Todo lo bueno se acaba rápido, se terminaron las dos semanas de vacaciones y tocaba volver a la rutina, el verano seguía vivo, a pesar que los días habían acortado algo, nos íbamos a acordar de aquel verano infernal toda la vida.
La primera semana de vuelta pasó lenta y rara, pero pasó. El viernes habíamos quedado ya más o menos para la hora de cenar en una terraza. Ella había vuelto a aquellos cursos. Así que al salir de trabajar me fui a casa, cansado y con ganas de relajarme un poco, antes de cambiarme para salir. Al final la cosa no fue bien, bien así.
Con tiempo me vestí y me fui al lugar donde habíamos quedado, al llegar allí estaba sentada en una mesa con una amiga, llevaba un vestido muy de verano largo y fresco, saludos de rigor y me senté, una cervecita fresca y conversación divertida. Cuando ya era hora de cenar su amiga se despidió y nos quedamos solos, decidimos cenar allí al fresco, se estaba bien y ya se había escondido el sol.
Cenamos sin prisa, hasta que decidimos volver a casa andando, era un paseo de un cuarto de hora más o menos, cogidos de la mano salimos de la zona más transitada de gente y entonces le solté con mucha calma.
- Ahora cuando lleguemos a casa, te vas directa al rincón y cuando te lo pida me explicarás el descontrol que había en casa cuando he llegado.
- ¿De que me estás hablando?
- Lo sabes perfectamente y por si acaso he hecho fotos.
- Pffff ya tienes el día girado ¿Es por el baño?
- Veo que empiezas a recuperar la memoria...
Llegamos a casa, enseguida así que no dio tiempo a mucho debate. Entramos y me fui a la cocina a por un vaso de agua, ella entró en la habitación.
- ¿Dónde vas?
- A cambiarme.
- Ya sabes lo que te he dicho y no voy a repetirlo.
Lo dije firme pero calmado, como quien da los buenos días. Escuché un soplido y los pasos hacia el comedor. Entonces fui para la habitación a cambiarme de ropa pero antes pasé por el comedor.
- El vestido levantado y las manos detrás de la espalda sujetándolo.
Otro soplido y empezó a levantar el vestido, yo estaba allí plantado de pie sin perder detalle, hasta ver el vestido elevado por encima de la cintura. Entonces me acerqué por detrás y de un tirón le bajé el tanga hasta las rodillas.
- Y no quiero oír ni un soplido más está noche, voy a cambiarme y ahora vengo a ocuparme de ti.
Fui a la habitación, me cambié con calma, fui a la cocina después y me fumé un cigarrillo, al terminar me fui para el comedor y me senté en el sofá, aún tardé un par de minutos más en llamarla. Al darse la vuelta y soltar el vestido este cayó hasta los tobillos, se acercó despacio hasta pararse frente a mis rodillas. La miré y esquivó mi mirada.
- Levántate el vestido
- Pffff
- ¿Que te he dicho de resoplar?
Despacio se levantó el vestido, otra vez por encima de la cintura pero esta vez de frente. Sin preguntarle nada empezó a hablar.
- Valeeee, ya sé que debí haber recogido el baño antes de salir, pero es que se me hizo tarde.
- Sales a las dos de trabajar, llegas a y media más o menos y habías quedado a las 6...
- Ya, joder pero estaba cansada...me eché un rato a descansar.
- ¿Un rato? Es como si lo viera, el rato debió ser hasta las 5 o más y claro luego a correr.
Sus mejillas se encendieron.
- ¿Me equivoco?
- Jajajaaj me conoces demasiado.
- ¿Te hace gracia?
- No, perdona
- No sé si te has dado cuenta al llegar, pero está todo abierto ¿Sabes por qué?
- Hace calor.
- No, para ventilar la casa, olía a pollo quemado cuando llegué y es que estaba la plancha del pelo enchufada y lo peor es que no es la primera vez.
Ahí si le cambió la cara.
- Ni la del pelo, ni la de la ropa y siempre es por lo mismo, las prisas de última hora.
Se quedó sin palabras...
- Quiero ver ahora mismo ese culo en mi regazo bien presentado.
Supongo que lo de la plancha rompió los argumentos o excusas y resignada se puso en mis rodillas, le levanté el vestido y la cogí de la cintura para ponerla en la posición ideal.
Le acaricié un momento la piel desnuda y suave de las nalgas, con el brazo izquierdo la sujeté de la cintura elevando aún un poco más el culo y con la derecha empecé a cocinarselo a fuego lento. Aumentando el ritmo paulatinamente hasta mantenerlo estable durante unos cinco minutos. El tiempo suficiente para dejárselo bien rojo...a pesar que aún tenía el bronceado del sol en buena parte. Empecé a pasarle la yema de los dedos por la piel caliente.
- Nena, me cuentas porque tienes el culo rojo...
- Pffffff
- Te he dicho que no quería más soplidos.
Empecé de nuevo, unos dos minutos rápidos y seguidos.
- ¿Te lo tengo que volver a preguntar?
-....por dejarme la plancha encendida...
- Eso es sólo un efecto, pero no el motivo, el motivo es la mala gestión del tiempo, que provoca este tipo de consecuencias, la plancha enchufada y tu culo rojo y caliente ¿Y después de que les pongan el culo rojo y caliente dónde van las mujeres que se comportan cómo niñas irresponsables?
Cogió aire, pero se retuvo...
- Castigadas cara a la pared...
- Pues ya sabes -le dije dándole un cachete cariñoso-
Se levantó y se fue con la nariz pegada a la pared y las manos detrás de la espalda sujetando el vestido elevado. Me senté un rato a observar la escena, aún me sigue pareciendo tan excitante cómo la primera vez, eso no cambia. Un poco después me levanté y fui al baño al salir iba a ir a la habitación a por el aceite, pero me asomé un momento y vi algo raro.
- ¿Se puede saber que haces?
Al momento se enderezó.
- Nada
- Te estabas frotando.
Suspiró y me fui a buscarla la cogí del brazo y la saqué de la pared.
- Lo siento es que pica...
- Ya lo sé y aguantar es parte del castigo, precisamente por eso estás cara a la pared, para que el escozor te recuerde porque estás. Ve a ponerte el pijama y tráeme el cinturón de los castigos.
- Pffff ha sido sólo un momento sin pensar.
Le di un par de azotes.
- ¿Tengo que ir yo?
Con el rostro casi tan rojo como el culo, se fue para la habitación. Poco después volvió a entrar en el comedor con el pijama de verano y el viejo cinturón de cuero marrón. Se lo hice dejar en el brazo del sofá.
- Bájate el pantalón del pijama.
Suspiró y el pantalón se desabrochó el cordón del pantalón corto del pijama que sólo cayó hasta sus pies.
- Coge el cinturón dóblalo y dámelo.
Lo hizo, cuando tuve el cinturón en la mano le dije.
- Date la vuelta pon las manos sobre la cabeza y saca bien el culo.
Yo sabía que esa posición de pie, no era precisamente su favorita. Esperé a que la adoptase. Entonces me levanté empuñando el cinturón doblado.
- Van a ser dos docenas, en todo momento mantendrás la posición entre una y otra te dejaré descansar un rato, pero sin moverte y por supuesto vas a contar.
Me puse de lado hacia su izquierda, calculé bien el recorrido del brazo y empezaron a caer las ardientes lamidas del viejo cinturón de cuero. Entre azote y azote dejaba pasar unos segundos, para escuchar con claridad el número y hacer que sintiera bien cada una de las abrasadoras lamidas. Una vez finalizada la primera docena, dejé un momento el cinturón en el sofá y pase mis dedos suavemente por las franjas rojas que había dejado el cinturón en su piel, y fue imposible reprimirme de visitar su sexo, podía ver sus labios hinchados y el brillo de la humedad en la raja, fue una visita fugaz sólo para comprobar lo mojada que estaba.
Volví a coger el cinturón y le di la segunda docena, los castigos anunciados siempre se cumplen a rajatabla.
Al terminar fui a guardar el cinturón y volví con el aceite. Me senté ella seguía en posición, manos sobre la cabeza y ligeramente inclinada hacia delante ofreciendo bien el culo, me eché aceite en las manos y empecé a extenderlo por las nalgas despacio, tras un rato de suave masaje dejé caer un chorro en el centro de su espalda que empezó a bajar entre sus nalgas, y mis dedos también me detuve un momento en la piel rugosa del ano jugué un poco con el hasta que con los dedos de la otra mano empecé a jugar mezclando el aceite con la humedad de su sexo que resbalaba por sus muslos, primero por toda la parte externa, pero luego también un par de dedos entraron en su sexo... empezó a suspirar y jadear, y no era la posición más adecuada para seguir, paré. La cogí de la mano y nos fuimos a la cama, allí terminé lo que había empezado, ya cómodamente tumbada boca abajo, después del orgasmo vuelta al masaje en las nalgas, hasta que me di cuenta que de había quedado dormida, boca abajo,con el culo rojo, mientras se lo sobaba.

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