Volvía para casa, con ganas de reencuentro, llevaba casi dos días sin verla, desde que había entrado de guardia a las 8 del día anterior y cuando había vuelto , yo ya había salido a trabajar.
Empezaba a hacer calor ya de aquella sofocante de pleno verano y los cuerpos lo empiezan a notar. Abrí la cerradura despacio, entré y fui directo al salón, allí estaba, sentada en la sofá, sólo con unas braguitas y una camiseta, apenas dibujó una sonrisa al verme, la noté pálida.
- ¿Te pasa...?
No me dio tiempo a acabar la frase , se levantó con una mano en el estómago y medio encorvada fui corriendo al baño, con náuseas y cerró la puerta.
Un par de minutos después salía con algo de mejor cara.
- ¿Estás bien?
- Si...mejor, me he echado un rato y al levantarme me he mareado, pero mejor...debe ser el calor.
- Voy a por un vaso de agua.
Fui a la cocina a por agua y vi la cocina inmaculada, al abrir la nevera, también vi un tupper con comida que había dejado preparada para calentar. De vuelta al salón le di el vaso de agua , lo cogió con un ligero temblor y le dio un trago.
- ¿Estás mejor?
- Si, si, ya va pasando.
Me fui de vuelta a la cocina y cogí un par de onzas de chocolate, se las di.
- Te sentará bien.
Fue casi instantáneo comerse el par de onzas y revivir.
- No te has comido lo que te deje en el frigo, no te ha gustado?
- Pfffff llegué agotada y me eché a dormir, y después ya me he levantado revuelta, luego para cenar.
- ¿Desayunaste en el hospital?
- No...
- Claro y te extrañará lo que te ha pasado no? Te lo tengo que explicar yo? Creo que tú lo sabes mucho mejor que yo. Y mírame cuando te hablo, por favor.
- Pffff no me des el sermón ahora, ya lo sé, pero estaba agotada.
- ¿Que comiste en el hospital?
- No me acuerdo!!!!
La miré muy serio
- Un sándwich de máquina...
- ¿En todo el día?
- Es que no he podido parar!!!!
- ¿A que hora?
- Por la mañana cuando entré.
- Vamos, que llevas 36 horas más o menos con un sándwich de máquina y cafés, trabajando encima .
- ¿Y que quieres que haga?
- Pues muy sencillo, comer. Me parece hasta cierto punto cómico, que tenga yo que explicarte esto, pero si no comes, entre las 12 y las 24 horas acabas con las reservas de glucosa, se estabilizan los niveles de insulina y empieza a producirse algo llamado cetosis que no hace falta que te explique que es. Y eso provoca, fatiga, cambios de humor, mareos, náuseas , irritabilidad, falta de concentración y como ves también cambios en el ciclo del hambre...
- Gracias por la lección doctor, pero nada que no sepa ya.
Y ahí saltó la chispa. La agarré del brazo, la levanté del sofá, dos estruendos seguidos sonaron, plas y plas. Poco protegían las braguitas que dejaban al aire medio cachete.
- La impertinencia no la tenía en la lista de efectos secundarios, pero no te preocupes que tengo antídoto para todos y cada uno .
La llevé sujeta hasta el rincón.
- De rodillas, las manos en la cabeza y la nariz pegada a la pared.
Y ahí noté que empezaba a hacer efecto la "vacuna".
Me senté, cogí el móvil busqué un restaurante, más concretamente un asador, llamé y reservé mesa para dos a eso de las 9 y media o 10. Cuando colgué, le dije.
- Hoy salimos a cenar fuera, pero antes me voy a asegurar que cuando salgamos hayan desaparecido todos esos efectos secundarios tan molestos.
Me levanté, cogí un silla, la puse en el centro del salón, me senté y la llamé.
Se levantó, y se acercó despacio, mirando al suelo.
- Se acabó con la tontería del no comer y la excusas , no puedes estar 24 horas sin comer y esto no admite discusión alguna y las salidas de tono, pues creo que ya sabes que pienso de eso, así que ya sabes que tienes que hacer. Se me quedó mirando.
- Tengo que hacerlo yo? Las braguitas en los tobillos y a mis rodillas, ya.
Lo hizo rápido cómo queriendo minimizar la vergüenza del momento en el que ella misma se bajaba la ropa interior para recibir una zurra con el culo al aire , sobre mis rodillas. Nada más colocarse puse mi mano izquierda en su cadera y empecé a calentarme el culo a mano, sin prisas y a conciencia , una azotaina larga sin apenas pausas , hasta que me empezó a picar la mano y tenía ya el culo bien rojo y caliente.
Estando aún en mis rodillas, miré el reloj.
- Mmmm tenemos tiempo de sobra para el tratamiento completo. Vete un ratito a mirar la pared, que te irá bien. Que mientras aprovecho y me arreglo la barba.
Se levantó y en silencio se fue cara a la pared, las manos sobre la cabeza y las braguitas enrolladas en los tobillos.
- Dejo la puerta abierta así que espero no se te ocurra frotarte o aliviarte.
Fui a arreglarme la barba y así ganaba tiempo, de vuelta llevaba un arma muy temida en mi mano: el cepillo de ducha , aunque en este caso era uno tamaño niño, con la mango mucho más corto. Me volví a sentar en la silla, la llamé y repetimos ritual.
De nuevo sobre mis rodillas, empecé a jugar con el cepillo por las dos caras, en su piel.
- Cuando termine, te vas a dar un ducha y arreglar, ya te prepararé yo la ropa.
Y sin decir nada más, empezó a hablar el cepillo, aunque algo menos pesado , que uno normal, la forma y el mango más largo, lo hacen una herramienta temible, además cómo íbamos a estar rato sentados y en público, quería que sintiera bien los efectos de su comportamiento. No fue una azotaina muy larga, una cuarentena de azotes con el cepillo de ducha son más que suficientes para dejar "huella" y mensaje.
La dejé coger recuperar fuerzas en mi regazo, hasta que le dije que empezara a arreglarse, se levantó, le di el cepillo y le dije que lo dejara en su sitio.
Ella en el baño y yo en la habitación, seleccioné un vestido de verano ya, entallado y algo por encima de las rodillas, ese vestido sería la única ropa que llevaría.
Cuando apareció se lo dije, se lo puso y fue a acabar de maquillarse, yo aproveché para cambiarme también y la esperé en el salón.
- Muy guapa y mucha mejor cara que cuando he llegado, será verdad eso que dicen que una buena zurra tonifica. Pero falta un complemento.
Me di un par de golpecitos con las manos en las piernas, y eso significa que otra vez sobre mi regazo. Cuando estuvo, le levanté el vestido, debajo no había nada, y tenía el culo aún rojo como un tomate maduro, en especial en la parte que hace de frontera entre nalgas y muslos.
- Ábrete los cachetes del culo...
Suspiró y despacio llevó las dos manos hacia atrás, se agarró una nalga con cada mano y me expuso toda su intimidad. En ese momento yo ya estaba poniendo lubricante en el plug de acero mediano, y después de jugar un poco con el, acabo entrando en su cuerpo.
- Perfecto a juego con los pendientes.
Le di un par de palmaditas en el culo, se levantó y nos dimos un abrazo.
- Venga a cenar.
Íbamos a un asador mítico de la ciudad a plato único, proteína animal y hierro hasta la sobredosis, es decir chuletón de un kilo para dos, con la guarnición.
La cena fue totalmente destensa y divertido, incluso bromeamos y reímos, comer comió, se notó las bondades del tratamiento, sólo algún momento de incomodidad según como estuviera apoyada en la silla.
Al terminar nos fuimos a tomar una copa tranquilos para bajar la cena y luego ya si para casa.
- Me voy a poner cómoda -me dijo-
- Ya lo harás, antes quiero mi postre.
La tumbé sobre el brazo del sofá, de espaldas a mí, le levanté el vestido de nuevo, ya tenía el culo menos rojo, aunque en la parte crítica el tono empezaba a ser algo más oscuro. Me desnudé.
- Ya sabes ofréceme mi postre.
Otra vez se agarró los cachetes del culo y los separó, muy despacio le quité el plug, volví a lubricar y ahí en el brazo del sofá le follé el culo , que ese era mi postre aquel día.A

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