Había pasado mala noche, con algo de fiebre y malestar. Pero por la mañana, ya estaba preparada para ir trabajar y realmente no hacía buena cara, así que no sin insistir la acabé por convencer que fuera al médico y que se cogiera al menos un par de días de baja.
Me fui a trabajar y le envié un mensaje a media mañana para saber qué le había dicho el médico, no me contestó e imaginé que estaría durmiendo. Ya de vuelta por la tarde me la encontré en el sofá estirada tapada con una manta, nada más verla le dije.
- Ufff cómo estamos, que te ha dicho el médico?
- Un catarro común, Paracetamol y mimos
Me senté a su lado, le toque la frente.
- Si parece que tengas fiebre. Te ha dado la baja?
- No...
- En serio? Has ido a trabajar?
- Si claro que quieres que haga
- Pues no estás para trabajar
- Bueno imagino que mañana estaré mejor.
Así pasaron un par de días, puesto que no quiso cogerse ni un día libre, así que por las tardes me tocaba hacer de enfermero, al tercer día mejoró mucho y episodio pasado.
El sábado, ya hacía un par de días que estaba bien, sábado casero. Ella salió a hacer la compra y yo me quedé recogiendo la casa y en eso que me encuentro con un informe del centro de salud, me dió por leerlo y vi en el algo que me llamó la atención.
"La paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas..."
Me quedé muy extrañado, aquella noche había tenido bastante fiebre, así que aquello debía tener alguna explicación.
Cuando llegó de la compra, no dije nada, seguimos con la rutina de mantenimiento de casa, preparé la comida, comimos y ya con todo hecho después de comer nos apalancarmos, yo fui a poner una cafetera.
- Quieres un café?
- No gracias
Hice la cafetera, me servi un café y me senté en el sofá, ella puso sus pies en mi regazo y le cogí los tobillos. Entonces busqué algo en el bolsillo y lo saqué, era el informe del médico. Se lo di.
- Vas dejando las cosas por ahí...
- Bueno ya lo podías haber tirado, total.
- Me lo lees por favor
- Y eso? Para qué?
- Leemelo
Ahí cambié el tono de voz, si alzarla pero más firme.
Resopló y empezó a leer.
- De pie por favor.
- De pié por qué?
- Ahora lo sabrás
Volvió a resoplar, pero se levantó y siguió leyendo, hasta que llegó al punto ese en el que se leía "la paciente manifiesta no haber cursado fiebre en las últimas 24 horas…" La interrumpí en ese momento.
- Me explicas eso? Porque vamos pasaste una noche de fiebre que no veas.
- No sé supongo que me entendió mal.
- Lo que se te da mal es mentir. Estás roja como un tomate, no me aguantas la mirada, te pillo a la primera, así que dime la verdad, le mentiste al médico no es eso?
- Pfffff es que tampoco estaba tan mal y si le digo que tengo fiebre, me da la baja.
- Deberías saber que dar la baja por enfermedad es en primer lugar para recuperarte, pero también para proteger al resto de gente de tu alrededor. Así que doble irresponsabilidad y a eso suma que mentiste al médico y también a mi.
- No te pongas trascendente, no hubo mala intención, en casa me aburro y no estaba tan mal.
- Pues lo dices claramente y no pasa nada, podré estar más o menos de acuerdo, pero lo que no voy a permitir son trucos, que además te pillo siempre.
- Valeeee ya no pasará más, pero luego no me calientes la cabeza y respeta mi decisión.
- Eso es lo que hubiera hecho si te hubieras comportado cómo una adulta, pero cómo no ha sido así ve a buscar el termómetro.
- Que?!!! Para qué?
La miré muy serio.
- Quieres ir con el culo rojo?
- Pfffffffff
- Y para de soplar. No te lo digo más.
Ahora no resopló, pero si suspiró antes de ir al baño, de vuelta venía con el estuche metálico del viejo termómetro de cristal. Me lo dio. Lo cogí y lo dejé en el brazo del sofá.
- Manos detrás de la espalda.
Gesto de desaprobación y mirada hasta que lo hizo, entonces de un tirón seco le bajé el pantalón del pijama hasta los tobillos, debajo no llevaba nada. La cogí del antebrazo y con firmeza la puse en mi regazo, tumbada boca abajo. Empecé a acariciarle suavemente las nalgas desnudas y mientras le daba unas palmaditas muy suaves, le dije.
- Te voy a enseñar a no mentir al médico y a mi.
Abrí el estuche cogí el termómetro de cristal, lo agité varias veces. Y con mi mano izquierda separé un poco sus nalgas, exponiendo la zona más pudorosa y oculta de su cuerpo, llevé la punta del termómetro allí, al contactar el frío cristal con ese lugar tan se sensible, se contrajo en acto reflejo, esperé que se volviera a relajar y cuando lo hizo el termómetro empezó a entrar por el agujero más íntimo de su cuerpo, hasta la mitad más o menos. Entonces le solté las nalgas y a esperar.
- Esto es humillante sabes?
- Más humillante en mentir.
Cogí el termómetro y empecé a jugar a meterlo y sacarlo despacio. Hasta que lo saqué del todo.
- Hoy sí que no tienes fiebre de momento.
Suspiró otra vez, y más cuando notó mis dedos "inspeccionando" el coño, mojado.
- Que reacciones más raras tienes con la vergüenza.
No dijo nada, su cabeza debía estar cortocircuitando.
Pero enseguida, le mostré la realidad, que no era otra, que empezarle a poner el culo al rojo vivo, y mi mano comenzó a impactar rítmicamente en su piel desnuda, con ese sonido inconfundible. Que fue aumentando poco a poco en ritmo y velocidad. Mientras la iba semonenando sobre las responsabilidad y mentir. De vez en cuando hacía una pequeña pausa, insistía en el sermón y cuando volvía a empezar lo hacía más fuerte e intenso, viendo como su piel iba cambiando de color, de un rosado pálido, pasó a un rosa más intenso e uniforme y de ahí al rojo en distintos tonos para terminar en un rojo tomate, justo cuando me detuve.
Puse el dorso de mi mano en cada una de sus nalgas.
- Ahora si parece que tienes fiebre local, la fiebre de la disciplina.
Volví a coger el termómetro.
- Habrá que comprobar. Colabora.
Esa última palabra sabía que tenía una carga muy pesada, ese colabora significaba que debía ser ella quien se separase las nalgas, y yo sabía que eso la mortificaba mentalmente y a la vez hacía que su coño gotease.
Pero no pudo evitar resoplar lo que le costó una docena de buenos azotes, rápidos y fuertes.
- Ya te avisé que no quería un soplido más.
Finalmente sus manos se estiraron hacia atrás agarraron las nalgas que debió notar muy calientes y tímidamente separó las nalgas, yo cogí de nuevo el termómetro y se lo volví a meter, esta vez sin soltarlo, moviéndolo despacio sin sacarlo. Jugando un rato con él. Cuando lo volví a sacar, lo miré y dije.
- Vaya pues no tienes fiebre. Habrá que probar otro método. Levanta y tráeme la cuchara de madera para cocinar culos de jovencitas traviesas.
Un par de palmadas secas, le hicieron saber que no era buena idea, hacerse la sorda y mucho menos rechistar. Con el pijama en los tobillos y el culo rojo al aire caminó torpemente por el pasillo, hasta la cocina. De vuelta me entregó la cuchara de madera de olivo e hizo el gesto de ponerse en mis rodillas, pero se lo impedí.
- Manos sobre la cabeza y date la vuelta.
Hizo amago de resoplar, pero acabó por obedecer. Así de pie de espaldas a mi empecé a pasar la cuchara por su piel, nalgas, muslos e incluso por el coño, hasta que me levanté pasé mi brazo alrededor se su cintura para sujetarla y empecé a golpear sus nalgas ya rojas con la cuchara.
Lo bueno de la cuchara es que permite repartir muy bien los azotes y asegurarte que no queda un centímetro cuadrado de su piel sin el "saludo" de la cuchara. Aunque la última ronda fue muy insistente con la parte baja de las nalgas y la alta de los muslos, aguantar el castigo de pie, le daba un toque de seriedad.
Al parar tiré la cuchara en el sofá y empecé a pasar mis dedos por el cuadro de circulitos rojos que había dibujado en su piel con la cuchara, hasta que me cansé, cogí la cuchara uno de sus brazos y la llevé hasta el rincón. Allí puse la cuchara entre sus nalgas y la dejé.
No pude evitar hacerle unas fotos allí en el rincón, fotos que me servirían en el futuro de advertencia.
Un cuarto de hora después, fui a buscarla, le quité la cuchara, cogí sus manos y las puse apoyadas en la pared, estiré su cintura hacia atrás, haciendo que expusiera bien el culo y fui a por el termómetro otra vez.
Allí contra la pared y con el culo rojo y expuesto, le volví a poner el termómetro. Esta vez lo dejé quieto, esperé un par de minutos y se lo saqué.
- Vaya sigues sin tener fiebre.
Lo guardé y me fui otra vez hacía ella, con mis pies hice que separase las piernas, pasé toda la mano por su coño de delante a atrás varias veces frotando con ganas, me mojó completamente la mano.
- Aquí sí parece que hay fiebre y habrá que calmarla.
En ese momento me desabrochaba el pantalón y cogía mi polla, la guiaba hasta su raja, la pasé varias veces entre sus labios para que me la mojara bien, hasta que de un golpe de riñones la hundí en su coño, hasta quedarme pegado a su culo caliente y allí contra la pared y con el culo rojo, me la folle hasta corrernos los dos.

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