Fue ella quién me propuso ir al cine. Me pareció buena idea para desconectar después de la larga semana. Ella había quedado antes con unas amigas para tomar algo, al salir de trabajar me fui directo a casa una ducha, me vestí y ya era el momento de irse. Habíamos quedado en un bar del centro comercial dónde estaba el multicines, yo fui con mi coche y a ella la llevaba una amiga.
Llegué con tiempo de sobra, una manía que tengo y me senté a tomarme una cervecita dónde habíamos quedado. Hacía una tarde calurosa y el sol aún apretaba. Me tomé la cerveza tranquilamente y sin darme cuenta pasó el rato, cuándo miré el reloj ya era la hora en la que habíamos quedado, le puse un mensaje.
- Nena no tardes...
No me contestó y pasaron diez minutos más, me empecé a poner nervioso y la llamé. Nada, no contestaba y yo cada vez más impaciente. Minutos después me llegó un mensaje.
- En tres minutos estoy allí, perdona que se me ha ido el santo al cielo.
Los tres minutos se convirtieron en un cuarto de hora, cuando apareció
Llevaba un vestido de verano por encima de las rodillas. Yo la esperaba ya de pie, llegó y me dio un beso...
- Perdona que se me ha ido la hora.
- Venga vamos que no llegamos.
Nos fuimos para el cine, compramos las entradas y cuando entramos la película ya había empezado, era la segunda vez en poco tiempo que me hacía lo mismo y esta encima había sido ella quien me lo había propuesto.
A tientas nos sentamos en un fila de butacas vacía en la dos pegadas a la pared. No dije nada, intenté seguir el hilo de la película, pero imposible y decidí que yo no iba a quedarme sin entretenimiento. Miré y apenas habíamos 20 personas en la sala todas espaciosas y separadas. Puse mi mano en su muslo y me acerqué para susurrarle.
- Quítate lo que lleves debajo del vestido.
Vi sus ojos brillar en la oscuridad y me respondió.
- Mmmm estás juguetón?
En ese momento estiró las piernas y levantó un poco el culo de la butaca, metió sus manos debajo del vestido y bajó lentamente la ropa interior, por debajo de las rodillas.
- ¿Así va bien?
- Del todo y me lo das.
Lo hizo, cogí el tanga y me lo metí en el bolsillo, para volver a susurrarle.
- Es la segunda vez, que quedamos para ir al cine y llegas tarde, me estoy perdiendo la película que tú querías ver, necesitas una lección, así que ahora te vas a poner de rodillas frente al respaldo de la butaca de delante con las manos en la espalda aguantando el vestido levantado el resto de la película.
Me miró...
- Vas listo...
- Tu misma pero si no te pones ahora, no te vas a sentar en una semana.
Creo que fue más el morbo, que otra cosa, pero lo hizo se levantó de la butaca, se arrodilló en el pasillo entre butacas, puso las manos en la espalda sujetando el vestido levantado por detrás. Me aseguré que nadie pudiera ver la escena y a las alturas de la película en que estábamos dudaba mucho que entrara nadie más. Así la tuve un buen rato, de vez en cuando llevaba mi mano a sus nalgas y las acariciaba. Era ya imposible concentrarse en la película, así que un rato después me acerqué otra vez al oído y le dije.
- Levanta que nos vamos.
No preguntó, no se quejó, se levantó y salimos discretamente antes que terminara la película.
Ya fuera, cogidos de la mano me dijo...
- No me digas porque ni cómo, pero estoy chorreando.
No contesté y seguimos caminando hasta el parking. Abrí la puerta del coche con el mando y cuando fue a entrar, le dije.
- Tu detrás, cómo las niñas.
Me siguió el juego, abrió la puerta trasera y entró luego entré yo. Ajusté el retrovisor para ver atrás.
- Ponte en el medio, vestido levantado y piernas abiertas.
Lo hizo, volví a ajustar del todo el retrovisor y arranqué, ya había anochecido y tampoco podía ver mucho, pero es la escena y la mente, lo excitante.
El centro comercial estaba a las afueras, por lo que tenía que conducir unos pocos kilómetros por la autopista, tomé un salida que se metía en un polígono industrial solitario y vacío a esas horas de un viernes.
- ¿Dónde vas? Esta no es la salida.
- Ya lo sé, quiero enseñarte una cosa.
Callejeé por las anchas calles del polígono, con aquella iluminación anaranjada hasta llegar a una totalmente desierta, a un lado había naves industriales y al otro zona de aparcamiento y una acera con una hilera de árboles. Aparqué paré el motor y las luces.
- ¿Que hacemos aquí?
- Te he dicho que iba a enseñarte algo.
- Pfff y que hay que ver aquí.
- No he dicho que haya nada que ver, he dicho que iba a enseñarte algo y eso voy a hacer, enseñarte a ser puntual cuando has quedado. Baja del coche.
Se bajó, yo también, di la vuelta al coche por delante, me fui hacia ella, la cogí del brazo.
- Joder Santi...
No dije nada me senté sin soltarla en la parte del asiento trasero más cercano a la puerta y la puse en mis rodillas, el cuerpo le quedaba dentro del coche, pero las piernas enteras fuera. Le levanté el vestido.
- Fuiste tú quien tuvo la idea, salgo de trabajar, me voy a casa directo, me ducho y me cambió deprisa ¿Para qué? La señorita se lo estaba pasando bien y ni mirar el reloj, ni coger el móvil. Me parece una falta de respeto cómo poco.
Empecé a azotarla, en el asiento trasero de la coche, mi mano rebotaba en sus nalgas, no fui muy progresivo, buen ritmo desde el principio, así al aire libre, los azotes sonaban más amortiguados. No se quejó, ni movió durante los cinco minutos largos que estuve zurrandole el culo sin parar. Lástima que aquella iluminación tan pobre, no me dejara ver bien el color de sus nalgas.
Cuando paré la hice levantarse, me levanté la cogí del brazo y la llevé hasta el árbol que había al lado del coche. Hasta que su cara quedó pegada al tronco.
- Las manos en la espalda, vestido levantado.
Ahí sí hubo alguna queja del tipo, nos pueden ver...
- Si viene alguien te aviso.
Me senté en el asiento de atrás de lado, mirando hacia ella y hacia la entrada a la calle. Me encendí un cigarrillo, me lo fumé tranquilamente, siempre pendiente de que no viniera nadie. Pero aquella estaba muy solitario, sólo se escuchaba de lejos el tráfico del autopista.
Apagué el cigarrillo y me levanté.
- Apoya las manos en el árbol y saca bien el culo.
Me desabroché el cinturón, tiré de el lentamente para sacarlo de las presillas, lo doblé.
- Apoya los codos y todo el antebrazo plano en el tronco.
Resopló, pero lo hizo.
- Separa las piernas una baldosa.
Otro soplido. Dejé el cinturón en su espalda, le levanté aún más el cepillo y cogiéndola de la cintura por detrás hice que aún expusiera más el culo. Entonces cogí el cinturón de nuevo.
- 27 minutos tarde, las cuentas están claras ¿Verdad?
Atronó el primer azote, seguido de un suspiro...y una reacción defensiva.
- Nena saca bien el culo, no te lo voy a decir más.
Esperé un instante y volvió a retomar la posición. A partir de ahí, lo azotes fueron cayendo sin prisa, a cada nuevo azote, esperaba unos segundos, antes del siguiente, así me gusta más, sentidos uno a uno.
Al terminar la cuenta, me puse el cinturón con calma. Busque su bolso en el coche, lo abrí, en un pequeño bolsillo interior había algo que buscaba. Desde que nos habíamos conocido en ese bolso con ella siempre iban dos cosas: un pequeño cepillo de pelo y un plug tipo joya y eso era lo que buscaba.
Ella seguía con las manos apoyadas en el árbol y el culo bien expuesto. Soltó un suspiro cuando empecé a pasarle el frío acero del plug por la piel abrasada por el cuero del cinturón. Siempre atento a que no aparecieran espectadores indeseados.
No tenía lubricante, pero eso tenía solución entre sus piernas, jugué un poco con el plug ahí, pasándolo por la grieta mojada y caliente y metiéndolo un par de veces. Entonces separé sus nalgas para alojarlo en su destino, lentamente, era un plug bastante pequeño, así que me fue relativamente fácil. Ya con el plug dentro rodeé su cintura con mi brazo izquierdo por delante. Y con mi mano derecha empecé a jugar en el charco entre sus piernas, caricias, frotamientos, alguna que otra palmada, hasta que dos dedos entraron en su coño y empecé a meterlos y sacarlos allí contra el arbol, cada vez más rápido, hay dos sonidos que no pueden ser más excitantes para mí. El de los azotes y el sonido de masturbar con furia un coño empapado. Empezó a gemir y yo a mover mi mano más rápido, ya no paré hasta que gritó dejándose ir en un intenso orgasmo, que hizo que tuviera que sujetarla para que no terminara de rodillas en el suelo.
Minutos después estábamos yo sentado en el asiento de atrás con la piernas fuera y ella de pie entre mis piernas mientras mis manos le frotaban el culo.
- ¿Vamos para casa?
- Vamos
Me levanté y abrí el maletero, allí había una alfombrilla nueva enrollada. La desenrollé y la puse en el centro de la banqueta trasera del coche. La hice sentarse encima con el vestido levantado, una alfombrilla de coche áspera puede ser muy incómoda, pero a fin de cuentas era un castigo.

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