Llegué a casa, cómo de costumbre, tenía ganas de estar tranquilo un rato. Al entrar noté un ligero y extraño olor, pero pensé que eran los radiadores de la calefacción. Fui directo al salón, ella estaba dando vueltas con los cascos puestos y hablando animadamente por teléfono, fui a darle un beso, pero me hizo la señal de "espera" así que fui a cambiarme de ropa, con su voz de fondo. Al regresar noté aquel olor cómo más potente, ella seguía la conversación destripando a una compañera de trabajo, por lo que supuse que hablaba con otra compañera. De repente en miró, poniendo cara de extrañada.
- María, dame un momento ahora te llamo.
Se quitó los cascos y me miró
- ¿No hueles raro?
- Si, debe ser el polvo de detrás de los radiadores...
Entonces dio un grito y salió corriendo, entró en la habitación "multiusos" que la llamaba yo y al abrir empezó a salir humo y un olor a requemado importante, con lo cual yo también salí disparado, justo a tiempo para al llegar, gritar.
- Desenchufa primero!!!!
Y de inmediato desenchufó, la plancha, que estaba sobre aquel pantalón rojo. Abrí la ventana para ventilar. Ella levantó la plancha.
- Joder.... pantalón para tirar, tabla!!!! Que puto desastre!!!
- Y la plancha también está para tirar.
- Joder Santi, llegas sientes un olor raro y no me avisas!!!!
- Y yo que sé nena, está la puerta cerrada y tú con los cascos puestos charlando, ni idea que estabas planchando.
- Pues avisa joder!!!! O ve a mirar de dónde viene el olor!!!!
Me dijo levantando la voz. Pero un mirada hizo que bajara el tono.
- Con lo que me gustaba ese pantalón.
- Bueno va no te proecupes es sólo un pantalón podía haber sido peor. Venga va voy a tirar esto, que si no, no quitamos el olor a requemado en días.
Cogí todo, pantalón, tabla y plancha y a los containers. De vuelta, estaba sentada en el sofá con la mirada perdida, cerré la puerta de la habitación dejando la ventana abierta para que ventilara.
- Había dejado la plancha levantada, no entiendo nada.
- La debiste apoyar mal, los edificios vibran y ya está, no le des más vueltas, todo fuera eso.
- Voy a llamar a María que le ha dejado con la palabra en la boca.
- Venga va ...
Yo sé que sabía perfectamente que la había liado pero bien y estoy convencido que esperaba por mi parte una reacción diferente, pero no le di más importancia, de hecho ni mencioné más el incidente, cenamos tranquilamente, nos vimos, una serie y a la cama.
Ella salía por las mañanas antes que yo, así que aquella mañana nos vimos lo justo para darnos un beso, porque ya se iba.
A media mañana recibí un audio de WhatsApp bastante largo en el que decía algo así.
"Hola...¿Que tal el día?....siento mucho lo de ayer, todo, pero sobretodo haberte gritado, tu no tenías culpa de nada, yo y mi cabeza...ya me conoces..."
Y si la conozco, bastante y por las pausas, sabía perfectamente que estaba siendo sincera y que realmente se sentía culpable.
Mi respuesta fue escueta.
" ¿Que tal nena? Tengo mucho lío y no puedo hablar, en casa tranquilos lo hablamos"
Ese "lo hablamos" final, sabía que la tendría nerviosa todo el día.
Al salir me fui tranquilamente para casa, sabía que allí estaría... nerviosa.
Entré y la saludé, no fui a cambiarme de ropa, me dejé caer en el sofá.
- ¿Cansado?
- Un poco ¿Y tú?
- Bueno ha sido un día raro.
Me levanté.
- ¿Te apetece una cervecita?
Mi respuesta fue con otro tipo de lenguaje, lenguaje no verbal. Le di un par de azotes fuertes, pero de los de picar aunque llevará el pantalón del pijama y le dije.
-No, me apetece que te vayas cara a la pared, en silencio y con las manos sobre la cabeza, un rato. Y que pienses en todo lo que pasó y podría haber pasado ayer.
La seguí mirando hasta que resopló, se dio la vuelta y caminó hasta la pared, se paró a dos centímetros, puso sus manos sobre la cabeza y volvió a resoplar.
- Cuándo digo silencio, los soplidos están incluidos, último aviso.
Me senté en el sofá y me puse a tontear con el móvil unos minutos. De repente me levanté y me acerqué a ella por detrás, pegado a ella le dije.
- Voy a tomarme esa cerveza, tú sigue pensando.
Al terminar de decirlo de un tirón le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, debajo cómo solía ser habitual no llevaba nada. Y ahí escuché otro soplido, replicado por un par de azotes, que dejaron mis cuatro dedos marcados en su piel.
- Ya estabas avisada.
Fui a la cocina por esa cerveza y me senté tranquilamente sin quitarle ojo de encima. Me la tomé tranquilamente, sin ninguna prisa, hasta que la llamé. Se dio la vuelta y bajó los brazos, caminó hacia mi con el pantalón en los tobillos, mientras la miraba ponerse roja. Hasta que se paró frente a mí.
Con la mano izquierda me di un par de palmadas en la pierna, otro soplido y otro par de azotes en el muslo. Entonces se colocó en mi regazo, con el culo bien presentado, la agarré de la cintura y mientras le daba unas palmaditas muy suaves, le dije.
- Y ahora cuéntame sin soplar ¿Por qué estás en mis rodillas con el culo al aire?
- Por qué tengo calor...
Tengo que reconocer que casi se me escapa la risa con la respuesta, pero no, mi respuesta fue una docena de azotes fuertes.
- No creo que estando en mis rodillas con el culo al aire, el sarcasmo te resulte beneficioso, así que responde.
- Por dejarme la plancha encendida y olvidarme.
Otra ráfaga de azotes rápidos.
- Ese es uno de los motivos pero hay más.
- Por haberte gritado
Otra ráfaga de palmadas esta de por lo menos un minuto seguido.
- Si, por eso también, pero hay más motivos.
- Pffffffff
Vuelta a empezar, otro minuto largo zurrándole el culo con ganas.
- Esto es por el soplido, ahora la pregunta.
- Ya está!!! Sólo se me ocurren esas dos cosas!!!!
Mi respuesta fueron otro par de minutos de azotaina seguida, rápida e intensa.
- Estás aquí, por lo que has dicho antes, pero también por lo que podía haber pasado ¿Dónde tienes la cabeza? Si estás planchando y te pones los cascos para hablar puedes seguir planchando y si quieres parar desenchufas la plancha.
- Ya te dije que había dejado de pie!!!
- Pues se calló, si andas en la cuerda floja, al final tarde o temprano caes ¿Y si llego a venir más tarde?
No contestó, tampoco la dejé, ya que volví a ocuparme un rato largo de su culo y ya no paré hasta ponérselo como un cereza madura. Cuándo paré empecé a pasarle los cinco dedos rozando la piel caliente y roja.
- ¿Sabes por qué no me he cambiado ropa?
- No....
- Porque da la casualidad que llevo ese cinturón, que tanto te "gusta" el de cuero de búfalo marrón. Levanta.
Paré las caricias y esperé que se levantará. En cuanto lo hizo me levanté yo. Nerviosa empezó a desabrocharme el cinturón, despacio me lo quitó y lo dejó colgando del respaldo de la silla a continuación se fue hasta el brazo del sofá y se colocó en posición, piernas estiradas, sólo la punta de los dedos de los pies en el suelo.
Fui al baño y al salir me fui a la cocina a fumarme un cigarrillo. Haciéndola esperar.
- Tengo que ir al baño, quitame el cinturón, déjalo sobre la silla y colócate bien presentada en el brazo del sofá.
Nerviosamente me desabrochó el cinturón
Fui al baño y al salir me fui a la cocina a fumarme un cigarrillo haciéndola esperar. Cuándo fui para el salón, nada más entrar tenía la escena frente a mi, ella colocada, con el culo ya rojo y brillante, tenía las piernas juntas, metí mis dedos entre sus muslos e hice que las abriera, así tuve acceso a su sexo, pasé un par de dedos entre sus labios.
- Piensa que hoy estás castigada y no van haber premios.
Saqué la mano, cogí el cinturón, procurando hacer ruido, que sonara la hebilla, lo doblé y doblado lo puse sobre sus nalgas.
- Perfecto.
Lo cogí levanté el brazo y lo dejé caer, haciéndolo estallar contra su piel y provocando un suspiro.
- ¿Pica? Ya sabía yo que este cinturón te "gustaba" este ha sido el de calentamiento, cuenta dos docenas a partir de este.
Levanté de nuevo el brazo y el pesado cinturón volvió a caer en sí piel desnuda, fui a ritmo lento, dejando pasar unos segundos entre azote y azote. Justo a la mitad hice una pausa un poco más larga. Antes de continuar con la segunda docena, algo más rápida. Al terminar dejé el cinturón de nuevo en la silla, revisé su piel con mis dedos, tenia las franjas típicas del cinturón grabadas. Después de la revisión, le di un cachetito y la envié de nuevo cara a la pared. Con el culo caliente, se vuelve muy obediente.
Mientras estaba cara a la pared me puse cómodo, fui a por el portátil, un cuaderno, el bolígrafo y el taburete.
- Ven aquí.
Se acercó.
- Siéntate.
Se sentó sobre el taburete con el culo desnudo y castigado, un taburete de asiento redondo de madera maciza.
- Ahí tienes el portátil, para buscar información y ahora mientras hago la cena, me vas a escribir una redacción sobre los peligros de dejar la plancha encendida y hacer otras cosas. Una hoja del cuaderno mínimo ¿Está claro?
Respondió con un tímido si. Y yo me fui a la cocina a preparar algo de cenar. Cuando estuve.
- ¿Has terminado?
- Ya casi...
- Cuando termines, deja el cuaderno en la mesita, recoge y pon la mesa que cenamos.
Todo eso lo hizo con el culo al aire y rojo, al igual que cenar y recoger la mesa. Cuando terminó yo la esperaba con el cuaderno en la mano, se lo di y le dije.
- Lee la redacción.
Al decírselo se puso roja, abrió el cuaderno y empezó a leer, al mismo tiempo que mis dedos buscaban su sexo y empezaban a jugar con él, mojadita con los labios hinchados y el clítoris sensible al mínimo roce, seguió la lectura interrumpida cuando dos de mis dedos entraron en su sexo...
- ¿Has terminado?
- No
- Pues sigue.
Los dedos empezaron a entrar y salir despacio y las palabras a entrecortarse, hasta que se hizo el silencio.
- ¿Ya está?
- Si...
- Bueno ya has visto, los riesgos y eso sumado a ti actitud de ayer no se merece premio, es una lástima porque estás empapada y cachonda, pero las niñas que se portan mal no se merecen un premio.
La cogí de la muñeca y la puse en mis rodillas otra vez.
- Aún está bastante rojito, pero por si acaso vamos a recordártelo.
Mi mano empezó a caer de nuevo sobre su culo, durante un par de minutos, más que suficiente para ponérselo al rojo vivo otra vez.
- Ahora, vas a lavarte los dientes cómo una niña buena y a la cama sin tele, ni móvil.

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