sábado, 30 de mayo de 2026

Tarde bochornosa

 



Ya estaba aquí el verano y con el ese calor asfixiante e irrespirable tan típico de aquí, aumentado por el efecto ciudad. Hacía apenas media hora que me había refugiado en el despacho, a alivio del aire acondicionado, aún me quedaba un rato para salir y el calor parece hacer que el tiempo se ralentice.

Escuché la vibración de mi teléfono, en la mesa, lo cogí y abrí la pantalla, tenía un mensaje suyo, bueno más bien una foto, en ella se podían ver unas piernas desnudas, los pies estaban tapados por un lío de ropa en la tobillos y también su mano sostenía un cuaderno abierto, en el que se podía leer repetida en toda la página " Si se te calienta la boca, te van a calentar el culo".

Contesté al mensaje.

- Muy bien, aún me queda un rato, así que me esperas tal y cómo estás. Cuando salga te aviso.

Esto había empezado un rato antes, en un llamada por teléfono a la hora de comer, una pequeña puntualización de un comportamiento, desembocó en un salida de tono, vamos en una mala contestación, absolutamente fuera de lugar, tanto en el fondo cómo en la forma. Y eso es algo que no tolero.

Mi reacción fue instantánea.

- En cuanto llegues a casa, te pones el pijama, vas a buscar el cuaderno y me copias 50 veces "Si se me caliente la boca, me van a calentar el culo" con el pantalón y las braguitas en los tobillos y cuando estés me envías una foto. Luego ya hablaremos.

Me la imaginaba volviendo de trabajar, en transporte público, pensando en ese "luego ya hablaremos" llegar a casa, ir a cambiarse, estoy convencido que tuvo que cambiarse la ropa interior. Coger el cuaderno y el bolígrafo, ir hasta el despacho, dejar el cuaderno sobre la mesa, retirar la silla y antes de sentarse bajarse la ropa, entonces se sentaría, notando la fría y dura madera en su piel y empezaría a copiar cómo una colegiala que se ha portado mal, al terminar, levantarse y enviarme la foto, esperando respuesta y ahora esa espera, tensa y ridícula. Puedo imaginar sus mariposas en el estómago al escuchar abrirse la cerradura, y mis pasos avanzar hacía el salón. Allí está sentada en el sofá, con las piernas muy juntas y me mira con cara de ángel. 

- ¿No te vas a levantar a saludar?

Se le levanta a la vez que en su rostro se marca un punto de rubor, avanza lentamente, la cojo de la cintura y nos damos un beso. Por mi reacción puede pensar que el castigo ya ha pasado y ya la he perdonado, no tardo mucho en quitarle esa idea de la cabeza.

- Voy a cambiarme y a tomarme algo fresco que vaya sed, tu mientras te vas a mirar la pared y ya te llamaré para hablar.

- Pffffff ¿Cuanto tiempo?

- ¿Cuanto tiempo? ¿En serio? El que yo crea conveniente, señorita.

Ya no dije nada más, con mi mano izquierda la cogí del brazo, le di la vuelta encarándola a la pared y la guíe firmemente hasta allí, a la vez que con la mano derecha le di, uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis azotes...

- Pon las manos en la cabeza y la punta de la nariz rozando la pared y a partir de ahora las preguntas las hago yo, tú limítate a responder. 

Yo sabía que en ese momento estaría luchando para contenerse, esa forma de llevarla a la pared, le resultaba especialmente infantil. Además las palmadas habían sido fuertes y directas en la piel, así que sentiría el hormigueo que anticipaba lo que está por venir.

Me tomé mi tiempo, me puse ropa cómoda y fresca de estar por casa, y tenía antojo de abrirme un Coca Cola fresca, con hielo y limón, no sé el tiempo que tardaría en regresar, no creo que fueran más de 10 o 12 minutos, pero castigada en el rincón, con el culo al aire y esperando, la noción del tiempo es distinta. Me senté y le di un trago a la Coca Cola...Entonces la llamé, bajó las manos, se dio la vuelta y empezó a caminar despacio hacía mi, hasta quedarse de pie frente a mis rodillas.

- ¿Bueno imagino que sabes por qué estás en esta situación?

- Santi.... sólo ha sido un comentario...

- Un comentario que te podías haber ahorrado perfectamente, además no me gusta nada la comparativa. Aquí hay una jerarquía, porque tú así me lo pediste, por lo tanto, que sea la última vez , que me usas de excusa para algo que no debías hacer. Aquí la que rinde cuentas por sus acciones eres tú conmigo y no al revés y es así, por decisión tuya ¿Está claro?

- Si, Santi...-dijo bajando la mirada -

- Ya sabes perfectamente, las consecuencias de las salidas de tono y las malas contestaciones ¿Verdad?

- Si....

- Entonces no veo necesario tener que repetirlo más, así que ahora te vas a colocar sobre mi regazo, presentando bien el culo, para rendir cuentas de tu comportamiento.

Lo hizo, lentamente se colocó en mis rodillas, nada más hacerlo, puse mi mano izquierda en su cadera, aún tenía algún dedo marcado de los azotes que le había dado de camino al rincón, pero en esa posición también podía ver su coñito, rojo y algo hinchado, con la rajita brillante, de momento no quise comentar nada. Sólo le dije.

- Ahora voy a calentar bien este culo descarado, pero será eso, calentar, luego ya que eres tan valiente de desafiarme, vas a ser también valiente para elegir con que voy a continuar el castigo. 

Ya no dije nada más, mi mano derecha empezó un diálogo con su culo, alternando nalgas y nalgas sin prisa, pero sin pausa, deleitándome, como poco a poco esa piel cambia de color, del blanco inicial, al rosado pálido, que un rato después ya era un rosado intenso y uniforme. Ahí me detuve un instante, sin decir nada empecé a acariciarle los muslos, incluida la cara interna, pero no duraron mucho, enseguida volví a los azotes ahora más rápidos y fuerte y ya no paré hasta dejarle el culo rojo como un tomate. 

Esta segunda parada, fue más larga, pero sin caricias. Terminó con un par de azotes, seguida de la orden:

- Levanta.

Se levantó despacio y se quedó de pie mirando al suelo frente a mí otra vez.

- Ahora vas a ir a buscar tu el instrumento para seguir tu castigo. Hoy te toca a tí elegir.

Si hacer ir a buscar y entregar el instrumento de castigo, ya es de por si bastante vergonzante, encima tener que elegirlo le añade un plus a esa vergüenza, pero además te da mucha información, no es lo mismo que elijas el cinturón, ya que esa elección implica conocer un número y que será algo intenso pero corto, que elegir por ejemplo el cepillo, que significa volver a las rodillas y enfrentarse a un castigo, menos intenso, pero más largo e íntimo.

Volvió con el cepillo, me lo dió, lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá. La miré.

- Señorita ¿No te había dicho 50 líneas? 

Le dije mostrándole el cuaderno.

- ¿Y cuántas hay?

- 30 ¿Alguna explicación?

- Me debo haber descontado...lo siento.

- Muy bien, pues entonces igual yo también me descuento en los azotes, venga ya puedes presentar el culo. 

Suspiró y se volvió a colocar en mis rodillas, nada más hacerlo cogí el cepillo y jugué un poco con el su piel, hasta que empezó a caer pesado y constante, lado y lado, sin dar con fuerza, no es necesario, basta la insistencia para conseguir que hasta la más rebelde suplique clemencia, cuando lleva un rato ya bajo los efectos del cepillo. Y así fue un rato después, ya se movía inquieta y resoplando y suspirando a cada nuevo azote con el cepillo, que habían dibujado dos círculos de un rojo oscuro, que resaltaban en el fondo del rojo venido a menos, de la azotaina a mano. 

Paré, la azotaina y volví a jugar a acariciarla con el cepillo, de vez en cuando lo levantaba y entonces se tensaba esperando un azote, que nunca llegó. 

Un rato después la hice levantarse. Y la miré 

- Ya sabes que espero ahora... tragó saliva...

Estuvo en silencio un instante, hasta que con voz aniñada dijo.

- Siento mucho haberte contestado mal, no lo voy a volver a hacer.

- Eso esperamos yo y tú culo, porque ya sabes la reincidencia tiene más pena y ahora te vas a ir un ratito más a reflexionar cara a la pared, sólo que está vez, pones las manos detrás de la espalda, te separas un paso de la pared y te inclinas sacando bien el culo. 

La miré, bajó la mirada y resignada se fue de nuevo cara a la pared. Al estar separada, debía inclinar la espalda, para llegar a la pared y eso hacia que el culo castigado quedase bien expuesto.

Allí la tuve un rato, me terminé la Coca Cola y me levanté, me acerqué despacio por detrás, lo primero que hice, fue reseguir con un dedo las marcas del castigo 

- Creo que aquí y aquí -dije presionando con el dedo- te va a molestar mañana.

Pero enseguida mis dedos se fueron al coñito, mojado, hinchado y sensible, no dije nada, sólo jugué un rato con mis dedos, en esa posición, hasta que dos de ellos empezaron a entrar y salir rápido, ella apoyo las manos en la pared y dobló más la espalda a la vez que separaba las piernas para ofrecerse, sonreí y paré. Paré para desnudarme yo , entonces empecé a pasar mi polla por su rajita, despacio de abajo a arriba por el medio de toda la rajita, hasta que entró entera en su coño y allí contra la pared y con el culo bien rojo empecé a follarmela, mientras le susurraba al oído.

- Te recuerdo que no tienes permiso para correrte, así que no se te ocurra correrte sin pedir permiso...

Evidentemente pidió permiso y se lo concedí.

Los dos jadeantes y sudorosos acabamos en el sofá y después compartimos ducha, tras la cual sesión de mimos y cremas en la cama, relajados y refrescados, aquella tarde bochornosa de principios de verano.

Pero la cosa no terminó ahí, ella tenía comprometida una cena, en casa de un amiga que vivía a dos calles. 

Entonces elegí la ropa que se iba a poner, un pantalón corto negro, una camiseta de tirantes y unas braguitas blancas que aunque inocentes te dejaban los dos cachetes rojos a la vista o casi.


De vuelta a casa la esperaba despierto antes su sorpresa, y nada más llegar , la agarré de la cintura del pantalón, se lo desabroché y se lo bajé a pesar de las protestas, entoces le decía que iba a comprobar y que por eso había elegido esas braguitas, entonces se las bajé a medio muslo y con mis dedos comprabé si estaban mojadas y lo estaban.


Entonces le pedí que me explicara porque estaban así "empapada" y si no habia tenido bastante con lo de antes, se quedó callada y le di unos cachetitos en el sexo...

- Te estoy haciendo una pregunta, responde 

(Este final es su narración de lo que pasó a partir de ese momento)

"- He estado mojada desde que me follaste en el rincón, y esta humedad solo tiene un culpable y eres tú. 

- Y ese vocabulario tan descarado? Acaso quieres que te vuelva a calentar el culo?

Me ponía algo roja y bajaba la mirada, pero no terminaba de ceder

- Nunca había mojado tanto las braguitas como contigo!

Tú ponías una medio sonrisa en la cara y llevabas un dedo entre mis labios. Lo movías un poco haciendo evidente el chapoteo.

- Estás empapada... Yo sé cómo excitarte, verdad?- decías mientras metías un dedo en mi interior.

Yo cerraba los ojos y me dejaba hacer.

- Te he hecho una pregunta.

- Sí...

- Cómo? Dime cuándo se pone mojadito? - metiste un segundo

- Cuando me controlas y me castigas...- mi voz era casi un jadeo.

- Cuando te trato como a una cría a la que hay que mantener a raya, verdad?

- Sí...

- Y te doy unos azotes cuando te portas mal,  no?

- Santi...

- Sí, porque es la única manera de que mi niña aprenda...poniéndole el culo rojo! Ven aquí!

Y de repente con un movimiento me tumbaste en tus rodillas con el culo expuesto y mi sexo hinchado y brillante.

Una ráfaga de azotes cayeron en mis nalgas aún un poco doloridas. 

- A partir de hoy y durante toda la semana voy a comprobar tus braguitas al volver a casa, y el día que estén mojadas te pondré el culo ardiendo y luego te quedarás un buen rato expuesta enseñando el motivo de tu castigo. Lo has entendido?

- Sí...

- Pues vamos a empezar. 

Me llevaste a la cama, me quitaste el pantalón y las braguitas y me colocaste de rodillas, con la cabeza apoyada en la colcha, el culo elevado y las piernas abiertas. 

Con un dedo me recorriste todo el trayecto desde mi clítoris a mi ano suavemente, dejándote notar. 

- Así vas a estar un rato. Cuando quieras salir solo tienes que decir está frase.

- Las niñas cochinas acaban con el culo igual de rojo que la cara. 

Sabías que me costaría decir eso en alto y por eso lo elegiste. 

Sentía una mezcla turbadora de excitación, pudor, vergüenza y deseo casi animal. 

Te sentía detrás observando y lo único que conseguías era que mi sexo fuese como una fuente.

Tras un rato de lucha con mi orgullo acabé diciéndote la frase en alto. Me lo hiciste repetir una segunda vez.

Y entonces, cuando ya me tenías rendida y loca de excitación te volviste a acercar por detrás y está vez, en una posición diferente, me volviste a follar."




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