sábado, 17 de enero de 2026

Reincidencia.

 




Llegué a casa a la hora de costumbre, sabía que ella no estaría, desde que nos mudamos, su vida social había cambiado y para bien, de hecho me hacía feliz que tuviera vida social, comparada con la vida casi ermitaña de antes, soy de los que piensan que las relaciones necesitan sus espacios independientes y no todo se tiene que hacer en conjunto. Así que sabía que aquella tarde había quedado con unas amigas. Yo me disponía también a mi momento de paz, dejé mis cosas y fui a prepararme para darme una ducha. 

En ello estaba cuando me vino un extraño olor a requemado, que no sabía de donde salía, cuando entré en el baño el olor se hizo penetrante y enseguida descubrí el motivo, la plancha del pelo estaba enchufada, rápidamente la desenchufé y abrí para ventilar. 

Conté hasta 100 o incluso un poco más y cogí el teléfono, para ponerle un mensaje.

- Te has dejado la plancha del pelo enchufada....otra vez.

Tardó unos cinco minutos en contestar.

- Pffff joder, que cabeza.

- ¿Puedes hablar ahora?

- ¿ Para qué? Ya sé lo que me vas a decir.

- No te he preguntado eso 

- No, no puedo.

- Vale, pues en una hora te quiero en casa.

- Joder Santi...

- Si a las 7 y media en punto no estás aquí, te voy a buscar tu misma.

Y cerré la conversación. 

Un descuido lo puedo entender, pero no era la primera vez, ni la segunda que pasaba lo mismo y el peligro era importante, si la plancha hubiera estado tocando una toalla o cualquier otra cosa inflamable, seguramente estaríamos hablando de una catástrofe. 

Total que me senté a esperar sin ducha y bastante molesto, pendiente del reloj. 

Cuando escuché abrirse la cerradura, era la hora que le había dicho, entró cautelosa y suave. 

- Hola 

- Hola 

- No me mires así...ha sido un descuido con las prisas...

- ¿Cómo te miro?

- Cómo si hubiera matado a alguien...

- Vamos por partes nena ¿Que prisa tenías?

- Joder, tú nunca tienes un despiste, eres perfecto.

- No sigas por eso camino, créeme no te conviene.

- Es que no soporto esa cara de reproche 

- Si te parece te aplaudo. Imagina que por lo que sea yo también vuelvo más tarde o imagina que simplemente la plancha empieza a arder.

- ¿Y que quieres que haga? Ya sé que la hubiera podido liar gorda, pero no ha pasado nada. 

- Exacto no ha pasado nada, pero podría pasar y cuanto más veces juegas, más posibilidades.

- No te preocupes, que no pasará más.

- Eso me dijiste la última vez y la anterior...

- Pfffff ya veo que no se te va a pasar el enfado.

- No estoy enfadado 

- No, que va 

- Pues no, lo que no quiero es que se vuelva a repetir.

- Te lo estoy diciendo y no me escuchas.

- Señorita ( nombre y apellidos completos) tienes razón no te escucho, ya que sólo dices excusas baratas y promesas que luego no se cumplen y a la vista está, la última vez te dije que sería la última sin consecuencias y así va a ser, ahora necesito darme una ducha, ya que antes no he podido, por el olor a pollo quemado que hacía todo el baño, y tú mientras te vas a ir a mirar un rato la pared y pensar en lo que te podía haber costado tu "descuido" cíclico y en lo que te va a costar ¿Está claro?

- Pffff me gustaría ponerme cómoda

- Ya tendrás tiempo, quítate la chaqueta y cara a la pared mientras me ducho, no voy a repetirlo. 

Se cruzó de brazos y no se movió.

- Cuento hasta tres...

No me hizo ni caso y ya terminó con mi paciencia, me levanté la cogí del brazo, me senté en el sofá y directa a mis rodillas. Nada más caer en ellas empecé a azotarla con ganas, por encima de los vaqueros que llevaba.

- No has querido por las buenas, muy bien, pues será por las malas. 

Le agarré los vaqueros por el cinturón y estiré hacia arriba para ceñirlos aún más, mientras seguía azotando la con ganas, durante un buen rato hasta que empezó a molestarme la mano. 

- Levanta.

Lo hizo.

- Voy a preparame la ropa para ducharme, si cuando vuelva no estás cara a la pared, te vas a pasar el fin de semana sin poder sentarte. Tu misma. 

Me fui a la habitación, me preparé la ropa y antes de meterme en el baño pasé por el comedor. Allí estaba pegada a la pared, con las manos sobre la cabeza. 

- Señorita ( nombre y apellidos completos) quiero ver ese culo expuesto ahora.

Empezó con una serie de todo tipo de quejas, gruñidos y soplidos.

- He dicho a-ho-ra!!!!.

Entonces empezó a desabrocharse los vaqueros y haciendo cierto contorsionismo descendieron a medio muslo. 

- El tanga también.

Otro soplido, pero también descendió. Tenía ya el culo bastante sonrosado a pesar de la protección de los vaqueros.

- Ni se te ocurra moverte y piensa. 

Me metí en el baño y me di una ducha larga, me sequé me vestí y fui de vuelta al comedor, allí estaba. Cogí una silla y la puse en el espacio entre la tele y el sofá, me senté y la llamé. El momento de girarse es siempre crítico, con la ropa a medio muslo y de frente no hay espacio para la intimidad y la sensación de vulnerabilidad es muy fuerte. 

Y así estaba, esa cabecita despistada, plantada frente a mí con toda la ropa pero más desnuda que sin ella. Y la mirada baja la delataba.

- Señorita (nombres y apellidos completos) has tenido un buen rato para pensar, así que mírame y respóndeme ¿ Que te has ganado hoy?

Se puso roja al instante, cogió aire profundamente cómo quien quiere coger fuerzas.

- Un castigo...supongo.

- Un castigo y muy merecido, no sólo por el "descuido" reincidente, además por tu actitud ¿ Y cuál va a ser el castigo?

Su cara aún se puso más roja...

- Pfffffff...

- ¿Cuál va a ser señorita?

- Una azotaina

- ¿ Y cuál es el motivo por el cual te voy a castigar cómo a una niña traviesa?

- Porqué me dejé la plancha del pelo encendida...

- ¿Sólo por eso?

Volvió a suspirar y se quedó en silencio.

- Nena ¿Sólo por eso?

- Supongo que también, por mi actitud 

- Supones bien y casi es más por eso, si en vez de desafiarme a sabiendas hubieras aceptado tu error, quien sabe, pero no, ese orgullo y tu culo no son amigos, ve a buscar el cepillo "baby"

- ¿ Qué?!!!!! 

Un azote en el muslo...

- No lo voy a repetir.

El cepillo "baby" es un cepillo de ducha para niños tiene el mango más corto que uno para adultos, lo que lo hace muy práctico para su uso sobre las rodillas, por lo demás es igual a un cepillo de ducha redondo. 

Caminó hasta el baño y me trajo el cepillo, fue a entregármelo pero le dije que lo sostuviera ella, frente a mí le bajé aún más los vaqueros hasta por debajo de la rodillas.

- Ponte y cuando te pida el cepillo me lo das.

Se tumbó en mis rodillas, sentado en la silla, la posición es bastante más incómoda e infantil para una adulta, la sujeté de la cintura con el brazo izquierdo y empezó el concierto de palmadas golpeando sus nalgas alternativamente, izquierda, derecha, derecha, izquierda, izquierda derecha, todavía lo tenía un poco caliente y no tardé mucho en calentarlo más y enrojecerle.

Entonces hice una pausa y empecé a acariciarle las nalgas y los muslos desde casi las rodillas hasta casi la espalda. Durante unos cinco minutos estuve sobándole el culo rojo y caliente.

- Dame el cepillo 

Me lo dio, se lo cogí, al ser un cepillo de niño, tiene las cerdas muy suaves y nada más cogerlo empecé a acariciar su piel enrojecida con ellas recreándome en las zonas más sensibles, terminé con unos golpecitos a lado y lado de los muslos para que separará las piernas y en cuanto lo hizo, el cepillo empezó a caer sin compasión sobre su culo expuesto, al ser pequeño y manejable podía afinar con absoluta precisión cada azote y me dediqué a la parte baja de las nalgas, del surco del glúteo hacia arriba, a pesar de su apariencia inocente, es terriblemente efectivo y unas pocas decenas de azotes fueron suficientes para dibujar dos círculos púrpura en esa zona y hacer que se retorciera en mis rodillas, momento de detenerme, dejé el cepillo en el suelo y empecé a pasar mis dedos rozando el contorno de esos círculos de fuego en su piel, un buen rato estuve así, el culo no era lo único rojo y palpitante que tenía, podía ver también sus labios hinchados y el brillo de la humedad entre ellos. 

- Levanta.

Cuando lo hizo me levanté yo también, la cogí de la mano y tiré de ella hasta la habitación, allí la puse frente al espejo.

- Mira bien el resultado de tu reincidencia y sobre todo de tu actitud y espero no tener que volver a castigarte por esto. 

La volví a coger de la mano y de vuelta al salón la dejé un rato mirando la pared otra vez, mientras fui a buscar la crema y una toalla que puse en mis piernas, entonces la llamé y sin decirle nada se posó en mis rodillas a por la sesión de crema aliviadora. 

Hasta que mis dedos empezaron a explorar, otras zonas que necesitaban también alivio de otra clase, un alivio placentero con el culo rojo.







jueves, 15 de enero de 2026

De ruta caliente.

 



Lo que son los caprichos del clima, sólo dos semanas antes había hecho mucho frío e incluso había hecho acto de presencia la nieve, en apenas unos días, del congelador hibernal, habíamos pasado a una especie de primavera adelantada, en un giro radical.

Por eso, planeamos para el sábado una salida a la naturaleza, aprovechar el buen clima y hacer una pequeña ruta. La idea era levantarnos pronto, prepararnos y salir, unas tres horitas de ruta y luego comer en un restaurante conocido de la zona.

Así que madrugamos, preparamos mochilas, nos vestimos, nos tomamos el café con la intención de desayunar algo más consistente en ruta y nos pusimos en marcha sobre las 8, teníamos una hora de coche hasta llegar al punto de partida, el viaje fue muy tranquilo, charlando y escuchando música en el coche, al llegar éramos el único coche que había en el improvisado parking, lo cual significaba que habría poca gente, aparcamos cogimos las mochilas y nos pusimos en marcha, sorprendentemente no hacía nada de frío a pesar de ser temprano, así que todo presagiaba una fantástica mañana en la naturaleza y digo presagiaba porque todo empezó a torcerse nada más llegar.

De repente todo empezó a venirle mal y las quejas. Que sí se había abrigado demasiado, cuando la había advertido de que la previsión daba temperaturas mucho más altas de lo normal para la época, a discutir en cada cruce, cuando tenía la ruta bien marcada, en fin esa actitud que gota a gota te va acabando la paciencia...

Una hora y media después más o menos llegamos a un lugar dónde había una fuente natural y habian habilitado una zona de picnic con unos bancos y mesas de madera en un entorno idílico, lugar ideal para hacer una parada y recargar. Así que nos sentamos a desayunar.

- Pásame el agua por favor

- ¿Que agua no he cogido agua?

- ¿Cómo?

- ¿Para qué? Si ahí tienes una fuente de agua potable.

- Joder, yo sólo bebo agua embotellada!!! Paso de beber ese agua a saber que bichos beben

- No vas a encontrar ningún agua embotellada más pura que esa, te lo aseguro, además si querías agua de botella haberla cogido...

- No puedo estar en todo!!!!

Resoplé, cogí una cantimplora, me fui hasta la fuente y llené.

- Hala, ya tienes agua embotellada

- Eso no es agua embotellada

- Nena...para ya, no sé qué te ha pasado, pero estás empezando a agotarme, bebe.

Entonces hizo algo que no me esperaba, cogió la cantimplora y la vació en el suelo.

- ¿Se puede saber que estás haciendo?!!!!

- No pienso beber este agua!!!!

- Pues yo si, así que ahora te levantas, vas a la fuente y vuelves con la cantimplora llena.

Siguió a lo suyo, dándole un mordisco a una de esas barritas de dieta. 

- Nena cuento hasta tres...uno, dos y tres...

Entonces hice algo que creo que tampoco esperaba. Me levanté, la levanté del brazo y nada más levantarla le solté un par de azotes en el culo, que la hicieron saltar.

- Ve a llenar la cantimplora, ahora!!!

- Paso...

Ante esa respuesta no me dejó más opción, un pequeño forcejeo y acabamos, yo sentado en el banco y ella en mi regazo, pataleando, quejándose y diciéndome que podía venir alguien.

- Me da igual quien venga, y si nos ve, a mí no me vacilas de esa manera.

Comencé a azotarla, con energía, llevaba unas mallas térmicas, por lo tanto gruesas, que amortiguaban bastante sobre todo el sonido, un par de minutos de azotaina seguida y dejó de patalear y moverse, pero mi mano no dejó de trabajarle el culo un rato más hasta que empezó a picarme y paré. 

- Levanta.

Se levantó, tenía el rostro encendido...

- Pon las manos en la espalda

- ¿Que vas a hacer?

- Ponerte el culo cómo un tomate...

- Santi...por aquí suele venir mucha gente...

- Ya te he dicho que me da igual, pon las manos en la espalda inmediatamente o voy a buscar una vara y no me costará mucho encontrar una por aquí.

La amenaza surgió efecto, y puso las manos detrás de la espalda, al instante le bajé las mallas a medio muslo y sin dudar ni instante también el tanga y de nuevo a mi regazo, allí al aire libre con el culo al fresco, aunque ya me iba a encargar de darle calor y eso hice. Hasta los pajarillos dejaron de cantar, con la ruidosa azotaina que le di, en medio de la naturaleza, hasta cansarme la mano, lo cual significa que acabo con el culo rojo cómo una cereza madura. 

- Levanta

En cuanto se levantó, la cogí del brazo y sin subirle la ropa, la llevé hasta un pino. 

- Aquí quieta,  hasta que termine de desayunar tranquilo y ni se te ocurra darte la vuelta, subirte la ropa o frotarte...

Ahí la dejé y me fui a terminar de desayunar, sin perderla de vista. Cuando terminé, llené la cantimplora y entonces me fui hacia ella, le subí el tanga y las mallas.

- Venga, nos volvemos.

La vuelta hasta el coche, fue en silencio y antes de lo previsto. 

Cargamos la mochila y nos montamos.

- ¿No es muy pronto para ir a comer?

Me preguntó.

- Es que nos vamos a casa ¿o crees que voy a llevar a una niña impertinente a un restaurante para que se porte mal? 

- Vale ya!!! 

- ¿Que has dicho?

- Nada...

- Veo que la mano sólo no es suficientemente efectiva, muy bien, pues prepárate cuando lleguemos a casa, y de momento el viaje de vuelta lo vas a hacer, con las mallas y el tanga bajados.

- ¿Que?!!!!

- Ya me has oído...

- Me pueden ver...Santi

- Te pones la chaqueta en las piernas y no lo voy a repetir, cómo tenga que repetirlo, en casa te pongo el culo morado con el cepillo de ducha.

Resopló pero empezó a bajarse los leggins y después el tanga, yo mismo le puse la chaqueta sobre las piernas y arranqué. 

Los primeros kilómetros eran por carretera secundaria, pero poco después ya estábamos en el autovía con poco tráfico. Y entonces mi mano derecha hizo una incursión por debajo de la chaqueta...

- Vaya ¿así estamos? 

No respondió, se puso roja...

- Echa el respaldo hacia atrás y separa las piernas...

Lo hizo y empecé a jugar con mis dedos en su sexo...

- No sé qué pensar. Igual tú actitud de antes, buscaba esto.

Durante algunos kilómetros la estuve masturbando a la vez que conducía, hasta que se corrió allí en el coche, con el culo rojo...el resto del viaje lo hizo así, con la ropa a medio muslo y muy húmeda. 

Al llegar la parking, le dije que se subiera la ropa antes, nos bajamos cargamos los trastos y entramos en casa.

Nada más entrar, y dejar las mochilas la cogí del brazo y la puse en el rincón, le volví a bajar la ropa y le dije.

- No he terminado aún contigo. Aún me tienes que explicar el motivo del comportamiento infantil de esta mañana. Así que aquí quieta y reflexionando.

Allí le dejé mientras deshacía las mochilas, cuando terminé, cogí mi silla, la puse en el centro del salón dejando el cepillo de los castigos al lado de mis pies y la llamé. 

Se acercó lentamente, hasta quedar frente a mí a un palmo de mis rodillas. 

- Y bien ¿cuéntame la lógica si es que hay de tu comportamiento infantil de antes que nos ha estropeado el día? 

Tragó saliva y empezó a balbucear...

- Es que...la dieta...me tiene bastante ansiosa...

- Ya...¿Y yo que tengo que ver con eso? Ya te di mi opinión, pero la decisión es tuya.

- Lo siento...

- ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Está bien, es el momento de conversar con esto

Le dije cogiendo el cepillo y mostrándoselo.

- Creo que te entiendes bastante bien con el, así que ya sabes, presenta bien el culo en mis rodillas. 

Suspiró profundamente antes de colocarse. Cuando lo hizo,la sujeté enérgicamente de la cintura y le dije.

- ¿Por qué te voy a castigar ahora?

No obtuve respuesta alguna y automáticamente le di una docena de azotes con el cepillo... paré y repetí la pregunta.

- Pffff porque me he comportado cómo una niña - contestó casi susurrando-

Entonces le di una docena de azotes más

- ¿Y que te pasa cuando te comportas así?

- Que me castigas...

- ¿Cómo te castigo?

Otro suspiro y otra docena de cepillazos.

- ¿Cómo?

- Me das unos azotes en el culo...

- Eso es, te pongo el culo ardiendo y de paso te enfrío el orgullo...¿Verdad?

No la dejé contestar, le di otra docena más de azotes y al terminar tenía ya el culo bien rojo y seguro que palpitante. 

- Bien, espero que hayas aprendido la lección y que sea la última vez, que tengo que modificar unos planes por tus tonterías, ahora ve a darte una ducha, te pones el pijama, que estás castigada y cuando vuelvas me traes la crema y el plug. 

Se levantó si decir nada. Un rato después se presentó frente a mí duchada, con el pijama puesto y en una mano la crema y en la otra el plug. Le hice bajarse el pantalón del pijama frente a mí, volver a tumbarse en mi regazo, le puse un poco de crema y después le hice separarse los cachetes del culo bien rojos y le puse el plug. 

- Ya sabes que pasa después de una azotaina ¿Verdad? Pues quiero verte cara a la pared, exhibiendo tu culo bien rojo un rato.

Le di una palmadita, se levantó, caminó torpemente con el pantalón del pijama en los tobillos, manos sobre la cabeza y allí castigada un rato. 





sábado, 13 de diciembre de 2025

El dilema

 




Estar cara a la pared siendo adulta es abrumador. Aún en un contexto hogareño e íntimo, imagino que igual es menos impactante. Pero vestida de calle y llegada cómo una niña traviesa del brazo a mirar la pared es otra historia. Con lo mona que se había puesto, con faldita corta, medias y botas, para verse cómo una niña mala cara a la pared.


-Señorita , el rincón de pensar, es para pensar y quiero que pienses bien sin prisa. Cuando hayas tomado la decisión me lo dices y podrás salir 

Una de las cosas que más libera de ceder el control, es no tener que decidir, por eso descoloca tanto, cuando la pones en la tesitura  de decidir. Su cabeza tenía que asimilar muchas cosas, haber sido regañada cómo una niña traviesa, castigada cara a la pared y tomar esa decisión. Por cierto, dilema nada fácil el que tenía 


" Te doy a elegir entre dos opciones. Algo rápido, instantáneo e intenso o algo más suave, largo en el tiempo y tedioso" 


Allí con la nariz pegada a la pared, imaginaba que empezaba a valorar pros y contras


La primera opcion estaba bastante clara, recibir una zurra en el culo. Realmente debe bastante humillante, que te zurren el culo, siendo adulta,  además conociendo mis métodos, sabía que no serían 20 azotes y ya. Sería una zurra larga e intensa, hasta asegurarme que se arrepentía sinceramente. En el mejor de los casos me iría a la cama con el culo caliente, en el peor estaría unos días sin poder sentarme cómodamente.


Castigarla  una semana, tenía menos carga de vergüenza, podía ser una castigo tipo sin salir, sin tele, sin móvil , a una hora a la cama, pero lo más seguro que incluyera también alguna tarea pesada y supervisada.


¿ Cual opción es mejor, una experiencia muy vergonzosa, dolorosa, pero breve y tras la cual llega el perdón? ¿O ahorrarse la vergüenza y el dolor, pero a cambio tener que hacer penitencia de culpa a fuego lento hasta obtener el perdón?

A lo tonto hacía ya por lo menos 15 minutos que estaba es la reflexión y decidí que habría que ir decidiendo ya

- Baby...una cosa es que quiera que lo pienses bien y otra distinta estar así hasta mañana. Si en 5 minutos no has decidido nada, decidiré yo

Pasaron los 5 minutos 

- Baby, ya han pasado más de 5 minutos, ven aquí. 

Salió del rincón de pensar y caminó despacio hacia mi 

- ¿Que has pensado? Porque si no has pensado nada, no tendré inconveniente en decidir por ti. Tienes que entender que no voy a tolerar según que comportamientos y actitudes y menos aún en público, ya no eres una adolescente, por lo menos eso dice tú edad. Estoy cansado que me desafies, que te saltes las normas cuándo te viene en gana y de ciertas actitudes digamos que caprichosas. Si lo que quieres es mano dura y disciplina la tendrás y no me va a temblar la mano para ejercer mi papel, siempre que sea necesario. Y ahora dime que has pensado.

- Pffff es que no lo tengo claro.

- Ningún problema ya te ayudaré yo a decidir...Desnúdate el culo.

- Joder!!!! Si aún no he decidido.

- ¿Que has dicho?

- Perdón se me ha escapado.

- Levántate la falda, bájate las medias y las braguitas, ahora. 

Se empezó a levantar la mini vaquera bajo mi atenta mirada, desde el sofá. Al conseguir que quedara levantada, se bajó las medias hasta las rodillas y después las braguitas.

- Las manos en la cabeza.

Lo hizo. Me levanté y fui a por una silla, me senté y le indiqué que se tumbara en mi regazo. Nada más tumbarse la agarré de la cintura con la mano izquierda y le di una rápida azotaina en frío de un par de minutos, hasta dejarle el culito bien rosado. 

- Ya te has ganado un castigo extra, bueno dos. Coge la silla ponla en el rincón y te sientas con las manos sobre la cabeza. 

Me levanté, cogió la silla, la puso en el rincón se sentó. Yo fui al baño a por una cosa y de vuelta me fui hacia ella.

- Abre la boca..

- Pffffff

- Baby si vuelves a resoplar te prometo que no te vas a poder sentar en una semana. Abre la boca.

Lo hizo, metí media pastilla de jabón en su boca.

- Muerde. Escúchame bien, esto es por la contestación de antes. Te doy 3 minutos para decidir, que castigo eliges. Que te caliente el culo o una semana castigada Ahhh y ni se te ocurra escupir la pastilla de jabón. 

Me senté a esperar, a los pocos segundos de tener el jabón en la boca, empezó a babear. Pero así la tuve 3 minutos.

- Ve a enjuagarte y cuando estés vienes.

Se levantó y pasó lo más rápido que pudo con la ropa a medio bajar . Unos 5 minutos más tarde, tras varias enjuagadas la tenía frente a mí.

- ¿Y bien has tomado alguna decisión?

- Si...

- ¿Cual? 

- El castigo corto 

- Mmmm ¿Cual era el corto, refrescame la memoría?

Se puso roja y bajó la mirada.

- La azotaina...

- De acuerdo. Baby, debería darte vergüenza que tenga que calentarte el culo, como a una niña caprichosa e impertinente. Aunque reconozco que contigo es bastante efectivos, al menos durante unos días. Eso sí, no creas que va a ser un jueguecito calentito, va a ser un castigo de verdad y créeme que voy a asegurarme que aprendas la lección. Cómo no va a hacer falta calentamiento, te vas a la habitación, abres el armario, coges el cinturón de castigo y la regla de madera y lo dejas todo sobre la mesita. Te quitas las botas, sólo las botas, pones las almohadas y te tumbas boca abajo, culo arriba y cara abajo y esperas quieta y en silencio a qué vaya a castigarte ¿Está claro?

Yo sabía que el mero hecho de mandarla a la habitación y que preparara la escena, ya era muy perturbador para ella. Además pensaba tenerla un rato allí esperando, que sintiera el aire fresco en la piel, que pronto iba a quemar, que se sintiera pequeña, vulnerable y castigada, pero a la vez estaba seguro que también sentiría un cosquilleo entre las piernas y un arroyo fluyendo entre los labios. 

Así que alargué un rato esa espera, cuando finalmente entré en la habitación allí estaba, tal y como la había dicho, la escena me parecía muy erótica y se sensual. Pero a la vez, debía ejercer y bajarte los humos. Me fui a por la regla y dándome golpecitos en la mano, le dije.

- No voy a permitir más que a estas alturas, sigas desafiándome y desobedeciendo. Dime ¿Por qué estamos aquí y hemos llegado a este punto?

Se hizo un instante de silencio. 

- Porque he tenido una actitud desafiante y maleducada contigo 

Me dijo enterrando la cara en las sábanas.

- ¿Y que te mereces, cuando te comportas así?

- Que me castigues

- ¿Y te parece medio normal, que a tu edad tenga que castigarte así, cada dos por tres?

- No, Daddy ...

- Pues a ver si está vez es la definitiva. Serán dos docenas con la regla y después dos docenas más con el cinturón, las vas a contar y vas a dar las gracias cada azote ¿Entendido?

- Si...

- Y no creo que sea necesario recordarte que quiero ver ese culo travieso bien presentado y levantado.

En ese momento empezó a hablar sólo la regla de madera de 18 pulgadas (45,8 cm) y su voz contando 

- Uno, gracias Daddy por corregirme, Dos, gracias Daddy por corregirme...Así hasta el número doce. En el que hice una pausa para irme al otro lado de la cama. Y continuar el castigo con la segunda docena con la regla. Al terminar le dejé sobre la mesita y cogí el cinturón, lo doblé y cambió el registro del diálogo. Usar en la misma azotaina madera y cuero, hace que las sensaciones sean distintas, la madera pica, es un dolor más del tipo sordo, aunque la regla no es tan temible cómo el cepillo, preciso e insistente. Después de dos docenas ya se nota bien. El cinturón es todo lo opuesto, su picadura es más aguda, y más que picar escuece. Además me apliqué con especial "cariño" con el cinturón. Usando el mismo sistema, un docena desde un lado y la siguiente desde el otro, así me aseguraba que ambas nalgas recibirían por igual.

Al terminar, guardé los instrumentos y estuve un par de minutos, mirando los efectos del castigo y otros secundarios que eran perfectamente visibles. 

- Baby, te doy cinco minutos, te quitas esta ropa, te pones el pijama y unas braguitas de casa y vienes al salón. 

Me fui a esperar. Hasta que apareció, con el pijama ya.

- Ven aquí Baby...

La miré cuando estuvo frente a mí y me entendió a la primera. Puso las manos en la espalda y le bajé el pantalón del pijama y las braguitas.

- Bien ¿Tienes algo que decir? 

Cogió aire y con voz aniñada dijo.

- Te pido perdón por haberme comportado así, voy a intentar que no se repita y muchas gracias por estar siempre atento y corregirme cuando lo merezco.

- Bueno parece que el tratamiento está siendo efectivo de momento. Siéntate aquí.

Le dije dándome unas palmaditas en las piernas. Muy despacio se sentó y más que sentarse, apoyó los muslos y dejo el culito colgando, se abrazó a mí y nada más hacerlo empecé a acariciarle el culo muy suavemente, lo notaba caliente y en algún punto algo hinchado, en un determinado momento, metí la otra mano por dentro de la camiseta y empecé a acarciarle muy despacito los pechos, enseguida reaccionaron y los pezones se pusieron duros, y más cunado empecé a jugar con ellos, ahí la mano del culo, empezó a jugar también pasando un dedito por el surco entre los labios, que estaba totalmente inundado, sigo con una mano en el pecho y la otra en tu sexo, la relajación se va volviendo excitación, cada vez más excitada, juego alrededor del clítoris y luego te meto un dedo, después dos, ahora ya no son caricias suaves, es pura lascivia, pero cada vez que noto que te aceleras bajo el ritmo, eres como una muñeca en mis manos, que sólo gozas lo que te yo te permito, porque tengo el control absoluto de tu,  te susurro al oído.

- Eres una niña cochina, que nada le gusta más que la toquen después de ponerle el culo cómo un tomate..

Mis palabras te excitan más aún y sigo un poco, pero vuelvo a parar y te digo.

-Sabes que estás castigada y tienes prohibido correrte hasta que te dé permiso.  Es más que no me entere yo que te masturbas sin mi permiso, porque entonces sí que recibirás como nunca.  Hoy tiene irás a dormir caliente, frustrada y con sobredosis de vergüenza encima, para que aprendas la leccion

Así que te levantarás de mi regazo, y te tumbas boca abajo en el sofá, que voy a ponerte crema antes de dormir.

Cachonda y empapada, pero sin orgasmo, se levantó, yo detrás, se tumbó boca abajo en el sofá y yo fui a por la crema y algo más.

De vuelta,  me senté en un hueco del sofá, junto a sus piernas, dejé caer dos buenos chorros de crema uno en cada nalga y empecé a extenderlos bien y una vez extendidos , estuve un buen rato masajebadole las nalgas para que se absorbiera bien la crema.

- Ya casi estamos Baby...

Cogí algo del bolsillo, lo lubriqué, cuando estuve con la mano izquierda le separé las nalgas y le dije. 

- Esto es lo más parecido al placer que vas a tener unos días, te lo pondré cada noche, hasta que te levante el castigo.

En ese momento el plug terminaba alojar el plug en su culito. Le di un beso en cada cachete, la hice levantarse, le subí las braguitas y el pijama, me levanté la cogí de la cintura, le di un beso y le dije 

- Y ahora prepárate para ir a la cama 




 



















 


 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Malas contestaciones (Por E.)

 




Llevaba varios días nerviosa. Tenía una presentación importante y le generaba ansiedad. 

La tenía bien preparada, pero últimamente le costaba más hablar en público. No sabía bien la razón, pero se ponía nerviosa y era algo que la preocupaba.


Ese día estaba especialmente tensa. Había dormido mal, el trabajo había sido especialmente pesado y, para variar, el tren de vuelta iba con retraso.


Habían quedado a media tarde para ir a elegir un sofá nuevo. Era lo último que quería hacer esa tarde, pero se les echaba el tiempo encima.


Llegó de mal humor. Nada más verla él lo supo. No paraba de moverse, nada la convencía, todo eran pegas.

Él intentó calmar las cosas pero no tuvo mucho éxito.


Ya le tuvo que dar un toque tras contestar un poco mal a uno de los vendedores.


- Nena ya! Contrólate que la gente no tiene la culpa de tu mal día.


Parecía que ese toque había bastado, pero la realidad fue muy distinta. 


Llevaban ya tres tiendas vistas y nada. Él sabía que así no iban a comprar nada y le planteó ir a casa y volver otro día.


- No tenemos tiempo Santi, tiene que ser hoy!!


- Nena, sabes de sobra que hoy no va a pasar. No perdamos el tiempo ninguno y volvemos el fin de semana.


- Yo tengo que trabajar el fin de semana Santi! Vamos a comprar de una vez el puñetero sofá! - su tono se elevó más de la cuenta. Lo bueno es que apenas había nadie en la tienda.


Él la cogió fuerte de la mano y tirando de ella se la puso enfrente y muy serio le dijo.


- Se acabó aquí, me has oído?


Normalmente eso era suficiente para hacerla controlarse, pero ese día su nivel de estrés estaba demasiado alto y estalló.


- Cállate y déjame en paz!


Se dió cuenta de la gravedad en cuanto lo soltó por la boca, pero era ya muy tarde.


- A casa!


Empezó a caminar en dirección al coche con ella cogida de la mano intentando seguirle el ritmo.


- Santi...


- En silencio!!


Llegaron al coche, le abrió la puerta, la sentó y se fue a su sitio. No puso ni la radio ni nada. Iba muy serio.


Ella iba nerviosa, sin embargo ya empezaba a notar cómo el estrés del día iba bajando. Ya estaba él al mando, ahora solo tenía que obedecer y ceder el control por un rato era muy liberador aunque era consciente de que él no iba muy contento...


Al llegar al parking misma operación. Salió del coche y la cogió de la mano. En el ascensor silencio absoluto. Ella no sé atrevía a mirarlo. 


Al entrar en casa directo al asunto.


- Ponte el pijama, quítate el maquillaje, te recoges el pelo y directa al rincón. No quiero oír ni una mosca.


No se le ocurrió rechistar. Se cambió de ropa, se fue al baño, se desmaquillo y se hizo un semirecogido sencillo.


Al salir no lo vió, pero se fue a su rincón de pensar.


Se sentía un poco culpable por haberle contestado así...pero en ese momento tenía una extraña sensación de bienestar. Se empezó a olvidar de la charla, del trabajo, del trasporte...solo había una cosa en su cabeza. Él al mando.


Él decidió darse una ducha para relajarse un poco. En esos días en que ella estaba tan difícil debía mantenerse frío. Se ponía tan provocadora que más de una vez tuvo el impulso de ponerle el culo rojo en público.

Al salir se puso cómodo y fue a buscarla.


Al entrar al salón la vió. Estaba en el rincón, de cara a la pared, con las manos a la espalda y con el pijama corto de verano. 

Sabía perfectamente lo que necesitaba. 


Se acercó a ella. Nada más notar su presencia bajó la cabeza y se hizo aún más pequeña.


Le agarró el cachete de culo fuerte con su mano derecha.


- Parece que cierta señorita ha olvidado las normas básicas de educación!


- No Daddy...lo siento...


Primer azote. 


- En silencio! Mientras que estés en el rincón en silencio!


- Toda la tarde provocando. De mal humor, con pegas para todo, impertinente con el vendedor... así te comportas ahora?


Se mantuvo callada.


- Como una niña pequeña cuando está cansada?? 


- Daddy...


- No Baby! No voy a consentirte esos comportamientos, ya lo sabes! Y desde luego lo que no voy a consentir es la contestación del final. 


Se dirigió al sofá y se sentó. 


- Ven aquí.


Salió del rincón y se acercó sin mirarlo.  Se quedó un poco alejada.


- Aquí! - se señaló entre sus rodillas 


- Mírame.


No podía...


- He dicho que me mires, vamos!


Con la cara roja lo miró. 


- Repíteme la última frase que me has dicho en la tienda 


- Daddy...


- Lo tengo que repetir?


Le costó un rato, pero al final lo dijo.


- Cállate y déjame en paz...- a medida que decía la frase iba perdiendo voz.


- Es esa forma de hablarme?


- No...


- A Daddy se le manda callar? 


- No...


- Y hay alguna justificación?


- Estaba cansada y se me escapó....


- Se te escapó... ajá...


- Y sabes lo que se me escapa a mi cuando te comportas así Baby?


Su cara cambió y puso un puchero para intentar ablandarlo.


- Lo siento Daddy...he tenido muy mal día...


- No es excusa. Si has tenido un mal día lo hablas, me lo explicas, pero no te comportas como una malcriada.

Ya sabes lo que va a pasar ahora, verdad?


- Sí...


- Dímelo.


- Que me vas a castigar...


- Y es merecido?


Sentía tanta vergüenza que era incapaz de mirarlo. Con sus manos se agarraba el pantalón del pijama nerviosa.


- Sí Daddy...


- Muy bien. Bájate el pantalón del pijama.


Obedeció. Se los bajó y los dejó caer hasta los pies. 


- Y ahora las braguitas. Hasta medio muslo. 


Ésto le costó más, pero metió sus manos por los laterales y se las bajó hasta donde le había indicado.


- Mírame.


Levantó su mirada hasta hacerle contacto. 


- Así te tengo que poner para que te calmes y obedezcas?


Bajó la mirada de nuevo. Ahí recibió el primer azote.


- He dicho que me mires.


- Te da vergüenza?


- Sí...


- A mi también me la daría que me tuvieran que castigar por tener una pataleta a mi edad!


- En casa hay unas normas Baby, y la falta de respeto no se tolera, y hoy lo vamos a dejar bien clarito. Ven aquí.


La tumbó sobre su pierna izquierda con su cuerpo echado sobre el sofá. Su pierna estaba apoyada en el bajo de la mesa y estaba más alta, lo que la dejaba con el culo bien ofrecido 


Le acarició sus nalgas blancas durante unos segundos y enseguida empezó con los azotes. 

No tardó mucho en empezar a colorearle el trasero. Su mano caía severa sobre su culo marcando sus dedos en su piel.


- Última vez que me mandas callar, me has entendido?


- Sí Daddy ... Lo siento...


- Lo vas a sentir Baby ...espera a que acabe...


Ella empezaba a llorar bajito. Le dolía el culo, no hacía mucho que había recibido otra azotaina y todavía tenía el recuerdo, pero sabía que ese día no iba a salir tan fácil de aquello...


Estuvo un buen rato aplicándose bien con la mano. Ella se movía y a veces intentaba cubrirse con la mano, pero él lo impedía.


Cuando ya tuvo suficiente paró. 


- Esto es lo que pasa cuando no sabes comportarte Baby ...


Se oía su llanto y su respiración.


- Duele...


- La próxima vez que quieras montar una pataleta acuérdate de esto. Levanta.


Se quedó de pie delante de él. 


- No es tan divertido portase mal, verdad?


Bajó los ojos. 


- Espérame aquí. Y nada de frotarse el culo 


Salió del salón. Ella le oía moverse, pero sin saber qué esperar. 

Enseguida le escuchó volviendo. Se sentó de nuevo y dejó a un lado la paleta de madera y el plug.


- No Daddy ...


- Sí Baby. Daddy te castiga cuando lo necesitas y te pone el plug cuando lo necesitas también, y hoy te has ganado las dos cosas. Vamos, ponte en tu sitio.


- Daddy... - se echó hacia atrás.


- Quieres estrenar la vara? Porque si tengo que ir a buscarte lo harás...


Resignada se tumbó sobre su pierna izquierda. 


Le escuchó manipular el plug y ponerle lubricante.

Enseguida notó su mano izquierda en sus nalgas y la presión del plug en su culo.


- Respira hondo y relájate...


Que le pusiera el plug era un plus de rendición. Era asumir del todo que ahí el que mandaba era él y que ella solo obedecía. 


Cuando se lo puso le separó las nalgas dejándola expuesta. Ella hizo un mohín avergonzada.


- Te da vergüenza?


- Sí...


- Más vergüenza me ha dado a mi llevar a una cría de 41 años de tiendas!


Expuesta así se veía no solo el plug llenando su culo, sino sus labios hinchados y con un brillo evidente entre ellos.


Cogió la paleta y le dió un par de azotes de prueba para medir la distancia.


Pronto cayó el primero.


- A Daddy se le manda callar?


- No...


- Que sea la última vez Baby! 


- Sí Daddy...


A continuación vino una buena tanda de azotes con la paleta. Le costaba estarse quieta, tanto que le tuvo que bloquear las piernas con su derecha.


- Estate quieta Nena o empezaremos de nuevo.


- Duele...


- Claro que duele! Hoy vas a aprender bien la lección!


Ya lloraba más alto, intentaba moverse para esconder su trasero, pero la tenía bien sujeta.


- Daddy, por favor...


- No quiero niñas malcriadas en casa! 


- Daddy ...


- Cuando te pones así solo hay una cosa que funciona Baby, unos buenos azotes ya dormir con el culo calentito!


- Lo siento Daddy... Por favor...


Hizo un parón.


- Qué sientes?


- Haberme comportado como una niña malcriada Daddy...


- Y qué necesitas cuando te pones así?


- Que Daddy me ponga en sus rodillas y me caliente el culo...


- Es la única forma en la que aprendes?


- Sí Daddy...


- Y qué más hace falta?


- Que Daddy me ponga el plug...


- Para qué?


- Para recordarme quién manda Daddy...


Le volvió a separar las nalgas dejándola expuesta de nuevo 


- Sí Baby. En casa Daddy manda y tú obedeces, y si te portas mal ya sabes cómo acabas, o no?


- Sí Daddy ...


- Qué tienes que decir?


- Que lo siento Daddy....no lo volveré a hacer...


- Muy bien Baby. Si hay próxima vez estrenarlas la vara y me da igual los llantos que haya, está claro?


- Sí Daddy...


- Muy bien. Te voy a dar los diez últimos y vas a contar y a repetir. " No volveré a decirle a Daddy que se calle nunca más" Lista?


- Sí Daddy ...


Uno tras otro completó los diez. Entre lloros repitió la frase y llegó al final. 

Le ardía el culo, pero sentía una calma interior que no había tenido en todo el día. 


Le quitó la pierna derecha de encima y ahora sí, empezó a acariciarle el culo. Estaba caliente y muy, muy rojo. 


- Te va a dejar marca unos días...


Ella se dejaba hacer, ahora mucho más relajada.


- Tienes que aprender a gestionar mejor el estrés...


- Lo siento Daddy...


- Lo sé Nena...


- Ahora quiero que te pongas en el rincón mientras preparo la cena, de acuerdo?


- Sí Daddy...


- Y después de cenar a la cama a dormir.


- Daddy...son las ocho...


Media docena de azotes fuertes cortaron la queja.


- Aún tienes ganas de contestar Baby?


- No Daddy...- se cubrió el culo con las manos 


- Las manos delante!


- La pataleta de hoy es porque estás muy cansada. Duermes mal, estás nerviosa y eso te hace descontrolar, así que hoy después de cenar a la cama. Está claro?


Recalcó el mensaje con media docena más.


- Sí Daddy...


- Pues venga, al rincón!


Se levantó y se colocó en su sitio. 


- No nena, cuando tienes el plug puesto sabes que quiero verlo, así que inclínate, saca el culo y ya sabes dónde van las manos.


Llevó sus manos a su trasero y con mucha vergüenza separó sus nalgas para dejar a la vista unos de sus castigos . 


- Y quieta así hasta que venga a buscarte. 


Tardó unos veinte minutos en preparar la cena. Al volver al salón la encontró en la misma posición.


- A la mesa.


Al girarse vio la mesa puesta y una toalla en la silla. Eso significaba que cenaría con las braguitas bajadas.


Ambos se sentaron a cenar en silencio. Después de un castigo a ella le costaba hablar, aún estaba con todas las emociones muy intensas. 

Él le tuvo que insistir un par de veces en que se colocará bien y se comiera todo. 

Al acabar la hizo recoger la mesa y enseguida la mandó al baño.


- Daddy...


- Obedece. 


En el baño pudo mirarse bien el culo en el espejo. Había pasado casi una hora, pero seguía bien marcado. Y no pudo evitar mirar el plug. Se excitó de nuevo. 


Al ir a la habitación lo vió con la crema esperándola.


- Has aprendido la lección?


- Sí Daddy ...


- Vas a portarte bien?


- Sí...


- Ven aquí anda...


La tumbó sobre sus rodillas y empezó a masajearle bien el culo con la crema.


- Está muy rojo Daddy...- sonaba mimosa.


- Te lo has buscado tú solita Baby...o no?


- Sí Daddy...


- Me vas a volver a contestar así?


- No...lo prometo...


- Eso espero...o qué pasará?


- Que estrenaré la vara Daddy...


- Eso es...te marcaré bien este culo travieso con la vara y acabarás llorando.


- Voy a ser buena...


- Eso espero...


Siguió con el masaje un rato, y ella cad avez estaba más y más excitada. Se movía sobre sus piernas y gemía cada vez más alto...


- Daddy...


- Dime nena...


No dijo nada, pero abrió sus piernas mostrando lo que quería.


Él llevó su mano a su coñito y encontró lo que esperaba. Estaba empapada.


- Y esto Baby?


- No lo puedo evitar Daddy...


- Y qué quieres que haga? 


- Que juegues conmigo Daddy...por favor....


- Eres una descarada, lo sabes?


Le dió un par de azotes.


- Sí...pero lo necesito Daddy...juega conmigo...


Llevó dos dedos entre sus labios y empezó a recorrerlos suavemente. Resbalaban...


- Así Baby...?


- Sí...- de nuevo la oía gemir.


- Así que acabas con el culo rojo, el culo lleno y mi niña lo que quiere es que le meta los dedos?


Le introdujo el par de dedos de golpe notando su interior caliente y húmedo.


- Sí Daddy...por favor...


Empezó a mover los dedos dejando oír el chapoteo.


- Escúchate cómo estás! Dime, qué es mi niña?


La escuchó respirar profundo ... Sabía que lo que le pedía le daba mucha vergüenza, pero a la vez la excitaba más.


- Vamos Baby, dime, qué eres?


Intensificó el movimiento.


- Una cochina Daddy...


- Eso es...mi niña es una cochina que moja las bragas cuando Daddy se pone serio, verdad?


- Sí Daddy...


- Porque, quién manda aquí Baby?


- Tú Daddy ...


- Y quién pone orden cuando te descontrolas Baby?


- Tú...


Le costaba hablar. Los jadeos eran cada vez más intensos.


- Y eso te pone cachonda?


- Sí Daddy ... Me voy a correr...


Sacó los dedos de inmediato y le dió una docena de azotes bien fuertes sobre sus nalgas ya doloridas.


- Esa es forma de pedirlo Baby? Daddy no te ha enseñado bien...?


- No Daddy ... Por favor....


- Por favor qué?


- No pares Daddy...por favor...


Volvió a meter sus dedos en su interior mientras que con su palma le frotaba por fuera


- Daddy ...me puedo correr por favor...? 


- Mi niña cochina parece que aprende...


- Por favor Daddy...


- Córrete nena...


Y explotó de placer en su interior. Un orgasmo intenso le recorrió entera. 

Él poco a poco fue bajando la intensidad de sus movimientos y la dejó recuperarse sin prisa.


Tras un rato de mimos la llevó al baño, le quitó el plug y la metió en la cama en camiseta nada más. 


- Descansa Nena, que ha sido un día muy largo ...


Y así la dejó acostada a las diez menos algo de la noche, sin protestar y muy, muy relajada....












sábado, 15 de noviembre de 2025

El texto




- Cómo que no has escrito el texto? 

Le pregunté con cara de asombrado. 

- Es que no me ha dado tiempo...

La escena ocurría en el salón, ella acababa de llegar, yo había llegado un rato antes, me había dado tiempo de darme una ducha y ponerme cómodo, y relajado y paciente la había estado esperando en el sofá. Allí estaba cómo tantas otras veces de pie frente a mí, con aquellos vaqueros rotos, que dejaban ver algo de piel.

- No me digas que no has tenido tiempo, has tenido una semana.

- Ya, pero cada vez que me he puesto a hacerlo, ha pasado algo.

- Menuda coincidencia.

- El fin de semana me pongo, te lo prometo.

- No, el plazo terminaba hoy.

Y es que el texto que le estaba pidiendo, formaba parte de un castigo. Tenía que escribir un texto descriptivo sobre las sensaciones del jengibre y leermelo. Había tenido una semana de plazo y no tenerlo listo pasado el plazo, significaba una falta muy grave cómo incumplir un castigo.

- Ayer te pregunté y me dijiste que hoy lo tendrías, que ha pasado?

- Pues...que me ha surgido un imprevisto 

- Ir a tomar café o lo que hayas hecho es un imprevisto?

- Pfffff no te enfades, te prometo que mañana lo escribo.

- Yo no me enfado, de hecho me resulta hasta gracioso, tu tendencia a procrastinar, esto viene del fin de semana pasado, si te hubieras puesto el fin de semana, esto no hubiera pasado. Además mucho más fácil porque lo tenías más fresco en la memoria. 

- Tal vez si hubieras insistido más

- Nena!!! No eres una niña, creo que ya tienes una edad para no tener que andar encima de ti y sobre todo para aceptar consecuencias.

Ahí empezó a morderse el labio inferior y sonrojarse levemente.

- Tranquila que no voy a calentarte la cabeza con ningún sermón. Sabes perfectamente cuál es la consecuencia de incumplir una tarea asociada a un castigo, o no?

Ahora ya estaba más ruborizada.

- Te he hecho una pregunta 

- Si 

- Si, qué?

- Se cual es la consecuencia 

- Y cual es?

- Pfff...un castigo severo 

- Desde luego que esa va a ser la consecuencia, así que vas a preparar todo para tu castigo. Ve a buscar la silla roja, la libreta y el bolígrafo, lo dejas todo en la mesa, cuando termines, tu misma prepara un buen dedo de jengibre y lo dejas en la cocina y cuando lo tengas de camino para en el baño y trae el cepillo, el que más odias. Está claro?

- Y no podemos hablarlo 

- No y no tientes a la suerte que todo es susceptible de empeorar.

- Puedo cambiarme de ropa?

- No, se me está acabando la paciencia.

Resopló, pero se dió media vuelta y desapareció por el pasillo, cuando volvió a aparecer llevaba consigo la silla roja, el cuaderno y el bolígrafo que dejó junto a la mesa, sin decir nada se volvió a perder, la escuchaba en la cocina y me la imaginaba pelando un buen trozo de jengibre a sabiendas de dónde acabaría. Finalmente escuché sus pasos acercarse una pequeña pausa y otra vez más cerca en dirección a mí. Entró en el comedor, yo seguía sentado esperando pacientemente, sin mirarme me alargó la mano, y cogí el cepillo, realmente no era un cepillo del pelo, era de cepillar ropa, con forma ovalada y bastante alargado, de buena madera y temido por su efectividad y precisión. Cuando me lo dio, lo dejé en el brazo del sofá. Le indiqué el hueco entre mis piernas, suspiró y se acercó. 

- Las manos sobre la cabeza.

Lo hizo acompañado de un suspiro, y nada más hacerlo empecé a desabrocharle los vaqueros rotos.

- Pffff sin calentar ni nada?

- No estás en condiciones de elegir desde el momento que elegiste incumplir un castigo.

Empecé a estirar los vaqueros hacía abajo cómo pude con paciencia a partir de las rodillas fue imposible y simplemente allí se quedaron vueltos como un calcetín. Le levanté la camiseta y de un tirón le bajé el tanga, entre alguna queja. 

- Pon el culo sobre mi pierna izquierda 

Eso significaba, que si bien el pecho y la cara las podía apoyar en el sofá, los pies permanecían en el suelo. Se colocó, pasé mi pierna derecha por encima de las suyas y mi brazo izquierdo rodeando su cintura, bien sujeta. Entonces empecé a acariciar su piel desnuda, suave y fría, frotamiento que de vez en cuando alternaba con un cachetito.

- Ya sabes que la consecuencia a incumplir un castigo, siempre es en forma de otro castigo más severo y por supuesto no te exime de tener que cumplir el anterior.

En ese momento mi mano empezó a calentar su culo, al empezar directamente desprotegido, empecé despacio y suave, repartiendo bien, pero continuado y aumentando un poco la intensidad cada x tiempo. Poco a poco la piel de las nalgas se le fue sonrosando al ritmo de las palmadas, haciendo que éstas también aumentasen la intensidad, hasta llegar a ese ritmo de castigo, con palmadas constantes y alternas que además suenan tan bien. Y el rosa se fue volviendo rojo. Momento en el que aún la sujeté más fuerte de la cintura, para seguir con un punto más de velocidad, hasta dejárselo bien rojo, unos diez minutos después de haber empezado. 

Sin soltarla cogí el cepillo que reposaba en el brazo del sofá.

- Te escurres, levanta bien el culo 

Se movió un poco ofreciéndome más sus nalgas sobre mi pierna. Empecé a cepillarle las nalgas, pasando muy suavemente las cerdas del cepillo por su piel roja, caliente y sensible. Hasta que me cansé le di la vuelta al cepillo y empecé a acariciar la con la lisa y dura madera. Hasta que aún la sujeté con más fuerza de la cintura y tirando un poco hacia arriba, empecé a castigarle el culo a base de cepillo. Si me gusta este arma es porque no es necesario aplicar apenas fuerza, sólo por insistencia es muy efectivo y preciso, te permite acertar siempre dónde quieres dar y mi objetivo era la mitad inferior de las nalgas. No tardé mucho tiempo en dibujarle dos círculos en cada cachete visiblemente más rojos que el fondo. Hice una pequeña pausa antes de seguir, dibujando el contorno de los dos círculos con la yema de mi dedo y así darle un respiro. Cuando me puse otra vez aumenté un poco la fuerza y la velocidad, pero muy poco, cada golpe el círculo se volvía un instante blanco, para al momento coger aún más color y ya no me detuve hasta que los dos círculos estaban más cerca del morado que del rojo y ella empezaba a dar síntomas de estar en el límite. 

Dejé el cepillo otra vez en el brazo del sofá, lo que significaba, que podía volver a usarlo si era necesario. Durante un rato dejé que recuperase el aliento, sobre mi pierna, pero a la vez sin tocarla , ni acariciarla, para que sintiera bien el fuego que había provocado con su actitud en su culo. Pasado un rato la acaricié muy suavemente, hasta que le dije.

- Ahora te levantarás, te sentarás en la silla y no te levantarás hasta que tenga el texto escrito y a punto de leer. Esta claro?

Su respuesta fue un resoplido, levantándose y caminando hasta la silla, sentarse fue una odisea, que le llevó un rato, saber cómo ponerse de forma más cómoda, hasta que empezó a escribir. 

Un rato después, se giró hacía mi y me dijo.

- Ya estoy 

- Bien traeme el cuaderno.

Se levantó suspirando de alivio y me acercó el cuaderno, se lo cogí sin leer nada y le dije.

- Vete a buscar el jengibre 

- Pffffff

De inmediato sonó un cachete atronador en su culo.

- Ya está bien de soplidos!!!!

Y empezó a caminar a la vez que se frotaba donde había impactado mi mano. 

De vuelta llevaba consigo un pequeño cuenco que me entregó, en el había un dedo de jengibre pelado. Lo puse también en el brazo del sofá.

- Date la vuelta.

Lo hizo de pie frente a mí, pasé los dedos por lo que ya empezaban a verse cómo marcas, estuve así un instante. 

- Agárrate los cachetes.

Otro suspiró, cogí el jengibre y le dije.

- Separa 

Tímidamente separó un poco las nalgas.

- Cojo el cepillo otra vez?

Cogió aire profundamente y me expuso todo separándose las nalgas.

- Así me gusta 

Empecé a jugar con la bala de jengibre alrededor de su más oculto agujero, cómo si fuera un pintalabios ardiente. Hasta que me incorporé un poco, puse mi mano izquierda en su pubis y empecé a presionar el jengibre en su agujero, haciendo pequeños movimientos giratorios a lado y lado haciendo que entrara despacio, hasta meter tres cuartas partes del dedo de jengibre.

- Las manos en la cabeza, no te muevas hasta que te diga y si se cae, volverás a probar el cepillo. 

Así de pie, frente a mí, con el culo rojo y marcado y el jengibre dentro la tuve un cuarto de hora.

Entonces la mandé de nuevo a poner las manos sobre la cabeza, le saqué el jengibre, lo dejé en el cuenco, cogí la libreta, la hice ponerse de nuevo de frente, se la di y le hice leer el texto en voz alta. Cuando terminó, le pedí la libreta de nuevo, me levanté y le dije.

- Ponte sobre el brazo del sofá

Lo hizo, aunque era amenazante la petición. Yo recogí todo, silla, jengibre, cepillo.

Cuando volví allí me esperaba sobre el brazo del sofá, con el culo marcado y ardiente por fuera y por dentro, sin saber si aún iba a quemar más. 

Por eso cuando sintió el aceite resbalar por su piel ardiendo, suspiró aliviada y más aún cuando mis dedos empezaron a extenderlo suavemente por toda esa piel castigada. Después de un rato de masajito algo de alivio transmitía, pero aún faltaba algo por refrescar, me agaché separé sus piernas y luego con mis manos, las nalgas y empecé a pasar mi lengua alrededor de la piel rugosa de su culo, fue instantáneo, notar mi lengua ahí y erizarsele toda la piel alrededor, seguí un rato, con el juego, muy excitante pero no finalista, de vez en cuando hacía una pequeña incursión en su coño, para beber un poco, porque se podía beber, pero enseguida volvía a su culo, con mi lengua podía calmarle el efecto externo del jengibre, pero me faltaba el interno y ese sólo había una forma de calmarlo, lubricado, relajado y en la posición ideal, no me costó mucho, entrar en el con mi polla y follarle el culo hasta correrme. 


















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