Todo lo bueno termina rápido. Las dos semanas de desconexión de naturaleza y de tranquilidad, llegaban a su último día, al día siguiente había que volver.
La idea para ese último día, era dejar la casa preparada para escaparnos alguno de los puentes largos del otoño, recoger, hacer maletas y dejarlo todo preparado, así al fresco de la noche poder salir a disfrutar de una cena de despedida.
Nos pusimos a ello, sin prisa con todo el día por delante.
Es curioso pero cuando no hay estructura cómo en vacaciones pese a tener tiempo la tendencia a perderlo es muy marcada.
Debían ser sobre las 7 de la tarde, cuando la escuchaba de arriba para abajo en la casa, murmurando entre dientes. En una de estas pasadas, le pregunté.
- ¿Te pasa algo?
- ¿Tú que crees?
- No lo sé
- Pués mira que hora es, la maleta a medias y cerré ahí tan tranquilo tampoco ayuda.
- Y que se supone que debería estar intranquilo y así sería una forma de ayudar?
- Lo que podrías hacer es ayudarme!!! Que luego te quejarás que vamos tarde y aún tengo que ducharme, arreglarme
- Lo mío está todo hecho, tengo hasta la maleta cargada ya. Si me hubieras hecho caso y ya desde el martes conforme se va lavando se va guardando...
- Ya estamos, el señor cuadrículado y su orden, déjame en paz que me entretienes!!!
Y siguió con el carrusel de vueltas y murmuraciones.
Una hora más tarde aproximadamente, pasaba con el troley camino del coche. De vuelta, se paró delante de mi.
- Pfffff ya está!!!
Levanté la mirada.
- ¿Seguro?
- Síii, ya sabes que me pongo nerviosa. Bueno me voy a duchar.
Llevaba un pantalón corto de deporte y una camiseta.
- Ven un momento, ven.
- Que quieres....
Me contestó a mala gana dándose la vuelta. No dije nada más, la cogí del brazo y a mí regazo.
- Joder!!!! Y ahora que pasa?!!!!
- Anda que no sabes bien que pasa.
Una lluvia de cachetes empezó a caerle en el culo sobre el pantalón, al principio protestaba se movía y hasta intentó taparse con las manos, así que muñecas inmovilizadas contra la espalda y ahora ya tormenta de azotes, hasta que dejó de moverse y pasó a quedarse quieta.
Un rato después y con la mano ya cansada.
- Levanta
Se levantó y ya no había rastro de rebeldía, sólo un sonidito de desaprobación cuando le empecé a deshacer el nudo del pantalón, con el nudo suelto cayó como una hoja seca hasta sus pies. Con las braguitas , un tirón seco y por las rodillas.
Vuelta a mis rodillas, ahora ya si protección alguna, empezó una larga y sonora azotaina sobre mis rodillas, con el culo al aire.
- Estaba escrito que la vuelta iba a ser como la ida, con el culo caliente.
Le estuve calentado el culo, hasta que realmente me picaba la mano, momento en el que paré jadeante. Un minuto de silencio y la hice levantarse, del brazo la llevé hasta el rincón, en el suelo se quedaron los pantalones. Manos sobre la cabeza, nariz pegada a la pared y silencio.
Me senté de nuevo en el sofá. Pero por poco tiempo, me levanté y puse los dos cojines en en medio del sofá y fui al baño. De vuelta llevaba conmigo, el cepillo de ducha y el estuche del termómetro, lo dejé todo sobre la mesilla.
- Ven aquí
Salió del rincón y caminó con las braguitas por encima de las rodillas hasta mi.
- Sobre los cojines.
- Pfff pero ahor...
Un par de azotes fuertes
- Si, ahora!!!
Truco muy efectivo, no tardó ni diez segundos en tumbarse boca abajo, con los cojines levantando bien el culo rojo como un tomate.
- Cuando un niño está agitado e irritable a veces es porque tiene fiebre, así que no está de más asegurarse que no es así .
Saqué el termómetro del estuche me senté en el borde del sofá, le di al botón del "on" con la mano izquierda le separé las nalgas y cuando escuché el pitido, le puse el termómetro en el culito.
- Ahora quieta hasta que vuelva a pitar.
Sonó la alarma del termómetro, se lo quité.
- Pues no, no tienes fiebre, al menos de momento, así que debes tener tontería y contra eso también tengo medicación.
Me levanté, dejé el termómetro sobre la mesita y cogí el cepillo de baño, redondo de mango corto. Jugué un poco con el y su piel, por las dos caras.
- Cuando acabe a la ducha.
El cepillo de baño, es un arma muy efectiva y un par de docenas de azotes es más que suficiente para conseguir un recuerdo ardiente para unas horas y un recuerdo punzante al sentarse un par de días mínimo.
Y con el culo ardiendo directamente a la ducha.
Cómo estaba planeado, salimos a cenar la última noche de vacaciones, en total armonía, aunque con alguna dificultad para sentarse cómodamente. A medianoche volvimos a casa dando un paseo al fresco o frío casi, de las noches de finales de agosto en la alta meseta.
Mientras ella se desmaquillaba y se ponía cómoda, encendí unas velas en el salón, sobre el sofá seguían los cojines. Y sobre la mesita un bote de crema de masaje y algo más.
Cuando volvió con el pijama ya puesto, la cogí de la mano la hice tumbarse de nuevo sobre los cojines, muy despacio le baje el pantalón hasta los tobillos. Con las dos manos empecé a acariciarle muy suavemente el culo, apretando un poco cada vez que pasaba por la zona dulce para provocar un pequeño suspiro. Cogí el bote de crema y dejé caer un par de chorros generosos en cada cachete, para empezar a extenderlos por toda la piel, durante unos 20 minutos repetí operación cada vez que la piel absorbía la crema.
- Toca volver a asegurarse.
Cogí el termómetro de nuevo, lo inicié, le separé los cachetes y de nuevo se lo puse...y de nuevo negativo. Entonces me dijo
- Era necesario otra vez?
- Las que haga falta
Mis dedos se paseaban por el surco de sus labios íntimos
- Además con esta reacción, no parece que sea tanto sufrimiento. No sé si te mereces hoy premio, pero es el último día de vacaciones y tal vez haga una excepción....

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