La abordé cuando salía del baño, la cogí del brazo y le dije al oído.
- Vete al coche un rato
- ¿Cómo?
- Ya me has oído, ya te avisaré
Estábamos con unos amigos en un terraza tomando unas cervezas antes de cenar algo, aprovechando las últimas noches aún agradables de Septiembre.
- Déjate de juegos, que van a pensar...
- Me da igual lo que piensen, vete al coche. O nos vamos a casa
Suspiro, mirada y se fue para el parking. Yo volví a la mesa. Me preguntaron por ella y le dije que se había ido al coche un momento porque le había dado un bajón de tensión producto de una medicación, una de sus amigas dijo de ir a verla, pero al final la convencí, que no era necesario y que en pocos minutos se le pasaría. Un cuarto de hora más tarde le puse un WhatsApp.
- Ya puedes venir, y en casa ya hablaremos.
Poco después apareció, algo ruborizada, teniendo que responder preguntas del resto del grupo y conmigo mirándola seriamente.
Pero el incidente quedó en el olvido rápido y pasamos una velada entretenida y si sobresaltos hasta que la dimos por concluida.
Llegó el momento de quedarnos a solas, de vuelta a casa charlamos con normalidad obviando el incidente. Hasta que se cerró la puerta de casa. Momento en la cogí del brazo y si mediar palabra le di un par de azotes y sin soltarla la llevé directa a la esquina del salón. Le quité el bolso , le hice poner las manos sobre la cabeza y le dije.
- No quiero oír ni una sóla queja, y mucho menos una palabra hasta que te avise.
Allí la dejé y me fui a cambiar de ropa y ponerme cómodo.
Unos diez minutos más tarde ya sentado en el sofá la llamé. Salió del rincón y se acercó a mí.
- ¿Hace falta que te diga el porque te envié un rato al coche antes y ahora eso?
- Pffff ha sido sin querer, ya sabes que a veces peco de bocazas.
- Si fuera la primera vez, te serviría de excusa, pero con está ya son varias las veces que me mandas a callar en público y siempre es casualmente cuando quedamos con tus amigas. Te aseguro que va a ser la última vez.
- Pffffff Santi...tengo que ir al baño.
- ¿Eso es todo lo que tienes que decir ?
- Joder me estoy meando!!! ¿Lo quieres más claro?
- Muy bien, pon las manos sobre la cabeza.
- Pfffffff
Sonaron un par de azotes más y de inmediato las manos se posaron sobre su cabeza entrelazadas. Directamente me fui al cinturón de los vaqueros, lo desabroché, botón y cremallera y estirando con fuerza (es lo que tienen los vaqueros elásticos) los hice descender hasta las rodillas, después metí los dedos por la cintura del tanga y siguió el mismo camino.
- Hala ya puedes ir al baño y cuando vuelvas ya que vas trae el cepillo de ducha.
- Pfffff
Me levanté, le di la vuelta y le di media docena de azotes que la hicieron saltar hacia delante.
- He dicho que se acabaron los soplidos!!!
Se encaminó para el baño con los vaqueros por las rodillas, no fue necesario decirle que ni se le ocurriera subírselos. Poco después apareció llevando con ella el cepillo de baño, no tenía el mango muy largo y era redondo. Me lo dio, lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá.
- Las manos...
Sin resoplar volvieron a la cabeza.
- Bien ahora quiero que me expliques, el motivo de venirte arriba en especial cuando juegas en casa, vamos con tu gente.
- Ya te he dicho que es inconsciente, sin mala intención.
- No me sirve, esto no es culpa de la dislexia. Así que venga vete un ratito más a la esquina, aprovecha el fresquito en el culo que luego lo añorarás te lo aseguro y piensa en una explicación razonable sin excusas.
Le vi las intenciones de resoplar pero el gesto de levantarme fue suficiente. Empezaron a pasar los minutos yo sentado y ella cara a la pared y cuándo ya llevaba más o menos un cuarto de hora, ya vi, que el orgullo estaba pidiendo a gritos ser rebajado, así que la llamé yo. Otra vez frente a mí, manos sobre la cabeza y ropa por las rodillas.
- ¿Tienes alguna explicación?
- Ya te he dado una.
- No me convence.
Alargué el brazo, agarré el suyo y la puse sobre mi regazo, el brazo izquierdo rodeando su cintura y de paso recolocandola en la posición ideal, el culo levantado y expuesto.
Pero no empecé a trabajar en él, lo primero que hice fue llevar mis dedos entre sus piernas...
- Así estamos ¿Ya? ¿A punto de que te caliente el culo cómo a una niña impertinente, pero chorreando ?
Y entonces si empecé a trabajar a conciencia su culo con mi mano, varias tanda a diferentes ritmos e intensidades para que fuera cogiendo color. Hasta dejárselo rojo, brillante, palpitante y caliente cómo mi mano.
- Levanta y dame el cepillo.
- Joder si sólo tienes que alargar el brazo.
Mi respuesta una docena extra de palmadas rápidas y fuertes.
- Colobarar en tu castigo es algo muy "educativo". Le-van-ta.
Se levantó aún altiva y desafiante.
- Dame tu bolso. Ahora.
Me lo dio, estaba sobre la mesa. Mientras. Lo abría le dije.
- Del cepillo ya me voy a encargar yo. Pero tú y tu orgullo van a colaborar.
Abri el bolso y sabía que en un bolsillo de dentro encontraría algo, que siempre debía llevar encima a modo recordatorio. Lo cogí y se lo mostré junto a un pequeño bote de lubricante. Era aquel plug de acero estriado pequeño que le había regalado junto a aquel cepillo del pelo de ébano. Bajo su mirada lubriqué el plug y al terminar la miré, su cara estaba roja y ya no había tanto desafío.
- Ponte en mis rodillas.
Suspiro y cuenta atrás.
- Cinco, cuatro, tres...
No llegué al uno, que ya estaba en mis rodillas de nuevo.
- Ya conoces el significado del verbo colaborar ¿Verdad?
Otro suspiro y llevó una mano a cada nalga, separándolas.
- Hay métodos que nunca fallan.
Llevé la punta del plug lubricado a su entrada trasera y muy despacio recreándome empecé a meterselo, pero en varias veces sin llegar a meterlo del todo, hasta que finalmente entró entero en su cuerpo, entonces puse dos dedos de mi mano izquierda sobre tope que imitaba una piedra preciosa azul y con la derecha cogí el cepillo de ducha, que empecé a pasar por su piel despacio, una y otra nalga hasta que lo levanté y empezaron a caer los azotes con ese sonido sordo de la madera de calidad, alternando rutinariamente mejilla y mejilla y siempre apuntando en esos cuatro dedos por encima del pliegue que separa muslos de nalgas.
La efectividad del cepillo de baño es muy alta y apenas con una docena de azotes, ya había dibujado dos circulos rojo oscuro en su piel, pero quería asegurarme que la "lección" dejará huella, así que sin prisa y dejando descansar de vez en cuando para que sintiera en todo momento el culo vivo, le di cuatro rondas de azotes, más que suficientes para que se acordara todo el fin de semana de su impulsividad.
Al terminar, la dejé un rato en mi regazo con la sensación de calor y sentir el latido en su piel. Hasta que empecé a jugar con el mango del cepillo entre sus piernas, pasándoselo por la grieta húmeda de los labios de su sexo. Hasta que sustituí el mango del cepillo por mis dedos, una humedad caliente y viscosa resbalaba por sus muslos, le separé las piernas para tener más acceso y empecé a masturbarla en mi regazo, con el culo en llamas y sujetando el plug bien metido con la izquierda, ya no paré hasta que me inundó entre gemidos.
La dejé tomarse un respiro, acariciándole suavemente el culo.
- Venga va, ve a buscar el aceite y espérame desnuda y boca abajo en la cama, me da que hoy tu orgullo te va a hacer dormir así.

No hay comentarios:
Publicar un comentario