sábado, 19 de enero de 2019

Un mal despertar II.





En el anterior relato contaba que uno de los síntomas de que te estás haciendo mayor, es cuando empiezas a levantarte pronto por la mañana sin necesidad. Pero claro eso tiene un efecto contrario que no es otro, que aquellas noches largas, con varias horas para hacer cosas después de cenar, se reducen, sobre todo cuando estás cansado y que muchas veces es apalancarte y pensar "ufffff por fin, puedo disfrutar de paz" y de repente notas como las "persianas" te pesan, te entra una "gustera" impresionante y cuando te das cuenta estás frito como un bebé.

No se si aquel día lo hizo por venganza del último "castigo" puede ser, pero también puede ser que no y es que la experiencia me dice que las ganas "portarse bien" suelen durar lo mismo que duran, las marquitas del culo y conforme estás tienden a desparecer y al sentarse no se acuerda de tus antepasados, las ganas de jugar vuelven a aparecer.

Era un día normal entre semana, me había pasado la puñetera tarde pegado a una pantalla haciendo presupuestos, así que cuando llegué a casa, me puse cómodo y me tomé un par de cervecitas, estaba ya como un abuelo de 80 años. Ella en cambio era todo vitalidad, para arriba y para abajo, pero claro la tía se había cascado dos horas de siesta. Cuando está así en plan torbellino, ya me pongo alerta, pero aquel día realmente estaba cansado hasta para eso. Cenamos tranquilamente y en lo que yo pensé un gesto de compasión me dijo de irnos a la cama a ver un rato la tele allí. Generalmente no es que sea un prodigio de cariñosidad, vamos que si nos metemos en la cama sin otra intención que hacer el uso original de la misma, me suele dar el culo, en silencio y sin hablar mucho. Pero aquel día extrañamente, le dio por poner la cabeza en mi pecho y acariciarme, la barriga y el pecho por dentro de la camiseta del pijama.

-Joder que manos más frias!!!!!!
-Jjajajaja y tu que calentito

Al poco se fueron calentando las manos y su respiración en mi pecho, junto con las caricias me fueron relajando cada vez más, me contaba algo del trabajo, pero en cierto momento empecé a escuchar su voz como un ruido de fondo, los ojos me pesaban, vamos que esto es como un orgasmo cuestión de dejarse ir y eso iba a hacer cuando me susurró al oido.

-Hoy no me has preguntado como me he portado?
-Mmmmm ya si eso mañana te pregunto
-Es que igual he sido muy traviesa
-No te preocupes que ya me enteraré

A los susurros incluyó besitos en las orejas, pero como no le hice caso hizo algo que sabe que me da cierta rabia, que es besarme los ojos a lo bruto y claro me espabiló.

-Nena quieres parar? Estoy cansado hoy de verdad y si no tienes sueño vete al sofá. Joder.
-Valeeeee, solo quería jugar un poco, ya te dejo tranquilo
-Gracias.

Me di la vuelta, vamos que le di la espalda señal inequívoca de que quería dormir y empecé otra vez el proceso, su manía de dormirse siempre con la tele puesta y programada para apagarse sola, me costó en su momento, pero ya la tenía superada, me llevó un rato más pero me quedé frito, hasta que de repente algo congelado me despertó. Me incorporé de golpe.

-Joder!!!!!!!

Al verme reaccionar así se levantó partiéndose de la risa.

-Joooooo solo quería calentarme los pies que los tengo helados.
-Pues ponte calcetines, hostias!!!!!!!! Piensas parar?
-Que siii, que ya está.

Ella seguía riendo de pie, miré el móvil ya era medianoche, se estaba rifando una zurra y tenía todos los puntos, pero quería dormir. Así que me volví a apalancar. Cuando estuvo segura, se volvió a meter en la cama, me dio un beso y me dijo.

-¿Estás enfadado?
-Quiero dormir...
-Bueno ya te dejo.

Media hora después, ella estaba durmiendo como un bebé y yo con el ritmo de sueño roto viendo la pueñetera teletienda en no se que canal, hasta que la tele programada se apagó y aun así me costó volver a quedarme dormido.

Cuando sonó el puto despertador a las 7:00 estaba en lo mejor del sueño, ella se darse la vuelta y seguir y a mi me tocó levantarme. Como estana somnoliento me costó espabilarme y en estos casos Mister Murphy aparece siempre, con los nervios se me cayó el café encima, con lo que tuve que cambiarme y ya el resto de la mañana con el tiempo pegado al culo y de una mala hostia que seguro a alguien sin culpa le tocaría, encima tenía bastante bien calculada la ruta para ir al trabajo, tenía que pasar por delante de un instituto y era cuestión de 10 minutos encontrarme o no a todos los papis dejando a los niños con el coche en la puñetera puerta, que tiempos aquellos en los que desde los 10 años te tenías que espabilar solo y ahora mastodontes de 180 los dejan en la puerta. Total que entre una cosa y otra me comí el atasco del colegio y esos coches dejando niño a niño en la misma puerta. Con lo que llegué tarde a trabajar algo que odio también.

Eso si en el pizarrín de la nevera antes de salir había escrito en rojo y mayúsculas.

"HOY LLEGARÉ PRONTO, ESPERAME CON EL PIJAMA PUESTO, QUE TENEMOS QUE HABLAR".

Era imposible que no lo hubiera visto, así que en cualquier momento esperaba un mensaje en plan "niña buena". Recibí el mensaje, pero ni muchos menos lo que esperaba, fue un desafiante.

-Hoy no puedo, he quedado para tomar café con María y Ainhoa.

Le contesté rápido.

-Pues la llamas y les dices que no puedes.
-Joder y que les digo?
-Lo que quieras, o prefieres que les diga yo, que no puedes porque te espera un castigo?

Me la imaginaba roja al leerlo, pero también como se humedecía su ropa interior.

-Jajajajajaj no eres capaz
-Lo quieres comprobar?

Tardó un poco más en contestarme...

-Bueno ya veré como me lo monto.

Para rematar el día a mediodía empecé a sentirme congestionado, con dolor de cabeza y huesos, vamos que todo parecía indicar que estaba incubando un trancazo. Se me hizo larga no, lo siguiente la tarde. Cuando por fin salí y me iba para casa, iba pensando en toda clase de maldades a aplicar a ese culito travieso, pero ya en frio, lo cual es mejor o peor según se miré. Abrí la puerta de casa y me extrañó que el piso estuviera a oscuras, entré hasta el salón dejé la chaqueta y no estaba, tal vez en el baño pero enseguida comprobé que no. Me fui para la cocina y en el pizarrín se leía.

"AL FINAL HE IDO A TOMAR CAFÉ. NO TARDO." y seguido  una serie de corazones. Mi primera  idea fue enviarle un mensaje, pero pensé ya volverá ya.

Y volvió claro. Se encontró con la misma escena que yo, el piso a oscuras, yo estaba en la cocina con la puerta cerrada, escuché sus pasos, llevaba tacones no había duda, fue hasta el salón a dejar el bolso y la chaqueta seguro y volvió sobre sus pasos, cuando abrió la puerta de la cocina sonreía con picardía, yo estaba apoyado en el mármol, con los brazos cruzados y serio, sin yo preguntar nada me dijo.

-Jooo no me mires así que querías que les dijera.

Llevaba puesto un vestido que me gusta mucho, gris oscuro, casi negro, con unas medias negras y zapatos de tacón. No le contesté me fui hacia ella la cogí del brazo por debajo del hombro, le di la vuelta la puse por delante de mi y a la llevé todo el pasillo sujeta y a azotes, que por mas que intentaba esquivar no podia, solo le dije una frase:

-Te gusta tentar a la suerte? pues una vez te puede colar, dos no.

Al llegar al salón, aparté las cosas de encima de la mesa, muchas fueron a parar al suelo, bolso, cartas que se acumulaban allí y a la fuerza hice que se inclinase contra la mesa, vamos con el pecho tocando la mesa. En esa posición el vestido obviamente quedaba muy levantado, pero terminé de levantarlo, cogí las medias de la cintura con la intención de romperlas, pero eran tupidas y no pude, así que no me quedó más remedio que bajárselas, debajo un culotte negro que dejaba la mitad de sus nalgas descubiertas en esa posicion. Puse mi mano izquierda contra su espalda y le di unan docena de azotes con la mano, de esos fuertes, que dejan los dedos marcados un instante.

-Ni se te ocurra moverte, vamos ni un milímetro y yo de ti me agarraría bien fuerte del borde de la mesa, porque lo vas a necesitar.

Sali del comedor. Fui a la habitación a por mi arma más temida, la paleta grande de madera con agujeros. De vuelta la dejé encima de la mesa, quería que la viera, pero antes de empezar charlita.

-Ayer te dije que  necesitaba descansar, no se si lo notas en la voz, pero supongo que ya estaba incubando algo. Puedo entender que tuvieras ganas de tontear, pero creo que las cosas hay que decirlas una vez a lo sumo dos y que a veces ni eso, ya que existe algo que se llama asertividad. Tu gracia de ayer me ha costado un humor de perros todo el día agravado con que no me encuentro muy bien y encima te digo, que quiero que estés en casa cuando llegue y me vacilas, porque quedar a tomar café puedes quedar todos los santos días, así que claramente me has vacilado. Pues nada ya veras como dos docenas de azotes con la paleta de las chicas mayores te quitan la tonteria.

En realidad es así, dos docenas de azotes con la paleta de agujeros es algo para culos experimentados. No dijo nada, eso si se agarró con fuerza al borde de la mesa. Cogí la temida paleta apunté y primer azote, largo suspiro y la zona visible del impacto se puso blanca, para enseguida coger color. Le di la primera docena con el culotte puesto y despacio dejando bastante tiempo entre azote y azote, al terminar esa primera docena la parte visible del culo estaba rojo escarlata. Volví a dejar encima de la mesa la paleta, pero para bajarle el culotte, me parece gracioso como ese gesto tan habitual en nosotros, todavía la sigue haciendo estremecerse, al dejar sus nalgas al aire me di cuenta que el culotte tampoco protegia demasiado porque no habia diferencia en el color de su piel entre las zonas tapadas y las que no. Me puse tras de ella a mirarle un rato el culo bien expuesto, mientras me daba pequeños golpecitos con la paleta en la otra mano y pensaba "nena esto va a picar".

Le di el primer azote sobre la piel completamente desprotegida, hay que pensar que este instrumento está pensado para que sea efectivo sobre la ropa, así que es fácil imaginar como puede picar sin protección alguna, por eso tampoco es necesario dar fuerte para que sea muy efectivo. A cada azote la piel se iba volviendo más oscura, incluso en el centro algún tono azulado ya en la última docena, me extrañó un poco su entereza, ni se movió. Cuando terminé con la segunda docena estuve un rato detrás de ella sin decir nada solo mirando como le había quedado el culo, eso si entre las piernas ligeramente separadas, podia distinguir un ligero brillo en el rosado de entre sus labios, mojada estaba no había duda.

La ayudé a levantarse.

-Ahora te vas a poner en el rincón aguantando el vestido levantado mientras preparó la cena. Ni por asomo se te ocurra tocarte el culo, dejo la paleta aquí por si acaso.

No hizo falta, mientras preparé la cena, iba yendo y vieniendo a controlar, no se movió un centímetro y por supuesto los brazos entrelazados por detrás dejaban al aire su precioso culo marcado por el castigo. Cuando por fin puse la mesa le dije.

-Vete a poner el pijama guarda la paleta en su sitio y trae el felpudo.

Lo hizo, de vuelta venía con el felpudo e hizo el gesto de dármelo.

-Yo para que lo quiero, ponlo encima de tu silla, bájate el pantalón del pijama y siéntate a cenar.

Espere a sentarme para ver la escena, puso el felpudo sobre la silla, sin mirarme se bajó el pantalón del pijama y muy despacio se sentó poniendo caritas al sentarse.

Empezamos a cenar, en silencio absoluto, en determinado momento dejó de comer.

-¿No cenas más?
-No, no tengo mucho hambre y estoy incómoda.
-Muy bien pues recoje tu plato, déjalo en la cocina y vete a la cama.
-Joder si apenas son las diez.
-Ya me has oido.

Aquello si le sentó mal por los gestos, recogió el plato, lo fue a llevar a la cocina y sin entrar al comedor, me dijo desde el pasillo altiva.

-Buenas noches.
-Que descanses.

Yo terminé de recoger y me senté a fumarme un cigarrito y entonces me dio por pensar. El comportamiento era un poco ilógico al menos un parte. Estaba claro que ayer quería juego, pero una vez conseguido y además con clara advertencia ¿que beneficio obtenía de desafiarme e irse a tomar café que podía tomar cualquier otro día?....no tuve que pensar mucho para obtener respuesta, desafiádome iba a conseguir un castigo si, severo también, pero corto. De haberme esperado en casa como le  había dicho, no hubiera usado la pala grande, pero si la mano, el cepillo, el cinturón y un largo rato. Fue terminar de pensar subir el volumen de la tele e irme para la habitación, abri la puerta de golpe y aunque estaba tumbada boca abajo, y al abrir la puerta se quedó inmóvil me dio tiempo a ver unos movimientos sospechosos.

-¿Que estabas haciendo señorita?

El rubor en su cara, la terminó de delatar.

-¿Te estabas tocando?
-No...de verdad que no.

Me fui y la destape, date la vuelta.

-Puffff que no hacía nada de verdad.
-Date la vuelta.

Se la dio, el pijama estaba en su sitio, le cogí la mano derecha, toqué sus dedos húmedos y al meter la mano dentro de su pantalón me encontré un charco.

-Levanta. No te he dicho que te fueras a la cama, para esto.

Se levantó

-Vete quitando los anillos.

Abrí el armario, para coger del cajón de los juguetes una preciosa fusta de esas del Decathlon, no es un instrumento que me guste especialmente pero tiene alguna excepción, por ejemplo me gusta usarlo más para acariciar, para pasar la puntita de cuero, entre las piernas, por en medio de las nalgas y si tal vez dar algun golpecito, el otro uso que me gusta es el que iba a darle y ahí si es efectivo.

-Extiende el brazo izquierdo con la palma de la mano hacía arriba.

5 golpes secos de la punta de la fusta le cayeron en la palma de la mano.

-Lo mismo con la otra.

Aun agitaba la mano izquierda, cuando extendió la otra y otros 5 golpes en la mano objeto del delito. Guardé la fusta mientras ella se frotaba la manos y saqué un bote de aceite corporal aloe vera 100%, al verlo suspiró.

Me senté en la cama le indiqué mis rodillas, se tumbó le bajé el pantalón del pijama, eche un chorrito en una nalga que extendí por toda ella, después lo mismo en la otra, el culo le brillaba entre el rojo azulado de los azotes y el aceite y de repente empecé a azotarla con la mano, se quejó, pero no paré hasta "secar" todo el aceite a azotes. Una vez seca volví a extender bien aceite aunque esta vez mi mano no solo se dedicó a sus nalgas, también toda la zona íntima desde el clítoris hasta el ano y empecé a masturbarla, le metí el pulgar a la vez que corazón e indice le frotaban el clítoris, pero cuando se iba a correr paré.

-Ponte a cuatro encima de la cama.

Se levantó algo frustrada, terminó de quitarse el pantalón y se colocó, yo me desnudé, me puse detrás, volví a coger el aceite para lubricar bien alli donde no llega la lubricación natural, dudé por un momento, por como se había portado, pensaba que tal vez lo mejor, era follarle el culo hasta quedarme satisfecho yo y a dormir, pero tenía otro plan. Así que mi polla acabó en su coño, después de una azotaina me encanta esa posición, el culo rojo chocando contra mi cuerpo en cada embestida, en algún momento noté como su mano, también colaboraba en los varios orgasmos que tuvo, hasta que me corrí yo.

Después ya cómodamente en la cama, le di más aceite lo necesitaba, estaba muy relajada, la leona es dulce como una gatita cuando le acaricias el culo después de una buena zurra y más si hay sexo después. Se estaba quedando dormida ante mis caricias, sin dejar de acariciarla, busqué el cajón de la mesita de noche, cogí un plug especial, pequeñito metálico, pero en vez de liso tiene suaves ondulaciones, dejé de acariciarla un momento, le separé las nalgas, al notar el frio plug en esa zona tan sensible se le puso la piel de gallina, y despacio fue entrando. La piedra rosa oscuro hacia juego con el color de la piel del culo. Seguí con las caricias y le dije.

-Hoy vas a dormir con el puesto, mañana te lo quitaré al despertar.

No tardó en dormirse boca abajo eso si, yo detrás.

Cuando sonó el despertador al día siguiente, tenía sueño, pero mi humor era diferente, lo primero que hice, fue darle la vuelta, meter la mano por dentro del pantalón y medio dormida aun masturbarla antes de irme, cuando se corrió le quité el plug. Le di un beso y le dije.

-Te dejo café hecho.

Ante de irme dejé un mensaje en el pizarrin de la nevera.

"Los próximos dias cuando llegue a casa, revisión de marcas, mientras duren, tendrás una azotaina de recordatorio a mano, la próxima vez te lo pensarás. Por cierto ponte una muda en el bolso, me da que te vas a tener que cambiar"

Y me fui a trabajar. Me la imaginé en la cocina desayunando de pie sentarse le iba a ser complicado unos dias, leyendo el mensaje y sonriendo a la vez que mojaba la ropa interior y quien sabe si la mano se  le iba a algún sitio.

Continuará.



2 comentarios:

"

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...>