Llevábamos casi seis horas de coche. Eso, sumado al madrugón, yo sabría que la tendrían un poco malhumorada. Cuando no dormía se ponía un poco impaciente y le costaba mantener el autocontrol.
Al llegar al hotel había gente para hacer el check-in. Tuvimos que esperar casi quince minutos.
Primero se inscribieron sus amigos y ya por fin nos tocaba.
Al acercarse al mostrador una señora de mediana edad quiso colarse.
- Señora, estamos nosotros. La cola está ahí.
- Yo llevo aquí un buen rato bonita, he llegado antes que tú.
La señora no se apartaba y su paciencia empezaba a agotarse.
- Hemos llegado hace quince minutos, nos hemos puesto a la cola y usted no estaba. No se cuele, haga el favor.
Ahí empecé a ver cómo se despertaba la fiera, así que me acerqué, la cogí de la mano, y, al oído le dije.
- Nena calma por favor...
Ella se deshizo de mi mano enfadada porque la señora no desistía.
- A ver señora, póngase a la cola como el resto. Nos toca a nosotros. Llevamos aquí un buen rato.
Su tono cada vez se elevaba más. Empezaba a ser el centro de atención de la recepción yo empezaba a sentir vergüenza ajena
- Nena ya, por favor. Nos mira todo el mundo.
- Que me da igual, joder! Que esta señora es una caradura!
La cogí fuerte de la mano y tiré de ella haciéndola que me mirara a los ojos.
- Ahora vamos a hablar tú y yo.
La advertencia no la paró. Seguía molesta y farfullando.
La señora insistía y, al final, tuvo que mediar el señor de recepción.
- Por favor, pasen por aquí.
Nos llevó a otro mostrador y nos hizo el registro de entrada. Nos entregó las llaves y nos acompañó a la puerta de la habitación.
Yo iba dos pasos por delante. Estaba serio. Ella se iba calmando poco a poco.
- Aquí es su habitación. Disculpen la molestia y disfruten de la estancia.
- Gracias. - contestó yo avergonzado de la escenita que acababa de montar.
Al entrar dejé mi abrigo sobre la cama y salí al balcón a coger aire puro.
Ella también dejó sus cosas y entró al baño.
Al salir vino a buscarme
No la miré. Seguía pensando en cómo manejar aquella escenita. Suerte que sus amigos no estaban delante.
- Qué señora más sinvergüenza joder!
- Eso, tú sigue. Si no te ha parecido suficiente el numerito sigue...
- Joder Santi! Te parece normal?? - elevó un poco el tono.
- Baja el tono ahora mismo. - le dije mirándola a los ojos. Mi tono era calmado pero muy asertivo.
- Le vas a dar la razón? - me miraba con sorpresa, pero su voz ya era más bajita.
- Me da igual quién tuviera razón. Lo que no me gusta nada es verte así. Qué era eso? Una pelea de patio de colegio??
Pero Santi...
- Pero NADA! Cuantas veces te he dicho que cuando te pones así pierdes la razón?
- Ha empezado ella...- parecía ya una niña acorralada.
- Y? Eso te autoriza a comportarte así? Ganas me han dado de darte un par de azotes ahí mismo!
Ahí su lenguaje corporal empezó a recular. Estaba roja y avergonzada de la bronca que le estaba echando.
- Me ha enfadado Santi. Nos tocaba a nosotros y se iba a colar...
- Para eso está el autocontrol! Para no parecer una cría maleducada! Vete inmediatamente a mirar la puerta y me esperas ahí
- Santi...
- Tengo que repetirlo?
Se fue resignada. Se colocó tal y como le dijo. Mirando a la pierta, con las manos en la espalda y pensando en lo que le venía.
Me tomé mi tiempo. Quince minutos después fui al baño.
Ella me debió escuchar manipular algo y abrir el grifo.
- Ven aquí.
Al darse la vuelta me vió con la pastilla de jabón del hotel mojada.
- No...
Tiré de su mano y la llevé a mi lado.
- Abre la boca y saca la lengua.
- Santi por favor...
Un azote la hizo reaccionar. Abrió la boca poco a poco y sacó la lengua. Enseguida notó la pastilla de jabón la boca y ese sabor que la inundaba. Más que desagradable era vergonzoso. A su edad y castigada así.
- Desde cuándo te permito yo comportarte así? Eh? Los formas no se pierden nunca, porque por más razón que tengas, las formas te hacen perder la razón. Y ya te aviso que hoy vas a bajar a cenar calentita. Ahora mismo te vas a volver a mirar la puerta con el jabón en la boca, hasta que te diga y cuando te avise, quiero una disculpa en condiciones y no va a ser la primera de hoy.
Yo mismo la acompañé hasta la puerta y allí, la dejé. Mientras la dejé reflexionando sobre su comportamiento, coloqué maletas y juguetes un rato con el mando de tele. Unos diez minutos más tarde la llamé.
- Nena, vete a enjuagar y ven aquí.
Yo la esperaba sentado a los pies de la cama. Entró al baño y estuvo un rato enjuagándose, al terminar vino hacia mi con pasitos cortos y mirando al suelo. Cuando estuvo frente a mí le dije.
- Mírame
Levantó la mirada y suspiró
- Y bien ¿Algo que decir?
- Que lo siento
- Qué sientes?
- Haberte hecho pasar vergüenza antes.
- Y tú? No sientes nada? Crees que esa es forma de comportarse?
- No...
- Pues ponle un adjetivo a tu actitud.
Sus mejillas aún se encendieron más
- Siento haberme comportado cómo una vulgar poligonera..
- Exacto, has descrito a la perfección, lo que todo el mundo en recepción, debe pensar ahora mismo de ti y cómo tú y yo tenemos un trato, por el cual yo me encargo de tu "educación" esto no puede repetirse y es evidente que va a tener una consecuencia, que conoces de sobra. Así que quiero ver cómo te bajas los vaqueros y el tanga, para asumir la consecuencia.
- Santi...sin calentamiento, ya directo...
- Calentito me tienes de sobra, y no lo voy a repetir.
Yo sabía que le daba mucha más vergüenza tener que hacerlo ella mientras yo miraba, que si lo hiciera yo.
La miré
- Venga espabila.
Se desabrochó el botón del vaquero y se lo bajó hasta las rodillas, me volvió a mirar un instante le devolví la mirada y a los vaqueros siguió el tanga.
La miré un instante de nuevo.
- Ahora ya sabes, lo que tienes que hacer, quiero ver bien presentado ese culo en mi regazo.
No tuve que repetirlo. A los dos segundos estaba tumbada sobre mi regazo, con el culo desnudo. Terminé de bajarle la ropa hasta los pies, en esa posición podía ver su sexo hinchado y brillante. Pero mi prioridad era otra y enseguida mi mano empezó a caer pesada sobre su piel desnuda. En silencio y continúa, sólo se escuchaban nuestras respiraciones y la escandalosa azotaina a mano. Cómo en breve teníamos que bajar a cenar y no había demasiado tiempo, me apliqué con ganas, porque quería que sintiera el culo caliente y palpitante durante la cena. Así que no dejé de zurrarle el culo, hasta que mi mano también estuvo roja y caliente. Al detenerme lo primero que hice fue acabar de quitarle la parte de abajo de la ropa, vaqueros y tanga.
- Levanta.
Se levantó
- Ni se te ocurra frotarte, que te veo las intenciones y escucha atentamente. Hemos quedado en media hora abajo para cenar. Así que ahora te vas a arreglar, ponte un vestido, sin nada debajo. Cuando bajemos, lo primero que harás es ir a recepción, buscar al chico que nos ha atendido y disculparte, cuando lo hayas hecho, buscarás si está la señora de antes en el comedor y si está también te vas a disculpar y cuando te sientes en la mesa, también les vas a pedir disculpas a Sergio y María ¿Está claro?
Balbuceó un si casi inaudible y empezó a arreglarse para bajar a cenar. En paz y calma absoluta, yo también me cambié de ropa y cuando estuvimos, bajamos. En el ascensor le dije una última cosa.
- Seguramente Sergio y María quieran ir a tomar algo después de cenar, pero tú estás castigada, así que te vas a adelantar y al terminar de cenar, vas a decir que estás cansada y te vas a subir a la habitación. Yo subiré 10 minutos más tarde y cuando suba te quiero encontrar de rodillas sobre el sillón y con el cinturón que hay en mi maleta, preparado sobre la cama, para continuar tu castigo ¿Está claro?
Suspiró, le di un beso y en ese momento se abrió la puerta del ascensor.
Nada más abrirse se fue hasta recepción y habló con el chico que nos hizo el registro de entrada, después fuimos hasta el comedor pero no vimos a la señora que había sido parte del conflicto. Al sentarnos en la mesa ya estaban Sergio y María y también les pidió disculpas, aunque le dieron la razón.
Cenamos tranquilamente, aunque ella estuvo algo ausente durante toda la cena, al terminar, Sergio le preguntó si estaba bien y ella aprovechó y le contestó que estaba muy cansada y que se iba a ir para la habitación, yo estuve un cuarto de hora más con la pareja y también me disculpé y me retiré.
Me fui para la habitación, entré estaba medio a oscuras, encendí la luz y allí estaba, de rodillas sobre el sillón, desnuda de cintura para abajo. Mi cinturón negro estaba doblado sobre la cama, lo cogí y me fui para el sillón.
- Tengo que reconocer, que tú actitud con el culo rojo, ha mejorado mucho a la anterior, así que para asegurarme, le voy a dar un poco más de color. Ahora saca bien el culo.
Arqueó más la espalda y separó las piernas.
Dejé el cinturón sobre la parte baja de su espalda y llevé toda mi mano a su sexo desde atrás, ninguna sorpresa, estaba empapada y sonreí a la vez que cogía el cinturón.
- Te voy a dar dos docenas de azotes, entre docena y docena haremos un descanso. Los vas a contar y tras cada número dirás "gracias por enseñarme que si pierdo las formas pierdo la razón" ¿Está claro?
No le di tiempo a contestar, cuando el cuerpo del cinturón golpeó su piel... esperé un instante, hasta escuchar con un tono de voz decente:
- Uno, gracias por enseñarme que si pierdo las formas, pierdo la razón
Los azotes con el cinturón fueron cayendo lenta pero implacablemente, al decir el número 12 seguido de la frase, la ayudé a levantarse y la llevé hasta la puerta, las manos sobre la cabeza y a sentir el ardor de los azotes unos 5 minutos, hasta que volví a llamarla. De nuevo de rodillas sobre el sillón, con el culo bien expuesto para recibir los restantes 12 azotes. Siguiendo el mismo ritual de número seguido de frase. Al terminar la segunda docena, la dejé en posición y le dije que no se moviera. Lo primero que hice fue desnudarme y después fui a por la crema hidratante y el lubricante a la maleta.
Estuve un ratito aplicándole crema en las nalgas castigadas. Al terminar, empecé a jugar con mis dedos en su sexo, por fuera y por dentro, pero sin acabar. Entonces cogí el lubricante, dejé caer un chorro abundante entre sus nalgas y empecé a extenderlo bien, en especial por fuera de su estrecho agujero, haciendole un pequeño masaje con mi dedo y el lubricante, hasta que metí el dedo bien profundo.
- No creerás que mereces un premio ¿Verdad? En cambio mi paciencia si merece un premio y lo voy a tener.
Con paciencia preparé bien su entrada trasera, mucho lubricante y mis dedos, hasta que estuvo a punto para mí polla, y empecé a follarle el culo, en la misma posición donde la acababa de castigar y con el culo en llamas. Despacio entraba y salía de ella y ella empezaba a jadear, entonces le dije...
- Si quieres correrte, te vas a tener que espabilar sola, sino cuando yo acabe a la cama.
Dudó un momento, hasta que sentí una de sus manos que empezaba a frotarse a la vez que yo entraba y salía.