miércoles, 2 de agosto de 2017

Quien no tiene cabeza...




Mi abuela decía que quien no tiene cabeza tiene que tener piernas, refiriéndose a que los despistes, suelen hacernos recorrer unos metros extra que nos ahorrariamos de tener la cabeza donde tiene que estar, pero yo cambiaría ese dicho, cuando quien no tiene cabeza además es spankee, en este caso lo que tiene que tener es culo, para purgar sus pecados.

La historia que os voy a contar es un ejemplo de esto,  muy claro.

Todo empezó una mañana al levantarme para ir a trabajar, ella se acababa de ir, empieza antes que yo. Y como ya estaba despierto aproveché para desayunar tranquilo y salir sin prisa a trabajar, odio ir con prisas y me gusta tener ese espacio de tiempo para despejarme con calma. Pero todo se torció en el momento en el que me disponía a salir, cuando fuí a buscar las llaves del coche. Soy muy maniático con eso, siempre las dejo en el mismo lugar, por lo que me extrañó que no estuvieran. Un mal día lo puede tener cualquiera y el primer sitio que se me ocurrió es que debían estar en alguno de los bolsillos del pantalón que había usado el día anterior. Fui al cesto de la ropa sucia y estaban los pantalones pero ni rastro de las llaves, eso empezó a preocuparme, me puse a buscarlas por otros lugares de la casa, con la tensión en aumento. Miré el reloj y pensé que lo mejor era tirar por el camino recto y coger las de recambio, mi sorpresa fue cuando abrí el cajon donde dejabamos todas las llaves de repuesto y no estaban, entonces el nerviosismo si empezó a ser evidente. No cuadraba nada, una cosa es que hubiera dejado las  llaves en cualquier sitio, es algo que nos puede pasar a todos, otra muy distinta es que las de recambio no estuvieran en su sitio. Entonces me vino una imagen a la cabeza, como un flashback. En la imagen salía ella sonriente, diciéndome.

-Cojo tu coche un momento para ir a la peluqueria, asi no saco el  mio del parking.
-Ok, toma las llaves
-No, ya  he cogido las de recambio no tardo nada.

De inmediato cogí el móvil para llamarla, pero no me dio tiempo a marcar el número, que sonó una llamada era ella.

-Hola!!!! Buenos días
-Hola, por cierto donde dejaste las llaves de recambio de mi coche el otro dia, que no se donde coño puse las mías y me estoy volviendo loco buscando..
-Vaya.....para eso te llamaba precisamente
-¿Como?
-Es que verás, te vas a morir de la risa....me acabo de dar cuenta, que no se como, estan en mi bolso, las llaves de mi coche,  pero también las dos tuyas...

Un algo que no se definir  me empezó a subir por los pies, una especie de calor fruto de la indignación.

-Y me puedes explicar, que cojones hacen mis dos llaves del coche en tu bolso?
-Ni idea...
-¿Como  que ni idea?. No tienes  ninguna teoria al respecto?
-Pues.....así a bote pronto, imagino que el dia que cogí tu coche las de recambio se quedarón allí e imagino que esta mañana medio sobada y con las prisas, he cogido al mogollón y se han colado las  otras.

Lo que dije en ese momento, mejor no reproducirlo, pero el cabreo era de impresión.

-Y ahora que? porque vamos en 20 minutos tengo que estar en el trabajo y próximo bus es a media mañana ya lo sabes, como coño voy a la ciudad...
-Bueno no te pongas así, pensemos una solución
-Solución!!!!, luego te voy a explicar yo una solución.
-Se me ha ocurrido una idea, dame un minuto y te llamo.

Me colgó el teléfono, yo empezaba a estar desesperado, si la tengo delante en aquel momento, le cae la del siglo. Un minuto después más o menos volvió a sonar el móvil, era ella.

-Ya está arreglado, en diez minutos tienes un taxi en la puerta y lo siento de verdad, no se como ha podido pasar, te dejo que me estan llamando, mandame un mensaje cuando hayas llegado. Un beso.

Me colgó, pese a que yo seguía, con el discurso de eres un caso perdido etc, etc....

Unos quince o veinte minutos eternos después, sonó el timbre era el taxista. Rápido me monté en el taxi y por fin salía de casa. Entre una cosa y otra cuando el taxista se detuvo en la puerta del trabajo, ya eran tres cuarto de hora tarde sobre la hora que entrada y encima me tocó abonar la carrera, osea 48 euros, por apenas 20 km, vamos el gasto en gasolina de dos semanas, fundido en una mañana. La cabeza me hervía, además en aumento con las típicas bromas de los compañeros, sobre si me había dormido y demás. Me dijo que la llamara, pero no era el momento, porque no se que hubiera salido de mi boca, así que sin más me puse a currar. Un rato después me sonó el teléfono era ella.

-Hola, has llegado ya estoy preocupada
-Si tres cuarto de hora tarde y con casi 50 euros menos, pero aquí estoy...
-Ufffff menos mal, estás muy enfadado?
-Tu que crees?
-Ya.....lo siento de verdad, no se que cabeza tengo, por la tarde te voy a buscar yo.
-Todo un detalle por tu parte

Mi comentario la hizo reir, pero claro como podéis imaginar a mi no me hacía ninguna gracia.

-Tengo que ponerme a currar, pero vamos no pienses que esto va a acabar así, ya hablaremos largo y tendido luego...

Me contestó con un escueto vale y fin de la conversación. Estuvo el resto del día enviándome mensajitos en plan cariñoso y demás, que no le contesté, aunque reconozco que ya más enfrio por momentos me partía de la risa.

A la hora de salir me esperaba en la puerta con el coche y la mejor de sus sonrisas, ahí pequé de blando porque también se me escapó una sonrisa. Me monté en el coche y le dije.

-Anda tira, que cuando lleguemos a casa, vamos a hablar muy en serio.

El camino a casa, fue una conversación intentando entender que había pasado, pero nada en claro un misterio de su cabeza. Al llegar metimos el coche en el garaje y nada más salir sin mediar palabra, la cogí del brazo me la puse a tiro y de pie, le di un tanda de azotes con la mano, como a una niña que acaba de hacer una travesura, mientras dábamos vueltas alrededor del coche, hasta que le dije.

-Ahora, vas a subir a casa, yo necesito tomar el aire un cuarto de hora, pero cuando vuelva te quiero con la ropa de castigo y en el rincón esperándome. Y te aviso sin trucos, no estoy para juegos.

Salió por la puerta que daba acceso a la casa frotándose el culo, yo me quedé y sali a la calle a maquinar, un castigo lo suficientemente efectivo para evitar que se volviera a repetir algo similar.

Pasado el cuarto de hora, subí a casa reinaba el silencio. El rincón está entrando al salon a la derecha, en un espacio que queda justo por detrás de la mesa. Allí estaba ella, esperando obediente imagino que consciente que la había liado gorda y que mejor no complicar más el asunto. La ropa de castigo, no era más que una faldita de cuadros muy muy corta, que dejaba el inicio de las braguitas simplemente inclinandote un poco. Las braguitas también eran unas muy concretas, reservadas para los días especiales, aunque no tenian nada de especial unas simples braguitas blancas, el resto del kit lo culminaba un polo blanco. Entré sin decir nada y me senté el sofá, respiré hondo y le dije.

-Ponte en posición sobre la mesa.

Esa era la posición de los castigos severos. Inclinada sobre la mesa apoyando los codos y los antebrazos rectos con las palmas de las manos en la mesa. Me obedeció sin rechistar. Cuando estuvo en posición me levanté, me acerqué y pese a que en esa posición la faldita cubria solo medio culo, terminé de levantársela, después me desabroché el cinturón que llevaba, de cuero marrón. Con todo si ritual lo doblé por la mitad. Me pusé en la posición idonea para usarlo contra su culo y sin más empecé a azotarla, con el único calentamiento de la docena de azotes que le había dado en el garaje. Le di una primera tanda de unos 20 o 25 azotes seguidos sin pausa, el sonido del cuero, golpeando la piel tiene algo hipnótico, pero en esa primera tanda, aún tenia la protección de las braguitas, así que dejé un momento el cinturón en la mesa, me puse en cuclillas detrás de ella y despacio le hice descender las braguitas, lo justo y necesario para que quedara su culo expuesto al cuero del cinturón. Tras la operación lo volví a tomar y empecé otra vez a azotarla con el, esta vez si con ese sonido tan especial. Ella aguantó estoicamente una segunda e intensa tanda de otros 25 azotes, aplicados con ganas, solo algún pequeño jadeo como muestra de dolor. Al terminar tenia la piel de un rojo encendido, pero su "travesura" era merecedora de un castigo ejemplar. Me volví a colocar el cinturón y le dije.

-Ahora apoya el pecho directamente en la mesa.

En ese posición la espalda aun quedaba más doblada y el culo más expuesto. Yo salí del salón y fui a la habitación en busca de la temida vara inglesa. De vuelta con ella, la hice silbar en el aire varias veces y  le dije.

-En la disciplina inglesa, las faltas más graves, eran castigadas con una docena de azotes con la caña y creo que tu travesura de hoy es merecedora de la sanción más alta. Los contarás tú en voz alta, si tengo que esperar o avisarte, recibirás un azote extra por cada vez, ¿está claro?

Me respondió con un si entrecortado. Jugué a frotar la vara varias veces por la piel de su culo. Hasta que el sono el silbido de la caña cortando el aire para estrellarse en la piel desnuda y ya roja de su culo. Un linea blanca cruzó sus nalgas, en decimas de segundo era roja y cuando dijo: uno, la raya era ya púrpura. Tras la primera media docena de azotes hice una pausa, durante la cual pasé la yema de mis dedos, por aquellas marcas que empezaban a coger relieve. Tiempo de que cogiera aire y fuerzas para la segunda docena, que recibió de manera implacable, todo contados en voz alta y clara. Al terminar dejé la caña, la ayude a levantarse y la acompañé de nuevo al rincón, por el camino las braguitas descendieron hasta los tobillos, una vez el rincón tomé sus manos y las puse detras de su espalda de modo que mantuvieran la faldita levantada por detrás. Sabía perfectamente que debía tener el culo dolorido, del castigo, además con ese dolor tan especial del efecto caña, deseando alivio, pero durante diez minutos la tuve así en el rincón, sintiendo la sensación del castigo, sin ningún tipo de alivio. Un minuto antes de los diez previstos, me levanté, fui al baño y moje una toalla en agua fria, escurrida para que quedará húmeda y no goteara. Con ella me fui al salón de nuevo. Entonces la llamé, le dije que se tumbara en mis rodillas, le volví a levantar la faldita y le puse la toalla húmeda y refrescante encima del culo apretando suavemente con mis manos.

-A partir de ahora, las llaves de respuesto no se tocan, salvo emergencia y si se cogen se devuelven a su sitio...y si no ya sabes lo que pasará

Seguí un rato el discursito, sobre el despiste y demas, hasta que en determinado momento, levanté ligeramente la toalla, para tener acceso entre sus piernas y pensé que al menos por una temporada había aprendido la lección y que un poquito de placer en forma de masturbación con mis dedos, sobre mis rodillas y sintiendo aún el efecto de la azotaina, era un buen final.





2 comentarios:

  1. Y sabía yo que no tenía que publicar la necrológica de este blog! Escrita y no publicada!!
    Larga vida al blog de Mariposas de Chocolate!

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  2. Excelente relato, uy la vara deja unas lindas marcas

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