sábado, 27 de agosto de 2022

De Camping

 




No habíamos hecho muchos planes de vacaciones, la verdad es que estábamos cansado y en el plano económico tampoco nos venía muy bien aquel año y menos en temporada alta. 

Por eso cuando me propuso la idea de ir de camping unos días con sus amigas y parejas me pareció una genial idea, además era ir del rollo camping rústico, nada de bungalow con todas las comodidades, tienda de campaña, dormir en el suelo, camping del auténtico. Y que decir del lugar elegido, el camping de Vinuesa a tocar del embalse de la Cuerda del Pozo, entre pinares, un lugar perfecto para pasar unos días.

Así que nada más empezar las vacaciones, el primer día cargamos lo necesario en el coche y nos fuimos. Ya el primer día fue divertido, montarlo todo, estableces tareas y disfrutar del tiempo libre y la naturaleza. Durante el día hacía calor pero soportable y por la noche refrescaba algo. La primera noche después de cenar nos sentamos en una mesa todo el grupo y empezamos a jugar a las cartas y contar anécdotas, mientras íbamos bebiendo. Después de cada partida ronda para todos, así que tras unas cuantas partidas se podría decir que íbamos todos alegres. Y fue entonces cuando una de sus amigas empezó a contar una anécdota de una acampada pasada cuando eran adolescentes.

- ¿Te acuerdas aquella vez que todas íbamos en pareja menos tú y empezaste a beber? 

El resto del grupo empezó a añadir detalles y yo a partirme de la risa.

- Pffff te pusiste malísima, yo pensaba que teníamos que llevarte al médico...

A medida que iban contando detalles a mi me daba más por reír y entonces vi su cara y no parecía estar muy contenta. Pero siguieron hasta que se levantó cogiendo una botella y toda orgullosa dijo.

- Ya os habéis reído bastante de mi, me voy a dar una vuelta!!!

Toda digna empezó a caminar en dirección a la playa del embalse haciendo oídos sordos a las peticiones de que no se lo tomara así. Yo le dije al grupo, que había llevado una temporada muy estresante y que ya se le pasaría y seguimos, pero pasó un rato y no volvía, una de sus amigas dijo de ir a buscarle y le dije que mejor iba yo.

Me levanté y fui para la playa, había algún grupo familiar disfrutando de la noche, vi una silueta sentada en el borde del embarcadero de madera y fui para allí. Era ella que al escuchar los pasos se giró, resopló y le dio un trago a la botella. 

- Os hago mucha gracia borracha? Pues vais a poder seguir riendo.

- Va nena, no te lo tomes así, todos tenemos anécdotas similares de adolescentes, es parte de la adolescencia, no pasa nada.

- Ya...pero siempre me toca a mí.

- No me seas niña, venga vamos que empiezan a estar precupados.

- No pienso ir hasta que todos estén durmiendo...y punto.

Me senté a su lado hice la intención de abrazarla, pero me apartó empujando.

- No, ahora no me vengas con mimos, que te lo has pasado muy bien a mí costa.

- Nena, vale ya...

- Ya está a amenazar.

- No estoy amenazando, pero cambia de actitud hemos venido a pasarlo bien y deja de pensar que es tu costa, hoy te ha tocado a ti, quien sabe mañana, venga va pórtate como una adulta y vamos que al final los vas a hacer sentir culpables.

- Paso, ya te he dicho que no pienso ir más que para dormir.

En ese momento le fue a dar un trago a la botella, pero muy más rápido y se la quité.

- Se acabó

- Dámela

-Ni hablar 

Empezamos a forcejear pero duró poco, el tiempo de volear la botella al pantano, algo que no debería hacerse. 

- Se terminó la tontería.

La cogí del brazo y empezamos a caminar, así cruzamos la playa en la que aún había gente, aunque no creo que nadie se percatara y tal vez por eso no se resistió, entonces en vez de coger el camino me metí por el medio del pinar y me paré para sentarme en un tronco caído. 

- Escúchame atentamente, se acabó este comportamiento y cuando lleguemos vas a pedir disculpas ¿Está claro? 

- Paso, en cuanto llegue me meto en la tienda de campaña a dormir.

- Pfffff ya veo que sólo hay una manera de hacerte entrar en razón. 

Movimiento rápido y a mis rodillas, muchas quejas, aquí no bla, bla, bla...pero no tardé ni en segundo en empezar la lluvia de palmadas sobre los shorts vaqueros, cómo no dejaba de moverse le tuve que bloquear las piernas usando mi pierna derecha y aumentando el ritmo de las palmadas, en mitad del bosque había silencio, pero se podían escuchar los distintos grupos del camping a lo lejos, seguí unos minutos con ganas hasta que se relajó. Entonces metí mi mano por dentro de la camiseta de manga larga acariciándole la espalda.

- ¿Estás más tranquila? ¿Podemos volver y comportarnos como adultos?

- No...

- ¿No? Está bien, levanta.

Se levantó y nada más hacerlo llevé mi mano a la cintura de los shorts y empecé a desabrochárselos, intentó evitarlo, pero sólo consiguió un manotazo y una mirada.

- Pon las manos en la cabeza!!!

Un par de azotes y manos sobre la cabeza, shorts en los tobillos y tanga también. 

- Ya sabes, pon bien el culo, que necesitas bajar urgentemente la tontería. 

Al final me tocó a mí tirar de ella, y cuando estuvo empezó el concierto, el short vaquero amortiguaba bastante el escándalo, pero las palmadas sobre el culo desnudo eran tan ruidosas que hasta los grillos pararon a escuchar el concierto.

- Cuando volvamos con la gente quiero que te comportes como dios manda y te aseguro que vas a tener el culo muy caliente para que te olvides. 

Aunque había una noche clara y con bastante luna no podía ver muy bien el tono de piel, pero cinco minutos de azotaina constante y a buen ritmo, conozco el efecto que tiene. Cuando decidí parar, sabía que el calor y el hormigueo en el culo le iba a durar rato.

La hice levantarse, yo mismo le subí el tanga y el short y sin decir nada nos fuimos donde estaba nuestro grupo.

Al llegar al grupo y la luz vi su rostro ruborizarse, alguien preguntó.

- ¿Estás bien?

- Si, perdonadme he tenido una época mala, lo siento.

Ahí vinieron abrazos y risas, nos volvimos a sentar, ella despacio y terminamos la noche entre risas y anécdotas varias. 

Ya cuando nos metimos dentro de la tienda de campaña, se desnudó y se tumbó boca arriba. Yo cogí la crema y empecé a refrescarle el culo aún caliente.

- Pffff que peligro tiene eso y aquí no podemos hacer nada...estamos pegados a las otras tiendas...

- Lo que tiene peligro es que haya tenido que ponerte el culo rojo, para que te comportes cómo una adulta...y las adultas saben ser discretas cuando toca y silenciosas.

Mis dedos empezaron a juguetear entre sus piernas, cómo imaginaba la reacción al tratamiento había tenido un reacción muy adulta...me suplicó que parase al principio, pero luego se dejó ir, en silencio...

Todo lo bueno pasa y llegó la última noche, al día siguiente recoger y vuelta a casa, para celebrarlo hicimos una barbacoa, que se alargó hasta bien entrada la noche. Cuando terminamos ya y recogimos, yo estaba agotado.

- Vamos a dar un paseo, hace una noche preciosa...

- Pfffff estoy agotado...

- Vale, pues me voy yo, tu descansa.

Entre en la tienda para coger algo de abrigo, refrescaba ya y al salir ya no estaba. Caminé pensando que abría ido hacia el embarcadero y la playa, pero no, así que volví a la parcela. Pasó un buen rato y empecé a impacientarme, hasta que vi su figura venir hacía allí, había algo raro en su manera de caminar y cuando pude alcanzar a ver, estaba medio mojada y ya de cerca tenía una rascada que sangraba un poco en la rodilla.

- ¿Que te ha pasado?

- Me he resbalado en las rocas...

- ¿Que? ¿Se puede saber qué pasa por tu cabeza? ¿Te has ido sóla a las rocas a oscuras? ¿Y todo por una pataleta? 

Tenía la mirada clavada en el suelo y no decía nada, entonces me fijé bien estaba hecha un desastre mojada, con otra herida en el codo. 

- Anda y tira a darte una ducha.

En aquel momento me di cuenta que ponerse en plan sargento no era la mejor idea, que seguramente tenía un buen susto en el cuerpo además. Entró a la tienda cogió algo de ropa y se fue a las duchas, cuando volvió yo ya tenía preparado el botiquín, le desinfecté las heridas, nada grave, las típicas raspaduras y nos dormimos. 

Al día siguiente al despertarnos desayunamos todos juntos y empezamos a recoger a ella se la notaba dolorida de la caída. Cargamos trastos nos despedimos y volvimos.

Al llegar todavía tocaba descargar y cansados así que nos apalancamos en cuanto estuvimos. En determinado momento se levantó.

- A ver esas heridas.

- No es nada, molestan y ya.

- De todos modos date un ducha y luego te las curo...

- Si papá -me dijo con ironía -

Entré en el baño cuándo aún estaba en la ducha esperé que saliera y se secase, la hice sentarse y con mucho cuidado y cariño le limpié y desinfecté las heridas. 

- A veces me haces sentir como una reina...

- Vaya yo pensaba más bien que cómo una niña inconsciente, tozuda y orgullosa.

No dijo nada, se ruborizó un poco. 

- Porque aún espero una explicación razonable a lo de ayer...

- No me apetecía meterme en la tienda, era la última noche, necesitaba estirar las piernas y respirar

- Bueno, ya sabes que a veces soy quejica y gruñón pero generalmente acabó cediendo, entré a la tienda a coger una sudadera, pero la señorita digna ya se había ido.

A medida que iba hurgando en su actitud notaba cómo se hacía pequeña.

- Bueno esto ya está, voy a hacer algo de cenar y a descansar que estoy muerto. 

Aún tardo un rato en salir, yo sabía que en su cabeza mi actitud era rara y sospechosa. Ya no mencioné más el incidente el resto de la noche, cenamos y agotados nos fuimos a la cama. 

Al día siguiente me levanté antes y preparé el desayuno, desayunamos con la calma que se desayuna en vacaciones. Hasta que me levanté y dije.

- (Nombre completo) voy a buscar la ropa que se quedó en el coche, recoge la cocina y cuando termines te vas al rincón del comedor que me tienes que contar muchas cosas.

No le di opción a réplica, ya tenía las llaves así que puerta y baje al coche, retardé un poco en volver a subir para darle tiempo. Cuando subí la cocina estaba recogida y ella en el rincón del comedor, llevaba sólo una camiseta y el tanga. 

Me entretuve y puse una lavadora, así que debió pasar cómo un cuarto de hora hasta que fui al comedor. La miré, quieta manos detrás de la espalda. Cogí una de las sillas de la mesa, la puse entre el sofá y la tele, me senté. 

- (Nombre completo) ven aquí por favor.

Suspiró y se dio la vuelta, lo primero que vio fue a mi sentado y serio mirándola fijamente. Conforme se acercaba empecé a hablar.

- Lo del sábado por la noche fue una tontería muy gorda que podía haber acabado en algo más que cuatro rasguños y un remojón. Además el causante de todo eso, fue ese orgullo, que al final siempre te acaba metiendo en líos y te prometo que cada vez que si no lo suavizado, vas a pasar más tiempo con el culo rojo que blanco. 

Al terminar de decirlo la tenía frente a mis piernas, mirando al suelo, le pasé la mano por la nalga y noté como se le erizaba la piel. 

- ¿Me has escuchado?

- Si..

- Pues pon las manos encima de la cabeza.

Lo hizo y nada más hacerlo metí mis manos bajó la camiseta busqué la cintura del tanga y se lo bajé justo a medio muslo.

- Ya sabes lo que toca, túmbate en mi regazo y quiero ver ese culo bien presentado.

Lo hizo sin quejas, ni soplidos, le levanté un poco la camiseta y empecé a acariciarle la piel desnuda. Pero las caricias duraron poco, enseguida empecé a calentarle el culo alternando cachete y cachete a ritmo alto y constante desde el principio. No se el rato que estuve, sin pausas, pero más de cinco minutos seguro, lo suficiente para asegurarme dejárselo al rojo vivo y para agotar mi mano que empezaba también a picar. Cuando paré, la dejé en mi regazo un par de minutos sin decir nada, tenía el culo de un bonito rojo, pero también podía ver los labios hinchados de su sexo. Hasta que le dije

- Levanta y al rincón.

Se levantó y y caminó hasta el rincón al llegar el tanga había resbalado hasta los tobillos, las manos detrás de la espalda sujetando la camiseta levantada. 

Yo me levanté también y tendí la lavadora. Al pasar hubo un momento que había relajado las piernas, que no estaban en posición de firmes, así que me acerque y le di un par de sonoras palmadas. 

- Ponte bien o estarás diez minutos más. 

Cuando terminé pasé por el baño cogí el cepillo de colgaba tras la puerta, el cuadrado y ancho. Me fui al comedor me senté en la silla y la llamé otra vez por su nombre completo. La visión del cepillo en mi mano, hizo que ya se hiciera más de rogar cuando le indiqué que se pusiera otra vez en mis rodillas. Así que la "ayudé" con un tirón firme. 

Y sin vacilar le di cuatro docenas de azotes con el cepillo, bien espaciadas entre sí, para que sintiera bien como el picor y el escozor iba subiendo gradualmente. En la última tanda ya empezó a retorcerse un poco y al terminar ambas nalgas tenían dibujados dos grandes círculos de un rojo que se acercaba al morado sin llegar.

La dejé coger aire un rato en mi regazo, pero sin caricias ni nada que pudiera rebajar los efectos del castigo. Hasta que le dije que se fuera al sofá y se tumbara boca abajo. Lo hizo, yo me levanté puse la silla en su sitio, fui a dejar el cepillo, mojé una toalla de mano con agua fría la escurrí, y cogí también el aceite de almendras. 

De vuelta al salón, me hice hueco en el sofá, le quité el tanga del todo, y puse la toalla húmeda y fresca sobre sus nalgas, al sentirla suspiró y empecé a acariciarle la cara interna de los muslos, enseguida mis dedos fueron a buscar su sexo, sabía que estaría mojada, y lo estaba jugué un poco en su charco caliente, pero a la que empecé a escuchar suspiros y gemidos paré.

- Las niñas grandes, cuando se comportan cómo niñas pequeñas no tienen premio de niña grande.

Y retiré mi mano muy a mi pesar. Le quité la toalla y dejé caer dos chorros de aceite uno en cada nalga, durante un largo rato estuve masajeandoselas. Hasta que le dije. 

- Venga va vamos a curar esos rasguños, traeme el botiquín.

Se levantó y me trajo el botiquín, le dije que se sentará en mi regazo, lo hizo suavemente y suspirando, le limpié y desinfecté los rasguños. Y al terminar mis dedos volvieron a su sexo, seguía igual de mojado y ahí sí que ya no pude vencer la tentación de hacer que se corriera sentada en mi regazo. 





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