vez, ya era diferente pica pero menos da cómo un calorcito agradable y a mi personalmente me relaja, no fue diferente aquel día y eso que estuvo con alguna pausa un largo rato. Cuando noté la madera del cepillo de dos caras, me tensé es automático, sé que ahora ese colorcito agradable va a cambiar. El cepillo pica y pica horrores, este y todos, aquí ya no sientes calor, es dolor. Aprietas los puños, coges aire intentas aliviar de alguna manera pero no. Pica desde el primero al último, cuando te ha caido tres o cuatro en el mismo sitio te dan ganas de retorcerte. Y todo eso lo sabe y juega con ello, de repente me deja sin aliento con una ráfaga larga y para, deja que absorba la sensación y vuelve a empezar. Las pausas se vuelven más largas, pero en vez de aliviar lo que hacen es que sientas mejor los efectos, llega un momento que quema.

Aquel día fue así, larga y concienzuda, acabé agotada, incluso con ganas de llorar, pero me cuesta mucho. Me dejó un rato en su regazo, sin decir nada, sin hacer nada, quería que notase bien los efectos, el culo me quemaba y por experiencia sabía que llevaría moratones unos días. Sentí sus manos otra vez húmedas empezó a cortarme las nalgas con aceite haciendo círculos, eso maquilló el escozor y empecé a sentir otras cosas, me destensé, el cepillo me había hecho luchar y perdí un poco de vista la realidad, me devolvieron sus dedos en mi coño ¿Cómo podía estar tan mojada? No iba a poder sentarme bien en unos días y mi coño chorreaba, se me nubló la cabeza, empezó a jugar con sus dedos y mi cuerpo me volvió a traicionar, noté el orgasmo inminente, demasiado rápido intenté disimularlo...

- ¿Te has corrido?

- Si...

- Bueno, espero que lo hayas disfrutado porque en unos días este va a ser el único que tengas. 

Volvió a mi culo un rato, me envió a la ducha y me dijo que después de cenar hablaríamos de la semana especial...

No pude evitar mirarme en el espejo, me asombré un poco, lo tenía rojo cómo nunca y ahí donde más había insistido con la paleta, dos ronchas azuladas. El agua caliente me molestaba en el culo, pero estaba otra vez excitada y empecé a tocarme en la ducha entonces recordé sus palabras y dejé de hacerlo.

Cuando nos sentamos a cenar había puesto un cojín en mi silla, gesto de agradecer. Cenamos y nos fuimos a la cama. Y allí me dijo que iba a estar toda la semana castigada.

- Para empezar, te vas a limitar de casa al trabajo y del trabajo a casa. Cada día tendras alguna tarea que hacer mientras llego. Cuando llegue revisión de marcas y ya te diré si algo más. Y por supuesto, el móvil encima de la mesa, sólo para cosas imprescindibles, nada de tele y placer. 

Ahí sí salió mi parte más rebelde, lo de la semana sin placer, me había dado y más así con el culo sensible, lo que iba a hacer que fuera todo el día mojada.

- Pffff, es casi una semana.

- Si el viernes hará justo una semana de la aventura.

Suspiré profundamente y nos dormimos, yo boca abajo y con el culo al fresco.

2 día de castigo.

Como de costumbre me levanté con el tiempo justo, y eso hizo que no fuera muy consciente del día que me esperaba. Me puse un pantalón ancho, suave y cómodo y un tanga y me fui a trabajar, allí empecé a ser consciente, esta vez no era una ligera molestia excitante, era como si me hubiera quemado el culo con el sol, la misma sensación, cualquier roce era molesto, hasta el punto de escaparme al baño a verlo. Cuando lo vi, flipé, aquel rojo intenso se había vuelto morado, más oscuro en los bordes curiosamente y me lo notaba caliente aunque creo que era algo más de mi mente, todo el día buscando excusas para no sentarme. 

Nada más salir me envió un mensaje.


- ¿Que tal la mañana? ¿Cómoda? 

- Jejejeje que gracioso.

- Bueno luego lo veo, tu come y ve a lavar tu coche ya tienes tarea.

- A estas horas!!!! Hace mucho calor.

- Ya me has leído...así que ya sabes.

Que pocas ganas de ir a lavar el coche, comi algo rápido, me puse ropa de batalla y fui a lavar el puñetero coche. 

De vuelta y estaba él, entré sudorosa, hacía un calor irrespirable. 

- Coche lavado.

- Genial, mañana los cambiamos y lavas el mío...

Resoplé y me tragué lo que pensaba no tenía el culo para tentar a la suerte.

- Me voy a dar una ducha, que mira como vengo. 

- Ven aquí

Otro soplido y arrastrando los pies me acerqué.

- Date la vuelta.

Lo hice, tocaba "revisión" de marcas, y así fue me bajó el pantalón corto que me había puesto para ir a lavar el coche y el tanga también. Comenzó a pasarme los dedos por el culo, no me dolían, se sentían muy bien, sólo que quejé un poco cuando se divertía apretando alguna zona. Cuando me había despertado pensaba que pasaría un día incómodo por esa asociación molestia y excitación, vamos que iba a estar todo el día mojada y no había sido así, había tenido incomodidad pero sólo de un tipo, bastó tener que mostrar el culo y sus dedos acariciándomelo para ponerme chorreando en dos minutos. Enseguida su mano palpó entre mis piernas...

- Date la vuelta 

Lo hice algo ruborizada. 

- Separa las piernas.

Ya estábamos con las órdenes cortas y claras, lo hice lo que me dejó la ropa, pero no debió parecerle bien.

- Sepárate.

Cogí aire, tragué saliva, llevé mis dedosa mi sexo y separé los labios externos, pocas cosas me hacen sentir tan expuesta, estoy segura que mi cara estaba roja cómo una fresa, en esa pose de actriz porno torpe. Su dedo me hizo cosquillas y me erizó la piel, estaba muy mojada, lo pasó varias veces por mi raja abierta y lo metió, enseguida fueron dos y empezó a meterlos y sacarlos a la vez que el pulgar se abría paso por los labios internos hasta el capuchón del clítoris, si seguía me iba a correr. Pero paró a la que empecé a gemir un poco.

- ¿Que pensabas que te iba a levantar el castigo el primer día?

Suspiré sin contestar.

- Vete cara a la pared de rodillas, hasta que te diga. 

Otra vez a mirar la maldita pared y chorrear. Me tuvo un cuarto de hora, y me dejó ir a la ducha eso sí tuve que dejar la puerta abierta y con la puerta abierta si hacía algo me pillaría. 

Lo único bueno de aquel día, es que me dio un par de masajes en el culo y que parecía molestar menos.

3. Día de castigo.

Repetí pantalón, y otra vez tanga aquel día, pero a diferencia del anterior la molestia ya no era permanente, arma de doble filo, hay momentos que te olvidas y algo te lo recuerda y es precisamente eso lo que hace que te excites. El tercer día si estuve mojada todo el día.

Al salir fui directamente a lavar su coche. Total había usado la misma ropa dos días y ya estaria hecho. 

Al llegar el ya estaba. Esta vez no puso objeción a que me duchara, eso sí me recordó que la puerta abierta. Me puse un pijama de verano y fresquita me fui al salón, pero ya me esperaba y me hizo bajarme el pantalón y ponerme en sus rodillas, el ritual de la revisión de marcas. Se sentía tan agradable su mano, y eso que era el día que peor aspecto tenía mi pobre culo, siguió un rato más con aceite, hasta que sentí el líquido bajar entre mis nalgas y un dedo hurgando por ahí. A mucha gente le incómoda, le parece molesto o simplemente no le gusta, a mi me excita terriblemente que me estimulen el ano, lo sabe perfectamente y sabe hacerlo, si estoy muy excitada he llegado a tener algún orgasmo a través del sexo anal. Así que su dedo jugando ahí con mucho aceite lo que hacía era ponerme cómo una moto y más cuando empezó a meterlo y jugar al dentro fuera, mi cuerpo volvió a traicionarme y me ofrecí más, abrí las piernas, arqueé la espalda, cómo diciendo..."no quieres probar aquí"  y eso terminó el juego, me fascinaba su autocontrol notaba su polla dura y en ese momento me hubiera dejado hacer de todo por un orgasmo, pero no todo terminó conmigo mirando la pared otra vez con la ropa en los tobillos y mostrando mi culo carbonizado...


Aún quedaban tres días de castigo...que contaré en la segunda parte. 


1 comentario:

"

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...>