A pesar de haber vivido ya más de la mitad de mi esperanza de vida, nunca había vivido un verano como el de 2026.
Tras un invierno y una primavera muy lluviosas y frescos, parecía que el verano iba a llegar más suave. Ni por asomo, el calor entró la primera semana de junio y a medida que avanzaba, cada semana, cada día, era más y más. A mitad de Julio ya estábamos agotados, descansando mal, sudando al mínimo esfuerzo o ni eso, teniendo que ducharte tres veces al día, otros tantos cambios de ropa y la sensación que no había un momento de respiro.
Vivir algo así, acaba pasando factura a todo, a lo laboral, a lo social y a los personal, no tienes ganas de nada, estás irritable, permanente cansado.
Obviamente durante aquellas semanas invernales, los roces y demás fueron frecuentes, pero también las pocas ganas de zanjar temas del modo tradicional.
El viernes 14 de Agosto era el día, por fin vacaciones, ella ya llevaba unos días en casa y el sábado saldríamos volando de la ciudad en busca del fresco de la provincia de Soria.
Me levanté, hice café, me tomé uno y antes de salir, antes de irme fui a la habitación, a despedirme, ella seguía en la cama.
- Me voy nena, si todo va bien sobre las 4 ya estaré en casa.
- Vale, venga ánimo que unas horitas y se acaba.
- Que ganas tengo
- Lo sé
- Eso si aprovecha el día, que luego te pilla el toro que nos conocemos.
- Pffff lárgate ya, que parece que si no tiras la sentencia no te vas a gusto.
Fui a darle un beso, pero me giró la cara.
Conduciendo de camino al trabajo iba pensando en aquellas semanas de energía acumulada, energía negativa, de incomodidad, irritabilidad, descansar poco y mal y de falta de motivación y energía por mi parte para ejercer. Y algo me daba que aquello acabaría por formar una tormenta explosiva.
Por suerte el día pasó rápido, nos deseamos felices vacaciones y se cerrarom las persianas por tres semanas, tres semanas para olvidar aquel verano, cargar las pilas y dejar lastre.
Cuando llegué a casa allí estaba, echada en el sofá con el uniforme de verano para estar por casa (camiseta de tirantes y una braguitas) y el ventilador del techo a tope.
- Ya has acabado?
- Por fin!!!!
- Hice ensaladilla si quieres comer en la nevera hay.
- Pffff para cenar, ni hambre tengo, comeré algo de fruta y ya.
- Tú mismo
Me comí media sandía que quedaba y en ese momento entraba a la cocina...
- Vaya tenía antojo de sandía, pero vamos ya veo que piensas en mí
- Me podías haber avisado!!! Hay melón en la nevera
- Que parte de que quiero sandía no has entendido?
La miré fijamente, cogió una botella de agua y se fue.
Yo me fui a dar una ducha tibia y me puse ropa cómoda.
- Nena, yo voy hacer la maleta, no tardes que mañana quiero salir pronto.
- Pffff hay tiempo de sobra
Me fui a hacer la maleta, tampoco era una gran maleta. Un par de bañadores para la piscina, ropa de monte para salir de ruta un par de de mudas más de arreglar por si algún salíamos a cenar o tomar algo y algo de abrigo que allí nunca se sabe. Cuando terminé seguía estirada en el sofá jugando con el móvil. Y ahí creí que debía actuar ya.
Me fui para ella y le quité el móvil. La levanté y le di un par de azotes.
- Voy a pasarle el aspirador al coche y meterlo en el túnel de lavado, cuando vuelva quiero la maleta hecha y esto me le llevo, tienes una hora más o menos
Dije metiéndome el móvil en el bolsillo . Son decir nada más cogí las llaves y me fui.
Mientras limpiaba el coche y por precendentes imaginaba que al llegar, la encontraría con la ropa tirada en la cama, la maleta a medio hacer y quejándose, y eso me llevaría irremediablemente a tener que ejercer.
Pero mi sorpresa fue al llegar y encontrarla terminando de meter la última prenda cuidadosamente doblada en la maleta. Todo ordenado y una sonrisa.
- No me mires así tenías razón, estaba tonteando mucho
Le di un beso
- Me voy a dar una ducha que mira como vengo.
- Vale, mientras preparo el neceser y voy yo después.
Así, fue lo que parecía que iba encaminado a una tormenta acabó en una calma que hasta parecía extraña y resuelto con dos azotes y un golpecito de autoridad, estaba que no cabía en mi y en mis capacidades de disciplina. Además justo empezaba a atardecer y se levantó un alivio en forma de corriente de aire.
La escuché salir del baño, ir a la habitación,cerrar la maleta y desde el pasillo me dijo
- Voy a la cocina ¿Quieres algo de la nevera?
- Pues una cervecita si eres tan amable
- Voy
Tardó un par de minutos y volvió con un par de cervezas.
- ¿No las encontrabas o que?
- He puesto más en fresco
- ¿No te sientas?
- Ufff es que corre un aire muy rico aquí
En ese momento estiré la anilla de la lata y ahí si se desató una tormenta, la espuma de la cerveza empezó a salir en todas las direcciones, durante unos segundos estuve sin reaccionar, y mi primera y torpe reacción fue levantarme intentando en vano atajar el geyser de la maldita cerveza y lo único que conseguí es ponerme perdido yo y parte del salón. Cuando por fin paró el geyser otro instante de "¿Que ha pasado aquí?" Hasta que la miré y se le escapó una carcajada a la vez, que empezaba a correr hacia el pasillo, dejé la lata en la mesa y salí tras de ella empapado de cerveza. Se metió en la habitación y cuando intenté abrir ella intentaba evitarlo desde atrás riendo a carcajadas. Pero claro la risa quita fuerza y no duró ni un minuto el forcejeo. Entré, directo a ella, sujeta del brazo y empezaron a caerle azotes que intentaba esquivar como danzando alrededor mío, hasta que dije suficiente.
La llevé frente al espejo de cuerpo entero, le hice poner las manos sobre la cabeza mirando al espejo. Braguitas a los tobillos, camiseta por encima del pecho, mi mano izquierda en su vientre y la derecha empezó a darle con ganas alternando cachete y cachete, sin miramientos, ni progresividad, con ganas y sin pausas hasta ponerle el culo bien rojo.
Al terminar y sin decir nada la lleve de la oreja al salón de vuelta. La dejé en la parte seca.
- No te muevas
Fui a la cocina y volví con la fregona el cubo y trapos. Del cubo saqué un par de latas de cerveza.
- Extiende los brazos, palmas hacia arriba.
En cuanto lo hizo le puse una lata en cada mano. Mientras recogía el desaguisado. Al terminar le dije. Vuelvo a la ducha, que huelo a cerveza y la ropa también, no te muevas y aunque esto no queda aquí, dejaré la puerta abierta y si escucho caerse una lata, tendrás algo extra.
Fue una ducha rápida, para quitarme el olor a cerveza y ya.
Nada más salir la fui a buscar, le quité les las latas y otra vez de la oreja hasta el espejo de la habitación.
- Apoya una mano en cada lado y el culo bien sacado , que me voy a ocupar a fondo de el.
Cuando hizo, aún le hice inclinar más la espalda y presentarlo mejor, mientras con el pies le hacía separar los suyos.
Fui a la mesita de noche, cogí un plug y el lubricante. Me fui hacia ella, detrás pero viéndole la cara a través del espejo. Lubriqué el plug de acero estriado, y después con mi dedo corazón le lubrique ahí donde lo iba a alojar, entoces mientras con la mano izquierda le separaba un cachete rojo, le dije.
- Mira al frente en todo momento
En cuanto la vi mirar, empecé a apretar el plug suave y firme a la vez, sin dejar de mirarle la cara a través del espejo, durante el proceso cerró los ojos un par de veces y soltó un tímido gemido justo cuando el plug entraba del todo.
Al terminar le di un par de palmadas cariñosas en el culo y me fui para el armario al abrir una de puerta colgaba mi colección de cinturónes de cuero, me fui directo en busca del señor disciplina, un cinturón de cuero marrón bastante viejo pero muy efectivo. Lo doblé por la mitad mientras avanzaba y al pararme detrás de ella
- ¿De cuentos cl son las latas de cerveza estándars?
- De tercio
- ¿Y cuantos cl son un tercio?
- 33
- Pues ya sabes el número de caricias con el cinturón que tienes que contar.
Ya no dije nada más, armé el brazo y el cinturón cruzó su piel como un relámpago..
Con voz tímida y seguida de un suspiro escuché "uno"
Sin prisa espaciando unos segundos entre azote y azote hasta llegar al "treinta y tres"
Entonces dejé el cinturón en su sitio, volví hacia ella, que seguía presentando el culo castigado frente al espejo. Lo primero que hice es revisar su piel con mis dedos suavemente, mapeando sus nalgas castigadas con las yemas de mis dedos. Apoyé mi mano izquierda en sus lumbares empapadas de sudor y en ese mismo momento mis dedos encontraban también algo muy mojado entre sus piernas.
- Cualquiera diría que te acabo de castigar...
Empecé a jugar con mis dedos en su sexo por fuera y también por dentro y llegado un momento empezó a mover las caderas con picardía y en ese momento paré y le di media docena de palmadas rápidas en el sexo desde atrás.
- No estarás pensando que después de tu gracia vas a tener premio ¿Verdad? Te voy a follar, porque me encanta follarte con el culo rojo, pero más bien te voy a usar, ya cuando te portes bien veremos.
Y eso hice, follármela allí, contra el espejo, con el plug puesto y sintiendo el culo rojo y caliente tocando mi piel, ya sólo la saqué para correrme en la piel roja caliente y castigada de su culo.
Y así empezaron las vacaciones del peor verano de nuestras vidas.
Continuará

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