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Princesas y prisioneras.




Uno de los cuentos mas recurrentes, que todos recordamos de nuestra infancia, es aquel de la princesa prisionera en la torre del castillo, hasta que el príncipe azul, la rescata y ahora de adulto creo que esa historia no es mas que una metáfora, sobre las mujeres, solo que sin príncipe azul.

Durante muchos años de mi vida, no me interesaron las mujeres y me refiero a que nunca me intereso conocerlas y comprenderlas, me gustaban, las necesitaba por lo tanto aprendí a tolerarlas, pero nunca me interese porque había dentro de esas cabecitas, en mi defensa diré que a muchas mujeres tampoco les importa que pasa por nuestras cabezas y prueba de ello es que compartí mas de 10 años de mi vida, con una mujer que no llegue a conocer.

Pero afortunadamente la experiencias nos invitan a aprender y de ellas nacen nuevas inquietudes. Un día se cruzo alguien en mi vida, que fue capaz de sentarme a escuchar e intentar entender y desde entonces aprendí que el mundo no se puede ver ni entender, si solo lo haces desde tu ombligo. Lo cual no quiere decir que lo consigas, pero al menos intentarlo, merece la pena.

Por supuesto no quiero generalizar, escribo de mi propia experiencia limitada, por lo tanto igual afirmo cosas que no se corresponden del todo con la realidad. Y mi experiencia me dice, que todas ellas tienen un común denominador. En todas ellas vivía una princesa que a su vez era prisionera en su propio castillo.

Una princesa, que le gusta sentirse como tal, con la seguridad de una vida estable y sin complicaciones, caprichosa incluso, lo que se dice como una reina. Pero a la vez esa misma vida de princesa, tranquila pero monotona, les afecta la autoestima, les da inseguridad y miedos e incluso las hace pensar que deben conformarse, que no pueden luchar contra su destino. Si a eso unimos que la mujeres son capaces de regalar amor y entrega a quienes les rodean, sin pensar en ellas mismas y sus necesidades, llegando a renunciar a reclamar lo que ellas son capaces de entregar, el resultado es que la princesa con vida de reina, se ha convertido en una prisionera encerrada, angustiada, triste y melancólica.

Y entonces, de pronto un dia la prisionera se rebela, se torna inconformista y decide una fuga en busca de la libertad. Una fuga repleta de riesgos, de trabas e impedimentos, los principales contra su propia conciencia, contra todo lo aprendido hasta el momentos, pero necesita hacer ese camino, experimentar, entre otras cosas con sus gustos y deseos como forma de encontrar su identidad.

Algunas volverán a su trono a su seguridad, otras sumisas aceptaran su condena y volverán a su celda y otras en esa tormenta existencial encontraran a quien las acompañe en su camino, quien las apoye cuando quieran abandonarlo todo y quien las proteja de esos miedos y temores.

Si algo he aprendido de escucharlas e intentar entenderlas, es que el principal enemigo de una mujer, es su propia conciencia, porque siglos de educación y represión la han distorsionado. No existen príncipes azules, que rescaten de torres, como mucho existe un compañero de viaje o de celda.

3 comentarios:

  1. Yo siempre había dicho q los principes azules desteñían, pero muchísimo mejor lo de compañero de celda. Dónde va a parar.

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