Llegué a casa, me había planteado una tarde tranquila, además quería ver el último partido de play-off. Ella ya estaba en casa, liada con los exámenes, así que me la encontré sentada en la mesa del salón, con el portátil y las carpetas. Le di un beso y fui a darme una ducha y ponerme cómodo.
Al terminar empecé a preparar todo para ver el partido, una cervecita fría, algo de picar, sofá y mando a distancia.
- Santi...estoy estudiando...
- Ya lo veo...
- Pues eso, podrías irte a la tele de la habitación ¿No crees?
- Nena bebida y comida, tú tienes el despacho que es para estas cosas y la habitación
- Ya pero yo he llegado antes.
- Si no te voy a molestar...
Resopló y siguió a lo suyo, el partido comenzó...
- Santi, te importa bajar el volumen. Gracias.
Le hice caso y lo puse al mínimo audible, pero claro de vez en cuando yo comentaba para mí mismo alguna jugada.
- Joder!!!! Así es imposible.
- Valeeee, ya me contengo, pero mira que eres cabezona teniendo una habitación para esto y más cómoda estarías
- Muévete tu!!!!
No contesté y fui a por una segunda cerveza. Me senté y sonó mi móvil, era un compañero de trabajo aficionado cómo yo y empezamos a comentar el partido. Y si tal vez levantando un poco el tono de voz en la conversación.
- Joder tío, vete a comentar el puto partido a la cocina!!!!
Levantó tanto el tono de voz que mi compañero, preguntó...
- ¿Pasa algo?
- No tranquilo que tengo a Rottenmayer aquí de exámenes y está histérica
Le contesté mientras me levantaba y me iba a la cocina nos miramos mutuamente en un duelo de miradas. Allí terminé de charlar y de vuelta al salón. Dejé el teléfono y me fui para ella, la cogí del hombro y le dije.
- Levanta
- Santi estoy estudiando...y si estoy nerviosa y calentita lo siento.
Entonces la cogí del brazo y la hice levantarse.
- Pues estudiar de mal humor y "calentita" es perder el tiempo así, que calmarte un rato es lo que tienes que hacer.
La llevé hasta el lado izquierdo de la tele frente al mueble, medio a la fuerza pero de aquella manera en plan quiero y no quiero.
- Un ratito mirando el mueble y te tranquilizas.
La dejé allí y me senté a terminar el partido nada más sentarme soplido.
- Que es esa postura? Manos encima de la cabeza o detrás de la espalda pero quiero verlas.
Otro soplido pero lo hizo y terminé de ver el partido, recogí todo y la llamé.
- ¿Estás más tranquila o sigues "calentita"?
- Paso palabra...
- ¿A ti te parece normal ponerte a gritar cuando estoy hablando por teléfono y en ese tono?
- Santi estaba intentando estudiar...
- ¿Y quien te lo impedía? Ya te he dicho que te fueras al despacho...
- ¿Y por qué yo?!!!!
- Porque es lo más lógico, salvo para tu orgullo claro. Así que calentita, pues nada, habrá que refrescarte. Date la vuelta...
Resopló, pero fui rápido de manos, un par de azotes.
- No lo voy a repetir!!!!
Se dió la vuelta, llevaba una camiseta de nadadora y un culotte de deporte, metí los dedos en la cintura del culotte y lo hice descender lentamente hasta medio muslo, debajo no llevaba nada, pasé la palma de la mano por ambas nalgas y le di unas palmaditas.
- No parece que estés tan "calentita" ...de momento.
Le agarré el brazo, le di la vuelta la puse la derecha de mis piernas y a mi regazo.
- Al menos ahora estarás "calentita" con motivo.
Mano izquierda en su cadera y empecé a "calentarle" lentamente el culo, un cachete y el otro alternos y las palmadas bien repartidas. Para poco a poco ir subiendo velocidad y fuerza, y también el tono de la piel, rosado pálido, rosado intenso y de ahí al bonito rojo uniforme. Paré un momento para frotarle el culo con la misma mano que lo estaba "calentando" .
- Bueno ahora sí que parece que algo "calentita" estás.
Y vuelta a empezar, ahora más rápido y desordenado durante un par de minutos por lo menos. Al parar ya si tenía el culo bastante rojo. Pasé la mano otra vez por toda la piel...
- Bueno, parece que si, que empiezas a estar calentita. Así que te vas a levantar y me vas a traer el cepillo y el termómetro.
- ¿Que? !!!!
- Bueno, quiero comprobar si necesitas más calor y ya me pica la mano, así que ya sabes.
Empezó a protestar y quejarse, así que otro par de minutos de azotes rápidos y fuertes fueron suficiente disuasión. Y al terminar cuando se lo repetí se levantó y fue hasta el baño. De vuelta llevaba en una mano el cepillo ovalado que había tras la puerta del baño y la caja estuche del termómetro. Me lo dio, dejé el cepillo sobre el brazo del sofá, abrí el estuche del cepillo y cogí uno de los dos termómetros, está vez el moderno digital. Me di un par de palmadas en el regazo.
- ¿A que esperas?
A regañadientes se posó en mis rodillas, exponiendo bien el culo enrojecido. Yo ya tenía el termómetro en la mano derecha y con la izquierda le separé las nalgas, le di al botón de on y le metí la punta y poco más sujentándolo hasta que sonó la alarma. Lo saqué...
- 36,2...0 parece que aún no estás lo suficientemente caliente.
Dejé el termómetro y cogí el cepillo, empecé a pasárselo muy despacio y sólo rozando por la piel.
- Creo que voy a poder solucionar tu temperatura
El sonido sordo de los azotes con el cepillo empezó a sonar, repetitivo, lado y lado, ni muy rápido, ni muy lento, tampoco fuerte, pero constante y bien dirigidos a la zona tierna, hasta que empezaron a dibujarse los dos circulitos más rojos ahí. Hice una pequeña pausa, para volver a jugar con el cepillo rozando su piel cada vez más encendida y continué ahora ya no a ritmo constante, alternaba momentos lentos, con acelerones repentinos, hasta conseguir el resultado que quería, un culo rojo, caliente, y que estaría picando rato. Entonces dejé el cepillo y cogí el termómetro otra vez, lo activé y muy despacio lo volví a meter, y lo sujeté hasta que sonó la alarma de nuevo.
- Sigue igual, veo que no acabas de entrar en calor...
Volví a dejar el termómetro en el estuche y empecé a jugar a las caricias con los dedos, nalgas, muslos y un poco después también entre sus piernas.
- Igual es el termómetro que no va bien, porque aquí tenemos bastante temperatura y humedad.
Seguí jugando con mis dedos en su sexo, pero sin empezar a masturbarla sólo a calentarla...
Paré de repente, le di una última tanda de azotes, otro par de minutos con la mano. Y al terminar la envié otra vez a mirar el mueble. Recogí las cosas menos una y con ella me acerqué por detrás, puse mi mano en su nalga.
- No sé, estos termómetros modernos...voy a probar con el de toda la vida y espero que colabores.
Empecé a agitar el termómetro de cristal. Sin dejar de mirarla, suspiró y llevó las manos a las nalgas, las agarró y las separó puse mi mano izquierda en su espalda, incliné un poco la mía, apunté el termómetro a su lugar lo empecé a hacer entrar, hasta la mitad más o menos.
- Aguantalo que no se te caiga.
Yo mismo le quité las manos y se las puse detrás de la espalda. Me senté y a esperar. Un par de minutos después me levanté y se lo quité.
- Pues va a ser que no, que no estás calentita...recoge esto y voy a hacer algo de cenar.
Ella sabía que no podía vestirse y que tanto recoger como cenar lo iba a tener que hacer con el culotte a medio muslo y así lo hizo.
Cuando terminamos de cenar, vuelta al rincón mineras yo recogía, cuando estuve pasé por el baño cogí el aceite de almendras y una toalla, me senté en el sofá, puse la toalla en mi regazo y la llamé.
Con el culotte a medio muslo vino hacia mi, le indiqué que su pusiera otra vez en mis rodillas. Con abundante aceite le hice un largo masaje de nalgas. Al terminar, le quité del todo el culotte y separé sus piernas para tener más acceso, mi mano se fue directa a su sexo y allí en mis rodillas, con el culo rojo, le provoqué un orgasmo.

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